La fortaleza de los descerebrados

Alicia Senovilla, la presentadora de 'El castillo de las mentes prodigiosas'', en el estudio donde viven encerrados los 'freaks' paranormales.

El último invento de la productora Gestmusic para Antena 3 -una de las tres cadenas de televisión privadas que abarcan todo el territorio español- lleva el título de El castillo de las mentes prodigiosas. La acción se desarrolla en unos estudios y los protagonistas son un grupo de pícaros de lo paranormal que, cuando no dan risa, dan pena. A falta de castillo y de mentes prodigiosas, hay morbo y zafiedad a raudales, una presentadora que luce escote y un jurado -formado por una aristócrata, un astrofísico, un cura, un periodista y una vidente- que en la primera entrega se limitó a seguir las evoluciones de los monstruos desde la barrera. Telebasura en estado puro.

El declarado objetivo de esta especie de Operación Triunfo esotérica es anecdótico: que los concursantes demuestren, “día a día, experimento a experimento, reto a reto, que realmente poseen esos dones prodigiosos que algunos incrédulos les niegan”. Lo cierto es que estamos ante una muestra más de la inmundicia que anega la programación de las televisiones españolas, ya sea en forma de programas de cotilleo o de reality shows. Por eso, había prestado tanta atención a El castillo de las mentes prodigiosas como a cualquiera de los bodrios con que nos viene regalando la pequeña pantalla hasta que, cuando intentaba el 23 de marzo entender los últimos hallazgos del todoterreno Opportunity en Marte, me llegó un mensaje al teléfono móvil: “Empezó el circo. Armentia y D’Arbó junto a Aramís y Apeles en el jurado”. Como un resorte, abandoné mi mesa de trabajo para ver unos minutos del engendro, cosa que no consiguieron ni con Gran hermano ni con ninguna de sus secuelas hoteleras, musicales o del tipo que sean. Todavía no me he recuperado.

Lo que me ha sorprendido de El castillo… es la presencia de Javier Armentia entre quienes han de juzgar las habilidades de los brujos, que han sido seleccionados entre lo más cutre del escenario paranormal iberoamericano. Durante las últimas semanas, me habían llegado rumores de que a varios escépticos les habían ofrecido formar parte del tribunal, pero había descartado que alguno de ellos se prestara a tal juego. Me precipité. El más popular de los escépticos españoles ha dicho que sí a los cantos de sirena de la productora de Toni Cruz y Josep Maria Mainat. Armentia, el mismo que tantas veces ha plantado cara valientemente a la pseudociencia y que sacó al movimiento escéptico de las cavernas en los años 90, hace un flaco favor a la causa racionalista al acudir al programa que presenta Alicia Senovilla. Porque sus hechos contradicen las duras críticas a la telebasura que ha escrito en los últimos años, le equiparan indirectamente a personajes como Aramís Fuster y el padre Apeles -son sus colegas de tribunal- y permiten a Gestmusic utilizar su imagen para intentar dignificar un producto vomitivo. Y me da rabia porque es mi amigo.

Sin el director del Planetario de Pamplona, El castillo… hubiera sido lo mismo que con él, una simple feria de monstruos. Dudo que alguien con una neurona activa se tome en serio a la insultante bruja Lola, al verdulero Paco Porras, a la siliconada Leevon Kennedy y al resto de la troupe. El grupo de concursantes representa lo peor de lo peor. “¿Mentes prodigiosas? En todo caso, egos desmesurados, sombreros y túnicas estrafalarios y, sobre todo, muchas ansias por chupar cámara y ganar dinero”, ha escrito en El Mundo el crítico Javier Lorenzo, para quien calificar de mente prodigiosa la de “cualquiera de los analfabetos funcionales que ahí se encuentran es, además de un terrible sarcasmo, un insulto a la inteligencia de los españoles; los cuales, por cierto, ya han emitido su inapelable veredicto al concederles un exiguo 14% de audiencia”. Ése fue el porcentaje de espectadores que siguió las andanzas de los brujos en una noche inaugural en la que el público del estudio no podía contener la risa ante la continua bufonada.

