Pruebas lunares

EL HOMBRE EN LA LUNA. Edwin Aldrin, retratado por Neil Armstrong en el Mar de la Tranquilidad en julio de 1969. Los partidarios de la conspiración ven 'extraños objetos' reflejados en el casco del astronauta. En realidad, se trata de un experimento solar, la bandera, la sombra de Aldrin, Armstrong y el módulo lunar (LEM). El fondo está borroso porque la cámara ha enfocado el primer plano. Fotos: NASA. La mandíbula de Bart Sibrel recibió el 9 de septiembre de 2002 un puñetazo. Al otro extremo del brazo se encontraba Edwin Aldrin. Sucedió a las puertas del hotel Luxe de Beverly Hills, hasta donde el ex astronauta había ido para que le entrevistara un equipo de televisión japonés. Biblia en mano, Sibrel le abordó a la entrada. “¡Jure que caminó sobre la Luna!”, exigió al segundo hombre que puso un pie en otro mundo. Aldrin lo vio entonces claro: todo era un montaje. Los reporteros nipones no existían. Habían sido el cebo del realizador televisivo para atraerle hasta allí, después de varios intentos fallidos de entrevistarle. El acosador volvió a la carga con la Biblia, el puño del ex astronauta despegó como un cohete y el cámara que iba con Sibrel grabó la escena.

Buzz Aldrin está harto de que se ponga en tela de juicio la hazaña en la que participó en julio de 1969. No es el único. Más de tres decenios después de la misión del Apollo 11, el ingeniero espacial y escritor James E. Oberg, trabaja en un libro para demostrar la inconsistencia de las afirmaciones de quienes, como Sibrel, mantienen que el hombre no ha llegado a la Luna. Fue al principio un encargo de la NASA, pero posteriormente la agencia espacial se echó atrás por miedo a la mala publicidad. “Voy a recurrir a ejemplos que la gente pueda comprobar por sí misma. Las argumentaciones se basarán en explicaciones de sentido común”, me dijo en octubre de 2002 el escritor, quien acumula veintidós años de experiencia como ingeniero espacial en Houston, una decena de libros y un millar de artículos de divulgación.

La idea de que el viaje a la Luna fue un gran engaño “es tan antigua como la hazaña. Mucha gente nunca creyó que fuera posible”, explica Oberg. Ha sido en los últimos tiempos, sin embargo, cuando el rumor ha engordado como una bola de nieve pendiente abajo, alimentado por la prensa paranormal -la misma que propugna que ningún avión se estrelló el 11-S contra el Pentágono-, Internet y un documental presentado por Mitch Pileggi -el jefe de Mulder y Scully en Expediente X– que la cadena Fox emitió en Estados Unidos en febrero y marzo de 2001. “Pienso que ese programa fue el empujón final a la NASA”, sospecha el experto, quien estima que, “dependiendo del segmento social, cree que los alunizajes fueron un montaje entre el 5% y el 20% de los estadounidenses”.

¿ILUMINACIÓN IMPOSIBLE? James Irwin, del 'Apollo 15', saluda a la bandera el 31 de julio de 1971. La bandera y el 'United States' del lateral del módulo lunar pueden verse gracias a que la luz del Sol, que está a la izquierda, se refleja en el objeto blanco que hay a los pies de la nave. Foto: NASA. SIN CRÁTER. La inexistencia de un cráter abierto por el motor del LEM al frenar se explica porque el suelo lunar es rocoso por debajo de una fina capa de polvo superficial. Además, al no haber atmósfera, los gases se dispersan rápidamente y ejercen muy poca presión. Foto: NASA.

La gran conspiración

La falsa conquista de la Luna empezó a urdirse, según los partidarios de la conspiración, a mediados de los años 60, cuando la NASA se convenció de que no iba a ser capaz de poner a un hombre en el satélite antes de que acabara la década, en contra de lo anunciado por el presidente Kennedy ante el Congreso el 25 de mayo de 1961. El engaño, mantienen, culminó con la simulación de los seis alunizajes, el último de los cuales lo protagonizaron Harrison Schmitt y Eugene Cernan el 11 de diciembre de 1972. En pleno apogeo del programa Apollo, la agencia espacial llegó a tener en nómina a 35.000 personas, y otras 400.000 trabajaban en empresas y universidades contratadas. Demasiada gente a mantener callada. “O estaban todos compinchados o las cosas no encajan”, apunta Jesús Cancillo, profesor de Psicología Social y Psicofisiología de la Visión en la Universidad de Alicante.

