¿Existe alguna diferencia entre un hecho paranormal y un milagro?

Portada del número 4 de la revista ‘Pensar’.“Tenemos que aplicar la investigación escéptica a las afirmaciones de la religión, que yo llamo paranaturales”, dice Paul Kurtz en el número 4 de la revista Pensar. El presidente del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) cree que el dilema en la actualidad no es si se someten o no los hechos religiosos presentes y pasados al mismo filtro que los paranormales, sino responder a otras preguntas: “Si la investigación escéptica sacude los cimientos de las creencias religiosas tradicionales, ¿no puede socavar el tejido entero de nuestras creencias y valores? Cuando esto sucede, ¿pueden la ciencia, la razón aplicada a la ética y los valores ayudarnos a encontrar alternativas racionales?”. El filósofo estadounidense mantiene que, si los escépticos no se han mojado hasta ahora en las aguas de lo paranatural, se debe al arraigo social de las creencias religiosas. “A diferencia de los alegatos paranormales, los credos de las grandes religiones están institucionalizados, y su obligatoriedad está sustentada por la tradición y por el poder de la iglesia y/o el Estado. Por ello, era altamente peligroso meterse a analizar aseveraciones históricas reverenciadas y cuestionar a las vacas sagradas. Al hacerlo, uno estaba sacudiendo los cimientos mismos de la estructura social, como los filósofos y científicos, desde Sócrates y Spinoza hasta Bruno y Galileo, que encontraron fuerte resistencia por parte de las autoridades políticas y religiosas. Es completamente diferente criticar a los astrólogos, los videntes y los ufólogos, porque ellos no tienen poder institucional y sus afirmaciones quedan frecuentemente relegadas a un segundo plano”.

El diagnóstico de Kurtz conlleva pasar página y ampliar los objetivos de un movimiento, el del análisis crítico de lo sobrenatural, que nació hace veintiocho años con la fundación del CSICOP. Para ello, se necesita un activismo más valiente y comprometido, dado que el poder de los credos religiosos en muchos países obliga a algunos escépticos a tener una postura pública indefinida hacia lo que privadamente consideran supersticiones, a veces porque en ello puedes irle la vida. La ventaja es que se romperá, por fin, una especie de alianza contra natura entre creyentes religiosos y escépticos, sustentada en que los últimos rara vez se han entrometido en el campo de los primeros a pesar de resultar indistinguible de otras supersticiones contemporáneas. Nada diferencia los milagros atribuidos a los profetas de lo oculto de los que bíblicamente se adjudican, por ejemplo, a Jesús de Nazaret, personaje cuya existencia real ni siquiera es unánimemente aceptada por los historiadores; tan ficticias son muchas de las historias del Antiguo Testamento como las inventadas por los impulsores de la idea de que en la Antigüedad nos visitaron extraterrestres. La prioridad del movimiento escéptico es examinar las afirmaciones pseudocientíficas y paranormales, por lo cual resulta incongruente dejar de lado algunas de ellas únicamente porque se hayan desarrollado en el caldo de cultivo religioso. Si no se ha hecho hasta ahora, puede haber sido por miedo, por inmadurez o por necesidad de contar con unas raíces fuertes antes de embarcarse en una tarea que incomodará a grupos de presión social, económica y política. Habrá que ver cómo responde la comunidad escéptica internacional a la propuesta del filósofo estadounidense y si se abre una grieta entre países de primera y de segunda fila, como ya ocurre en el campo de la lucha contra la irracionalidad paranormal.

