Muere a los 87 años el crítico de la ufología Ernest H. Taves

'The ufo enigma', de Donald H. Menzel y Ernest H. Taves.Ernest H. Taves, psiquiatra y psicoanalista, murió el 16 de agosto tras sufrir un ataque al corazón. Tenía 87 años y, aunque empezó a escribir de muy joven, no vendió su primer trabajo hasta 1969, cuando la revista Playboy publicó su cuento Los bomberos. A partir de ese momento, empezó a apartarse de la práctica médica para dedicarse a la literatura. Taves escribió, con el astrofísico Donald H. Menzel, una obra que no debería faltar en la biblioteca de todo interesado por el fenómeno de los platillos volantes. The ufo enigma (1977)- no confundir con el libro del mismo título del muy crédulo Peter A. Sturrock- fue el tercer y último trabajo ufológico de Menzel (1901-1976), el primer crítico serio del fenómeno ovni. Prologado por Fred L. Whipple, astrónomo pionero en el estudio de los cometas, el libro lleva un subtítulo que no engaña: “La explicación definitiva al fenómeno ovni”. Lo es.

Nada ha sucedido en los últimos treinta años que invalide el dictamen de los autores, para quienes los ovnis no son naves de otros mundos, sino una mezcla de fraudes y confusiones con fenómenos naturales. Menzel y Taves se enfrentaron en su época a una mitología extraterrestre menos delirante que la actual. Entonces, las abducciones eran cosa de locos y nadie se tomaba en serio las historias de platillos volantes accidentados. Y entendieron que el misterio no está ahí fuera, sino en el ser humano. Ernest H. Taves fue uno de los fundadores del subcomité ovni del Comite para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), impulsado por Philip J. Klass y, como dice Robert Sheaffer en Veredicto Ovni (1981), el primer grupo ufológico formado por individuos “no inclinados a creer en la verdad literal de las afirmaciones sobre ovnis”. Este colectivo escéptico sigue en activo.

Rumores de guerra

EL 'DIABLO'. El rostro en el humo de la Torre Norte tiene su origen en que nuestro cerebro intenta reconocer formas en el caos. Foto: AP.

“Dos hermanos serán separados violentamente por el caos… La tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas” (Nostradamus, 1654). Dos días después del ataque terrorista contra el World Trade Center, esta cita, en la cabecera de un diario madrileño, daba visos de autenticidad a una apocalíptica profecía. Los hermanos eran las Torres Gemelas; la ciudad, Nueva York, y el desastre había sido predicho por Michel de Notredame a mediados del siglo XVII. El presagio era, sin embargo, tan falso como una moneda de tres euros. Para empezar, porque Nostradamus murió en 1566, así que no pudo escribir esas palabras un siglo más tarde; para acabar, porque no existe ninguna cuarteta del astrólogo francés que diga algo parecido.

La primera parte del verso fue creada en 1997 por Neil Marshall, un estudiante de la Universidad de Brock, en Canadá, para un ensayo -titulado Un análisis crítico de Nostradamus– en el que pretendía demostrar que un texto del pasado puede venderse como predicción de un suceso siempre que su redacción sea abstrusa. “Si haces las suficientes profecías y eres lo suficientemente inteligente para escribir de una manera abstracta, serás considerado en el futuro un vidente”, argumentaba Marshall hace seis años. La clave para él era dejar reposar lo escrito hasta que una de las profecías encajase con la realidad. Cuando, el 11 de septiembre, alguien añadió a su cuarteta original lo de “la tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas” y envió el texto masivamente por correo electrónico, Marshall vio su hipótesis demostrada y a sí mismo transmutado en adivino. El tiempo le había dado la razón.

‘Pelotazo’ editorial

La falsa profecía de Nostradamus fue la primera de las mentiras relacionadas con la tragedia de septiembre en difundirse a los cuatro vientos. La última se plasmó en un libro que se puso a la venta en Francia en marzo de 2002 y se convirtió en todo un éxito de ventas. 11 septembre: l’effroyable imposture (11 de septiembre. La gran impostura) propugna que no hubo ningún avión que se estrellara contra el Pentágono. Su autor, Thierry Meyssan, es periodista y preside la Red Voltaire, una organización de izquierdas que combatió en su día al Frente Nacional y que ha visto fulminada su credibilidad de la noche a la mañana por el pelotazo editorial de su presidente.