CIELO SIN ESTRELLAS. La bandera no ondea; cuelga de una varilla bajo la Tierra. Las estrellas, al igual que en una noche terrestre, no brillan lo suficiente como para impresionar el negativo. Foto: NASA.Los expertos en la conspiración afirman que hubo quien intentó romper el silencio y lo pagó con la vida. Ese fue, según ellos, el caso de Virgil Grissom. El astronauta habría descubierto lo que se tramaba en los pasillos de Washington y decidido hacerlo público. Por eso murió, junto a Edward White y Roger Chaffee, en el incendio del Apollo 1 en la rampa de despegue el 27 de enero de 1967. Otros siete astronautas que fallecieron en accidentes de tráfico y aviación -eran pilotos de pruebas- entran también, para Sibrel y sus colegas, dentro del grupo de víctimas mortales del engaño. Las pruebas de tales crímenes no van, sin embargo, más allá de una frase: “El Gobierno oculta la verdad”.

Paradójicamente, la munición más popularmente efectiva contra los alunizajes ha salido de los arsenales de la NASA. Se trata de las decenas de miles de fotos que se tomaron en el satélite, algunas de las cuales se presentan como pruebas de que todo fue un montaje: los doce hombres que, aparentemente, anduvieron por la Luna habrían vivido su aventura en un estudio, dirigidos por Stanley Kubrick. Como en Capricornio Uno, película en la que tres astronautas -entre ellos, un O.J. Simpson todavía en activo en el fútbol americano- son sacados en el último segundo del cohete en el que van a viajar a Marte y escenifican en un plató el desembarco en el planeta rojo.

“Las filmaciones de los Apollo son extraordinariamente parecidas a las escenas de Capricornio Uno“, se argumenta en el documental de la Fox. “Esta afirmación demuestra lo lejos que están dispuestos a llegar los productores para hacer un programa sensacionalista”, sentencia el astrónomo estadounidense Phil Plait. Y es que la cinta de Peter Hyams data de 1978; por tanto, pretendía imitar lo mejor posible lo visto por 600 millones de telespectadores nueve años antes. No al revés.

Errores de foto

JUEGO DE SOMBRAS. Armstrong y Aldrin, con la bandera. La sombra del primero es mucho más corta que la del segundo. Quienes afirman que la NASA falsificó los alunizajes ven aquí una prueba del engaño. Sin embargo, la sombra de Aldrin es más larga porque está en lo alto de una pequeña elevación y su compañero, más abajo. Foto: NASA.La página web de Cancillo desmonta los argumentos fotográficos esgrimidos por los partidarios de la conspiración. Para éstos, una de las pruebas del engaño es la ausencia de estrellas en el cielo lunar, negro porque no hay aire que disperse la luz solar. “Tampoco se ven las estrellas en las fotos de un partido de béisbol nocturno”, apostilla Oberg desde Texas. Con una superficie lunar y unos trajes espaciales muy reflectantes, el tiempo de exposición debía ser muy corto, mientras que el brillo de las estrellas era, por el contrario, demasiado débil como para impresionar el negativo. “¿Cómo se explica que la NASA fuera capaz de un montaje tan complicado y se olvidara, a la vez, de poner unas bombillas al fondo? Sería un fallo de opereta”, ironiza Cancillo.

Sombras y reflejos han sido también presentados como pruebas del rodaje en estudio. Cuando no se trata de sombras divergentes producto de un efecto de perspectiva similar al que nos hace creer que los carriles del tren se juntan en el horizonte, se ven cosas que debían ser invisibles por estar en zona de sombra. La explicación es muy sencilla: el Sol es la principal fuente de luz, pero la superficie lunar actúa como un espejo que ilumina áreas, en principio, en sombra. Quienes niegan los alunizajes dicen, además, que las seis banderas de barras y estrellas de la Luna ondean en ciertos momentos, algo que sería imposible en un entorno sin atmósfera. “No ondean. Están colgadas y arrugadas”, puntualiza Cancillo. De hecho, la tela -puede verse en las fotos- cuelga de una varilla horizontal que parte del extremo superior del mástil. Sin ella, quedaría flácida.

