La segunda cara de la sábana santa: creer para ver

Una joven toca, en febrero de 2003, la valla de una playa de Sydney que, vista a distancia y desde un ángulo determinado, semejaba una figura de la Virgen.“Sí, y si miras desde un poco más cerca, en la esquina superior derecha, puedes ver al Pato Donald… y ahí, a la izquierda, a Mickey Mouse”. Esto decía David Sox, ex secretario de la Sociedad Británica del Sudario de Turín, que comentó un sindonólogo cuando, hace años, el padre Francis Filas presentó una foto de la sábana santa en la que decía ver una moneda romana sobre uno de los ojos de la figura. Lo recuerda Joe Nickell en Inquest on the shroud of Turin (1983), un libro imprescindible para quien quiera profundizar en la historia de la falsa reliquia. En septiembre de 2001, hubo muchos que vieron al diablo en la humareda que salía de una de las Torres Gemelas heridas de muerte por el fanatismo religioso y, en febrero de 2003, muchos católicos australianos hincaron las rodillas en una playa de Sydney ante una valla que, vista desde un ángulo determinado, parecía la silueta de una figura de la Virgen.

Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Padua, han anunciado en el Journal of Optics A: Pure an Applied Optics -revista del Instituto de Física de Londres– que han identificado un rostro y unas manos cruzadas débilmente impresionados en el reverso de la sábana santa. El artículo se titula “La doble superficialidad de la imagen frontal del sudario de Turín” y de él se ha hecho eco en sus páginas de Ciencia el diario El Mundo, que recientemente nos descubrió que una niña saudí llora piedras -una primicia de la agencia Efe- y otra rusa tiene visión de rayos X. Comparado con esas proezas infantiles, lo de los científicos italianos apenas tiene un pase. Es más de lo mismo que vienen contando los sindonólogos desde hace más de treinta años, una mezcla de mentiras -¿se acuerdan de cuando Juan José Benítez decía cada dos por tres que la NASAhabía estudiado la tela, algo que nunca ocurrió?- e investigaciones como las de Filas. En este caso, todo indica que Fanti y Maggiolo han caído por la misma ilusión del niño que ve animales en las nubes.

La parte trasera del lienzo de Turín permaneció oculta por una tela desde el incendio de Chambéry (Francia) de 1532 hasta 2002, cuando el parche cosido originalmente por unas monjas fue sustituido y se sacaron las fotografías que ahora se han tratado digitalmente. Los autores recuerdan que “muchos” consideran la pieza de lino “el sudario en el que fue envuelto Jesús de Nazareth antes de ser depositado en una tumba en Palestina hace unos 2.000 años”, pero en el artículo se pasa por alto que el análisis del carbono 14 fechó en 1988 su confección entre 1260 y 1390. Lo cierto es que Fanti y Maggiolo niegan la validez de esa prueba y lo decían en la versión original del texto, según me ha contado el primero de ellos. “Un gran número de científicos -argumentaban en un párrafo suprimido por orden de los revisores- cree que la toma de muestras y la fiabilidad de la datación por radiocarbono no son satisfactorias, porque la tela sufrió muchas vicisitudes (incendios, reparaciones, agua, exposición al humo de las velas, a la respiración de los visitantes)”. Y añadían que “algunos investigadores han revelado que la muestra de 1988 no es representativa del sudario de Turín”, sino que “tiene características físicas y químicas diferentes de la parte principal de la tela”. Al artículo de Nature en el que se dieron a conocer los resultados del carbono 14, contraponían un texto publicado por Ray Rogers en Internet en 2002.

Fanti me ha explicado, en comunicación personal, que “hay muchos signos que indican que la tela es muy antigua”: la textura del lino, la presencia de almidón en el hilo y un tipo de cosido muy parecido a uno existente en Massada (Israel) hace 2.000 años, entre otros. El sindonólogo italiano considera posible que se sometiera al carbono 14 parte de un parche medieval, hecho que -recuerda- apuntó en su día Rogers, químico del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP). “Antes de hacer un nuevo análisis del radiocarbono, deberíamos mos saber si posibles factores ambientales pueden causar efectos no despreciables en la muestra a examinar”, puntualiza el profesor de la Universidad de Padua, quien se sintió interesado por la sábana a los doce años, está involucrado en su estudio desde mediados de los 90 y defiende su autenticidad. “En una buena investigación, los aspectos religiosos deben separarse de los científicos y yo intento seguir esa directriz. Desde el punto de vista religioso, aunque el sudario no sea considerado una reliquia por la Iglesia católica, estoy convencido de que es la mortaja de Jesucristo. Puedo decirlo después de la experiencia trascendente que tuve al observar directamente el sudario durante un total de diez minutos. En algunas ocasiones que vi directamente la sábana santa, percibí un particular sentido del silencio y del infinito muy diferente a lo que siento cuando miro una buena fotografía del sudario”.