'La gran impostura', de  Thierry Meyssan.Los primeros 20.000 ejemplares de 11 septembre : l’effroyable imposture desaparecieron de las librerías en sólo dos horas. “Hemos vendido 2.500 ejemplares en diez días cuando una novela superventas puede llegar a 1.500 al mes”, señalaba el 1 de abril un portavoz del local parisino de la cadena Fnac en Les Halles a The Guardian. La operación de mercadotecnia empezó el 10 de febrero, cuando Raphaël Meyssan colgó -en francés, inglés, español e italiano- una sinopsis de la teoría de su padre en la web de L’Asile Utopique. Dos semanas después, la página registraba 15.000 visitas diarias. La respuesta no se hizo esperar. A principios de marzo, en el sitio Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas, se desmontaba punto por punto la tesis de Meyssan en un trabajo que ha sido actualizado tras la publicación del libro.

El periodista sostiene que los destrozos del Pentágono no fueron causados por un avión de pasajeros secuestrado, sino por el propio Gobierno estadounidense. Meyssan llega a tal conclusión al no explicarse cómo puede una aeronave de 100 toneladas que volaba a un mínimo de 400 kilómetros por hora dañar únicamente el anillo exterior del inmueble; cómo pudo chocar justo contra la planta baja; dónde están los restos del Boeing 757; por qué se echó arena sobre el césped próximo al edificio, aunque no había sufrido daños aparentes; qué ocurrió con las alas del aparato y por qué, a su juicio, no provocaron destrozos; por qué el jefe de bomberos no pudo decir a los periodistas dónde estaba el avión, y cuál fue el punto de impacto.

Retórica revisionista

Barbara y David P. Mikkelson, expertos en desenmascarar fraudes, dedican un extenso artículo en las Páginas de Referencia sobre Leyendas Urbanas a poner en su sitio cada una de las alegaciones del conspiranoico, apoyándose en imágenes que, por sí solas, sacan a flote la falsedad de los argumentos de Meyssan. Así, comienzan por señalar que los efectos del choque no se limitaron al anillo exterior del Pentágono, sino que se extendieron a los cinco anillos del ala que sufrió el impacto, tras perforar el avión un muro reforzado de 60 centímetros de espesor. La aeronave, añaden, no se estrelló contra la planta baja del edificio, sino entre la primera y segunda, y tras golpear el suelo.

A pesar de que explotó en una gigantesca bola de fuego, pequeñas piezas del aparato quedaron diseminadas alrededor del edificio, y fueron fotografiadas y filmadas por los periodistas. El vertido de arena y piedras sobre el intacto césped que tanto intriga a Meyssan era para preparar el terreno para el paso de la maquinaria pesada usada en las labores de desescombro y reconstrucción. ¿Pero qué pasó con las alas? “Vi cómo el morro del avión se rompía, vi las alas avanzar hacia adelante”, declaró a The Miami Herald un vecino que presenció el choque. Las alas son una de las partes más frágiles de un avión y su huella en el cuartel general militar estadounidense fueron dos zonas ennegrecidas en la fachada a ambos lados del punto de impacto.

Meyssan no ofrece una versión alternativa al desastre del Pentágono ni explica cómo, si el avión no se estrelló contra el Pentágono, murieron los 68 ocupantes del Vuelo 77 de American Airlines. Se limita a decir que “el Gobierno americano miente”. Para él, todo el desastre fue el fruto de una conspiración urdida en las más altas instancias del Ejecutivo de Bush. “Esta teoría agrada a todo el mundo: no hay extremistas islámicos y todo el mundo es feliz”, sentenciaba Le Nouvel Observateur. Para Libération, se trata de un conjunto de “afirmaciones disparatadas e irresponsables, sin ningún fundamento”, extremo en el que coincide el sociólogo Pierre Lagrange, para quien Meyssan recurre a “la misma retórica” que aquéllos que niegan la existencia de los campos de exterminio nazis. El Pentágono calificó el contenido del libro de “bofetada” a la memoria de las víctimas de los ataques del 11 de septiembre.

