Del Paraíso a la Prehistoria

Adán y Eva no fueron expulsados del Paraíso por un ángel espada de fuego en ristre, sino por los científicos. Sucedió en 1847, cuando el francés Jacques Boucher de Perthes (1788-1868), considerado el padre de la Prehistoria, publicó Antigüedades célticas y antediluvianas, un libro en el que demostraba la coexistencia del hombre primitivo con animales extinguidos. “Hasta entonces, nadie se planteaba que hubiera un pasado más allá de la Biblia. Quien dijera algo de eso era un osado”, explica Carmen de las Heras, comisaria de la exposición Venus y Caín, nacimiento y tribulaciones de la Prehistoria en el siglo XIX, que se inaugura hoy en Santillana del Mar.

Imperaba en la cultura decimonónica la visión del arzobispo anglicano James Ussher, quien en el siglo XVII había calculado a partir del Génesis que Dios creó el Universo a las nueve de la mañana del 23 de octubre de 4004 antes de nuestra era. “Éramos descendientes de Adán y Eva. Nadie lo discutía, nadie lo ponía en duda, porque la propia ciencia parecía dar la razón a la Biblia”, indica De las Heras. En 1859, Charles Darwin publicó El origen de las especies y, a la historia prediluviana de Boucher de Perthes -con el tiempo, el Diluvio universal pasó de hecho a mito-, se sumó la evolución: Dios no había modelado al hombre tal cual, sino que éste era fruto de la evolución.

El descubrimiento de que “nuestro origen está en el reino animal y no en el Paraíso” provocó una gran convulsión social, y el hombre prehistórico fascinó a la gente de la época, incluidos pintores y escultores para los cuales “constituyó una inapreciable fuente de inspiración”. Ante la escasez de datos científicos, los artistas del siglo XIX “desarrollan una iconografía tomada del neoclásico, con un héroe musculoso al que visten con pieles y colocan en la Prehistoria”.

Superhombres

Nuestros antepasados del Paleolítico Superior -entre hace 40.000 y 13.000 años- aparecen como “hombres físicamente perfectos, con extraordinarias musculaturas y expresiones de fiereza”, en permanente lucha por la supervivencia. Las mujeres tienen, a su vez, el aspecto de Venus griegas. “Se reproduce el modelo social de la familia nuclear, con el hombre como cabeza de familia y protagonista, y la mujer representando el papel de ama de casa que le recibe complaciente cuando llega agotado de la caza. Los roles sociales se transmiten del siglo XIX a la Prehistoria”, dice la investigadora del Museo de Altamira.

Paul Jamin, Léon Maxime Faivre, Louis Mascré y otros retratan escenas de asesinatos, de caza, de lucha, de amor…, en las que la falta de datos se suple con imaginación. “La escasez de restos, el estudio de pueblos primitivos contemporáneos, la creatividad artística y las condiciones sociales, culturales y religiosas de la época -explica De las Heras- hacen que las imágenes transmitan una excesiva bestialidad y, al mismo tiempo, una notable idealización romántica”.

Pintores y escultores asumen, en las obras que pueden verse en el palacio de Caja Cantabria en Santillana del Mar, los avances en el conocimiento de nuestro pasado; pero no plasman en sus obras el choque entre ciencia y religión. Al contrario. “Suprimen los elementos de conflicto e incluso dotan a veces a sus personajes de actitudes religiosas, de un sentimiento de piedad”, afirma la prehistoriadora. Siglo y medio después de la desaparición de Adán y Eva de nuestro árbol genealógico, ciertas sectas protestantes luchan en Estados Unidos por imponer una visión de los orígenes basada en la literalidad de la Biblia, en la idea de que Dios creó el mundo en seis días y, el séptimo, descansó.

Ciencia recién nacida

Las 170 piezas que se exponen desde hoy en Santillana del Mar son objetos arqueológicos, pinturas, esculturas y documentos que proceden de museos y colecciones privadas de Europa y Estados Unidos. “Resumen la evolución humana tal como se veía en el siglo XIX”. La Prehistoria era entonces una ciencia recién nacida, “básicamente francesa” y cultivada por aficionados, que poco tenía que ver con una disciplina que en la actualidad emplea las técnicas más avanzadas: los métodos de datación basados en la desintegración de isótopos radiactivos, la genética, el estudio de los pólenes, los análisis geológicos…

>Aunque antediluvianos, nuestros orígenes no se suponían en el siglo XIX tan remotos como ahora se sabe: los homínidos aparecieron en África hace más de 6 millones de años y los primeros representantes de nuestra especie caminaban por lo que hoy es Etiopía hace más de 160.000 años. La Prehistoria -la época sin escritura- ha sido el periodo más largo de la historia humana. Se prolongó desde la aparición de los homínidos hasta hace menos de 5.000 años, pero sólo se estudia desde hace unos 150, desde que el hombre abandonó definitivamente el Paraíso.