La cara conocida de la sábana de Turín y la nueva 'encontrada' en el reverso. Foto: 'Journal of Optics A: Pure an Applied Optics'.

El investigador asegura haber encontrado en el reverso de la síndone un rostro “y quizás unas manos”. “No se trata de la estampa de otro hombre; es el mismo Hombre -en mayúscula en el original- el que ha causado las dos impresiones”. Después de, por comparación, intentar dar en la parte trasera con detalles anatómicos presentes en la figura conocida, los científicos identifican “en el reverso la nariz, los ojos, el pelo, la barba y el bigote en el lugar, la forma, la posición y la escala correspondientes a esos detalles en el frente”, a pesar de lo cual niegan que su origen sea que la pintura traspasó la tela. En su apoyo, esgrimen estudios de sindonólogos que han defendido desde 1980 que la impresión no penetra en el lienzo. “No hay ninguna imagen en medio de la tela”, mantiene Fanti, quien no puede explicar científicamente cómo se habría formado la figura y abraza la posibilidad de un “estallido de energía” durante la Resurrección como el defendido por su colega John Jackson. “¿Por qué no suponer que un fenómeno particular, descrito en los Evangelios durante la mañana de Pascua, pudo ser el responsable de la formación de la imagen?”. Ni aún así consigue, no obstante, explicar cómo se habría impreso la imagen sólo superficialmente en el anverso y el reverso, y mucho menos las anomalías que presenta la figura y que apuntan al fraude.

“Las conclusiones van más allá de la técnica. Parten de que tiene que haber una cara como la conocida y la encuentran. ¿Por qué sólo algunas partes de la cara y no todas? ¿Por qué la cara y no los hombros? ¿Por qué las manos se ven peor?”, se pregunta un experto español en procesado de imágenes que prefiere permanecer en el anonimato. Todo apunta a que los autores han descubierto en la sábana santa lo que quieren ver. Han comparado la parte posterior de la sábana con la anterior, buscando en esta última formas que recordasen el rostro de la primera, hasta que las manchas, en su opinión, han casado. “Está claro desde el principio que quieren encontrar algo. Y, si quieres, siempre lo encuentras. Si yo quisiera encontrar en esa foto el rostro de un mandril o de un león, lo encontraría”, apunta el profesor universitario español. Este especialista admite que las herramientas informáticas empleadas por Fanti y Maggiolo para limpiar la imagen son apropiadas -“Se pueden emplear esas técnicas u otras para conseguir un mejor nivel señal-ruido”-, pero discrepa de la metodología seguida a la hora de identificar un rostro en la parte posterior de la sábana santa. “Un coeficiente de correlación mayor que 0,6 hace la correspondencia entre las dos imágenes aceptable”, escriben los sindonólogos en el artículo. “¿Por qué 0,6? ¿Por qué no 0,7 ó 0,8?”. Quizá porque exigir un mayor coeficiente de correlación -1 sería la correspondencia total y 0 la disparidad absoluta- haría desaparecer algunos de los rasgos del nuevo rostro. ¿Qué ve el lego? Pues, nada. Ni forzando la imaginación al máximo. Hace falta que los investigadores contorneen los presuntos rasgos de la segunda cara de la sábana santa para verla. Hasta Giusepe Ghiberti, de la comisión diocesana de Turín que custodia la tela, ha restado importancia al trabajo de Fanti y Maggiolo: “Es el ojo humano, por un efecto fisiológico de la visión, el que tiende a ver esa imagen que en realidad no existe”.

