Muere a los 90 años Charles Berlitz, autor de ‘El triángulo de las Bermudas’

Charles Berlitz (Nueva York, 1913) murió el 18 de diciembre en Tamarac (Florida, EE UU) a los 90 años. Lingüista -era nieto del fundador de las academias de idiomas Berlitz-, entró en el mundo del misterio a finales de los años 60 del siglo pasado y alcanzó renombre mundial en 1974 con la publicación de El triángulo de las Bermudas. Escribió libros sobre el arca de Noé y la Atlántida, y firmó con William Moore dos obras: El experimento Filadelfia (1979) y El incidente (1980), que resucitó el misterio de Roswell y marcó el inicio de la fiebre de los platillos volantes estrellados, fenómeno en el que hasta entonces nadie había creído ni siquiera dentro del mundo ufológico. Hábil relaciones públicas, sus trabajos están repletos de afirmaciones asombrosas sin la menor base, como demuestra su obra más popular.

Charles Berlitz.El triángulo de las Bermudas debe su nombre a Vincent Gaddis, un divulgador de lo paranormal que bautizó así a la región del Atlántico delimitada por Florida, Puerto Rico y Bermudas en la revista Argosy en 1964. Pero si hay un autor al que la opinión pública vincula con esa zona, ése es Charles Berlitz, cuyas obras El triángulo de las Bermudas y Sin rastro han vendido decenas de millones de ejemplares en todo el mundo desde 1974. Berlitz sostenía que las desapariciones en la región se deben bien a que los extraterrestres han estado “secuestrando aviones y barcos durante varias generaciones”, bien a una “antigua, e incluso actual, actividad atlante en la zona”. Otros autores hablan de civilizaciones intraterrestres, vórtices magnéticos o agujeros espaciotemporales. Pero lo importante es que todos parten de una misma base: la facilidad con que se esfuman barcos y aviones en esa parte del Atlántico.

La realidad es mucho más misteriosa que todo eso, como descubrió Lawrence Kusche hace más de veinte años. Bibliotecario de la Universidad de Arizona y piloto de aviación, Kusche se propuso averiguar qué había de cierto en los llamativos titulares de las revistas esotéricas y en los éxitos de ventas de Berlitz y compañía. Su conclusión fue sorprendente: “No existe ninguna teoría que resuelva el misterio”. Cuando examinó el caso del Freya, un carguero cuya desaparición en 1902 Berlitz situaba en el triángulo de Bermudas, descubrió que el barco había naufragado en el Pacífico y durante un maremoto. Averiguó también que ningún Globemaster estadounidense se accidentó en la región en 1950, como afirmaba el autor de El triángulo de las Bermudas, aunque un aparato de ese tipo sí explotó en vuelo, pero en 1951 y a 900 kilómetros al sudeste de Irlanda, muy lejos del limbo de lo perdido. Y así un caso tras otro.

“Podemos afirmar categóricamente que las desapariciones se deben normalmente a condiciones meteorológicas severas”, ha mantenido siempre la Lloyd’s. Del medio centenar largo de casos enigmáticos que Kusche desmontaba en 1975 en su libro El misterio de triángulo de las Bermudas solucionado, se deduce que no hay ninguna explicación para todos los sucesos y sí una para cada uno, y que Berlitz no merece ningún crédito. “Si Berlitz informase de que un barco es rojo, las posibilidades de que fuera de otro color constituirían caí una certeza”, ironiza Kusche, quien comprobó en su día que, por ejemplo, el Stavenger, un barco con 43 tripulantes que habría desaparecido en 1931 en Bahamas, nunca existió. Así es muy fácil que se esfumara.

En su libro Flim-flam! Psychic, ESP, unicorns and other delusions (1982), el ilusionista James Randi acusa a Berlitz de falsear datos conscientemente. “Tengo entendido que Berlitz habla unos treinta idiomas, once de ellos con fluidez. Quizá sea capaz de afirmar sus falsedades en los treinta idiomas”, dice el prestigioso escéptico. Por escrito, las mentiras del autor estadounidense se han divulgado en muchos más idiomas y siempre con el marchamo de no ficción.