El arte más antiguo del mundo

La más valiosa de las piezas de la muestra -“la joya”, en palabras de Carmen de las Heras- es la Venus de Laussel, un bajorrelieve descubierto en 1911 en un abrigo al aire libre de la Dordoña francesa. Con la fisionomía típica de las esculturas femeninas paleolíticas -formas abultadas que se han relacionado tradicionalmente con la fecundidad-, la figura mide 46 centímetros, fue tallada en un bloque de piedra caliza hace unos 20.000 años y porta en la mano derecha un cuerno de bisonte. Es una obra de arte de un periodo sin arte hasta que Marcelino Sanz de Sautuola descubrió Altamira en 1879.

El hallazgo de las pinturas de Santillana del Mar marca mucho más que el inicio de la ciencia prehistórica en España. “Altamira fue la primera cueva con arte rupestre descubierta en el mundo”, recuerda la comisaria de la exposición ‘Venus y Caín, nacimiento y tribulaciones de la Prehistoria en el siglo XIX’, la cual dedica una atención especial a la gruta cántabra y sus pinturas de hace 14.000 años. El descubrimiento de Sanz de Sautuola fue recibido con incredulidad por una comunidad científica dominada por los franceses, quienes no dieron hasta 1902 el visto bueno a unos dibujos de bisontes, ciervos y caballos de espectacular belleza.

Cerrada la cueva a las visitas masivas desde 1977 y completamente desde septiembre de 2002 para frenar su deterioro, quienes quieran hacerse una idea de la magnificencia de los frescos pueden hacerlo en la llamada neocueva. La reproducción de la gruta y de sus frescos resulta de una fidelidad impactante y es la estrella de un Museo de Altamira que tiene una atractiva y didáctica exposición permanente sobre la vida de los artistas de hace 140 siglos.


De Adán y Eva a Venus y Caín

Destronados Adán y Eva, los responsables de la muestra del Museo de Altamira apuestan por una nueva pareja, Venus y Caín, que “encarna principios antagónicos y complementarios” de cuyo equilibrio o desequilibrio “dependerá la civilización y la barbarie”.

Venus -diosa romana del amor- es el nombre que reciben las figuras femeninas paleolíticas, representaciones de la fertilidad. Caín, el primogénito de Adán y Eva, es el primer humano, “el primer ser nacido de una mujer y un hombre, pero también el primer criminal, el primer cultivador, el primer errante y el primer constructor de ciudades. Encarna la responsabilidad humana”.


La exposición

Título: Venus y Caín, nacimiento y tribulaciones de la Prehistoria en el siglo XIX.

Lugar: Palacio de Caja Cantabria, Santillana del Mar (Cantabria).

Horario: De 10.30 a 14 horas y de 16 a 20 horas. Cerrado los lunes.

Precio: 2,5 euros (1,5 euros para los clientes de Caja Cantabria).

Calendario: Del 10 de julio al 7 de septiembre.

Organizadores: Museo de Altamira, Museo de Aquitania y Museo de Quebec.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Huérfanos de H.L. Mencken

“Hasta donde me alcanza el entendimiento, y llevo años estudiando este hecho con profundidad y empleando a gente para que me ayude en la investigación, jamás nadie en este mundo ha perdido dinero al subestimar la inteligencia de las grandes masas. Tampoco nadie ha perdido por eso su cargo público”, escribió Henry Louis Mencken (1880-1956) en 1926. Mencken fue un periodista estadounidense agudo y crítico como pocos, cuya lectura hoy en día resulta reconfortante. Acaba de llegar a las librerías En defensa de las mujeres (La Fábrica Editorial, 2003), prologado por Gore Vidal, y Alcor publicó en 1992 el imprescindible Prontuario de la estupidez humana, una selección de sus mejores textos presentada por el filósofo Fernando Savater.