La nueva cara con líneas dibujadas por los autores que ayudan a verla. Foto: 'Journal of Optics A: Pure an Applied Optics'.La mayoría de las citas bibliográficas -dieciséis de veinticinco- corresponden, además, a publicaciones sindonológicas o de la Iglesia, así como a comunicaciones personales, y los escasos artículos aparecidos en revistas científicas están firmados por partidarios de la autentiticidad de la reliquia. “Todas las referencias son sobre la sábana santa. Echo en falta artículos sobre el procesado de imágenes. La argumentación científica del artículo se centra en el empleo de técnicas de procesado digital de imágenes, aplicadas al reconocimiento biométrico de personas. Por ello, resulta un poco extraño que no se hagan referencias a artículos publicados en revistas de prestigio en este campo, que permitirían una adecuada validación y justificación de los métodos de procesado utilizados”, destaca el experto consultado. Tampoco hay ni un artículo crítico entre los consultados por Fanti y Maggiolo, el primero de los cuales afirma que “existen muchas pruebas a favor de la autenticidad del sudario, pero ninguna incuestionable quizás porque Dios quiere que todo el mundo piense y actúe según su libre voluntad”. Entonces, ¿para qué buscar la prueba definitiva? Porque siempre cabe la posibilidad de que el artífice del sudario de Turín fuera el genial Leonardo da Vinci, extremo al que han apuntado como una “curiosa teoría” algunos periodistas para los cuales el autor de La Gioconda pudo pintar la sábana santa que apareció en Lirey en 1350. ¡Qué importa que Leonardo naciera en 1452!

Eusebia Palomino, la santa patrona de los adivinos

La beata salmantina Eusebia Palomino.Ya tienen los adivinos patrona. Juan Pablo II elevó a los altares el domingo a Eusebia Palomino (1899-1935), religiosa salmantina para cuya beatificación se ha valorado que predijo la Guerra Civil española. “Va a haber una guerra civil muy grande y se va a derramar mucha sangre inocente porque España no se pone de acuerdo”. La Iglesia mantiene que algo parecido a esto dijo la monja durante una conversación con Josefa García Mariscal en 1931, en la que fue una de las muchas demostraciones de las dotes proféticas de la nueva beata.

“El 4 de octubre de 1934, mientras algunas hermanas rezaban con ella en el lugar del sacrificio, interrumpe y empalidece diciendo: “Rezad mucho por Cataluña”. Es el principio de la sublevación operaria de Asturias y de la catalana en Barcelona (4-15 octubre 1934) que se llamarán anticipo revelador. Visión de sangre también para su querida directora sor Carmen Moreno Benítez, que será fusilada con otra hermana el 6 de septiembre de 1936: actualmente ha sido declarada beata, después del reconocimiento del martirio”. El mismo Papa que repetidamente ha criticado a los videntes y ha pedido a sus fieles que no caigan en sus garras convierte en objeto de culto a una adivina que, cuando vislumbró la contienda española, no hizo nada sorprendente para su época.

Tampoco estaría de más saber cuántas cosas auguró la religiosa y nunca se hicieron realidad, como ocurre con brujos seglares como Rappel, Octavio Aceves, Aramís Fuster y Paco Porras. Eusebia Palomino es una de las muchas caras paranormales de una religión monoteísta cuyo plantel divino ha enriquecido Juan Pablo II en 477 santos y 1.337 beatos, de incompetencia manifiesta. ¿Cómo se explica si no tanto santo suelto y que el mundo siga hecho unos zorros?, ¿dónde están los hacedores de milagros cuando se necesitan, como en el 11-M madrileño, cuando un niño se pierde o cuando un abuelo sufre una caída fatal? El reino de los santos nunca ha sido de este mundo.

Recuerdos sin pasado

Stalin borraba a sus enemigos de las fotos para hacerlos desaparecer de la Historia. Décadas después, psicólogos canadienses y neozelandeses han demostrado que podemos recordar un hecho que nunca ocurrió si lo asociamos con una imagen indirectamente relacionada con él. Cuestionan así la técnica usada por los psicoterapeutas que recurren a fotografías para despertar en sus clientes el recuerdo de experiencias traumáticas, como el haber sufrido abusos sexuales en la infancia.

Stephen Lindsay, de la Universidad de Victoria (Canadá), y sus colaboradores probaron hace dos años que verse en una escena lleva a muchas personas a pensar que la han vivido. En un experimento en el que participaron veinte individuos, les enseñaron fotos de su niñez procedentes del álbum familiar. Entre las imágenes, incluyeron una manipulada digitalmente con el protagonista montado en un globo aerostático, algo que nunca había pasado. Al ver la foto, la mitad de los sujetos recordó la vivencia inventada.

Los investigadores han constatado ahora que instantáneas que tienen vagamente que ver con unos hechos también favorecen la creación de recuerdos de esos sucesos en un 67% de los sujetos. “Me ha dejado atónito haber obtenido un nivel tan alto de falsas memorias”, reconoce Lindsay, cuyo trabajo aparece en el último número de la revista Psychological Science. “Los resultados apoyan la idea de que los recuerdos no se almacenan en algún lugar de nuestra cabeza. Son experiencias fruto de la interacción entre cosas que realmente nos sucedieron en el pasado y nuestras creencias y expectativas actuales”.