Jamás aclaran los reporteros de la conspiración cómo pueden explicarse esas, para ellos, descaradas meteduras de pata en unas películas tan caras -la NASA destinó casi 20.000 millones de dólares al programa Apollo entre 1960 y 1973-, y que los soviéticos no denunciaran el engaño de sus rivales y cayeran derrotados por el departamento de efectos especiales de Washington.

¿OBJETOS MISTERIOSOS? La imagen de la izquierda, obtenida por el 'Apollo 11' desde la órbita lunar, se ha presentado como la de una misteriosa sombra proyectada sobre la superficie del satélite. Se trata de un primer plano de uno de los motores de control de posición del módulo lunar, como puede verse en la imagen del 'Apollo 17'. Foto: NASA.


“La NASA debe a la gente una explicación”

“La NASA debe a la gente una explicación de sus actividades, especialmente si parte del público está confundido o ha sido engañado”, dice James Oberg. El escritor entiende a quienes consideran increíbles los logros del programa Apollo, “a menudo, personas inteligentes y sensatas que no conocen toda la historia“. Y espera proporcionarles las claves para asumir la gesta protagonizada por Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin, en la primera entrega lunar.

Oberg explorará en su obra los orígenes socioculturales de la conspiración. Un fenómeno que Jesús Cancillo, miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, vincula a que cada vez hay más gente que no vivió la aventura de la Luna y a que “a todos nos gusta saber algo que los demás no saben”. Eso, unido a la actitud de quienes están dispuestos a hacer negocio de la buena fe del público, explicaría el auge de algunas ideas absurdas.

Existen, además de fotografías y películas, 382 kilos de piedras lunares -imposibles de imitar- que geólogos de todo el mundo han autentificado como tales. Y hay en la Luna varios espejos láser que se han usado para medir la distancia entre la Tierra y su satélite. Aún así, Oberg no lo tiene fácil y los astronautas lo saben. Por eso, le han dicho sólo dos palabras: “¡Buena suerte!”.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El tatarabuelo de Nessie

Gerald McSorley muestra las cuatro vértebras de plesiosaurio soldadas. Foto: Reuters.

Un monstruo vivió en lo que hoy es el lago Ness. Fue hace 150 millones de años, y Gerald McSorley, un pensionista escocés de 67 años, ha encontrado las pruebas cuando caminaba por la orilla del lago. “Literalmente, tropecé con el fósil”, ha declarado el antiguo chatarrero a la BBC. Bajó la mirada, vio algo extraño en el agua, lo cogió y, una vez limpio, llegó a la conclusión de que se trataba de “un fósil importante”. Los expertos del Museo Nacional de Escocialo han confirmado: son cuatro vértebras de plesiosaurio soldadas.

La bestia cuyos restos ha hallado McSorley es un gigantesco reptil carnívoro marino. De cuello alargado, cabeza pequeña, más de ocho metros de longitud y ocho toneladas de peso, el plesiosaurio nadó en los mares entre hace 200 y 65 millones de años. “Nada de esta naturaleza había sido descubierto antes en las orillas del lago”, ha indicado Lyall Anderson, conservador del Museo Nacional. Para el autor del hallazgo, el interés trasciende lo paleontológico. “Siempre he creído en el monstruo del lago Ness y, para mí, esto prueba su existencia”, sentencia.

La leyenda de Nessie -cuya imagen popular se asemeja a la de un plesiosaurio- se remonta al siglo VI, cuando san Columba, introductor del cristianismo en la región, invocó a Dios para rescatar a un hombre de las fauces de un monstruo. Sin embargo, la bestia no cruzó las fronteras escocesas hasta los años 30 del siglo XX. De esa época data la más famosa foto del esquivo animal, en la que puede verse, recortado sobre las aguas, un cuello largo terminado en una diminuta cabeza. Hace diez años, Christian Spurling, uno de los implicados en la obtención de la imagen, confesó que lo retratado era una figura moldeada por él y puesta sobre una base de madera. La mejor prueba de la existencia de Nessie se diluía.

Desde entonces, ni las batidas organizadas por los cazadores de monstruos ni las webcams colocadas en la ribera del lago han capturado a Nessie. McSorley cree que sus vértebras demuestran que existe el animal que atrae cada año hasta Escocia a medio millón de turistas que se dejan unos 36 millones de euros. El hallazgo no llega a tanto. Simplemente, constata que un plesiosaurio murió en la región hace 150 millones, pero es que entonces la Tierra era un mundo de gigantes, poblado por hervíboros que pesaban lo que veinte elefantes y depredadores de doce metros de longitud. Además, el lago Ness ni existía. Se formó hace sólo 12.000 años, tras la última Edad del Hielo.