Dice Savater en el prólogo del Prontuario que, a pesar de los defectos propios de “su condición autodidacta”, Mencken destaca por “su enorme coraje intelectual y su contundencia expresiva”. Vivió en una época que consideramos más pacata que la nuestra, aunque tal juicio resulte cuestionable en los tiempos de lo políticamente correcto, cuando casi nadie se atreve a llamar a las cosas por su nombre con la claridad con que lo hizo el periodista de Baltimore. Mencken era un escritor inteligente para lectores inteligentes; ahora, lo que impera en las listas de más vendidos es todo lo contrario, tanto a un lado como a otro del libro. Lo que triunfa es el equivalente impreso a Hotel Glam, Operación Triunfo y Gran Hermano, y a ese carro intenta subirse Bruño Cardeñosa (Orense, 1972), un periodista que ha hecho carrera publicitando todo tipo de patrañas en las revistas esotéricas, con 100 enigmas del mundo(Corona Borealis, 2003).

Especializado en lo paranormal, Cardeñosa publicó en 2001 El código secreto, obra en la que presenta una larga lista de hechos fraudulentos, reinventados o tergiversados para apoyar su tesis de que “los mecanismos primigenios que dieron origen a la vida estuvieron regidos por unas leyes ajenas a la evolución” y “aquellas primitivas formas de vida tenían en su soporte interno algo parecido a una orden: evolucionar hacia formas más complejas. Disponían, en suma, de un código secreto que señala que el objetivo último de la evolución es el Homo sapiens“. Para él, ya había seres humanos en la época de los dinosaurios, y el Yeti y otros monstruos antropomorfos no son un cuento chino, sino algunos homínidos de los que se creen extintos: “Los eslabones de la cadena humana permanecen aún vivos sobre la faz de la Tierra, esperando el momento en que la ciencia se ocupe de ellos”.

En 100 enigmas del mundo, Cardeñosa -para quien no hubo un avión que se estrellara contra el Pentágono el 11-S– recicla los clásicos falsos enigmas que hicieron rico a Erich von Däniken. A la espera de la lectura sosegada que todo original merece, puede adelantarse que el libro no defraudará a quienes quieran divertirse cazando los múltiples errores que a buen seguro trufan sus páginas. Si, en El código secreto, el autor descubrió que cada cromosoma humano tiene 30.000 genes, para pasmo de los biólogos moleculares, una rápida hojeada a 100 enigmas del mundo -en la que participamos el historiador y periodista Julio Arrieta y el autor- revela que la nueva obra puede ser un filón. Porque sólo un ignorante de tomo y lomo puede calificar de descubrimiento la penúltima estupidez por la fantarqueóloga matriarcalista Francisca Martín-Cano Abreu, quien afirma que la disposición de los bisontes de Altamira refleja “cómo era el cielo un 14 de febrero de hace 13.000 años”, o es incapaz de dar con la causa de los círculos de las cosechas y mantiene que “seguimos sin saber quién o qué las genera, y si detrás de las formaciones hay una inteligencia diferente a la nuestra, si se trata de otras formas de vida o si es un mensaje de la Tierra encarnada en Gaia”.

Círculos de misterio

2001 fue el año del contacto. El primer mensaje alienígena se hizo cereal el 21 de agosto. Ocurrió en el Reino Unido, cerca de la estación meteorológica de Chibolton. En un sembrado colindante con el observatorio, aparecieron un rostro y una especie de réplica de la señal que en 1974 se emitió desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) hacia M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz. “Creo que es una respuesta al mensaje de Arecibo”, dijo Palden Jenkins, un estudioso de los círculos. Era el broche de oro de una temporada que había empezado con bastante retraso sobre el calendario habitual.

“Los extraterrestres parecen estar al tanto de las leyes británicas, porque ningún ovni ni ningún orbitrón de plasma se ha dejado caer por la campiña inglesa durante el brote de fiebre aftosa”, ironizaba Michael Wright el 17 de junio de 2001, en The Sunday Times. Una vez levantada la prohibición de acceso a carreteras y caminos rurales impuesta para evitar la difusión del mal, los pictogramas florecieron. A mediados de agosto, Tim Carson, un granjero de Wiltshire, descubrió una figura en su propiedad y tuvo claro, desde el primer momento, que no era cosa de marcianos. “Recibí una llamada en la que me preguntaron si los caminos estaban ya abiertos al público. Dije que sí y aquella noche apareció un círculo de los sembrados”, declaró a la BBC.