El club de la conspiración

El periodista francés entró por la puerta grande en el club de la conspiración, del que forman parte desde negadores de la existencia del virus del sida hasta seguidores de los platillos volantes. Estos últimos se dieron prisa, tras los ataques contra Estados Unidos, en revisar montañas de material gráfico a la búsqueda de pequeñas manchas en el cielo. Las encontraron y llegaron las naves extraterrestres. Numerosos astrólogos dijeron, por su parte, que habían anunciado la catástrofe, aunque ninguno presentó más prueba que una vaga frase que puede significar cualquier cosa.

No faltaron tampoco quienes vieron en la humareda y la polvareda de Manhattan los rostros del Diablo y de Dios, éste último en una fotografía de la caída de la Torre Sur. Estas imágenes no son trucajes, como la del supuesto turista en uno de los rascacielos momentos antes del choque del primer avión. Las caras son creaciones de nuestro cerebro, que busca constantemente formaciones familiares en el caos y es capaz de ver un rostro hasta en un valle marciano. Lo inquietante es que hay muchas personas que caen en las garras de conspiranoicos como Meyssan, que no dudan en banalizar una tragedia y tergiversarla con tal de hacer negocio. Ésa es la última razón de la conspiración.


La realidad inventada

La cuarteta de Nostradamus: “En la ciudad de Dios habrá un gran trueno, dos hermanos serán separados violentamente por el caos, mientras la fortaleza aguante el gran líder sucumbirá, la tercera gran guerra comenzará cuando la ciudad esté en llamas”. Las tres primeras frases las escribió Neil Marshall en 1997; la última, un autor desconocido después del ataque contra Nueva York.

El Diablo y Dios, a escena: Las fotos en las que se ven rostros en el humo de las Torres Gemelas no han sido manipuladas; pero eso no quiere decir que estemos ante los rostros del Diablo y de Dios -o de un teletubbie, que también parece haber un personaje de ésos entre el humo- como han propugnado los amantes de lo sobrenatural. El cerebro humano intenta reconocer formas familiares en el caos, tenga éste forma de humo, de nubes, de nudo de árbol o de mancha en la pared.

LA FOTO DEL TURISTA. Montaje fotográfico en el que se ha colocado un avión como si fuera a chocar contra el World Trade Center.

La fotografía del turista: Se presenta como procedente de una cámara recuperada entre las ruinas del World Trade Center. Es un burdo montaje: el turista viste ropa de invierno, cuando el 11 de septiembre fue un día caluroso; el avión se aproxima por el Norte, luego tiene que tratarse de la Torre Norte, pero ésta no tenía terraza de observación (la de la otra Torre se abría a las 9.30 horas, cuando el primer choque se registró a las 8.49 horas); la aeronave es un Boeing 757 de American Airlines, cuando el primer avión implicado fue un Boeing 767.

La maldición del 11: La catástrofe ocurrió el 11 de septiembre, el 11 del 9 (1 + 1 + 9 = 11). Uno de los vuelos estrellados contra las Torres Gemelas era el 11. New York City, Afghanistan y The Pentagon tienen, cada una, 11 letras. Éstos y otros ejemplos de pseudociencia numerológica llevaron a los amantes de lo paranormal a hablar de la maldición del número 11. Tanta cháchara demuestra sólo que quienes la difunden han sabido elegir qué sumar (¿por qué no se incluyen, por ejemplo, el 2 y el 1 de 2001 en la suma de la fecha?). Cualquiera podría hablar de la maldición del número que quisiera, siempre que eligiera bien los sumandos.

Ningún israelí murió en el World Trade Center: Los 4.000 ciudadanos israelíes que trabajaban en las Torres Gemelas no acudieron a sus oficinas el 11 de septiembre porque se pusieron todos enfermos. Esta mentira, que apareció en Internet el 18 de septiembre, es una de las urdidas para poner a Israel en el origen de los ataques terroristas. Hubo israelíes y judíos entre las víctimas de las Torres Gemelas.