Obsesión marciana

Millones de españoles vieron, el 13 de febrero de 1983, cómo algo se movía bajo las arenas de Marte junto a una nave espacial humana que había aterrizado en el planeta rojo en 1962. Eran los tiempos de la televisión única y, en el segundo canal de Televisión Española (TVE), Fernando Jiménez del Oso emitía aquel domingo un extraño documental dentro de La Puerta del Misterio. Se titulaba Alternativa 3. Con formato de reportaje de investigación, contaba una historia inquietante, salpimentada con declaraciones de científicos y astronautas. Ante una inminente catástrofe medioambiental, Estados Unidos y la Unión Soviética planeaban evacuar a un grupo de elegidos a Marte, mundo que el hombre había pisado en 1962 y en el cual se había encontrado vida. Los miles de personas que desaparecían cada año en la Tierra eran secuestradas para trabajar como esclavas en la cara oculta de la Luna.

Alternativa 3 ha sido uno de los últimos síntomas de una pasión marciana que se desató cuando Percival Lowell creyó ver en el mundo vecino una red de canales. De una acomodada familia de Nueva Inglaterra (EE UU), el astrónomo aficionado levantó en 1894 un observatorio en Flagstaff (Arizona) y dedicó quince años a cartografiar el planeta. Creía que sus habitantes luchaban por la supervivencia en un Marte que agonizaba -como la Tierra de Alternativa 3– y habían construido las acequias para transportar el agua de los polos al resto de su mundo. Lowell popularizó la idea de la moribunda civilización alienígena en tres libros: Mars (1895), Mars and its canals (1906) y Mars as the abode of life (1908).

La civilización

Percival Lowell, en 1900, mirando por su telescopio de 24 pulgadas.“La obsesión por Marte nace con las primeras observaciones telescópicas del siglo XIX, cuando se ven nubes amarillas, casquetes polares y manchas que sufren cambios estacionales”, explica Agustín Sánchez Lavega, planetólogo de la Universidad del País Vasco. Las manchas cambiantes se interpretaron como vegetación -“en realidad, se trataba de movimientos de arena”- y el planeta rojo fue tomando la apariencia de un hermano pequeño de la Tierra, con un periodo rotacional similar -el día tiene 37 minutos más que el terrestre- y una inclinación del eje muy parecida. “Ahí se empezó a cimentar la mitología marciana”, indica el astrofísico vasco.

El público de finales del siglo XIX sabía de las maravillas de la ingeniería. El canal de Suez se había inaugurado en 1869, el de Corinto en 1893 y las obras del de Panamá habían empezado en 1880, y le resultaba verosímil que una cultura más avanzada acometiera un proyecto de dimensiones planetarias. Sin embargo, la mayoría de los astrónomos rechazaba la existencia de los canales marcianos. No los veía. Ahora, sabemos que nacieron de la búsqueda, por parte del cerebro humano, de patrones donde no los hay. En este caso, en las manchas estacionales de Marte.

Lowell estaba convencido de que había gigantescas conducciones de agua a cielo abierto y, por eso, las veía. Como apunta Carl Sagan en Cosmos (1980), las acequias marcianas fueron obra de una inteligencia, pero estaba a este lado del telescopio de 24 pulgadas. “De la historia de los canales -imposibles de fotografiar con el instrumental de entonces-, lo que parece que se llegó a ver es Valles Marineris, una fractura geológica de 4.000 kilómetros de longitud y hasta 7 de profundidad”, puntualiza Sánchez Lavega. Valles Marineris es un accidente geográfico del tamaño de Estados Unidos.

La invasión

Los marcianos llegaron a la Tierra en La guerra de los mundos (1897), de Herbert G. Wells. Los trípodes alienígenas del novelista inglés no tenían nada que ver con los pacíficos ingenieros de Percival Lowell: protagonizaron la primera invasión extraterrestre de la Historia, que Hollywood recientemente ha recreado en Independence day (1996) y Señales (2002). “Wells estaba al día de las noticias sobre Marte y los canales”, señala el crítico y escritor de ciencia ficción Miquel Barceló. Cuarenta años más tarde, millones de norteamericanos sobrevivieron a la invasión cuando Orson Welles y el Mercury Theatre radiaron, el 30 de octubre de 1938, una dramatización de La guerra de los mundos.