Publicado originalmente en El Correo.

Homenaje al ‘Sherlock Holmes de la ufología’

Philip J. Klass.Las páginas del número del 14 de julio de Aviation Week & Space Technology se hacen eco del homenaje que ha rendido a Philip J. Klass (Des Moines, 1919) la publicación a la que dedicó 51 años. Ingeniero eléctrico, Klass entró en la redacción de la revista a finales de 1952 y pronto ascendió a redactor-jefe. Se le achaca la popularización del término aviónica para referirse a la electrónica aplicada a la aviación y, ya octogenario, se le ha galardonado en Washington por su profesionalidad y capacidad de trabajo en equipo, cuenta en un mensaje de correo electrónico James E. Oberg, ex ingeniero de la NASA y divulgador científico.

Klass entró en el mundo de los ovnis en 1966 y, tras la muerte del astrofísico Donald H. Menzel (1901-1976), se convirtió en la bestia parda de los ufólogos. Sus prosaicas explicaciones de casos históricos de apariciones de platillos volantes le hicieron merecedor del sobrenombre de Sherlock Holmes de la ufología y de los ataques de los practicantes de esta pseudociencia. Cofundador en 1977 del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), es presidente del subcomité de dicha entidad dedicado al estudio del mito ovni. Su obra escéptica incluye Ufos identified (1968), Ufos explained (1974), Ufos: the public deceived (1983), Ufo abductions. A dangerous game (1989) y The real Roswell crashed-saucer coverup (1997), así como el libro para niños Bringing ufos down to Earth (1990).

La alegre noticia del homenaje contrasta con la que da el propio Klass en el número 76 del Skeptics Ufo Newsletter, su boletín bimestral, y de la que también informa Oberg. El estado de salud del veterano escéptico -“estoy cerca de los 84 años”- le ha obligado a tomar una “difícil decisión”: el boletín desaparece. No habrá más Skeptics Ufo Newsletter, pero el legado del investigador está al alcance de cualquiera en sus libros e innumerables artículos, y en los archivos de Klass que el CSICOP empezó a colgar hace tiempo en Internet.

Tristanbraker, el más ‘freak’ de los cazafantasmas

Tristanbraker.Me comentaba recientemente Ernesto J. Carmena, un escéptico de conocidas tendencias paleontológicas, que había visto a Tristanbraker en el centro de Madrid. El parapsicólogo tenía muy buen aspecto e iba acompañado de una guapa joven. Me sorprendió. La penúltima vez que tuve noticias del más exótico de los cazafantasmas –Bill Murray y compañía son a su lado unos aprendices- fue hace un par de años y, entonces, Pedro Luis Gómez Barrondo, director ejecutivo de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, me dijo que se lo había encontrado en fiestas de Bilbao y que parecía un sin techo.Tristanbraker alcanzó cierta popularidad después de que un grupo de parapsicólogos anunció el 29 de mayo de 1990 que había grabado lamentos fantasmales en el madrileño palacio de Linares, sede hoy de la Casa de América. Días más tarde, la Policía detuvo a la directora del equipo, la psiquiatra Carmen Sánchez Castro, por haber librado un cheque sin fondos ocho años antes. Poco a poco, todos y cada de los expertos en lo paranormal que habían avalado el trabajo de la cazafantasmas se fueron bajando del carro. Al final, Sánchez de Castro se quedó sola en su defensa del misterio. Pero antes peregrinaron al palacio de Linares todo tipo de misteriólogos, Tristanbraker y su hijo de 19 años incluidos, e hicieron las delicias de los periodistas con sus disparatadas declaraciones.

De aspecto quijotesco, el parapsicólogo madrileño saltó pronto de las romerías nocturnas a la caza de almas en pena al programa Al ataque, que Alfonso Arús dirigía en Antena 3 Televisión. El periodista catalán llenó el espacio de freaks, con el curandero y contactado Carlos Jesús a la cabeza. Fueron buenos tiempos para Tristanbraker. No parecía importarle que media España se riera de él y sus compañeros de andanzas. Había creado la Asociación Esotérico Cultural Española y esperaba que la fama televisiva le reportara el dinero necesario para sacar adelante sus proyectos.