Los artistas del cereal

El condado de Wiltshire -en el que se levantan los monumentos megalíticos de Stonehenge y Avebury- es la Disneylandia de la cerealogía, que debe su nombre a Ceres, la diosa romana de la agricultura. Allí comenzó todo a mediados de la década de 1970 y allí se encontró la otra formación que, junto a las de Chibolton, causó sensación el año pasado: una espiral de seis brazos, compuesta por 409 círculos y que ocupaba 45.000 metros cuadrados de un trigal de Milk Hill. John Lundberg, un diseñador gráfico londinense de 33 años, calcula que el complejo pictograma pudo exigir de sus creadores unas tres horas de intenso trabajo nocturno. Lo dice con conocimiento de causa: forma parte de uno de los grupos que, desde hace años, reivindican la paternidad de los círculos.

Frente a los ufólogos que atribuyen los dibujos a platillos volantes, los meteorólogos excéntricos que hablan de nuevos fenómenos atmosféricos y los místicos de la Nueva Era que argumentan que es la propia Tierra la que quiere así llamar la atención sobre la degradación medioambiental, Lundberg y sus colegas dicen que se trata de obras de arte. Efímero, porque la siega destruye los pictogramas; pero arte, al fin y al cabo. Su equipo responde al nombre de Circlemakers (fabricantes de círculos). Son tres, empezaron a actuar en Wiltshire hace más de diez años y, desde 1995, disponen de una web en la que informan de sus proyectos y mantienen al día un censo de este tipo de creaciones.

“Cuando, en 1991, Doug Bower y Dave Chorley confesaron que habían estado haciendo círculos durante quince años, el interés popular cayó en picado. Entonces -recuerda Lundberg-, nos propusimos elevarlo otra vez haciendo formaciones tan grandes y complejas que la gente volviera a preguntarse: ‘¿Es posible que estas cosas sean obra humana?'”. El trío hace entre veinticinco y treinta dibujos cada temporada, entre abril y septiembre. No son los únicos. Hay, en el Reino Unido, otros tres o cuatro grupos igual de activos, además de muchos que realizan una o dos obras al año.

Desde que el diario The Wiltshire Times se hizo eco del primer pictograma hace veintidós años, la complejidad de las formaciones ha ido en aumento. Las primeras llevaban a Bower y Chorley pocos minutos. Eran fáciles de hacer: uno de ellos se plantaba sobre el terreno, a modo de poste, con una cuerda o cinta de agrimensor a cuyo otro extremo estaba su cómplice. Este último caminaba entonces alrededor de su compañero, cual brazo móvil de un compás humano, dibujando un círculo de plantas tumbadas. Aplastaba el cereal con los pies, apoyándolos en un tablón que sujetaba con las manos, gracias a sendas cuerdas. Los dibujos de ahora son bastante más complicados, pero la técnica es la misma.

Bromistas impenitentes

Los dos vecinos de Southampton se lo pasaron en grande durante tres lustros. Diseñaban figuras cada vez más llamativas no sólo para superarse en su arte, sino también para entusiasmar o crear dolores de cabeza a los cereálogos, una peculiar tribu que recorría la campiña a la caza de dibujos. Bower llegó a acompañar a los expertos en sus visitas a los pictogramas y tomar nota de sus teorías para hacerlas realidad o ponerlas en entredicho. Así, cuando un cereálogo achacaba que las plantas aparecieran tumbadas siempre en un mismo sentido a la acción de tornados o vórtices de plasma, la pareja creaba una figura con el cereal aplastado en sentido contrario o con círculos satélites.

Dentro de la comunidad cerealógica destacaron pronto tres personajes por su capacidad de rentabilizar el fenómeno: los ingenieros Colin Andrews y Pat Delgado, y el meteorólogo Terence Meaden. Las continuas bromas de Bower y Chorley les volvieron locos. Al final, en septiembre de 1991, todo se fue abajo. Unos periodistas del diario Today enseñaron a Delgado una figura y éste se deshizo en elogios. “¡Es fantástico!”, dijo, antes de añadir que no podía ser obra humana. Cuando los reporteros le presentaron a los dos artistas, dos sesentones, la tierra se abrió bajo los pies del cereálogo. “La gran broma ha terminado. Dos espabilados nos han engañado”, concluyó. Pero la broma no había hecho nada más que comenzar.