El experimento

En el estudio, participaron 45 alumnos de primero de Psicología. Los científicos contaron a cada uno de ellos tres historias de su niñez de las que les dijeron que les habían informado los padres. Eran vivencias escolares: dos habían ocurrido realmente; la tercera era ficticia, aunque también se atribuía a los progenitores, quienes habían confirmado que su hijo no había vivido nada parecido. La escena imaginada había ocurrido en primer curso, cuando el protagonista tenía 6 años: él y un amigo habían puesto una masa verde gelatinosa de apariencia asquerosa -el Slime estadounidense en el que se basó el español Blandi Blub– en la mesa de la maestra y fueron castigados por ello. Los experimentadores dieron a la mitad de los jóvenes fotos de sus clases, sacadas del catálogo escolar, para ver si se acordaban mejor de los hechos.

Una semana después, los universitarios volvieron al laboratorio para informar de lo que habían conseguido recordar los tres sucesos, los dos reales y el inventado. Dos entrevistadores, que no sabían qué jóvenes habían recibido fotos de la época y cuáles no, leyeron las transcripciones de los testimonios de los estudiantes y juzgaron la precisión de los mismos. Mientras sólo una cuarta parte (27%) de los participantes a los que no se dieron fotos revivió la travesura inventada, el porcentaje ascendió hasta el 67% entre quienes contaron con una imagen de su clase de 1º. “Los falsos recuerdos eran muy detallados”, destaca Lindsay. Cuando los científicos informaron a los sujetos de que una de las historias era falsa, todos menos tres identificaron la ficción correctamente. Pero fueron muchos los que se sorprendieron de que algo que recordaban tan vivamente no hubiera sucedido: “Si no me hubieran dicho que no ocurrió, habría salido de aquí creyendo que pasó”.

Los autores achacan el alto índice de falsos recuerdos a la plausibilidad de la historia -incluido el que un amigo estuviera involucrado-, la confianza inspirada por los entrevistadores y el poder evocador de la foto, aunque se tratara no de una imagen de la travesura, sino de la clase de la que formaba parte entonces el sujeto. Para los experimentadores, no cabe duda de que mecanismos similares a los demostrados en su estudio se dan cuando un psicoterapeuta utiliza fotos para sacar a la luz supuestas memorias reprimidas de abusos sexuales infantiles, rituales satánicos o secuestros por extraterrestres. Los recuerdos se recrean, se reinventan. Piénselo la próxima vez que abra el álbum de fotos de su infancia.


La historia

“Recuerdo cuando Jane (se cambiaron en cada caso el nombre del protagonista y el del maestro) estaba en 1º y, como todos los chicos de entonces, tenía un repugnante Slime (equivalente estadounidense del Blandi Blub) de ésos con los que jugaban los niños. Recuerdo que un día me contó que había llevado el Slime a la escuela y lo había puesto en la mesa de la maestra antes de que llegara. Jane decía que no fue idea de ella, sino de un amigo que le dijo que tenían que hacerlo. Creo que la maestra, la señorita Smollett, se enfadó y castigo a Jane y a su amigo a sentarse media hora de cara a la pared con los brazos y piernas cruzados.”

Publicado originalmente en el diario El Correo.

¿Quieren ‘Pensar’?

Portada del número 2 de la revista ‘Pensar’.Las veinticinco páginas de texto del primer número de Pensar, la revista en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), me supieron a poco. Y eso para mí es una virtud de la publicación dirigida por el periodista argentino Alejandro J. Borgo, en la cual existe un equilibrio entre contenido y continente, entre unos artículos ágiles e interesantes y un diseño profesional. Por eso y porque me he involucrado directamente en la iniciativa -los responsables del proyecto han confiado en mí para representarlo en España-, he esperado con ganas la llegada a mi buzón del segundo número y me alegra que el tercero esté ya en marcha. No es poco, en los tiempos que corren, que una revista escéptica se planifique con tiempo -Borgo es paciente y está encima de los colaboradores para que cumplan con los plazos- y llegue puntual a su cita con los lectores. Que, además, lo haga con material de actualidad debería ser motivo de celebración.