Orson Welles, durante la emisión de 'La guerra de los mundos'.Marte era, a principios del siglo pasado, el hogar de una civilización con la que se intentaba establecer contacto. El físico serbio Nikola Tesla anunció en 1901 que su detector de Colorado Springs había captado señales de radio cuyo origen podía estar en Venus o Marte y, en los años 20, el italiano Guglielmo Marconi, inventor de la radio, dijo haber recibido emisiones del planeta rojo. El convencimiento era tal que el Ejército de EE UU montó una operación de escucha durante el verano de 1924 en coincidencia con el momento de mayor proximidad de Marte desde 1804. No se pretendía mandar un mensaje -los emisores de la época no eran lo suficientemente potentes-, sino captarlo. No hubo éxito.

La primera sonda que sobrevoló el planeta, la Mariner 4 de la NASA, descubrió en 1965 un mundo muerto. Las veintiún fotografías que transmitió a la Tierra retrataban un Marte desértico, repleto de cráteres y de lo que parecían cauces secos. No fluía el agua, ni parecía que hubiera canales ni vida inteligente, y los seguidores de los platillos volantes -que habían irrumpido en escena en 1947 y a los que algunos atribuían origen marciano- tuvieron que llevar la base de los visitantes más lejos. “Es la Mariner 9, en 1971, la que manda por fin imágenes que borran los canales de Lowell”, recuerda Sánchez Lavega. La información enviada por las naves robot acaba con unos mitos, pero surgen otros.

Las ruinas

La cara de Marte fotografiada por la 'Viking 1' en 1976 y por la 'Mars Global Surveyor' en 2001. Fotos: NASA.Una fotografía hecha por el orbitador de la Viking 1 ha sido, durante más de un cuarto de siglo, esgrimida como la mejor prueba de la existencia de una antigua civilización marciana. Tomada desde 1.873 kilómetros de altura el 25 de julio de 1976, en la imagen se ve lo que parece un rostro humano en Cydonia. Está en una región en la que parece que también hay pirámides y otras ruinas. La esfinge fue fotografiada el 8 de abril de 2001 por la Mars Global Surveyor’, cuya cámara es más potente que la del Viking 1, y el misterio se esfumó: allí no hay más que una meseta. “Lo de la cara y las pirámides es lo mismo que lo de los canales”, concluye Sánchez Lavega.

Hay quienes hoy en día identifican, en las imágenes tomadas en 1997 por la Mars Pathfinder en Ares Vallis, animales, columnas, grabados, máscaras… La NASA estaría ocultando información. El principal promotor de esta idea es el escritor Richard Hoagland, quien considera la cara de Cydonia parte de un gran complejo arquitectónico. Curiosamente, la agencia espacial estadounidense ha puesto todas esas fotos en Internet -nunca las ha escondido- y únicamente Hoagland y sus seguidores ven en ellas cosas raras.

“Por supuesto, Alternativa 3 -el documental de televisión y el libro- fue una broma, una farsa”, admitió Nick Austin, responsable de Sphere Books que contrató en 1977 la edición del libro, en la revista Fortean Times hace cuatro años. En un extenso reportaje, desvelaba cómo el espacio iba a emitirse el 1 de abril de 1977 -Día de los Inocentes en el mundo anglosajón-, pero tuvo que posponerse, identificaba a los actores y se sorprendía de que haya quien crea que en la historia hay algo cierto, como mantienen algunos ufólogos. “La idea de una conspiración podía haberme atraído a los 15 años, pero no ahora. ¿Cómo se consigue que tanta gente guarde silencio? Las conspiraciones de ese tipo se deben a las visiones de cuatro iluminados y de cuatro aprovechados”, sentencia Barceló.


Ufólogos en el planeta rojo

Kenneth Arnold, un hombre de negocios estadounidense, vio en junio de 1947 nueve objetos que no supo identificar cuando volaba en su avioneta en el estado de Washington. Habían aparecido los platillos volantes y Marte fue pronto señalado como su origen. El primer humano que aseguró haber hablado con un tripulante de esas naves fue George Adamski, un cocinero de un puesto de hamburguesas de monte Palomar. Ocurrió en 1952 y su interlocutor se llamaba Orthon. Las fotos de tapas de aspiradora hechas por Adamski todavía se incluyen en los libros sobre ovnis como correspondientes a naves alienígenas.