Bower y Chorley se habían dado cuenta años antes de que había otros artistas del cereal. We are not alone (No estamos solos), escribieron en letras de doce metros en un sembrado en 1986, en reconocimiento a sus colegas. A partir de ese momento, firmaron sus trabajos con dos des mayúsculas. “Incluso eso se atribuyó a un misterioso propósito extraterrestre”, recuerda el fallecido astrofísico Carl Sagan en su libro El mundo y sus demonios (1996). Fueron los herederos intelectuales de los artistas de Southampton los que revitalizaron el fenómeno con increíbles dibujos, como el de un gris -un alienígena típico de Expediente X– con un disco que apareció el pasado 15 de agosto en Hampshire. Para los cereálogos, el disco contiene un mensaje de otro mundo.

“Lo que me fascina son los mitos y el folclore que han surgido alrededor de los círculos”, afirma John Lundberg, quien no se considera un bromista, sino un artista. Los sucesores de Bower y Chorley utilizan ordenadores para sus diseños, pero los trasladan al campo con los mismos útiles que sus maestros: cinta de agrimensor, tablones, cuerdas, brújulas, linternas… En el verano de 2002, siguiendo la estela de Señales, la última película de M. Night Shyamalan, miles de turistas invadieron los campos de Wiltshire y Hampshire para admirar sus obras de arte. El taquillazo de Hollywood llenó los bolsillos de los agricultores -cobran por entrar a sus propiedades-, las agencias de viajes y los cereálogos que tan mal lo pasaron hace diez años. El negocio de los círculos volvió a ser redondo.


Un arte y un negocio típicamente británicos

Son tan ingleses como los estrafalarios sombreros de Isabel II y el té de las cinco. De hecho, nacieron en una noche de verano de 1975 ó 1976 después de que cayeran varias pintas en un pub, el Percy Hobbs de Winchester. Doug Bower y Dave Chorley paseaban por un camino hablando de ovnis cuando el primero, que había vivido en Australia, recordó que en 1966 se había atribuido un círculo de hierba aplastada descubierto cerca de Queensland al aterrizaje de un platillo volante. “¿Qué crees que ocurriría si hiciéramos un círculo por aquí?”, preguntó a su compañero señalando un trigal. Así comenzó todo.

Al principio, la pareja empleó para aplastar el cereal la barra metálica con la que Bower atrancaba la puerta trasera de su tienda de marcos. Con el tiempo, se fabricaron las herramientas que aún siguen utilizando los hacedores de círculos del siglo XXI. Y tuvieron que dar explicaciones a Ilene, la esposa de Bower. En 1984, la mujer se encaró a su marido. Creía que tenía una aventura. Sólo así podían explicarse sus repetidas salidas nocturnas. El hombre le dijo a qué dedicaba las escapadas, pero ella no le creyó hasta que acompañó a él y a su cómplice en una de sus expediciones.

Los autores, perplejos

Bower y Chorley nunca pudieron imaginar que los cereálogos iban a detectar en sus obras y en las de otros colegas rastros de radiactividad o alteraciones en la composición química de las plantas. Jim Schnabel, ex artista del cereal y periodista, recuerda en su libro Round in circles (1993) cómo los expertos convertían “mágicamente” sus errores en “logros que ningún ser humano podía duplicar”. Por obra y gracia del misteriólogo de turno, un pictograma hecho con unas pintas de más acababa siendo radiactivo, rememora Schnabel. Mike J., otro ex fabricante de figuras, descubrió en 1991 que una formación que había creado un año antes “había sido fotografiada, investigada, sondeada por zahoríes, analizada y reproducida en libros y camisetas”. Era auténtica y fue “imposible” para él convencer a los cereálogos de lo contrario.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Colonias secretas en un Marte de película

Si la invasión alienígena de Orson Welles demostró en 1938 que la creencia en visitantes extraterrestres estaba latente en la sociedad estadounidense mucho antes del avistamiento ovni de Kenneth Arnold, Anglia TV se adelantó en casi dos décadas a la paranoia conspiracionista que con tanto éxito explota Expediente X. Al igual que de las sesiones de radioteatro del autor de Ciudadano Kane sólo se recuerda La guerra de los mundos, de la serie Informe Científico de la ITV británica sólo ha sobrevivido Alternativa 3. No es para menos.

