11-S

La caída de la Torres Gemelas y la teoría de la conspiración, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes de la caída de la Torres Gemelas y la teoría de la conspiración, en la quinta entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

La Sociedad Europea de Física publica un artículo que defiende que el 11-S fue un autoatentado

Así da la 'información' la web 'Jaque al neoliberalismo'.“Científicos europeos han concluido que las torres gemelas fueron derribadas por una demolición controlada y no por el impacto de los aviones, que eran maniobrados por drones para crear un falso secuestro. ¿Hasta donde llegará Estados Unidos en el engaño y la mentira?”, dice la web Jaque al Neoliberalismo, que asegura que “La Sociedad Europea de Física desmonta la versión de Estados Unidos y explica que el 11-S fue una demolición controlada”. Es decir, que las Torres Gemelas y el edificio 7 del World Trade Center (WTC) se desplomaron el 11 de septiembre de 2001 no por los daños ocasionados por el impacto de dos aviones de línea cargados de combustible, sino por una demolición controlada, un autoatendado. ¿Es así? No.

La (des)información de Jaque al Neoliberalismo se basa en un artículo recientemente publicado en el último número de Europhysics News, la revista de la prestigiosa Sociedad Europea de Física. El artículo, titulado “15 years later: on the physics of high-rise building collapses” (“15 años después: sobre la física de los colapsos de los edificios de gran altura”) y de cuya existencia me ha avisado la investigadora Julia Krafttier, está firmado por Steven Jones, profesor retirado de la Universidad Brigham Young; Robert Korol, profesor emérito de la Universidad McMaster; Anthony Szamboti, ingeniero en la industria aeroespacial, y Ted Walter, de Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11-S.

Primera página del artículo 'conspiranoico' de 'Europhysics News'.“Ni antes ni después del 11-S el fuego ha causado el colapso total de una estructura de acero de gran altura, ni ha ocurrido en ningún otro fenómeno natural, con la excepción del terremoto de 1985 en Ciudad de México, en el que cayó un edificio de oficinas de veintiún pisos. El único fenómeno capaz de provocar el colapso por completo de estos edificios (se refieren a los tres del WTC es un un procedimiento conocido como demolición controlada, una donde los artefactos explosivos y otros dispositivos se utilizan para derribar una estructura intencionalmente”, escriben los autores. Para ellos, “las pruebas apuntan abrumadoramente a la conclusión de que los tres edificios (del WTC) fueron destruidos por demolición controlada. Dadas las implícitas de largo alcance de esto, es un imperativo moral que esta hipótesis sea objeto de una verdadera investigación científica imparcial por las autoridades responsables”. Ahí queda eso.

La verdad sobre los autores

Vayamos por partes: a la Sociedad Europea de Física le han metido los conspiranoicos un gol por toda la escuadra. Porque, aunque sólo Walter -que carece de formación en física o ingeniería- se identifica como miembro del colectivo de Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11-S, los otros tres también son destacados portavoces del movimiento conspiranoico del 11-S. Jones es fundador de Académicos por la Verdad del 11-S, Académicos por la Verdad y la Justicia del 11-S, y Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11-S. En 2006, llegó a un acuerdo con la Universidad de Brigham Young para abandonar el centro, que había abierto una investigación acerca de sus estudios sobre el 11-S. Además, fue uno de los participantes en el falso hallazgo de la fusión fría de 1989, junto con Martin Fleischmann y Stanley Pons. Anthony Szamboti es también miembro de Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11-S y Robert Korol es un profesor jubilado que lleva años repitiendo que los ataques de Nueva York no fueron lo que fueron. Por lo que se ve, nadie en la Sociedad Europea de Física se tomó la mínima molestia de comprobar las credenciales de los autores antes de publicar el artículo. Por si cupiera alguna duda, Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 11-S presenta en su web el estudio como “nuestro artículo en Europhysics News”.

nota-europhysics-newsLa revista de la Sociedad Europea de Física se pretende curar en salud con una nota previa al texto de los conspiranoicos que dice: “Este trabajo es algo diferente de nuestros habituales artículos puramente científicos, ya que contiene cierta especulación. Sin embargo, dadas las fechas y la importancia de la cuestión, consideramos que este trabajo es lo suficientemente técnico e interesante como para ser publicado para nuestros lectores. Obviamente, el contenido de este artículo es responsabilidad de los autores”. Esto es tirar la piedra y esconder la mano. Si la dirección de Europhysics News cree que el trabajo contiene demasiadas especulaciones, lo que tenía que haber hecho es invitar a los autores a eliminarlas. Si aún así piensa que merece la pena exponer a sus lectores las especulaciones de Jones, Korol, Szamboti y Walter, podía haber encargado a auténticos expertos que dieran su punto de vista. Porque, señores, los autores del artículo de Europhysics Newsson al 11-S lo que los negacionistas del VIH al sida.