El ufólogo gallego Óscar Rey Brea dijo en 1954 que había descubierto una correlación entre las apariciones de platillos volantes y las épocas de mayor proximidad de Marte y la Tierra. Esta teoría fue asumida por el catalán Antonio Ribera y otros aficionados a los ovnis para los cuales los marcianos viajaban a nuestro planeta cuando ambos mundos se encontraban cercanos, una vez cada veintiséis meses. Tras la llegada a Marte de las primeras sondas, los extraterrestres se trasladaron hasta donde nadie ha llegado jamás.

LOS MÁS GAMBERROS. Los marcianos de Tim Burton no dejaron títere con cabeza.


Pequeños hombres verdes

Los violentos invasores de Herbert. G. Wells se transmutaron a mediados del siglo XX en las víctimas de las Crónicas marcianas (1950), de Ray Bradbury, en las cuales los habitantes del planeta rojo sucumben ante la llegada del hombre. “La de Bradbury es una obra poética sobre el trato con el diferente”, indica Miquel Barceló, experto en ciencia ficción y catedrático de Informática de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

Edgar Rice Burroughs, el padre de Tarzán, escribió varias novelas ambientadas en el planeta rojo. En Una princesa de Marte (1911), habla de “los hombres verdes de Marte”. Se asume habitualmente que ése es el origen de los pequeños hombres verdes que, en la cultura popular, se identifican con los extraterrestres por excelencia y, en la ciencia ficción, con los más molestos alienígenas.

En Marciano, vete a casa (1955), una novela de Fredric Brown, mil millones de chismosos y gamberros visitantes aparecen de repente en nuestro planeta para hacer judiadas a todo aquél que se cruza en su camino. Son pequeños hombres verdes, como los protagonistas de Mars attacks (1996), película que sirve a Tim Burton para hacer una despiadada crítica de la sociedad estadounidense, ridiculizando como pocas veces a los inquilinos de la Casa Blanca.


Marte humano

El hombre se ha adaptado a Marte con diferentes estrategias: en Homo plus (1977), de Frederik Pohl, transforma su cuerpo para sobrevivir; en la trilogía Marte rojo (1993), Marte verde (1994) y Marte azul (1996), Kim Stanley Robinson cambia el planeta; y, en Marte se mueve (1993), máquinas moleculares ayudan al ser humano a sobrevivir en un entorno hostil. “Mucha gente ha puesto historias en Marte en estos últimos años”, dice Barceló, para quien Misión a Marte (2000), de Brian de Palma, es una película “muy digna”.

El planetólogo Agustín Sánchez Lavega cree que la exploración intensiva de Marte llevará décadas. Sin embargo, algunos de los enigmas científicos puede que empiecen a resolverse pronto gracias a misiones como la europea Mars Express, que llega al mundo vecino mañana. “La ciencia ficción tendrá que llevarse la frontera a otra parte”, advierte Barceló. Habrá otros planetas, pero no serán Marte.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

A ‘Planeta encantado’ se le funden los plomos

La travesía del desierto de Juan José Benítez acaba como empezó: con una burda trampa. Si en El anillo de plata el ufólogo se inventa una historia según la cual, el 16 de julio de 1996, encontró una joya en el fondo del mar Rojo grabada con los mismos signos –IOI o “palo-cero-palo”, en palabras de Benítez- que aparecían en un ovni que aterrizó aquel día en Los Villares (Jaén), el ciclo se cierra en Sahara rojo con una imagen de esos signos en un monumento funerario etrusco. Bueno, eso es lo que quiere hacer creer el director de Planeta encantado al espectador, porque en realidad se ve lo que parece un cero y poco más, ya que, de repente, la piedra bien iluminada deja de estarlo. ¿La razón?