Los ovnis estuvieron allí: Algunos ufólogos han visto, en las numerosas imágenes tomadas aquel día, platillos volantes alrededor de las Torres Gemelas y del Pentágono. Como la mayoría de la evidencia a favor de las visitas extraterrestres, ésta es también insostenible. Se trata de puntos claros u oscuros en el cielo que pueden deberse a defectos del negativo o a aeronaves -aviones o helicópteros- lejanos.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

El fundador de la homeopatía se queda sin asteroide

Astrónomos europeos y americanos mantuvieron un duro enfrentamiento en la última asamblea general de la Unión Astronómica Internacional (IAU), celebrada en Sydney a finales de julio. ¿La razón? La homeopatía, esa pseudomedicina cuyos productos no están obligados en España a demostrar que curan -como el resto de los fármacos-, sino que basta con que resulten inocuos -como una piruleta- para que se vendan en farmacias como remedio milagroso a todo tipo de males. Lo ha desvelado David Morrison, del Centro de Investigación Ames de la NASA y miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), en la lista de correo de la organización escéptica.

El conflicto estalló cuando el Comité de Nomenclatura de Cuerpos Pequeños (CSBN), que decide los nombres de los nuevos asteroides y cometas, rechazó el de Samuel Hahnemann, el fundador de la homeopatía, para una de esos pedruscos, “tras una larga discusión”. Entonces, quien lo había propuesto exigió que la decisión fuera refrendada por la División III de la IAU, centrada en el Sistema Solar y de la que el CSBN es uno de los grupos de trabajo. Por un lado, estaba en juego el derecho del descubridor de un cuerpo astronómico a poner al objeto el nombre que quiera, como establecen las directrices de la IAU; por otro, el de los científicos que temían que bautizar Hahneman a un planetoide fuera utilizada por los homeópatas como un aval. Al final, el grupo de opositores encabezado por Morrison y Alan Harris, del Instituto de Ciencias Espaciales de Boulder (Colorado, EE UU), consiguió que la División III apoyara con veinticinco votos contra quince la decisión del CSBN.

“Lo más interesante para mí -dice Morrison en la lista de correo del CSICOP- es que los astrónomos europeos presentes no rechazaban el nombre y, aparentemente, tampoco a la homeopatía, mientras que la práctica totalidad de los americanos identificaban homeopatía con pseudociencia”. El investigador de la NASA nos ha indicado, posteriormente, que no existe ningún registro de quiénes votaron a favor y en contra de su propuesta de respaldar la decisión del CSBN.

¿Dará vida Manuel Carballal a Antonio Salas?

La productora gallega Filmanova busca protagonista para la versión televisiva de Diario de un skin (Temas de Hoy, 2003), obra de un presunto infiltrado en grupos neonazis que se está vendiendo como rosquillas. Digo presunto infiltrado porque, al parecer, en el molvimiento neonazi español pueden contarse con los dedos de una mano quienes no saben quién se oculta tras el pseudónimo de Antonio Salas. Así, en la página web de Centuria Hispánica, puede leerse desde hace meses el siguiente anuncio: “Agradeceríamos al señor Manuel Carballal, alias Antonio Salas, que, para evitar burocracias legales, nos envíe un cheque al portador con la parte proporcional que nos corresponde de los derechos de autor que recibe de su libro Diario de un skin, dado que en los apartados relativos a la música RAC y las skingirls hay páginas y páginas enteras copiadas de nuestra web, para lo cual no nos ha pedido permiso, vulnerando así la propiedad intelectual de los textos y nuestros derechos de autor”.