Les invito a contrastar las afirmaciones de estos cuatro autores con la investigación que hizo en su día un equipo de Popular Mechanics de las manipulaciones y falsedades sobre los ataques del 11-S, pero les adelanto por dónde hacen agua las ideas de Jones, Korol, Szamboti y Walter con un extracto de una anotación anterior.

Depués de tres años de investigación, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST) estadounidense echó por Tierra concluyó en 2005 que el combustible en llamas de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas cayó por los conductos de servicio y los huecos de los ascensores, extendiendo los daños a zonas de los rascacielos muy alejadas de los lugares de impacto. Lo mismo ocurrió en 1945 cuando un B-25 se estrelló contra el Empire State entre las plantas 78 y 80, y el combustible en llamas descendió por los huecos de los ascensores y causó graves daños en el hall del edificio. Además, en contra de lo que sostienen los autores del artículo de Europhysics News, los incendios declarados en las torres tras los impactos sí pudieron fundir el acero. Los 37.000 litros de combustible de cada uno de los aviones ardieron a entre 1.100º C y 1.200ºC, mientras que para fundir acero se necesitan 1.510º C. Lo que los conspiranoicos ocultan, cuando sostienen que eso demuestra que no fueron los choques los que causaron los daños catastróficos y hablan de demoliciones controladas, es que el acero pierde ya resistencia a sólo 400º C y, si el fuego alcanza los 1.000º C, sólo retiene el 10% de su fortaleza original. Y, en cuanto se empezaron a debilitar las estructuras, ya dañadas por los choques, el colpaso final de los dos rascacielos era algo previsible. El largo fuego incontrolado fue, por su parte, la causa del posterior colapso del edificio 7, que estuvo siete horas en llamas antes de irse abajo.

La Sociedad Europea de Física ha actuado de un modo irresponsable al dar alas a los conspiranoicos del 11-S e ignorar todos los estudios que contradicen lo que sostienen los autores del artículo que publica Europhysics News.

Eduardo Garzón borra de su ‘timeline’ seis tuits ‘conspiranoicos’ sobre el 11-S

Tuits conspiranoicos sobre el 11-S de Eduardo Garzón.Eduardo Garzón, hermano del líder de IU, borró ayer de su cuenta de Twitter seis viejos mensajes en los que daba pábulo a las teorías conspiranoicas sobre el 11-S, confirmaron ayer varios usuarios de esa red social. El asesor del área de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid había publicado los tuits el 11 de septiembre de 2011, décimo aniversario de los ataques contra Nueva York y Washington. Se hacía eco en ellos del contenido del artículo “Cinco grandes mentiras sobre el 11-S”, de Renán Vega, publicado en la web Rebelión.

Vega sostiene en ese texto que los medios de comunicación son “como loros amaestrados” que repiten “la versión oficial” del 11-S “sin cuestionarla lo más mínimo y dándola por cierta”. Esto ya debería llevar al escepticismo a cualquiera: ¿todos los medios de comunicación participando en una conspiración y ninguno se desmarca y saca pruebas concluyentes de ese fraude planetario? El razonamiento de partida es tan ridículo como el de los antivacunas y homeópatas que acusan a la medicina oficial de ocultar la verdad. Aunque no es objeto de estas líneas analizar lo que dice el autor del artículo de Rebelión, voy a comentar uno de los puntos para que vean el rigor del autor.