Evidente, que no hay “palo-cero-palo” en la tumba etrusca y sólo oscureciendo la escena se puede engañar al público. Si han grabado el documental en vídeo, podrán comprobar que la inscripción de la pieza del museo italiano no es lo que el autor de Caballo de Troya vende. Ésa es la clave de que, en una serie cuya producción ha costado 8 millones de euros, se fundan los plomos en el momento cumbre. El final de Sahara rojo, la tercera de las entregas dedicadas al inventado misterio de IOI, está precedido, además, por otro de esos momentos ridículos a los que nos ha acostumbrado la serie que emite Televisión Española (TVE). Me refiero a cuando Benítez, quien debería recibir clases de actuación, pone cara de ido para simular una irresistible atracción por la obra en la que luego encontrará el grabado. “Al penetrar en el museo etrusco de la ciudad de Tarquinia, algo extraño y superior a mí me empujó con fuerza hacia uno de los sepulcros”. Sinceramente, da risa.

La conclusión que saca el escritor navarro de su aventura africana es tan espectacular como falsa. Pasan cerca de veinte minutos del último tedioso documental de la trilogía sahariana antes de que el novelador se meta en faena. Tras contarnos que a los bereberes los sacaron del salvajismo seres extraterrestres, ahora pretende convencernos de que el éxodo de ese pueblo, cuando el Sahara se desertizó, está en el origen de los guanches, los vascos, los iberos y los etruscos. Para ello juega con las fechas y los datos a su antojo, ningunea la opinión de los historiadores -¿se han fijado en que la única voz en toda la serie es la del fabricante de misterios?- y da a meras coincidencias valor probatorio. Así, fecha el éxodo de los “desahuciados” del Sahara hace unos 4.000 años y nos muestra en un mapa cuáles fueron los caminos que, según él, siguieron. ¿Qué ocurrió en los más de 1.000 años que pasan desde que salen de África hasta que aparecen los etruscos? ¿Dónde estuvieron los iberos durante 1.500 años? ¿Y los guanches durante casi 2.000? Poco le importa a Benítez que los primeros vestigios de esas culturas daten del siglo IX, V y I antes de nuestra era, respectivamente.

La visión que tiene el ufólogo de la cultura guanche es de una ingenuidad de parvulario. Los indígenas canarios -protagonistas de la mayor parte de este episodio- son los perfectos buenos salvajes. Parecen salidos de un cuento infantil: se trata de “gentes alegres y festivas, amantes de toda suerte de deportes y desafíos”; con una capacidad craneal media de 1.557 centímetros cúbicos, lo que “presupone un importante desarrollo mental”; “una magnífica cultura”; “una raza espléndida y singular diezmada por los españoles” que traslada a las islas “los secretos y costumbres heredados de aquellos encuentros con los cabezas redondas -se refiere a los extraterrestres- en el corazón del paraíso sahariano”… Una admiración que el novelista extiende a los iberos, quienes se asentaron en territorios “ocupados por primitivos y toscos cazadores”, a los etruscos y a los vascos. El objetivo último es presentar a estos pueblos -de origen desconocido, en alguno de los casos- como herederos de alienígenas y portadores de una cultura superior.

Admite Benítez que los historiadores no comparten sus ideas. Si bien nadie niega un origen sahariano a los guanches, la imagen idílica que da de ellos el ufólogo es tan falsa como la historia del hallazgo del anillo y como casi todo lo sorprendente de Planeta encantado. Que dos pueblos distantes tengan entre sus tradiciones la adivinación del futuro, no puede extrañar a nadie, como que entierren a sus muertos acompañados de ajuar o símbolos tan comunes como el palo y el cero se den en tipos de escritura distantes geográficamente. El periodista no es capaz de citar a un historiador de prestigio que apoye sus dislates: lo que dice es producto de su investigación, la misma que le lleva a asegurar que Jesús estuvo en el Coliseo romano en una época en la que, en realidad, el edificio no existía. Para el fabricante de misterios, el mensaje del anillo, la piedra de Los Villares y la inscripción etrusca es el siguiente: “Escribamos de nuevo la Historia”. Para mí, es otro distinto: programas como éste demuestran lo fácil que es engañar a la población, y la necesidad de una comunidad científica comprometida, que no se recluya en su torre de marfil. Doctores tiene la Historia y que casi todos permanezcan en silencio ante tanto disparate sufragado con dinero público dice bien poco a su favor. Se quejan cuando los políticos tergiversan el pasado por votos, pero callan cuando centenares de miles de personas se ven expuestos semanalmente al cáncer de la pseudociencia en TVE.

¿Desde cuándo los fantasmas abren y cierran puertas?