No sé qué ha llevado a Armentia a poner en la picota una imagen y una credibilidad ganadas a pulso. El texto que a título de explicación ha colgado en su web dice mucho menos de lo que parece. Se explaya en disquisiciones sobre lo que es la telebasura y recuerda que ha participado en programas de televisión serios y menos serios, como Moros y cristianos, Toma y daca, Rifi-Rafe y otros. Conozco algunos de los espacios que cita Armentia por haber intervenido en ellos. No estamos hablando de debates al estilo de La clave; pero tampoco de nada remotamente parecido a El castillo…. La diferencia fundamental es que en aquellos programas se podía discutir y que, a pesar de que el productor de turno casi siempre trataba de colar a algún freak, éste solía salir escaldado; no era el protagonista alrededor del cual se organizaba la acción. Lo contrario que en el nuevo reality show de Antena 3, donde todo gira en torno a una decena de estrafalarios personajes, algunos de más que dudosa catadura. Por si eso fuera poco, antes, ciencia y superchería no solían compartir bando, sino que estaban claramente enfrentadas. Ahora, esa situación da un vuelco: la aristócrata Beatriz de Orleans, el astrofísico Javier Armentia, el cura José Apeles, el periodista Sebastiá D’Arbó y la vidente Aramís Fuster están en el mismo palco, el de los jueces. Los cinco han sido investidos con la misma autoridad, una simbólica capa roja.

Aunque el más hábil de los escépticos hiciera un papel digno en un programa de estas características, ¿serviría para algo? Pienso que no. Al espectador de El castillo… no le interesa ni lo paranormal ni los argumentos de Armentia, sino mirar por el ojo de la cerradura de esa mansión en la que viven los concursantes para ver quién se acuesta con quién, quién insulta a quién, quién corteja a quién, quién golpea a quién, quién está más loco, quién es más iracundo, quién es el más odiado… Es la misma mierda que Gran hermano, un formato que ha demostrado lo barato que venden algunas personas su dignidad y su intimidad. De los habitantes de la fortaleza de los magos, no han trascendido cantidades, pero este tipo de productos mueve mucho dinero. No lo duden. Valga un ejemplo: en una llamada telefónica de contacto a un posible miembro del tribunal, la productora ofreció unos 1.000 euros por programa, más gastos. Era el punto de partida de la negociación para un juez con bastante menos nombre que cualquiera de los cinco finalmente elegidos.

Las diferentes posturas dentro de la comunidad escéptica frente al paso dado por Armentia -hay quienes no dudan en felicitarle, quienes están a la espera de lo que haga y somos una minoría, al parecer, quienes creemos que ha metido la pata- parten de la respuesta a una pregunta: ¿deben los escépticos ir a todos los sitios de los que les llamen? Yo creo que no. Y a esa conclusión parece que también llegaron los directivos de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico cuando descartaron enviar a alguien a El castillo… en representación de la entidad, a pesar del interés manifestado por Gestmusic, que podría haberse materializado en forma de un buen fajo de euros. Quienes mantienen que hay que participar en este tipo de programas harían bien en preguntarse por qué destacados representantes del esoterismo español se han negado a hacerlo, por qué los creyentes en lo paranormal consideran lamentable el último proyecto de Cruz y Mainat, y por qué la inclusión de un escéptico entre el elenco ha sido recibida con alborozo por los fabricantes de misterios. Es lógico: la decisión de Armentia salpica no sólo a él, sino también a la organización que presidió durante tantos años y de la que sigue siendo el rostro más conocido, y de rebote al resto de los escépticos españoles. Nadie lo puede evitar y únicamente cabe desear que el portón de esa guarida freak caiga para siempre cuanto antes. Ya sabemos que los encerrados no tienen ningún poder: en su debut, les vieron cuatro gatos.

‘Spirit’ fotografía un ovni en Marte

Ovni marciano fotografiado por 'Spirit' en 2004. Foto: NASA.

Spirit, el todoterreno de la NASA que explora el cráter Gusev, fue hace unos días espectador de algo inesperado: un punto brillante que atravesaba el cielo marciano. Los científicos no saben qué originó la estela y especulan con que pudiera tratarse de un meteoro o de uno de los siete ingenios humanos fuera de servicio que orbitan el planeta rojo. Dado que cubre una distancia equivalente a 4 grados de arco en 15 segundos, los técnicos de la NASA creen que no es ni parte de las naves rusas Mars 2, Mars 3, Mars 5 y Phobos 2; ni de las estadounidenses Mariner 9 y Viking 1. Sólo quedaría la Viking 2, en órbita polar marciana desde el verano de 1976 y cuya velocidad y trayectoria Norte-Sur encajan con la del misterioso objeto. “¿Es la primera imagen de un meteoro en Marte o una foto de una nave enviada a otro mundo durante el amanecer de nuestro programa de exploración robótica? Podríamos no llegar a saberlo nunca, pero estamos buscando las claves”, ha dicho Mark Lemmon, miembro del equipo científico de los todoterrenos marcianos de la NASA.Publicado originalmente en el diario El Correo.