Si quieren comprobar cómo lo que dice Vega se parece a la realidad tanto como Cuarto milenio, les recomiendo el libro Debunking 9/11 myths. Why conspiracy theories can’t stand up to the facts (Desmontando los mitos del 11-S. ¿Por qué las teorías de la conspiración no aguantan los hechos?, 2006), que resume una investigación del equipo de la revista Popular Mechanics de la que hay una versión en línea. En ese trabajo podrán ver, por ejemplo, cómo miente al afirmar que el derrumbamiento del World Trade Center fue consecuencia de demoliciones controladas porque “diversos estudios han concluido que era físicamente imposible que las torres se fueran al piso como resultado del choque (de los aviones), porque las temperaturas que se produjeron tras el impacto no alcanzaron el nivel necesario para fundir o debilitar la estructura de acero que sostenía los edificios, y porque, salvo las demoliciones controladas, nunca antes ni después se había visto una caída libre en la que los pisos inferiores, con todo su peso en hormigón y acero, no ofrecen ninguna resistencia a los pisos de arriba”. La realidad es que los 37.000 litros de combustible de cada uno de los aviones ardieron a entre 1.100º C y 1.200ºC, mientras que para fundir acero se necesitan 1.510º C, pero el acero pierde ya resistencia a sólo 400º C y, si el fuego alcanza los 1.000º C, sólo retiene el 10% de su fortaleza original. Así que, en cuanto se empezaron a debilitar las estructuras, ya dañadas por los choques, el colpaso final de los dos rascacielos era algo previsible.

Cartel de un acto electoral protagonizado por Eduardo Garzón.El problema no es tanto que Vega alimente la conspiranoia -hay más gente que lo hace- como que alguien como Eduardo Garzón, referente para cierto sector de la izquierda, asuma acríticamente esas ideas, como se deduce de los tuits borrados. El economista borró ayer esos mensajes justo después de que los recuperara un tuitero en un pantallazo que vi por casualidad. Inmediatamente, mandé el siguiente mensaje público a Garzón: “Hola, @edugaresp, ¿estos tuits son tuyos y los has borrado? Si es así, ¿sigues pensando eso del 11S?” (incluía el pantallazo). Ante su silencio, le dije una hora después: “Hola, @edugaresp. Te empiezo a seguir para que respondas a mi anterior pregunta por privado si así lo prefieres. Saludos”. Veinticuatro horas después, no he recibido ninguna respuesta de Garzón, que, sin embargo, ha estado activo en Twitter.

Por si no hubiéramos tenido suficiente con un PP que durante años ha respaldado la conspiración del 11-M apoyado por algunos medios de comunicación, hay cierta izquierda española que, quizás llevada por el antiamericanismo, hace lo propio sobre el 11-S. Y es que la estupidez no conoce fronteras ideológicas. Recuerden, por ejemplo, cómo en 2013 Beatriz Talegón, entonces secretaria general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, planteaba que “detrás del 15-M puede estar la derecha” y cómo llegó a creerse que el falso documental Operación Palace demostraba que el golpe de Estado del 23-F fue un montaje de la clase dirigente para afianzar la democracia.

Siete claves ‘conspiranoicas’ del 11-S, desmontadas

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington son objeto de una indecente manipulación por parte de quienes viven de explotar la credulidad popular, de cebarla con medias verdades, tergiversaciones y mentiras para engrosar su cuenta corriente. Esos individuos han extendido la sombra de la duda sobre los ataques del terrorismo islámico para presentarlos como autoatentados planeados desde las más altas instancias del Gobierno estadounidense. Su actitud es igual de despreciable que la de George W. Bush y quienes defendieron que el Irak de Sadam Hussein disponía de armas de destrucción masiva, aunque sabían que no era así, y que la de quienes en España ha difundido la correspondiente teoría de la conspiración sobre los ataques del 11-M.

'Debunking 9/11 myths', libro que resume una investigación del equipo de la revista 'Popular Mechanics'.Hoy, diez años después de una tragedia fruto del fanatismo religioso que costó directamente cerca de 3.000 vidas, conviene recordar a qué conduce la intolerancia y desmontar, una vez más, los principales argumentos esgrimidos por quienes defienden, desde la más absoluta desvergüenza, que el 11-S fue urdido en los pasillos de la Casa Blanca y el Pentágono. Aquí tienen siete claves conspiranoicas del 11-S, desmontadas. Si quieren ahondar en el tema, les recomiendo el libro Debunking 9/11 myths. Why conspiracy theories can’t stand up to the facts (Desmontando los mitos del 11-S. ¿Por qué las teorías de la conspiración no aguantan los hechos?, 2006), que resume una investigación del equipo de la revista Popular Mechanics -de la que hay una versión en línea y un documental- en la que me he basado para esta anotación. Sobre las manipulaciones y las mentiras más burdas -¿se acuerdan de la falsa cuarteta de Nostradamus que puso bajo la cabecera un diario madrileño?-, escribí en su día un reportaje que sigue vigente.