Entre los artículos de fondo de la segunda entrega de Pensar, destaca el dedicado a los mitos en torno al cáncer: el oncólogo Ernesto Gil Deza ha hecho una magnífica síntesis de las falsas ideas sobre esa enfermedad, desde su carácter maldito hasta la posibilidad de combatirla con tratamientos alternativos, pasando por su equiparación con una condena a muerte. El escéptico brasileño Kentaro Mori analiza algunas de las últimas investigaciones sobre el poder de la oración, el mexicano Mario Méndez Acosta aclara lo que se esconde tras el feng shui, el español Luis R. González habla de extraterrestres en sellos y monedas, y el argentino Enrique Márquez la emprende contra el empacho. Además, hay un puñado de breves comentarios de actualidad -incluido uno sobre la falsa película lunar de Juan José Benítez, de quien tres meses después del fiasco de Planeta encantadoseguimos sin saber nada- y tres críticas de libros.

Parte de ese material se unirá pronto en la web de la revista al que ya hay del número anterior, pero habrá cosas que sólo podrán leer quienes tengan acceso físico a la publicación. Unirse al creciente grupo de lectores de Pensar sólo cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos, y puede hacerse a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo teniendo, además, la posibilidad del giro postal. En caso de que tengan algún problema, no duden en ponerse en contacto con el miembro del equipo que les sea geográficamente más cercano. ¿Quieren Pensar?

La fortaleza de los descerebrados

Alicia Senovilla, la presentadora de 'El castillo de las mentes prodigiosas'', en el estudio donde viven encerrados los 'freaks' paranormales.

El último invento de la productora Gestmusic para Antena 3 -una de las tres cadenas de televisión privadas que abarcan todo el territorio español- lleva el título de El castillo de las mentes prodigiosas. La acción se desarrolla en unos estudios y los protagonistas son un grupo de pícaros de lo paranormal que, cuando no dan risa, dan pena. A falta de castillo y de mentes prodigiosas, hay morbo y zafiedad a raudales, una presentadora que luce escote y un jurado -formado por una aristócrata, un astrofísico, un cura, un periodista y una vidente- que en la primera entrega se limitó a seguir las evoluciones de los monstruos desde la barrera. Telebasura en estado puro.

El declarado objetivo de esta especie de Operación Triunfo esotérica es anecdótico: que los concursantes demuestren, “día a día, experimento a experimento, reto a reto, que realmente poseen esos dones prodigiosos que algunos incrédulos les niegan”. Lo cierto es que estamos ante una muestra más de la inmundicia que anega la programación de las televisiones españolas, ya sea en forma de programas de cotilleo o de reality shows. Por eso, había prestado tanta atención a El castillo de las mentes prodigiosas como a cualquiera de los bodrios con que nos viene regalando la pequeña pantalla hasta que, cuando intentaba el 23 de marzo entender los últimos hallazgos del todoterreno Opportunity en Marte, me llegó un mensaje al teléfono móvil: “Empezó el circo. Armentia y D’Arbó junto a Aramís y Apeles en el jurado”. Como un resorte, abandoné mi mesa de trabajo para ver unos minutos del engendro, cosa que no consiguieron ni con Gran hermano ni con ninguna de sus secuelas hoteleras, musicales o del tipo que sean. Todavía no me he recuperado.

Lo que me ha sorprendido de El castillo… es la presencia de Javier Armentia entre quienes han de juzgar las habilidades de los brujos, que han sido seleccionados entre lo más cutre del escenario paranormal iberoamericano. Durante las últimas semanas, me habían llegado rumores de que a varios escépticos les habían ofrecido formar parte del tribunal, pero había descartado que alguno de ellos se prestara a tal juego. Me precipité. El más popular de los escépticos españoles ha dicho que sí a los cantos de sirena de la productora de Toni Cruz y Josep Maria Mainat. Armentia, el mismo que tantas veces ha plantado cara valientemente a la pseudociencia y que sacó al movimiento escéptico de las cavernas en los años 90, hace un flaco favor a la causa racionalista al acudir al programa que presenta Alicia Senovilla. Porque sus hechos contradicen las duras críticas a la telebasura que ha escrito en los últimos años, le equiparan indirectamente a personajes como Aramís Fuster y el padre Apeles -son sus colegas de tribunal- y permiten a Gestmusic utilizar su imagen para intentar dignificar un producto vomitivo. Y me da rabia porque es mi amigo.