El documental de 1977 revela cómo el ser humano tiene los días contados sobre la Tierra a causa del deterioro medioambiental; las grandes potencias lo saben y trabajan desde hace décadas en colaboración para habilitar una colonia humana en Marte que acogerá a lo mejor de lo mejor; y las personas que desaparecen a diario en cualquier lugar del planeta son utilizadas como esclavas en una base en la cara oculta de la Luna. Todo ello, aderezado con entrevistas a científicos, astronautas y expertos en política internacional, así como con un vídeo del primer amartizaje ruso-americano, fechado en 1962 y en el que se ve un Marte de cielo azul bajo cuya arena se mueve algo vivo.

La fiebre de Alternativa 3 llegó a España en 1983 de la mano de Fernando Jiménez del Oso, quien incluyó el documental en su programa La Puerta del Misterio. Ésa fue la última emisión de la temporada, lo que rodeó al documental de una mayor aura enigmática a pesar de las numerosas evidencias en contra de su autenticidad, desde el color del cielo marciano hasta las apariciones de astronautas y científicos inexistentes.

La puntilla definitiva al fenómeno de Alternativa 3 la dio Nick Austin, el responsable de Sphere Books que contrató la edición posterior del libro del mismo nombre, en el número de abril de 1999 de la revista Fortean Times. “Por supuesto, Alternativa 3 -el documental de televisión y el libro- fue una broma, una farsa”, sentencia Austin, quien, en un extenso reportaje, desvela la historia real -el espacio iba a emitirse en el 1 de abril, Día de los Inocentes en el mundo anglosajón, pero tuvo que posponerse al 20 de junio-, identifica a los actores y no deja de mostrar su sorpresa por la pervivencia del mito. Inexplicable si tenemos en cuenta que los autores de la trama y la productora han repetido hasta la saciedad desde 1977 que Alternativa 3 se concibió como inocentada.

Publicado originalmente en Muy Especial.

La doblez del doblador de cucharas

“Recuerdo que hizo algún tipo de maniobra mental que dio como resultado una cuchara doblada. Sin embargo, que me leyera la mente y otras cosas que él dice que tuvieron lugar, simplemente, no es verdad”. Quien habla es Henry Kissinger; de quien habla es de Uri Geller. A mediados de los 80, el supuesto psíquico afirmaba haber puesto sus poderes al servicio de la CIA y haber hallado, contratado por multinacionales, importantes reservas minerales. Al igual que el ex secretario de Estado norteamericano, la CIA y directivos de Pemex y de la sudafricana Anglovaal Corporation negaron cualquier relación con el dotado. Su carrera como asesor psíquico era tan ficticia como sus poderes.

Geller tuvo en su desembarco en España en 1975 mejor suerte que en Estados Unidos y eso le ha rodeado en nuestro país de un halo de misterio. Mientras que ante José María Íñigo hizo alarde de todas sus habilidades -desde doblar cucharas hasta poner en marcha relojes-, cuando su anfitrión televisivo fue Johnny Carson no dio una. “Fallé delante de 40 millones de personas”, admite. Se estrelló con todo el equipo en el Tonight Show de la NBC por la sencilla razón de que Carson, ilusionista aficionado, le sometió a un estricto control para evitar cualquier truco. Porque eso es lo que hace Geller: usa cucharas preparadas; lee el movimiento del extremo superior del lápiz con el que dibuja otra persona lo que va él a adivinar telepáticamente; mueve una brújula con un imán escondido; distrae a su interlocutor y dobla una llave contra la pata de una silla… Y la gente pica. No en vano, como indica el escéptico Martin Gardner, “Geller tiene una abrumadora ventaja sobre cualquier mago: actúa como psíquico”.

De hecho, Geller huye de los ilusionistas desde que en 1973 hizo una demostración de sus dotes en la redacción de Time sin saber que actuaba ante James Randi. El mago duplicó sus poderes, “demostrando -según Leon Jaroff, redactor de la revista- que sólo eran necesarias unas manos rápidas y psicología”. Pero ni eso, ni que empezara su carrera como ilusionista en salas de fiestas israelíes, ni que en 1974 confesara que recurría a la magia a veces “con objeto de aumentar la fama y el dinero”, o que su agente Yasha Katz reconociera en 1978 que empleaba trucos y cómplices para sacar adelante sus actuaciones, mina la fe de quienes, como en 1976 Arthur Koestler, mantienen que “Uri presenta desde luego un 25% de fraude y otro 25% de showman, pero el 50% restante es auténtico”.

Publicado originalmente en Muy Especial.