1. Los terroristas carecían de la preparación necesaria para pilotar aviones comerciales y hacer lo que hicieron. Los secuestradores de los cuatro aparatos no tuvieron que realizar las maniobras más complicadas: el despegue y el aterrizaje. Los cuatro terroristas pilotos contaban con las horas de vuelo necesarias para llevar un avión de varios motores y habían hecho prácticas en simuladores de grandes aparatos. Su baja pericia a los mandos se reflejó en los bandazos que daban las aeronaves secuestradas, pero sus objetivos eran lo suficientemente grandes y visibles desde larga distancia como para que su misión fuera relativamente sencilla. “No era algo difícil”, asegura Bryan Marsh, veterano instructor de la Escuela de Vuelo de Pilotos de Líneas Aéreas, en Debunking 9/11 myths.

2. El avión que chocó contra la Torre Sur del World Trade Center (WTC) llevaba adosada al fuselaje una bomba, un misil o un sistema de guía por control remoto. Los conspiranoicos aseguran que en algunas fotos y un vídeo del aparato que chocó contra la Torre Sur se ve en su panza, cerca del arranque del ala derecha, una especie de vaína que, al estar adosada al aparato y haber éste despegado sin problemas, demostraría que los atentados fueron planeados en Washington. Los peritos que han examinado esas imágenes no han encontrado ninguna prueba de algo extraño acoplado al fuselaje: se trata de un efecto óptico. Tampoco vieron nada los miles de personas que presenciaron el choque desde abajo en las calles de los alrededores. Además, los expertos puntualizan que armar una aeronave de pasajeros no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana. Según Fred E.C. Culick, profesor de aeronáutica del Instituto de Tecnología de California, adosar armas a un avión de línea exigiría un gran trabajo de cableado, corte y soldadura de metal. “No es como meter una maleta más en el coche”, dice.

Daños ocasionados en la fachada del Empire State por el choque de 1945. Foto: AP.3. Los graves daños en el WTC fueron causados por explosivos que detonaron en las plantas inferiores al tiempo que los aviones chocaban contra las torres. Depués de tres años de investigación, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST) estadounidense concluyó que el combustible en llamas de los aviones cayó por los conductos de servicio y los huecos de los ascensores, extendiendo los daños a zonas de los rascacielos muy alejadas de los lugares de impacto. Lo mismo ocurrió en 1945 cuando un B-25 se estrelló contra el Empire State entre las plantas 78 y 80, y el combustible en llamas descendió por los huecos de los ascensores y causó graves daños en el hall del edificio.

4. Los incendios declarados en las torres tras los impactos no pudieron fundir el acero. Ni falta que hizo. Los 37.000 litros de combustible de cada uno de los aviones ardieron a entre 1.100º C y 1.200ºC, mientras que para fundir acero se necesitan 1.510º C. Lo que los conspiranoicos ocultan, cuando sostienen que eso demuestra que no fueron los choques los que causaron los daños catastróficos y hablan de demoliciones controladas, es que el acero pierde ya resistencia a sólo 400º C y, si el fuego alcanza los 1.000º C, sólo retiene el 10% de su fortaleza original. Y, en cuanto se empezaron a debilitar las estructuras, ya dañadas por los choques, el colpaso final de los dos rascacielos era algo previsible. El largo fuego incontrolado fue, por su parte, la causa del posterior colapso del edificio 7, que estuvo siete horas en llamas antes de irse abajo.

5. Los agujeros en la fachada del Pentágono son demasiado pequeños para haber sido causados por un avión comercial. Los daños en la fachada del cuartel general estadounidense parecen, realmente, pocos para haber sido producidos por un Boeing 757, pero tiene una fácil explicación: las alas del aparato se destruyeron antes de que éste impactara contra el edificio. Por si hubiera dudas, las simulaciones informáticas confirman que la colisión ocurrió así.