El supuesto espectro del palacio de Hampton Court, captado por la cámara de seguridad.“¿Es el fantasma de Enrique VIII?”, se preguntaba ayer The Sun. “Graban al fantasma del palacio de Hampton Court”, afirmaba el diario El Mundo. Y en los informativos de televisión mostraron repetidamente una secuencia de vídeo en la que una persona, que algunos ven ataviada con ropa a la usanza del siglo XVI, abre y cierra una puerta exterior en el palacio de Hampton Court, en Surrey (Reino Unido). Sabido es que en ese edificio Enrique VIII encerró a su quinta esposa tras acusarla de adulterio y condenarla a muerte. La leyenda dice que, desde entonces, el fantasma de Catalina Howard vaga por el inmueble.

Hace unos meses, el psicólogo Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, demostró que en Hampton Court “los supuestos lugares encantados no son en sí una prueba de actividad fantasmal, sino más bien de la respuesta de las personas a factores ambientales normales“. El estudio se publicó en The British Journal of Psychology, la revista de la Sociedad Británica de Psicología, y lo comentamos ampliamente aquí. Ahora, la grabación de un vídeo de seguridad, que data de octubre y en la que se ve a un presunto fantasma, se presenta como prueba de que hay un alma en pena en el edificio.

“Es verdaderamente difícil dar una explicación racional a esto”, ha declarado Ian Flanklin, uno de los guardas del palacio, a la BBC. Y, para Terry O’Sullivan, del Colegio de Estudios Psíquicos, es “completamente verosímil que se trate el fantasma de Enrique VIII”. No creo que la explicación sea de otro mundo. Me parece que el único que está tras la buena pista es Wiseman, quien ha dicho a The Daily Telegraph: “O se trata de un golpe publicitario para atraer más visitantes al palacio, lo cual dudo, o de un visitante que quiso ayudar cerrando una puerta”. Yo me inclino por la primera hipótesis en este periodo prevacacional, porque ¿desde cuándo los fantasmas han dejado de atravesar las paredes? ¿Para qué abre y cierra puertas el de Hampton Court, para salir en la tele?

Diez libros para la mente abierta

Charpak, Georges; y Broch, Henri [2002]: Conviértase en brujo, conviértase en sabio. La desmitificación científica de las supersticiones y los fenómenos paranormales [Devenez sorciers, devenez savants]. Trad. de Núria Viver Barri. Ediciones B (Col. “Sine Qua Non”). Barcelona 2003. 229 páginas.

Dawkins, Richard [1998]: Destejiendo el arco iris. Ciencia, ilusión y el deseo de asombro [Unweaving the rainbow]. Trad. de Joandomènec Ros. Ediciones Tusquets (Col. “Metatemas”, Nº 61). Barcelona 2000. 352 páginas.

Feder, Kenneth L. [1990]: Fraudes, mitos y misterios [Frauds, myths and mysteries. Science and pseudoscience in archaeology]. Trad. de… Editorial Atlántida. Buenos Aires 1991. 309 páginas.

Finkelstein, Israel; y Silberman, Neil Asher [2001]: La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados [The Bible unearthed. Archaeology’s new vision of ancient Israel and the origin of its sacred texts]. Prologado por Gonzalo Puente Ojea. Trad. de José Luis Gil Aristu. Siglo Veintiuno de España Editores. Madrid 2003. 414 páginas.

Gardner, Martin [1988]: La nueva era. Notas de un observador de lo marginal [The New Age. Notes of a fringe watcher]. Trad. de Juan Pedro Campos Gómez. Alianza Editorial (Col. “El Libro de Bolsillo”, Nº 1.463). Madrid 1990. 396 páginas.

Park, Robert L. [2000]: Ciencia o vudú. De la ingenuidad al fraude científico [Voodoo science. The road from foolishness to fraud]. Trad. de Francisco Ramos. Ediciones Grijalbo (Col. “Arena Abierta”). Barcelona 2001. 326 páginas.

Randi, James [1982]: Fraudes paranormales. Fenómenos ocultos, percepción extransensorial y otros engaños [Flim-flam! Psychic, esp, unicorns and other delusions]. Prologado por Isaac Asimov. Trad. de Alejandro G. Tiscornia. Tikal Ediciones (Col. “Eleusis”). Gerona 1994. xv + 348 páginas.

