Un alienígena en aguas de Benidorm

Un raya, en aguas de Benidorm. Foto: Ángel Fitor.

Podría pasar por un extraterrestre de una superproducción de Hollywood, pero no lo es. Se trata de una raya capturada en aguas de Benidorm (España) por la cámara de Ángel Fitor. Para conseguir la extraña perspectiva del pez, el fotógrafo alicantino nadó con la espalda rozando el fondo del mar. La imagen ha obtenido la mención especial del jurado en la edición de este año del concurso de fotografía de la vida salvaje organizado por el Museo de Historia Natural de Londres y la revista BBC Wildilfe, en el que han participado 18.500 fotografías.

Nadie participó en el Proyecto Magonia

Nadie participó el 25 de junio en el Proyecto Magonia, una iniciativa organizada por el responsable de esta web en paralelo a la Alerta ovni convocada por Iker Jiménez y la Cadena SER. El concurso pretendía “poner a prueba la fiabilidad como testigos de los aficionados a los platillos volantes y la sagacidad como investigadores de los ufólogos”. Fue convocado sólo veinte días antes de la Alerta Ovni y, quizá por eso, no dio tiempo a que algunos prepararan sus portentosas naves y las soltaran en los cielos. El Proyecto Magonia cumplió, sin embargo, uno de sus objetivos no declarados: hacer que los vendedores de misterios tuvieran esa noche que ser más cautos que en otras ocasiones, que practicar el escepticismo, porque ignoraban si había alguien creando falsos ovnis y se exponían al ridículo.

Quiero agradecer desde aquí a quienes se sumaron a la idea como miembros del jurado: Alejandro C. Agostinelli, periodista y editor de Dios!; Félix Ares, divulgador científico; Julio Arrieta, historiador y periodista; Alejandro J. Borgo, periodista y director de la revista Pensar; José Luis Calvo, historiador y responsable de El Triunfo de Clío; Luis R. González, ufólogo y periodista científico; y Heriberto Janosch, psicólogo y fundador del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP). Y también aviso a todos de que esto no ha hecho nada más que empezar: la próxima vez que en España se celebre una Alerta Ovni de ámbito nacional, volveremos a convocar el Proyecto Magonia e intentaremos que el premio sea más tentador. No tiren sus platillos volantes de juguete, pruebenlos para estar preparados cuando los charlatanes salgan una noche a la caza de naves extraterrestres. Pueden probarlos cualquier día en cualquier sitio y ver qué pasa…

Profesores de la Universidad de Alicante, contra la emisión del programa ‘Milenio 3’

Un grupo de profesores de la Universidad de Alicante ha protestado públicamente por la cesión del paraninfo de dicha institución académica como estudio el pasado viernes de Milenio 3, el programa de Iker Jiménez dedicado a los fenómenos paranormales que emite la Cadena SER. Argumentan los docentes que “la difusión de supersticiones y creencias pseudocientificas que se lleva a cabo desde ese programa poco tiene que ver con ninguna actividad cultural, y que como tal no debería de tener ninguna cabida entre las actividades promovidas por la Universidad de Alicante”. Merecen un aplauso. Ahora sólo falta que alguien reaccione en la Universidad de Castilla La Mancha, siguiente escala del idiotour de Iker Jiménez, como acertadamente ha llamado a esta gira Mauricio-José Schwarz. ¡Que corra la voz!

La carga de la prueba

“Afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias”. La máxima del filósofo escocés David Hume va como anillo al dedo a Buscando misterios (Ediciones El Libro Rojo, 2004). Marisol y José Antonio Roldán exponen en las páginas de este libro una sucesión de hechos extraordinarios en cuyo apoyo no presentan pruebas igualmente extraordinarias. Ése es el meollo de la cuestión para cualquiera que sin prejuicios se interese por los llamados fenómenos paranormales: no hay nada que demuestre que nos visitan extraterrestres, que hay vida después de la vida, que algunas personas son capaces de ver el futuro, que existen casas encantadas… Casi todo eso y mucho más está en este libro, pero más porque sus autores quieren creer en el misterio -es algo que nunca han ocultado y esa sinceridad les honra- que porque el misterio realmente exista ahí fuera.

Marisol y José Antonio Roldán quieren creer. Pero con eso no basta para hacer ciencia y avanzar en el conocimiento del Universo. La existencia de algo hay que demostrarla. La prueba la tiene que presentar quien sostiene que una cosa existe y en Buscando misterios, como en todos los demás libros sobre lo paranormal que se han publicado desde que el mundo es mundo, no hay nada sólido a lo que agarrarse, sólo testimonios, ya sean de terceras personas o de los autores. Y un testimonio únicamente prueba que el protagonista cree haber vivido algo, no que lo haya vivido. Falta la prueba objetiva, ésa que algunos fabricantes de misterios -no buscadores- se inventan un mes sí y otro también en las revistas del ramo cuando, si realmente la tuvieran, pasarían a la Historia, con mayúscula.

Los hechos de los que dan cuenta los hermanos Roldán en este libro pueden tener explicaciones convencionales muy variadas, desde el fraude hasta la errónea percepción de los hechos por parte de los testigos, pasando por la casualidad y el fenómeno natural. La explicación paranormal, por la que reconocen su inclinación los autores, no está demostrada en ninguno de los casos. Además, que no se consiga explicar algo no conlleva que su origen sea extraordinario. Un crimen inexplicado no tiene por qué ser inexplicable y, al igual que no se recurre a vampiros y hombres lobo para solucionar crímenes no resueltos, tampoco hay que echar mano de fenómenos extraordinarios para buscar respuestas a la medida de sucesos que nos parecen misteriosos.