“Estamos haciendo este aparato, que hemos bautizado como Bobby’s y que en Al ataque me han dicho que me van a financiar, así como un coche para menearnos. Del Boby’s sale un chorro pulverizado de una especie de líquido que evita que los átomos de los fantasmas se puedan juntar. Además, lleva una luz muy fuerte roja que hace que se vea la silueta del espíritu”, explicaba en marzo de 1993 en la revista Teleindiscreta. El Boby’s era una versión casera de las coloristas armas de plástico infantiles, con una voluminosa lintera apoyada sobre el cañón y, cuando el parapsicólogo lo dejaba en casa, sabía que estaba a buen recaudo. Varios muñecos de gnomos eran su “particular sistema de seguridad” desde que habían ahuyentado, según Tristanbraker, a unos ladrones. “A éste -decía mientras enseñaba al periodista una réplica del personaje protagonista de la serie de animación David el gnomo-, que tiene los ojos azules, se le cambian a verde cuando alguien no le cae bien”.

Tristanbraker tenía 46 años cuando Alfonso Arús le descubrió. Había sido carpintero y electricista. Después, muchos le han visto en El Retiro, con su tenderete de vidente puesto junto a los de otros augures del parque madrileño. Volvió así al lugar del que había salido, ese submundo ubicado entre la credulidad y la pequeña picaresca en el que malviven personajes como él mientras otros, que no creen en nada de lo que predican y que se presentan ante la opinión pública como serios investigadores, se hacen de oro.

La sabiduría de los brujos

Gabriel Naranjo difícilmente olvidará el milagro que Mark Plummer, un gigantón australiano, hizo ante sus ojos en mayo de 1987. A los postres de una cena en una cafetería de San Sebastián, Plummer pidió a uno de los comensales que sujetara una cuchara por los extremos con las manos mientras él frotaba con dos dedos el cuello del cubierto e intentaba reblandecerlo mentalmente. Segundos después, la cuchara se doblaba como si fuera de mantequilla. Naranjo, un vecino de Berriz preocupado por el avance de la charlatanería, aprendió aquella noche el truco que practica en cualquier cita gastronómica a la menor oportunidad, para terror de los camareros.

“Si aprende a engañar a los demás, estará mejor preparado para descubrir la palabrería de los vendedores de ilusiones que intentan persuadirle de sus conocimientos fuera de lo común, tanto en el ámbito de la salud como en el de la vida sentimental o la política”, dicen Georges Charpak y Henri Broch en Conviértase en brujo, conviértase en sabio (Ediciones B), obra que llegó en febrero a las librerías españolas. Naranjo está convencido de que quien sabe torcer cucharas y llaves con ‘el poder de la mente’ no sólo deja de tragarse los cuentos de Uri Geller y compañía, sino que además, siempre que presencia un milagro, se pregunta irremediablemente dónde está el truco.

Explotar la ignorancia

Charpak, premio Nobel de Física de 1992, y Broch, profesor de esa disciplina en la Universidad de Niza-Sophia Antipolis, han escrito un divertido y profundo alegato contra la superchería, del que en Francia se han vendido más de 300.000 ejemplares. “Sólo deseamos comentar algunas experiencias de brujería banal practicadas alegremente en familia y mostrar de este modo cómo engañan algunos brujos modernos al pobre mundo”, argumentan. Persiguen en realidad un fin más elevado, ya que creen que lo que está en riesgo es la esencia de la democracia, como advirtió Carl Sagan en El mundo y sus demonios.

Los autores de Conviértase en brujo, conviértase en sabio sienten el mismo “gran respeto” por la salud del planeta que por los auténticos prestidigitadores, los que no venden su destreza como un misterioso poder, sino como una habilidad. Y el mismo desprecio por los embaucadores del misterio que por quienes desde grupos de presión sacrifican la verdad en el altar del alarmismo. Parten de que “una sociedad verdaderamente democrática presupone necesariamente ciudadanos plenamente aptos para la reflexión” y que, por ello, resulta grave que el espíritu crítico se encuentre “ahogado por la credulidad”. No les inquieta que la gente se preocupe por la nocividad de fuentes de energía o de ciertos inventos -“nos parece lógico, y en el fondo tranquilizador”-, sino “ver cómo dirigentes más o menos bienintencionados explotan su ignorancia y sus miedos para conducirlos a tomar decisiones quizá catastróficas para el planeta”.