Bélmez, ¿habrá análisis científicos alguna vez?

La Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda estudian la apertura de un centro de interpretación de la denominada Casa de las Caras. Más de treinta años después de la aparición del primer rostro en la cocina de la recientemente fallecida María Gómez Cámara, la Administración va a tomar cartas en el misterio parapsicológico del tardofranquismo. ¡Ojalá no sea únicamente para la explotación turística del presunto fenómeno paranormal! ¡Qué magnífica oportunidad para que un grupo de investigadores estudie por fin las caras de Bélmez con todas las garantías científicas! Supongo que las instituciones andaluzas no se negarán a ello y, por fin, podremos saber la verdad.

Que nadie me entienda mal. Lo lógico es pensar que estamos ante unas caras pintadas; lo lógico, también, sería que contáramos desde hace tiempo con unos análisis que nos dijeran con qué se dibujaron. No he visto ni una prueba de que en Bélmez suceda algo remotamente enigmático -de ahí que el fenómeno nunca me haya interesado- y sí he leído muchas historias fantásticas, sobre todo en los últimos años. La última, la que cuentan, en Tumbas sin nombre (2003), Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, quienes se apoyan en el hipnólogo de feria Ricard Bru para relacionar un trágico episodio de la Guerra Civil con el fenómeno del pueblo jienense. Estos dos reporteros del misterio mantienen que varias de las caras corresponden a familiares de María Gómez Cámara muertos en la contienda española. El problema es que el análisis comparativo que exponen de los rostros de cemento y de los de cinco parientes de la mujer sólo puede contentar a alguien muy ingenuo, dado que los autores admiten que en unos casos han manipulado las dimensiones de la cara dibujada en el cemento, en otros han invertido horizontalmente la imagen y en algunos han hecho ambas cosas. Para mí, han jugado con los datos hasta que han encajado con los resultados deseados, como hicieron los miembros del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP) en el estudio informático de la sábana santa que hicieron en los años 70 del siglo pasado. Pero estoy dispuesto a cambiar de opinión si un perito libre de los crédulos prejuicios del elegido por esos dos escritores llega a idénticas conclusiones a partir de un análisis comparativo de las mismas fotos.

Dar carpetazo al asunto de Bélmez está sólo al alcance de escépticos. Quienes apuestan económicamente por lo paranormal no lo van a hacer. Sería como tirar piedras a su propio tejado. Ya lo dijo Juan José Benítez en el último episodio de Planeta encantado: “Después de treinta años de investigación, he aprendido que los enigmas no deben ser desvelados. Sólo así podemos seguir soñando”. ¿Cuántos enigmas han resuelto las firmas estrella de las revistas esotéricas en sus ya largos años de exclusivas mundiales? Ninguno. ¡Pero si hasta afirman creer en el misterio del Triángulo de las Bermudas y que Uri Geller tiene poderes paranormales! En Bélmez, hacen falta análisis rigurosos, serios, no pseudoinvestigaciones aptas sólo para publicarse en revistas como Más Allá y Enigmas, como la capitaneada hace unos años por el jesuita José María Pilón. La incógnita es si las autoridades andaluzas lo permitirán y si los escépticos interesados en este fenómeno agarrarán, de una vez, el toro por los cuernos.

11-M: todos los terroristas son iguales

Lazo negro.Da igual que sean terroristas islámicos o nacionalistas. Da igual que los alimente el integrismo religioso o el político. Da igual que sean de Al Qaeda o de ETA. Da igual. Son los mismos asesinos con diferente disfraz, pero con idéntica munición: la irracionalidad del iluminado, la sinrazón del elegido. Ayer ocurrió en Madrid; hace dos años y medio, en Nueva York y Washington; hace diecisiete, en un hipermercado de Barcelona. Están entre nosotros y parecen seres humanos normales; pero no lo son. Son la escoria entre la escoria. Fanáticos religiosos y políticos cuya existencia siembra de dolor y muerte el mundo entero. Monstruos producto de ideologías perversas, de sistemas educativos, de familias y de sociedades enfermas. Alimañas con las cuales no puede haber ningún diálogo y a las que sólo cabe perseguir para encerrarlas en jaulas. Asesinos que cuentan en algunos casos con simpatizantes entre nosotros, con cómplices de voz y voto tan culpables de sus crímenes como ellos.