Portada del suplemento 'El Semanal', del 18 al 24 de mayo de 2003, en la que se ve a Antonio Salas a la izquierda, tapados sus ojos por unas 'gafas de sol'.El autor de Diario de un skin ha dado en los últimos meses tantas pistas que tampoco hay prácticamente nadie en el mundillo paranormal ibérico para el que la identidad de Antonio Salas sea una enigma. Así, la primera referencia al libro apareció en Mundo Misterioso, portal esotérico dirigido por Manuel Carballal, donde presentaron a Salas como “un conocido periodista de investigación” que, “responsable de varios de los reportajes de investigación, en formato de cámara oculta, emitidos por Tele 5 desde el año 2000, ha sido el único reportero infiltrado en sectas, grupos de crimen organizado y organizaciones extremistas cuyas grabaciones han sido consideradas pruebas judiciales en varios casos policiales españoles”. Curiosamente, pocos meses antes de la llegada de la obra de Salas a las librerías, Carballal acusó al autor de estas líneas de poner en peligro su vida por desvelar sus actividades periodisticas.

“Luis Alfonso Gámez es un fanático religioso, y como tal no puede ver más allá de sus narices, tan amplias como las de Pinocho por razones obvias. (…) Su fanatismo llega al extremo de publicar en un periódico proetarra que yo soy un periodista infiltrado, al servicio de la Policía o del Cesid, en grupos de extrema izquierda… ¿te imaginas? Tanto si fuese cierto (que no lo es) como si no, uno podría pensar que los arpíos querían hasta que me pusieran una bomba ¿no?”. Estas líneas, escritas por Carballal en un mensaje publicado en la lista de correo Mundo Misterioso el 15 de octubre de 2002, dejan claro que este misteriólogo es capaz de cualquier infamia.

En su momento, pedí a Carballal que indicara dónde y cuándo había hecho yo lo que él decía. Naturalmente, no pudo enseñar ni un recorte de prensa, porque no sólo no he escrito jamás en un “periódico proetarra”, sino que tampoco he dicho en ningún otro medio que él haya trabajado como “periodista infiltrado, al servicio de la Policía o del Cesid, en grupos de extrema izquierda”. Carballal mintió hace casi un año y demostró, al mismo tiempo, que padece amnesia selectiva respecto a lo de publicar afirmaciones que puedan colocarle en el punto de mira de asesinos. Mejor haría en controlarse a sí mismo y no dejarse llevar por las ansias de figurar que le llevaron a jactarse, en Los expedientes secretos (Planeta, 2001), de colaborar desde hace años con la Policía y de “contribuir humildemente en una operación contra la banda terrorista ETA” (pág. 24), gracias a unos contactos que había hecho en campos de tiro.

Manuel Carballal, en su libro 'Los expedientes secretos'. Foto: Vicente Carballal.Esas ansias de figurar son las mismas que transportaron en mayo a Antonio Salas hasta una portada de El Semanal, el suplemento que se distribuye con veinticinco diarios españoles, en la que aparecían cuatro supuestos neonazis junto a una tentadora sentencia: “Uno de estos skins es un topo”. Si el reto era adivinar cuál, podía haberse recurrido a otra imagen. Porque el neonazi pegado a la izquierda de la foto, cuyas gafas de sol parecen pintadas con rotulador negro, y el retrato que puede verse en Los expedientes secretos corresponden a la misma persona. A no ser, claro, que Manuel Carballal tenga un clon. Lo único que queda por saber es quién interpretará a Antonio Salas en la tele; en la vida real, no hay ninguna duda al respecto.

Adiós al fantasma de Catalina Howard

¿FENÓMENOS EXTRAÑOS? El psicólogo Richard Wiseman pasea, alumbrado por una vela, por las criptas de South Bridge, en Edimburgo. Foto: Richard Wiseman.

Cuenta la leyenda que un día, mientras Enrique VIII asistía a misa en el palacio de Hampton Court, su quinta esposa, Catalina Howard, logró escapar de sus aposentos, donde había sido encerrada hasta que el rey, quien la acusaba de adulterio, decidiera su destino. La joven llegó a la carrera hasta la puerta de la capilla; pero no tuvo oportunidad de pedir clemencia al monarca. Los guardias la detuvieron y la arrastraron de vuelta a sus dependencias mientras imploraba a gritos el perdón de su marido. Fue decapitada el 13 de febrero de 1542 y reemplazada en el lecho de Enrique VIII por Catalina Parr. Sin embargo, para muchos, Catalina Howard nunca abandonó Hampton Court.