Este número Pensar incluye, además, un interesante artículo de Alejandro Agostinelli, editor de Dios!, sobre el misterio de los llamados niños índigo, acerca del cual reflexiona también Alejandro J. Borgo en el editorial; L. Enrique Márquez habla sobre los “Límites del mentalismo”, que tantas veces han traspasado tramposamente ilusionistas como Uri Geller; Massimo Polidoro recuerda cómo en Italia se ha intentado prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución, y una creciente lista de colaboradores habla del secuestro extraterrestre del cabo Valdés, la últimas novedades sobre la sábana santa, los ovnis filmados en México en marzo y otros asuntos. Todo ello en la única revista escéptica concebida para la comunidad hispanoamericana, que tiene periodicidad trimestral y cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos. Pueden suscribirse a Pensar a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo, además, el giro postal. Los residentes en España pueden hacerlo, también, mediante un ingreso en euros en una cuenta bancaria habilitada por el autor de estas líneas, a quien pueden dirigirse por correo electrónico para que les dé más información y sin ningún compromiso. En caso de que tengan algún problema o pregunta, no duden en ponerse en contacto con el representante de Pensar que les sea geográficamente más cercano o con la dirección de la revista.

Secuencia de la caída de un platillo volante

Selección de imágenes de la caída y el rescate de la cápsula 'Génesis' en el desierto de Utah. Fotos: NASA TV.La NASA había preparado un rescate al estilo de James Bond, con un helicóptero que pescaría la cápsula por el paracaídas en el aire, y el resultado ha sido un accidente digno de Expediente X, con un platillo volante estampándose contra el suelo en un campo de pruebas militar de Utah, Estados Unidos. La sonda Génesis despegó el 8 de agosto de 2001 de Cabo Cañaveral (Florida) a la caza de partículas de viento solar. Viajó 1,5 millones de kilómetros -más allá de los límites de la magnetosfera terrestre- y entró en órbita del Punto Lagrange 1 -donde se equilibran las fuerzas gravitatorias del Sol y la Tierra- para recoger materia inalterada de la estrella. Los científicos la querían porque les iba a servir para conocer la composición del Sol y de la nube de polvo y gas a partir de la cual se formó el Sistema Solar hace 4.500 millones de años.

El pasado 1 de abril, después de 850 días de recolección, la Génesis puso rumbo a casa con su preciosa carga: entre 10 y 20 microgramos de partículas solares, el equivalente a unos pocos granos de sal. Conseguirlas había costado 264 millones de dólares y no era cuestión de que, por cualquier accidente durante el aterrizaje, quedaran expuestas al medio ambiente terrestre y se echaran a perder. Así que dos pilotos de helicópteros que han participado en películas de acción como xXx y Un pueblo llamado Dante’s Peak se entrenaron durante meses para pescar en el aire la cápsula con un garfio de 6 metros. No pudo ser.

Por causas que de momento se ignoran, los paracaídas de la Génesis no se desplegaron y se estrelló el miércoles en Utah a 310 kilómetros por hora, veinte veces más rápido que lo previsto. Los técnicos de la NASA han dicho que la misión no ha fracasado porque creen que parte de la carga de la sonda puede haber llegado intacta al laboratorio. Por de pronto, el regreso de la Génesis ha sido lo más parecido a los ficticios accidentes de naves extraterrestres de los que hablan algunos ufólogos desde hace décadas; pero esta vez con luz y taquígrafos. Cualquiera puede ver cómo cayó este platillo volante de 200 kilos y el tamaño de una rueda de camión, cargado con material extraterrestre. Ni Chris Carter lo hubiera hecho mejor.