“Concéntrate en las pruebas; ellas nunca mienten”, suele recordar a sus subalternos el forense Virgil Grissom, protagonista de la serie CSI. Quien mantiene que detrás de un suceso extraño hay un episodio de comunicación telepática deberá demostrar primero que la telepatía existe y después que se ha dado en esa ocasión concreta. Lamentablemente, esa hipótesis tiene cimientos muy frágiles. La telepatía es una facultad que nadie ha probado -aunque nos vendría muy bien para eludir los abultados recibos de las compañías telefónicas- y, por tanto, recurrir a ella para explicar otra cosa es levantar un castillo en el aire. Lo mismo sucede si achacamos los ruidos de una casa a fantasmas, unas luces que se vean en el cielo a naves extraterrestres o una sucesión de accidentes a una maldición.

Después de más de un cuarto de siglo estudiando lo paranormal, no he encontrado ninguna prueba de que exista algo que merezca tal calificativo y la he buscado. Soy escéptico. Estoy en las antípodas de los hermanos Roldán, a pesar de lo cual se han arriesgado a pedirme un prólogo sincero a su obra. Marisol y José Antonio son jóvenes y confían en que haya algún tipo de caldero al final del arco iris. “Las personas buscan un milagro con tanta fuerza que consiguen ver lo que quieren ver”, dice el agente Fox Mulder en un episodio de Expediente X. Sin pruebas, hay fe, la misma que tuvieron nuestros antepasados en la existencia de dragones, brujas y hadas. La ciencia es otra cosa.

Publicado originalmente como prólogo a Buscando misterios.

Ética, platillos volantes y Universidad

El equipo de Milenio 3, el programa de Iker Jiménez dedicado a los fenómenos paranormales que emite la Cadena SER, intentó convencer en junio a varios planetarios y museos de ciencia para que participaran en una romería ufológica. Para ello, vendieron a esas instituciones una Alerta ovni como una noche de observación astronómica; pero su engaño se descubrió y sus planes se truncaron. Se les pilló gracias, entre otras cosas, a los lectores de Magonia, quienes nos informaron de las maniobras de los vendedores de misterios, lo que permitió alertar del engaño a las potenciales víctimas. Lamentablemente, a pesar de la contundente denuncia pública de Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, el conjunto de instituciones afectadas se limitó a no colaborar en la Alerta Ovniy mirar hacia otro lado. Dieron la callada por respuesta en vez de denunciar las artimañanas de los charlatanes.

¿Qué hubiera pasado si los centros de divulgación de la ciencia hubieran emitido un comunicado explicando lo que había ocurrido, cómo habían querido darles gato por liebre? Nunca lo sabremos. Pero su mutismo fue, para algunos, decepcionante. ¿Acaso no se supone que han de servir a la comunidad que financia sus actividades y alertarla de posibles engaños? ¿Cómo casa esa actitud con la Declaración de Granadade 1999, en la que los comunicadores científicos españoles concluyeron que hay que plantar cara a la supersitición y la superchería? ¿Por qué, de entre todos los directores de museos científicos y planetarios, sólo Armentia dio la cara? ¿Se guardó silencio para no molestar a la más importante de las cadenas de radio privadas de España? Son muchas las preguntas que le vienen a uno a la mente cuando recuerda esa magnífica oportunidad perdida para denunciar el juego sucio de los periodistas esotéricos y una conclusión clara: necesitamos divulgadores científicos y escépticos libres de compromisos mediáticos que puedan condicionar su quehacer.

Me enteré el sábado, a través de Fernando L. Frías, de que la Universidad de Alicante va a ceder su paraninfo a la Cadena SER para que desde ese lugar emita Milenio 3. “Que la Universidad, el centro del Saber y la Cultura, sirva de sede a un programa de fomento de la ignorancia y la superstición, es un genuino misterio. Un misterio que no tiene explicación”, escribía Frías en un artículo publicado el domingo en el diario Información de Alicante. La ignorancia disfrazada de misterio entrará el viernes por la puerta grande de la Universidad de Alicante, cuyos gestores consideran que lo que hace Jiménez -con sus extraterrestres, su continentes desaparecidos, su fantasmas y sus psicofonías- es un espacio de “ciencia de vanguardia”. Sí, claro, y Gran Hermano es un experimento sociológico.

Como ya ha apuntado Armentia, seguramente los responsables del centro académico se han sentido deslumbrados por el brillo de un importante medio de comunicación y no se han parado a pensar en quién van a meter en su casa. No sólo se trata de vendedores de misterios prefabricados, sino también de personajes con un más que cuestionable concepto de la ética periodística. ¿Se imaginan que Mario Conde volviera a intervenir en foros académicos como banquero ejemplar? Pues ésa es la imagen que me ha venido a la mente al recordar cómo el equipo de Milenio 3 trató de engañar a centros de divulgación científica para conseguir un marchamo de respetabilidad para su Alerta Ovni y ver que ahora van a la Universidad como ejemplo de profesionales del periodismo.