Parte del tren de aterrizaje del 'Vuelo 77' de American Airlines.6. Los restos del aparato que chocó contra el Pentágono no se corresponden con los de un avión comercial, sino con los de un misil de crucero. Conspiranoicos como el ufólogo español Bruno Cardeñosa sostienen que no hay pruebas de que contra el Pentágono se estrellara un avión de pasajeros. Uno de los primeros en defender esta idea fue el francés Thierry Meyssan, en su libro 11 septembre: l’effroyable imposture (11 de septiembre. La gran impostura). Sin embargo, ellos, a su vez, no presentan ninguna prueba de que el Vuelo 77 corriera otra suerte. La realidad es que la mayor parte del avión quedó pulverizado al chocar contra las columnas de la estructura interior del edificio, pero, entre los restos desperdigados por el exterior, se encontró parte del tren de aterrizaje del aparato. A no ser que Cardeñosa y Meyssan -tan listos ellos- sepan algo que el resto de los mortales ignora, los misiles no llevan tren de aterrizaje. Además, 184 de los 189 viajeros y tripulantes -incluidos los  cinco terroristas- fueron identificados mediante pruebas de ADN a partir de restos recuperados entre las ruinas del cuartel general estadounidense. “Tuve en mis manos parte de los uniformes de los miembros de la tripulación, incluyendo partes del cuerpo”, reconocía hace cinco años el experto en explosiones Allyn E. Kilsheimer.

7. Las llamadas telefónicas de los pasajeros del Vuelo 93 son falsas porque, a más de 2.500 metros de altura, no podía haber cobertura para los móviles. Otra mentira más. Según la investigación de Popular Mechanichs, ya en 2001 era posible hablar por el móvil desde un avión de pasajeros en pleno vuelo. Diversos expertos confirmaban hace cinco años que la cobertura podría superar los 11.000 metros de altura. Paul Guckian, vicepresidente de la compañía de móviles Qualcomm, creía que la señal puede perderse hacia los 15.000 metros, cuando la altitud máxima que alcanzó el aparato de United Airlines que se estrelló en Shanksville (Pensilvania) fue  de unos 12.500.

Naturalmente, siempre habrá quien continúe mintiendo a la opinión pública a cambio de dinero, que es de lo que en el fondo se trata cuando hablamos de falsas conspiraciones como las del 11-S y el 11-M. Pero ésa es otra historia.

Los terroristas están dirigidos por los Gobiernos contra los que luchan, dice ‘Rafapal’ en Radio Euskadi

Rafael Palacios, más conocido como Rafapal, intervino el sábado por la mañana en Radio Euskadi para promocionar la conferencia que horas después iba a dar en Rentería. La entrevista se la hizo Teresa Yusta, directora del espacio Hágase la Luz y admiradora confesa de este apóstol de todas las conspiraciones habidas y por haber. Rafapal, entre otras cosas, niega el Holocausto y cree que hay lagartos extraterrestres entre nosotros, que Israel estuvo detrás los ataques del 11-S y que los chemtrails forman parte de una operación que persigue, entre otras cosas, provocar una epidemia e implantar la ley marcial en Estados Unidos. Pueden ver a este conspiranoico y sus seguidores en acción en el siguiente vídeo, grabado durante la Cumbre Europea de Exopolítica 2009 de Sitges, presentada por el ufólogo y novelista Javier Sierra.

Durante su intervención en la radio pública vasca, de la que me alertó el periodista Javier Sánchez-Beaskoetxea, Rafapal defendió disparates como que Al Qaida está dirigida desde la Casa Blanca y que todos los grupos terroristas son creaciones de los Gobiernos contra los que aparentemente luchan. Según él, las Brigadas Rojas, los Grapo, el FRAP, la Baader-Meinhof y otras bandas terroristas fueron obra de los servicios secretos de Occidente. La entrevistadora no le pidió ninguna prueba; se limitó a jalear al personaje calificándole de “valiente”. Y él, astuto, no citó a ETA, supongo que para evitar que los oyentes de la radio pública vasca sufrieran un ataque de indignación. Sin embargo, en su web, Rafapal lo dice bien claro: “ETA no existe. Es una Operación Gladio, uno más de los ejércitos secretos de la OTAN. Una bandera falsa más. Un timo para dividir a la población y jugar con las ansias de seguridad de los timoratos que creen en el Sistema”.

Que hable Rafapal en Hágase la Luz -pueden escuchar la entrevista al final de estas líneas- no me sorprende. En los últimos meses, he constatado la inclinación de ese programa por servir de altavoz a la anticiencia y la superstición. Recuerden, por ejemplo, cómo en noviembre promocionó a un charlatán curalotodo que vende remedios contra el cáncer y el sida. Al igual que en el caso de Radio Nacional de España y Espacio en Blanco, me indigna que Radio Euskadi, como medio público, se convierta en un aspersor de la irracionalidad.