‘Magonia’, quince meses después

Magonia contiene, quince meses después de su nacimiento, casi 250 páginas de texto sobre misterios y fabricantes de paradojas. Esta web nació el 20 de junio de 2003 con una explicación del por qué del nombre. A aquel artículo, han seguido ya 124 en los que hemos hablado de las conspiraciones y el 11-S, el fraude de los alunizajes, Lobsang Rampa, el triángulo de las Bermudas, los fantasmas, el mapa Vinland, los misterios de Marte, la Atlántida, las líneas de Nazca, los círculos de las cosechas, la sábana santa, el ayate de la Virgen de Guadalupe, la estrella de Belén y las piedras de Ica, entre otros enigmas. No nos hemos callado cuando los nacionalistas han manipulado la Historia a su antojo, los populares han ido de brujas y, como sus inmediatos antecesores en el poder, los socialistas han convertido la televisión pública en un aspersor de incultura. Hemos presentado libros recomendables como Conviértase en brujo, conviértase en sabio, de Georges Charpak y Henri Broch, y Captured by aliens, de Joel Achenbach; desmenuzado textos disparatados como El código secreto, de Bruno Cardeñosa, y La hermandad de la sábana santa, de Julia Navarro; diseccionado todos los capítulos de la serie de televisión Planeta encantado, de Juan José Benítez; sacado a relucir la conspiración de silencio de los charlatanes; revelado las engañosas tácticas de los promotores de una Alerta ovni; criticado la pasividad del escepticismo organizado español; denunciado la telebasura paranormal; y facilitado una bibliografía escéptica y una lista de revistas interesantes.

Cuando nació Magonia, no había ninguna otra página en español que, dedicada exclusivamente a la exploración escéptica de lo paranormal, se actualizase con una periodicidad aceptable y estuviese al quite de lo que sucede en el mundo del misterio. Había sitios de escépticos -como el de Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, y el de Ernesto Carmena– que ocasionalmente hablaban de pseudociencia, pero no existía un lugar dedicado preferentemente a ello. Por fortuna, eso ha cambiado en el último año. Ahí están rincones como El Triunfo de Clío, donde el exhaustivo José Luis Calvo desmenuza tonterías no sólo históricas; Mihterioh de la Siensia, donde Ricardo Campo, de la Fundación Anomalía, no deja embaucador con cabeza; y El Retorno de los Charlatanes, donde el periodista mexicano Mauricio-José Schwarz tampoco perdona una a los engañabobos. A estas webs, hay que sumar la imprescindible Dios!, dirigida por Alejandro C. Agostinelli, y el sitio de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, ambas con gran cantidad de material. Además, 2004 ha visto el nacimiento de la revista Pensar, editada por el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) con periodicidad trimestral, y cómo ARP ha publicado un disco compacto con los primeros dieciséis números de El Escéptico, publicación que ahora llega a los buzones de sus suscriptores cada cuatro meses.

Las cosas podían estar peor; pero también mejor. Basta echar una ojeada a países como Alemania e Italia para comprobar lo mucho que queda por hacer al movimiento escéptico español, inexistente en la práctica tanto en los medios de comunicación como en la calle. La clave estriba en ser activos, apoyar a los colectivos que ya existen o trabajar independientemente, y tener claro que, si el escepticismo organizado está en España en mantillas, habrá que hacer algo. Para empezar, quizás haya que buscar respuesta a algunas preguntas: ¿cuántas personas hay en España a las que preocupa el auge de la superstición?, ¿por qué no se ha llegado a la mayoría en casi veinte años de escepticismo organizado?, ¿a qué se achaca la nula presencia del movimiento escéptico en la Universidad?, ¿por qué en nuestro país no se ha celebrado un congreso desde hace siete años?, ¿cómo se explica la escasa participación de los escépticos en los medios de comunicación?, ¿y la casi nula implicación práctica de las personalidades de la cultura que forman parte del movimiento escéptico?, ¿por qué no se reacciona inmediatamente cuando los medios de comunicación se ponen al servicio de los charlatanes?, ¿es que a nadie preocupa que ningún español haya participado en un foro escéptico internacional desde 1998?, ¿cómo casa que cada vez haya más centros de divulgación de la ciencia y eso no haya redundado en una mayor fuerza del movimiento escéptico español?, ¿tienen los escépticos que hacer de la divulgación científica su prioridad o lo principal es analizar presuntos misterios?… En Magonia, vamos a seguir haciendo lo que hemos hecho en estos primeros quince meses; pero éste es un proyecto personal y, como mucho, puede poner un granito de arena al intento de sacar al escepticismo español de la apatía en la que está sumido. Claro que siempre es posible que vivamos en el mejor de los mundos posibles y lo apuntado aquí no tenga nada que ver con la realidad.