Sagan, Carl [1995]: El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad [The demon-haunted world]. Trad. de Dolors Udina. Editorial Planeta (Col. “La Línea del Horizonte”). Barcelona 1997. 493 páginas.

Stoczkowski, Wiktor [1999]: Para entender a los extraterrestres. Estudio etnológico de una creencia contemporánea [Des hommes, des dieux et des extraterrestres]. Trad. de Anne-Marie Ledoux. Acento Editorial (Col. “Acento Agudo”). Madrid 2001. 383 páginas.

Sheaffer, Robert [1981]: Veredicto ovni. Examen de la evidencia [The ufo verdict: examining the evidence]. Prologado por James Oberg. Trad. de Alberto Coscarelli. Tikal Ediciones (Col. “Eleusis”). Gerona 1994. 343 páginas.


… y algunos más

Alonso del Real, Carlos [1971]: Superstición y supersticiones. Editorial Espasa-Calpe (Col. “Austral”, Nº 1.487). Madrid. 230 páginas.

Asimov, Isaac [1989]: Objetos voladores no identificados [Unidentified flying objects]. Trad. de María Córdoba. Ediciones SM (Col. “Biblioteca Isaac Asimov del Universo”). Madrid. 32 páginas.

Booth, John [1984]: Paradojas psíquicas []. Prologado por John Robert Clarke. Trad. de Dafne Sabanes Plou. Tikal Ediciones (Col. “Eleusis”). Gerona 1994. xiv + 265 páginas.

Borgo, Alejandro; y Márquez, Enrique [1998]: Puede fallar. Predicciones fallidas de astrólogos, videntes y mentalistas en la Argentina. Editorial Planeta (Col. “Planeta Singular”). Buenos Aires 1998. 197 páginas.

Bunge, Mario [1985]: Seudociencia e ideología. Alianza Editorial (Col. “Alianza Universidad”, Nº 440). Madrid. 253 páginas.

Broch, Henri [1976]: La misteriosa pirámide de Falicón [La mysterieuse pyramide de Falicón]. Editorial ATE. Barcelona 1978. 183 páginas.

Broch, Henri [1985]: Los fenómenos paranormales. Una reflexión crítica [Le paranormal]. Trad. de Juana Bignozzi. Editorial Crítica (Serie “General” (Col. “Estudios y Ensayos”), Nº 107). Barcelona 1987. 206 páginas.

Brookesmith, Peter [1995]: Documentos Ufo. Catálogo completo [Ufo: the complete sighting catalogue]. Trad. de… Editorial Libsa. Madrid 1996. 176 páginas.

Brookesmith, Peter [1998]: Alien abducciones [Alien abductions]. Libsa. Madrid 1999. 176 páginas.

Cabria, Ignacio [1993]: Entre ufólogos, creyentes y contactados. Una historia social de los ovnis en España. Edita Cuadernos de Ufología. Santander 1993. 306 páginas.

Cabria, Ignacio [2002]: Ovnis y ciencias humanas. Un estudio temático de 50 años de bibliografía (1947-2000). Edita Fundación Anomalía (Col. “Biblioteca Camille Flammarion”, Nº 4). Santander. 307 páginas.

Cantril, Hadley [1940]: La invasión desde Marte. Estudio de la psicología del pánico [The invasion from Mars. A study in the psychology of panic with the complete script of the famous Orson Welles broadcast]. Trad. de Carlos Reyles. Revista de Occidente (Col. “Cosas que Importan”). Madrid 1942. 237 páginas.

Culver, Roger B.; y Ianna, Philip A. [1988]: El secreto de las estrellas. Astrología: ¿mito o realidad? [The Gemini syndrome]. Trad. de Dafne Sabanes Plou. Tikal Ediciones (Col. “Eleusis”). Gerona 1994. 252 páginas.

Ellis, Richard [1998]: En busca de la Atlántida. Mitos y realidad del continente perdido [Imagining Atlantis]. Trad. de Jordi Beltran. Editorial Grijalbo (Col. “Huellas Perdidas”). Barcelona 2000. 393 páginas.