Un ejemplo de esa explotación de la ignorancia “como un potente incentivo político” ha sido, para los físicos franceses, el caso del uranio empobrecido usado en bombas en la guerra del Golfo y en Kosovo. Se han gastado millones de euros en analizar los efectos nocivos de un material cuya radiactividad es “inferior a la que se respira a cuatro patas sobre la hierba con la nariz pegada a las flores del campo, a causa de un gas radiactivo natural, el radón, que acompaña la desintegración natural del uranio presente en toda la corteza terrestre y en muchas casas”. No citan episodios similares que vienen automáticamente a la mente del lector, como la satanización de los microondas, los móviles y las antenas de telefonía.

Asombrar a los amigos

Georges Charpak y Henri Broch explican varias de las artimañanas de los doblacucharas, telépatas, profetas, videntes y astrólogos que han invadido el universo audiovisual, en algunos casos en incumplimiento de la directiva europea de televisión sin fronteras (Directiva 89/552/CEE). La norma considera “ilícitas la publicidad y la televenta que inciten a la violencia o a comportamientos antisociales, que apelen al miedo o a la superstición”.

Transmitir información telepáticamente, atravesarse la lengua con una aguja y que ni le duela ni quede marca, caminar descalzo sobre brasas y elaborar horóscopos son algunos de los trucos que aprenden cada año los 350 estudiantes de ciencias que se apuntan a los cursos de pensamiento crítico que imparte Broch en el Henri Broch. Los físicos se los enseñan al lector para asombrar a sus amistades, y algo más. “Es necesario haber participado uno mismo en ciertas escenificaciones para ver hasta dónde puede llegar la credulidad humana”.

El éxito de los brujos se cimenta en hacernos ver lo que quieren que veamos. Gabriel Naranjo, cofundador de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, convence a sus compañeros de mesa de que la cuchara que va a torcer está intacta, como cuando salió de fábrica. Sólo lo parece. Mientras su interlocutor sujeta la pieza por los extremos, él la agarra por el cuello con el índice y el pulgar. Tira hacia arriba y hacia abajo con fuerza -no la suficiente para romperla-, y la cuchara se dobla y acaba por partirse. ¿Milagro? No, en realidad estaba casi rota desde el principio.


“Hay muchos magos que se pasan a El Lado Oscuro”

Son dos caras de la misma moneda. “Hay muchos magos que se pasan a El Lado Oscuro y usan los secretos del ilusionismo para engañar y no para crear ilusión”, dice Jorge Blass. Capaz de hacer aparecer de la nada una bola de bolos, el joven ilusionista madrileño reconoce que no han faltado quienes le han preguntado en alguna ocasión si tiene poderes sobrenaturales. No sólo carece de ellos, sino que además es escéptico respecto a su existencia. “No creo en lo paranormal”.

Tampoco José Luis Ballesteros cree en la telepatía, la adivinación, la telequinesis, ni cosas parecidas. “Ni como ilusionista ni como persona”. Retirado de la magia desde 1988, se dedicó durante un tiempo a la caza de magos disfrazados de psíquicos, como asesor de la Sociedad Española de Parapsicología, cuyo presidente, Ramos Perera, desenmascaró a Uri Geller en 1975 en un libro hoy imposible de encontrar. “Geller no tiene poderes; es un ilusionista -afirma Ballesteros-. Cada uno tiene derecho a montarse la vida como quiera siempre que no perjudique a terceros, como hacen los curanderos”.

“Puedo repetir todos los efectos de Uri Geller”, afirma Blass, antes de recordar que quien lo hizo hace casi treinta años fue su colega. Ballesteros viajó por toda España con Perera, haciendo demostraciones de sus poderes. Incluso apareció dos veces en Más Allá, el programa de televisión de Fernando Jiménez del Oso, donde dejó claro que un ilusionista puede pasar por un dotado en cuanto quiere y no hay un colega cerca. “A un ilusionista es muy difícil que se la den”, apunta Blass. La historia de lo paranormal está llena de dotados cuyos poderes se esfuman en cuanto entra en la sala un mago.

Adivinar el ‘gordo’

Ballesteros es, como Anthony Blake, mentalista. Practica la rama del ilusionismo que consiste en simular poderes paranormales. Es capaz de adivinar el nombre de alguien del público, el titular de mañana del periódico, el número agraciado con el gordo… En 1982, hizo lo mismo que Blake hace dos meses, pero con el resultado del mundial de fútbol de España. Con notario, sobre sellado -“yo estaba a distancia cuando se abrió”- y caja fuerte de por medio, su ‘vaticinio’ se cumplió. “Se puede hacer de muchas maneras”, confiesa. “Es un juego de ilusionismo clásico”, dice Blass.