Viaje a la Luna: el ridículo origen de la conspiración

Bill Kaysing escribió y publicó We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna) en 1974. Cinco años después del histórico paso de Neil Armstrong, reveló al mundo que los alunizajes se habían rodado en un estudio cerca de Las Vegas y presentó las pruebas del fraude. El periodista Santiago Camacho dice de él: “Este californiano de pelo cano trabajó como jefe de publicaciones técnicas para la sección de investigación y desarrollo de Rocketdyne, contratista de los motores del proyecto Apollo. Ya entonces empezó a sospechar que el trabajo que se desarrollaba en su empresa poco tenía que ver con la Luna” (El Mundo, 10 de noviembre de 2002). Es cierto. La firma Rocketdyne tenía poco que ver con la Luna en los tiempos de Kaysing, quien empezó en 1957 a trabajar en la compañía que desarrolló los motores del cohete Saturno 5. Era bibliotecario, un buen puesto para un licenciado en Filología Inglesa por la Universidad del Sur de California, y abandonó Rocketdyne en 1963, antes de que la firma se implicara en el proyecto Apollo. Detalles -que no era un técnico y que no participó directamente en la aventura lunar- que no parecen importar ni a Camacho ni a otros partidarios de la conspiración lunar. Pero ¿qué cuenta Kaysing, en cuyo trabajo se basan quienen mantienen que el hombre no ha llegado a la Luna?

Una de las pruebas de la conspiración que presenta Bill Kaysing en su libro.Su libro tiene 87 páginas y la mitad están ocupadas por fotografías de las que sólo una decena viene a cuento: se trata de fotocopias -como todas las imágenes de la obra- de instantáneas de los alunizajes. El resto de las ilustraciones corresponden a fotos de rampas de lanzamiento y encendidos de motores, esquemas de naves espaciales y de la misión lunar, paisajes de Nevada… Mis preferidas son las que demuestran que el cuartel general del engaño estuvo en los alrededores de Las Vegas: vistas de la ciudad, de la piscina de un hotel, del buffet del Hotel Casino Dunes -“Otra razón por la que los astronautas y sus jefes eligieron el área de Las Vegas”, escribe Kaysing-, de una joven exhibiéndose en biquini -“Las recepcionistas y secretarias del centro de control del Proyecto de Simulación Apollo fueron reclutadas en los casinos de Las Vegas, lo que añadió atractivo al lugar”- y de mesas de juego -“Fue otra de las razones por las que los astronautas creyeron que Las Vegas era el lugar ideal para relajarse y recuperarse del viaje a la Luna”-. Kaysing sitúa su conspiración en Las Vegas porque, simple y llanamente, se trata para él de una especie de paraíso inalcanzable. No presenta, por supuesto, ninguna prueba. A la pregunta de por qué se eligió un lugar próximo a la capital del juego para simular los alunizajes, responde con un simple: “Las fotografías cuentan mejor la historia”. Ésa es la realidad de la base secreta de Nevada. Pero ¿por qué cree que el proyecto Apollo fue un gran engaño?

Kaysing tiene pruebas, la mejor de las cuales es que las estrellas no aparecen en las fotos tomadas por los astronautas en la Luna. La razón la sabe cualquiera que haya sacado una foto a alguien de noche al aire libre: el protagonista sale, pero el brillo de las estrellas es demasiado débil como para impresionar la película. Aún así, Kaysing se sorprende una y otra vez: “¿Estrellas? ¿Dónde están las estrellas?”. Podría haber preguntado a un fotógrafo, pero no lo hizo. Con los años, sus seguidores han visto en las fotos lunares muchas anomalías que no son tales. Resulta inconcebible que alguien dé crédito a We never went to the Moon. Quienes, basándose en este libro -el germen de esta conspiración-, pregonan a los cuatro vientos que el proyecto Apollo fue un montaje o son unos ignorantes o unos desaprensivos. Me cuesta creer que alguien pueda tomarse en serio el texto de Kaysing, dado que su acumulación de disparates y tonterías casi deja corto el Planeta encantado con el que nos está bombardeando la Televisión Española (TVE) socialista, después de que la popular hiciera el primer ataque al sentido común con tan letal arma. De hecho, me he acordado de la obra de Kaysing hoy porque TVE ha vuelto a emitir el episodio de la serie de Juan José Benítez en el que el ufólogo intenta convencer al público de que un vídeo creado en un estudio de animación vasco fue en realidad rodado en el Mar de la Tranquilidad, lo contrario que en el complot desvelado por Kaysing.