Erben, Heinrich K. [1984]: Estamos solos en el cosmos [Intelligenzen im Kosmos? Die Antwort der Evolutionsbiologie]. Trad. de Juan Antonio Gutiérrez Larraya. Editorial Planeta (Col. “Al Filo del Tiempo”, Nº ). Barcelona 1985. 211 páginas.

Eslava Galán, Juan [1997]: El fraude de la sábana santa y las reliquias de Cristo. Editorial Planeta (Col. “Documento”). Barcelona. 352 páginas.

Fernández Peris, Juan Antonio [2000]: El expediente Manises. Prologado por Vicente-Juan Ballester Olmos. Edita Fundación Anomalía (Col. “Biblioteca Camille Flammarion”, Nº 1). Santander. 220 páginas.

Galifret, Yves (Ed.) [1965]: El fracaso de los brujos. El realismo fantástico contra la cultura [Le crepuscule des magiciens]. Prologado por Yves Galifret. Trad. de Susana Lugones. Editorial Jorge Alvarez. Buenos Aires 1966. 279 páginas.

Gardner, Martin [1981]: La ciencia. Lo bueno, lo malo y lo falso [Science. Good, bad and bogus]. Trad. de Natividad Sánchez Sáinz de Trapaga. Alianza Editorial (Col. “El Libro de Bolsillo”, Nº 1.365). Madrid 1988. 636 páginas.

Gardner, Martin [1983]: Orden y sorpresa [Order and surprise]. Trad. de Néstor Míguez. Alianza Editorial (Col. “El Libro de Bolsillo”, Nº 1.255). Madrid 1987. 272 páginas.

Gardner, Martin [1992]: Extravagancias y tonterías [On the wild side]. Prologado por Vladimir de Semir. Trad. de Jordi Fibla. Ediciones Alcor (Col. “Campo de Agramante”). Barcelona 1993. 284 páginas.

Gardner, Martin [1995]: Urantia. ¿Revelación divina o negocio editorial? [Urantia: the great cult mystery]. Trad. de Pilar Tutor. Tikal Ediciones (Col. “Eleusis”). Gerona. xv + 348 páginas.

Gardner, Martin [2000]: ¿Tenían ombligo Adán y Eva? La falsedad de la seudociencia al descubierto [Did Adam and Eve have navels?]. Trad. de Juan Manuel Bas. Editorial Debate (Col. “Temas de Debate”). Madrid 2001. 395 páginas.

Gómez Pérez, Rafael [1990]: La invasión del ocultismo. Ediciones del Drac (Col. “Contrastes”, Nº 15). Barcelona 1990. 178 páginas.

Hernández Franch, Luis [1984]: Los ovnis desmitificados. Informes I y II. Edición del Autor. Bilbao. 172 páginas.

Heredia, Carlos M. [1930]: Fraudes espiritistas y fenómenos metapsíquicos. Prologado por Andrés Aberasturi. Editorial Acervo. Barcelona 1993. iii + 381 páginas.

Kaminer, Wendy [1999]: Durmiendo con extraterrestres. El auge del irracionalismo y los peligros de la devoción. [Sleeping with extra-terrestrials: the rise of irrationalism and perils of piety]. Trad. de Elena Llorens Pujol. Alba Editorial (Col. “Trayectos”, Nº 25). Barcelona 2001. 322 páginas.

Kusche, Lawrence David [1975]: El misterio del triángulo de las Bermudas solucionado [The Bermuda triangle mystery – solved]. Trad. de Carme Collell. Ediciones Sagitario. Barcelona 1977. 320 páginas.

Lizondo, Joaquín [1984]: El fin del mundo para el 85. La amenaza del Halley. Editorial Planeta (Col. “Documento”, Nº 152). Barcelona. 235 páginas.

Lizondo, Joaquín [1995]: El lado oscuro de las sectas (El retorno del Becerro de Oro). Ultramar Editores. Barcelona. 447 páginas.

Martínez-Pereda, José Manuel [1991]: ‘Magia y delito en España’. Prologado por Julio Caro Baroja. Laida edición e Imagen (Col. “Almadia”). Bilbao. 275 páginas.

Molina, Eustoquio; Carreras, Alberto; y Puertas, Jesús (Eds.) [1997]: Conferencia Internacional sobre Evolucionismo y Racionalismo. Edita Universidad de Zaragoza. Zaragoza. 80 páginas.

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