El joven no duda de que todo lo que hacen los torcedores de cubiertos y demás brujos “son juegos de magia, aunque algunos los presenten como hazañas mentales”. “Un ilusionista es una persona que realiza efectos aparentemente sobrenaturales a través de medios naturales que no son del conocimiento del común de los mortales”, explica Ballesteros.


Embaucadores domésticos

Era un desconocido en España hasta que en 1975 dobló cucharas y arregló relojes en Televisión Española junto a José María Íñigo. Nada parecido a lo que ocurrió en Estados Unidos, donde los poderes paranormales de Uri Geller se desvanecieron en The Tonight show de Johnny Carson. El presentador, ilusionista aficionado, controló tan estrechamente al dotado que éste no pudo hacer ningún truco.

Porque Geller tiene sus bestias negras: los magos. Son capaces de duplicar todos y cada uno de sus poderes. Lo demostró el ilusionista y cazador de charlatanes James Randi en 1973 en la sede de la revista Time, cuyo redactor científico, Leon Jaroff, escribió después que estaba claro que, para hacer los prodigios de Geller, “sólo eran necesarias unas manos rápidas y psicología”. Dotes que antes habían llevado al psíquico a actuar como mago en Israel.

Hay varios métodos para doblar cucharas milagrosamente. Algunos magos las preparan antes de salir a escena. Cabe pensar que es lo que hace Uri Geller, quien se negó a torcerlas ante las cámaras de la televisión vasca el 12 de noviembre de 1987 -también esta vez invitado por Íñigo- porque se había dejado su juego de cubiertos en el hotel. Un buen ilusionista habría improvisado con una cuchara cualquiera, aunque, si hubiera contado con una cuchara hecha de un metal con memoria, no habría tenido que correr ningún riesgo.

Félix Ares, presidente de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico y director del museo de la ciencia de San Sebastián, lleva desde hace años una cucharilla en un bolsillo. Cuando pide un café y la mete para revolver el azúcar, el cubierto languidece hasta formar una U. Es de nitinol, una aleación de níquel y titanio, con memoria. Su forma original es la doblada y, cuando la temperatura asciende hasta un punto crítico, la cucharilla la recupera. Por eso se tuerce sola con el calor del café.

Doblar una llave es algo que puede hacerse contra algo, aunque también con una sola mano. Pruebe a hacer lo último antes de seguir leyendo. A primera vista, parece complicado y hasta imposible: la llave es muy dura. ¿Demasiado? No. Basta con tener en la mano otra llave con un agujero generoso para ponerla en el llavero. Se mete por él la parte inferior de la llave a torcer, se hace palanca y ya está.


Pare su corazón a voluntad

Atravesarse la lengua con una aguja es cosa de niños, siempre que la aguja tenga, como los cuchillos que se clavan en la cabeza los payasos, una parte con forma de U en la que meter la lengua para que parezca ensartada. Cuénteselo a sus amigos, al tiempo que les advierte de que puede controlar su corazón hasta pararlo. No le creerán. Dígales entonces que elijan a uno de ellos para comprobarlo.

Pida silencio -recuérdeles que en la demostración corre peligro su vida- y extienda el brazo izquierdo para que el elegido le controle el pulso. Tras unos segundos, su pulso desaparecerá. Un minuto después, volverá, momento en el que usted se desplomará teatralmente agotado en el sofá más próximo. ¿Increíble? No.

El prodigio únicamente exige una pelota de goma colocada en la axila y apretarla con la fuerza suficiente para que presione la arteria hasta que se interrumpan las pulsaciones. El resto del efecto es producto de la falsa identificación popular entre el pulso tomado en la muñeca y el latido cardiaco.


El libro

Conviértase en brujo, conviértase en sabio es una obra de Georges Charpak, premio Nobel de Física, y Henri Broch, de la Universidad de Niza-Sophia Antipolis. En Francia se han vendido más de 300.000 ejemplares del libro, el tercero de Broch publicado en España, después de La misteriosa pirámide de Falicón (1976) y Los fenómenos paranormales (1985).

Publicado originalmente en el diario El Correo.