Desde que en 1870 la reina Victoria abrió el palacio al público, el pasillo por el que fue arrastrada la joven ha sido escenario de fenómenos extraños, hasta tal punto que es conocido como la Galería Encantada. Ya a principios del siglo XX, el pasaje “había sido asociado a experiencias inusuales que incluían visiones de ‘una mujer vestida de blanco’ y alaridos inexplicables”, indican Richard Wiseman, de la Universidad de Hertfordshire, y sus colaboradores en el último número del British Journal of Psychology. Diecisiete páginas dedica la revista de la Sociedad Británica de Psicología a “Una investigación sobre supuestos lugares encantados” hecha por cinco psicólogos en el palacio de Hampton Court, en Surrey, y en las criptas de South Bridge, uno de los principales lugares encantados de Edimburgo.

Espectros, a escena

Wiseman y sus colegas firman el primer estudio científicamente controlado sobre actividad fantasmal. Querían averiguar por qué quienes dicen haber vivido experiencias extrañas las localizan en las zonas tradicionalmente consideradas encantadas, y no en otras, de ciertos edificios: si se debe a que saben con anterioridad de la existencia de esos lugares especiales o si hay algo más. Lo que han descubierto es que hay algo más. “Aunque no podemos descartar la influencia de las expectativas y creencias en lo paranormal a la hora de explicar los fenómenos, los resultados indican que el conocimiento previo no justifica la concentración de experiencias en determinados puntos”.

Tanto en el palacio como en las criptas, un guarda identificó las zonas encantadas antes de las pruebas, aunque no informó de su situación a los experimentadores hasta después de la recogida de datos. Es lo que se llama procedimiento de doble ciego: ni el investigador ni el sujeto objeto de estudio conocen aspectos del experimento que podrían influir en los resultados. Además, los investigadores entrevistaron previamente a los voluntarios para saber qué conocimiento tenían de las zonas encantadas de los inmuebles.

Los 462 participantes en el experimento en Hampton Court, elegidos entre quienes habían visitado el palacio en mayo y junio de 2000, recorrieron la Galería Encantada y las Habitaciones Jorgianas. 215 individuos vivieron al menos una experiencia extraña en el palacio, donde la media de apariciones fantasmales por cada uno que notó algo raro fue de dos. Dos terceras partes de las vivencias correspondieron a cambios en la temperatura ambiental; el resto, a una mezla de mareos, dolores de cabeza, olores asquerosos, dificultad para respirar… Los autores consideran “sorprendente que tantos participantes vivieran sucesos extraños”, cuando las pruebas se hicieron con las dependencias bien iluminadas y llenas de ruidosos turistas. Un 13,9% de los sujetos que percibió algo raro creía que se trataba de fantasmas, un 48,8% estaba convencido de que no era algo paranormal y un 37,2% no sabía qué decir.

Cada uno de los 218 sujetos que participó en el experimento en las criptas de South Bridge -donde se dice que hay un espíritu que empuja a la gente y susurra obscenidades- pasó diez minutos en una cámara. Después, los investigadores fueron informados de 172 experiencias extrañas, vividas por 95 individuos en unas dependencias silenciosas, húmedas y tenuemente iluminadas. Al igual que en el palacio de Enrique VIII, la mayoría consistió en cambios de temperatura; pero muchos también escucharon ruidos, tuvieron la sensación de ser observados… El 3,3% se mostró convencido de que había espectros de por medio, el 58% dijo que no y el 43,3% no se pronunció.

Los resultados de los dos experimentos “son coherentes, con alrededor del 45% de los participantes en cada uno de ellos que ha informado de, al menos, una experiencia inusual”, dicen los psicólogos, quienes añaden que “algunas de las vivencias resultaron tan impactantes para los sujetos que las han interpretado como originadas por fantasmas”. Los fenómenos denunciados fueron del mismo tipo que los que históricamente se habían registrado en los inmuebles.