Tras el enésimo ataque fascista contra un demócrata en el País Vasco, escribí lo siguiente como parte del editorial de la revista El Escéptico (Número 9, Verano de 2000): “Quienes asesinan, quienes les respaldan con sus votos y quienes atacan a bienes y personas por disentir son la plasmación humana del fracaso del sistema educativo a la hora de formar ciudadanos capaces de pensar crítica y racionalmente. Podrá decirse que los que llevan a la práctica esas perversas acciones son cuatro, pero los votantes de la formación política que considera “héroes”, “compañeros” y “patriotas” a los criminales son un sector significativo de la sociedad vasca. Y, entre ellos, hay numerosos jóvenes que han pasado recientemente por la escuela, el instituto y hasta la universidad, y han caído, sin embargo, en las garras del fanatismo. ¿Qué ética se está inculcando a las nuevas generaciones para que haya tantos jóvenes que consideren normal responder a los argumentos del otro con el tiro en la nuca, el coche bomba o el vandalismo?”. La clave del principio del fin de los terroristas está en la escuela, en la educación en el pensamiento crítico, en el escepticismo ante los mitos. “La gente libre no necesita mitos”, le contaba el historiador Fernando García de Cortázar al periodista Iñaki Esteban en las páginas de El Correo hace tres meses.

Los terroristas no quieren que seamos libres, nos quieren hacer esclavos de sus mitos, algunos de los cuales son alimentados por políticos sin escrúpulos que no se manchan las manos de sangre, pero disparan las palabras. Dentro de dos días, tenemos los españoles la oportunidad de demostrar a los asesinos de los trenes de Madrid -sean quienes sean- que no vamos a olvidar a las víctimas del 11-M, como no hemos olvidado a las del 11-S ni a las de Hipercor ni al más humilde guardia civil ejecutado por la sinrazón. Que ni un voto vaya a parar a quienes tienen alguna tolerancia con el terrorismo, sea cual sea su origen. Se lo debemos a los cerca de 200 muertos de Madrid, a los más de 2.700 de las Torres Gemelas y a los más de 800 de ETA.

El avispado tercer ojo de Lobsang Rampa

Millones de occidentales se han adentrado en el budismo tibetano guiados por El tercer ojo, de Tuesday Lobsang Rampa, que se puso a la venta en las librerías británicas en 1956. Fue éste el primero de veinte títulos en los que el autor narra su vida y milagros como lama nacido y educado en Tibet a principios de siglo, estudiante de Medicina en China y prisionero en campos de concentración rusos y japoneses. Una peripecia vital que, en su debut editorial, alcanzaba el clímax cuando, a los ocho años, uno de sus educadores perforaba el centro de la frente del pequeño Rampa, hasta atravesar el hueso, con “una especie de lezna, pero hueca y con la punta en forma de diminuta sierra”. Así le abría el tercer ojo y Rampa pasaba a ser uno de los elegidos, capaz de ver auras, levitar, hacer viajes astrales y otros prodigios. El tercer ojo fue un éxito de ventas que se tradujo a numerosos idiomas y nunca ha dejado de reeditarse.

El lama defiende en sus escritos la existencia del abominable hombre de las nieves, hace predicciones -anunció que la Tercera Guerra Mundial estallaría en 1985-… y demuestra una y otra vez su supina ignorancia sobre las realidades tibetana y budista. Porque Rampa personifica una de las mayores estafas editoriales de la historia reciente. Antes de que saltara al estrellato, la editorial Secker & Warburg envió el manuscrito de El tercer ojo a expertos orientalistas como Agehananda Bharati, Marco Pallis, Heinrich Harrer, autor de Siete años en el Tibet, y Hugh Richardson, representante del Gobierno británico en Lhasa. Todos llegaron a la misma conclusión: Rampa y su libro eran un fraude. “Las primeras dos páginas me convencieron de que el escritor no era tibetano; las diez siguientes, de que nunca había estado en Tibet o India y de que no sabía absolutamente nada del budismo en cualquiera de sus variantes, tibetana u otras”, recordaba Bharati en un artículo de 1974 en el Tibet Society Bulletin.

Tuesday Lobsang Rampa no era ni monje ni tibetano. Pallis descubrió en 1958 que bajo ese nombre se ocultaba Cyril Henry Hoskin, el hijo de un fontanero de Devon. Hoskin nunca estuvo en el Tibet, ni supo una palabra de tibetano, ejerció de astrólogo a la manera de Rappel antes de hacerse famoso y murió en 1981 en Canadá, adonde había emigrado para pagar menos impuestos. Fue un farsante cuya obra todavía presenta una editorial española como la de “un auténtico lama huido del Tibet ante la invasión comunista”. Y es que el negocio es el negocio.

Publicado originalmente en Muy Especial.