Sin el director del Planetario de Pamplona, El castillo… hubiera sido lo mismo que con él, una simple feria de monstruos. Dudo que alguien con una neurona activa se tome en serio a la insultante bruja Lola, al verdulero Paco Porras, a la siliconada Leevon Kennedy y al resto de la troupe. El grupo de concursantes representa lo peor de lo peor. “¿Mentes prodigiosas? En todo caso, egos desmesurados, sombreros y túnicas estrafalarios y, sobre todo, muchas ansias por chupar cámara y ganar dinero”, ha escrito en El Mundo el crítico Javier Lorenzo, para quien calificar de mente prodigiosa la de “cualquiera de los analfabetos funcionales que ahí se encuentran es, además de un terrible sarcasmo, un insulto a la inteligencia de los españoles; los cuales, por cierto, ya han emitido su inapelable veredicto al concederles un exiguo 14% de audiencia”. Ése fue el porcentaje de espectadores que siguió las andanzas de los brujos en una noche inaugural en la que el público del estudio no podía contener la risa ante la continua bufonada.

No sé qué ha llevado a Armentia a poner en la picota una imagen y una credibilidad ganadas a pulso. El texto que a título de explicación ha colgado en su web dice mucho menos de lo que parece. Se explaya en disquisiciones sobre lo que es la telebasura y recuerda que ha participado en programas de televisión serios y menos serios, como Moros y cristianos, Toma y daca, Rifi-Rafe y otros. Conozco algunos de los espacios que cita Armentia por haber intervenido en ellos. No estamos hablando de debates al estilo de La clave; pero tampoco de nada remotamente parecido a El castillo…. La diferencia fundamental es que en aquellos programas se podía discutir y que, a pesar de que el productor de turno casi siempre trataba de colar a algún freak, éste solía salir escaldado; no era el protagonista alrededor del cual se organizaba la acción. Lo contrario que en el nuevo reality show de Antena 3, donde todo gira en torno a una decena de estrafalarios personajes, algunos de más que dudosa catadura. Por si eso fuera poco, antes, ciencia y superchería no solían compartir bando, sino que estaban claramente enfrentadas. Ahora, esa situación da un vuelco: la aristócrata Beatriz de Orleans, el astrofísico Javier Armentia, el cura José Apeles, el periodista Sebastiá D’Arbó y la vidente Aramís Fuster están en el mismo palco, el de los jueces. Los cinco han sido investidos con la misma autoridad, una simbólica capa roja.

Aunque el más hábil de los escépticos hiciera un papel digno en un programa de estas características, ¿serviría para algo? Pienso que no. Al espectador de El castillo… no le interesa ni lo paranormal ni los argumentos de Armentia, sino mirar por el ojo de la cerradura de esa mansión en la que viven los concursantes para ver quién se acuesta con quién, quién insulta a quién, quién corteja a quién, quién golpea a quién, quién está más loco, quién es más iracundo, quién es el más odiado… Es la misma mierda que Gran hermano, un formato que ha demostrado lo barato que venden algunas personas su dignidad y su intimidad. De los habitantes de la fortaleza de los magos, no han trascendido cantidades, pero este tipo de productos mueve mucho dinero. No lo duden. Valga un ejemplo: en una llamada telefónica de contacto a un posible miembro del tribunal, la productora ofreció unos 1.000 euros por programa, más gastos. Era el punto de partida de la negociación para un juez con bastante menos nombre que cualquiera de los cinco finalmente elegidos.

Las diferentes posturas dentro de la comunidad escéptica frente al paso dado por Armentia -hay quienes no dudan en felicitarle, quienes están a la espera de lo que haga y somos una minoría, al parecer, quienes creemos que ha metido la pata- parten de la respuesta a una pregunta: ¿deben los escépticos ir a todos los sitios de los que les llamen? Yo creo que no. Y a esa conclusión parece que también llegaron los directivos de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico cuando descartaron enviar a alguien a El castillo… en representación de la entidad, a pesar del interés manifestado por Gestmusic, que podría haberse materializado en forma de un buen fajo de euros. Quienes mantienen que hay que participar en este tipo de programas harían bien en preguntarse por qué destacados representantes del esoterismo español se han negado a hacerlo, por qué los creyentes en lo paranormal consideran lamentable el último proyecto de Cruz y Mainat, y por qué la inclusión de un escéptico entre el elenco ha sido recibida con alborozo por los fabricantes de misterios. Es lógico: la decisión de Armentia salpica no sólo a él, sino también a la organización que presidió durante tantos años y de la que sigue siendo el rostro más conocido, y de rebote al resto de los escépticos españoles. Nadie lo puede evitar y únicamente cabe desear que el portón de esa guarida freak caiga para siempre cuanto antes. Ya sabemos que los encerrados no tienen ningún poder: en su debut, les vieron cuatro gatos.