El ‘más acá’

En Hampton Court, los participantes vivieron “un número desproporcionadamente mayor de experiencias extrañas en las zonas encantadas” que en aquellas clasificadas como normales y, en las criptas de la capital escocesa, se dio una “importante correlación” entre las cámaras fantasmales y los fenómenos inusuales. Los resultados demuestran, además, que la idea de que la gente ve y siente cosas raras en determinadas zonas de algunos edificios porque sabe que se trata de sitios ‘encantado carece de fundamento.

¿A qué se debe entonces la actividad fantasmal en ciertos lugares? ¿A almas en pena? Los psicólogos británicos no se limitaron a recopilar los testimonios de los participantes: también midieron una serie de factores ambientales, de algunos de los cuales los testigos no llegan a ser conscientes. Así, en el palacio de Hampton Court, descubrieron que los fenómenos extraños se concentran en zonas donde hay pequeñas variaciones del campo magnético, mientras que en las criptas se da una correlación entre cambios de iluminación y vivencias paranormales.

“Estos hallazgos indican claramente que los supuestos lugares encantados no son en sí una prueba de actividad fantasmal, sino más bien de la respuesta de las personas a factores ambientales normales“, concluye Richard Wiseman. El psicólogo, quien no cree en los espíritus, quiere ahora construir la primera casa encantada de la historia -con variaciones de iluminación, temperatura y campo magnético controladas- para saber cómo se crean los fantasmas.


Un ‘broker’, un adivino y una niña de 4 años juegan a la bolsa

Tia Laverne Roberts tenía cuatro años cuando demostró que, para inversiones a corto plazo, es mejor seguir el consejo de un niño que el de un analista bursátil o un adivino. El experimento, diseñado por Richard Wiseman, se hizo en Londres en marzo de 2001. La niña, el broker Mark Goodson y la astróloga Christeen Skinner recibieron, cada uno, 5.000 libras virtuales para invertir en acciones del FTSE 100, el índice que reúne a las cien compañías más fuertes del parqué londinense. Tenían una semana para incrementar su capital.

Tia Laverne Roberts, con 'The Financial Times'. Foto: Richard Wiseman.La astróloga eligió los títulos orientada por las estrellas, el experto financiero se guió por su olfato y, en el caso de la niña, lanzaron al aire billetes de dinero de juguete con los nombres de las compañías y ella “agarró cuatro”, explica Wiseman. A media semana, cambiaron las composiciones de las carteras de acuerdo con los mismos criterios. Al final, Tía había acumulado pérdidas por 231 libras; el analista, por 360; y la adivina, por 498. Quedó claro que, a corto plazo, la bolsa es un juego de azar y que el dictamen de los astros deja mucho que desear.

Meses antes, en diciembre de 2000, Wiseman había organizado la última prueba telepática del siglo XX. Participaron diez supuestos dotados de percepción extrasensorial a los que decenas de personas intentaron transmitir mentalmente determinadas imágenes. Todo ello controlado por el psicólogo para evitar trampas. El resultado fue el mismo que en otros experimentos científicos realizados sobre adivinación, movimiento de objetos a distancia y otros poderes paranormales. De las diez intentonas, sólo en dos los presuntos telépatas identificaron la imagen recibida con la emitida, al seleccionarla de entre cuatro posibles. Era lo esperado por azar, para tranquilidad de las compañías de telecomunicaciones y frustración de los parapsicólogos.


Experimentos ‘fantasmales’

Objetivo: Estudiar los mecanismos psicológicos por los que personas creíbles viven aparentes experiencias fantasmales en algunos sitios.

Participantes: 896, de los que se descartó a 216 en la selección.

Lugares: El palacio de Hampton Court (462 personas) y las criptas de South Bridge (218), considerados dos de los sitios del Reino Unido con mayor actividad fantasmal.

Fenómenos registrados: 431 en el palacio y 172 en las criptas.

Localización: Se dieron en mayor proporción en las zonas encantadas. No influyó el conocimiento previo de la existencia de esas áreas.

Explicación: Las zonas encantadas se corresponden con puntos en los que hay variaciones en factores medioambientales (iluminación, temperatura, campo magnético…).

Publicado originalmente en el diario El Correo.