Una de las pruebas de la conspiración que presenta Bill Kaysing en su libro.La conspiración vende, sea de la naturaleza que sea: el francés Thierry Meyssan defiende que no se estrelló ningún avión contra el Pentágono el 11-S, pero no explica qué pasó con los pasajeros de la aeronave desaparecida; el periodista Bruno Cardeñosa no sólo hace los coros en español a Meyssan, sino que además mantiene que hubo una conspiración en los ataques terroristas del 11-M, que sólo ve él; su amigo Santiago Camacho no tiene muy claro que el hombre pisara la Luna a finales de los años 60; su maestro Juan José Benítez predica en la televisión pública que los astronautas estadounidenses destruyeron ruinas alienígenas en el satélite terrestre; Javier Sierra dice que el transistor es un invento basado en tecnología de otros mundos…

El fundamento de todas esas conspiraciones es, en el mejor de los casos, tan endeble como el de la que Kaysing expone en su libro. La única conspiración que parece real es la de ciertos medios de comunicación y periodistas sin escrúpulos que, para hacer negocio, pretenden hacer creer a la gente que somos víctimas de conjuras un día sí y otro también. Dos meses después de los ataques del 11-M, llegaron a las librerías varias muestras de un periodismo de investigación que no pudo ser muy profundo porque, entre redacción, corrección, impresión y distribución, igual quedó una semana para hacer pesquisas. Con las víctimas de los trenes de Madrid recién enterradas, los conspiranoicos no tuvieron el menor escrúpulo en levantar vuelo y no en aras de la verdad, precisamente.

Kaysing, Bill [1974]: We never went to the Moon. America’s thirty billion dollar swindle. Health Research. Pomeroy 2002. 87 páginas.

Ha muerto el parapsicólogo Robert L. Morris

Conocí a Robert L. Morris en La Coruña en 1997. Compartimos mesa y mantel, conversaciones y debates. Menos de lo que me hubiera gustado porque nos encontramos en el marco del Séptimo Congreso Escéptico Europeo, organizado por Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP), y yo me encargaba de llevar todo lo relacionado con la prensa, lo que me impidió asistir a muchas conferencias e interesantes discusiones. Era un hombre afable, con una visión de lo paranormal alejada de los prodigios circenses que le hacía sentirse muy próximo y a gusto con los escépticos. Esperaba volver a encontrarme con él en Abano Terme (Italia), en el Quinto Congreso Escéptico Mundial, donde el 8 de octubre iba a hablar de “La parapsicología, el escepticismo y el futuro: interacciones productivas e improductivas”. No podrá ser. Murió el 12 de agosto, parece ser que de un ataque al corazón, a los 62 años. Me acabo de enterar gracias a Alejandro Agostinelli, director de Dios!. Además de como persona, lamento su pérdida como lúcido analista de la investigación parapsicológica. Morris era desde 1985 titular de la cátedra Arthur Koestler de Parapsicología de la Universidad de Edimburgo. “Nunca trabajamos con quien usa sus capacidades para ganar dinero porque, de principio, resulta sospechoso”, explicaba en La Coruña hace siete años un psicólogo que no dudaba en desmontar públicamente fraudes como el de Amityville y que siempre vi sonriente. Sus campos de interes eran el comportamiento social animal, la psicología del engaño y de las experiencias anómalas, la formación y el mantenimiento de creencias, y la parapsicología en general, entre otros.