El Gobierno español recurre a ‘Gran Hermano’ para pedir el ‘sí’ a la Constitución europea

El Gobierno español utilizará el concurso de televisión Gran Hermano para pedir el en el referéndum sobre la Constitución europea que se celebrará el 20 de febrero de 2005. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega -abanderada de la supresión de la telebasura en el horario infantil-, ha dado ya el visto bueno a la iniciativa, dijo ayer Mercedes Milá en el acto de apertura del Máster de Periodismo de El Correo y la Universidad del País Vasco (UPV). La periodista catalana, que ha presentado varias ediciones del concurso de Tele 5, aseguró que la idea partió de la oficina de Fernández de la Vega, que está impresionada por que 11.000 personas hayan dejado de fumar a raíz de la campaña contra el tabaco llevada a cabo en Gran Hermano, y que se va a poner en marcha inmediatamente. “Vale la pena usar un programa de televisión para dar mensajes así”, indicó ayer Milá, orgullosa de la “labor social” del espacio producido por Zeppelin Televisión.

Ludger Mees, vicerrector de Euskera de la UPV, destacó al final del acto académico la necesidad que tiene “una sociedad civil democrática de buenos periodistas capaces de informar y de contribuir a la opinión crítica pública”. Una verdad como un templo, a la que parecen ajenos en La Moncloa. ¿Cómo se puede fomentar una opinión fundada y crítica sobre un asunto de interés nacional a través de un programa protagonizado por descerebrados? ¿Piensa Fernández de la Vega que hay una telebasura buena y otra mala, según a qué intereses sirva y el público al que vaya dirigida? ¿El fin justifica los medios? ¿Se presentará en 2008 José Luis Rodríguez Zapatero a la reelección a través de Gran Hermano? ¿Nos va a costar algo a los españoles la ocurrencia de la vicepresidenta primera? ¿Por qué el Gobierno no emprende una auténtica campaña informativa sobre la Constitución europea y se deja de manipulaciones televisivas?

Los cascotes de la Biblia

Las murallas de Jericó no se desplomaron a los sones de trompetas y Juan Bautista no vivió en la cueva de Israel que se ha presentado como el sitio en el que inició a muchos seguidores. Lo primero no ocurrió y lo segundo, de pasar, no hay pruebas de que sucediera en la gruta que se ha dicho. Historiadores como Israel Finkelstein y Neil A. Silberman, autores de La Biblia desenterrada (2001), achacan el derrumbamiento de las defensas de Jericó a la propaganda política del siglo VII antes de Cristo (aC), cuando el reino de Judá reescribió el pasado para legitimar sus afanes expansionistas. Y no hay que ser un experto para intuir que ha sido una conjunción del ansia de titulares de unos arqueólogos y la sequía de noticias agosteña la que ha dado en 2004 un hogar al profeta.

“Juan Bautista, que era apenas una figura de los Evangelios, cobra vida nuevamente”, decía el 21 de agosto Simon Gibson, director de la excavación de la cueva de Ein Kerem, situada a las afueras de Jerusalén. El arqueólogo británico y su equipo han dedicado tres años al vaciado de la cavidad, rellena casi totalmente de tierra y rocas. Han recuperado 250.000 fragmentos de cerámica y descubierto en las paredes grabados de época bizantina -del siglo IV o V- que, en su opinión, contarían la historia de Juan Bautista. Al fondo de la gruta, hay una piscina en la cual Gibson cree que el profeta del Nuevo Testamento bautizó a algunos seguidores.

Reliquias en Tierra Santa

El patriarca de Jerusalén, Diodorus I, bendiciendo en 1997 una piedra en la que se dice que se sentó la Virgen camino de Belén.La idea de que en esa cueva celebró el Bautista ritos iniciáticos tiene, para los expertos consultados por este periódico, tanta solidez como la de que Jesús de Nazaret navegó en una barca cuyos restos se descubrieron en el mar de Galilea en 1986. No hay prueba alguna que ligue la gruta de Jerusalén a las actividades bíblicas del Bautista como tampoco la hay de que en la embarcación de Galilea montara el fundador del cristianismo o de que en una piedra, desenterrada en 1997, se sentara a descansar la Virgen María cuando iba a Belén a dar a luz, a pesar de lo cual la roca fue bendecida hace siete años por el patriarca de Jerusalén, Diodorus I. “La información que se ha publicado dice, hacia el final, que la cueva se usaba en el periodo bizantino y que la imagen fue supuestamente grabada por un monje. ¡Esto significa que la figura se hizo unos 500 años después de los días de Juan Bautista! Puede ser o no una imagen de ese personaje, pero, en cualquier caso, no estamos ante restos ligados a él, como han sostenido los engañosos titulares de prensa”, ha indicado Ze’ev Herzog, arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv, al autor de estas líneas.

El historiador Neil A. Silberman destaca que “en Tierra Santa existe una auténtica industria de las reliquias -tanto muebles como inmuebles- que recuerda más al culto medieval de reliquias que a la arqueología. Cada vez que oigo hablar de descubrimientos espectaculares vinculados a personajes bíblicos, se me dispara la tensión”. “Estamos ante otro ejemplo de cómo la arqueología bíblica tergiversa las pruebas”, sentencia Herzog. No hay que descartar, además, que la vinculación de la gruta israelí con el predicador pariente de Jesús tenga que ver con que Gibson ha escrito un libro sobre la cueva del Bautista que está a punto de salir a la venta.

El penúltimo hallazgo de este tipo fue el de una urna presentada en la prestigiosa Biblical Archaeology Review en noviembre de 2002 como el osario de Santiago el Menor, hermano de Jesús de Nazaret. La inscripción de la caja -“Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús”- sería la primera prueba arqueológica de la existencia de Jesús. La pieza apareció en manos de un anticuario que decía haberla encontrado en una cueva en las inmediaciones de Jerusalén y que meses después fue detenido por tráfico ilegal de piezas arqueológicas. La Dirección de Antigüedades de Israel concluyó en junio de 2003 que la inscripción de la urna es moderna.

Al margen de los Evangelios, la única mención a Jesús es la del historiador Flavio Josefo (37-94) en su obra Antigüedades judías. Dice que el sanedrín juzgó “a Santiago, hermano de Jesús, quien era llamado Cristo, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados”. Hay filólogos que consideran el pasaje una inserción posterior de un autor cristiano. “Históricamente hablando, no hay suficientes pruebas de la existencia de Jesús. No digo que no existiera. El Jesús bíblico es un personaje marginal, hijo de un carpintero, en una zona marginal del Imperio romano y las evidencias históricas se centran normalmente en los grandes hombres, en los poderosos”, explica Josep A. Borrell, director de la revista de divulgación histórica Clío.

Hablan las piedras

El juicio de Salomón. Autor: Gustave Doré.La arqueología y la Biblia no casan bien. Las excavaciones de las últimas décadas han minado los cimientos históricos del Antiguo Testamento, los 39 libros que constituyen la base del cristianismo y del judaísmo, y que además son, para muchos israelíes, una crónica de los orígenes del pueblo hebreo y justificación de sus aspiraciones territoriales. Arqueólogos como Israel Finkelstein y Ze’ev Herzog, ambos de la Universidad de Tel Aviv, son tildados por los más fundamentalistas de enemigos de Israel porque mantienen que los Patriarcas -Abraham, Isaac y Jacob- son personajes de leyenda, que no hubo un periodo de esclavitud en Egipto ni un éxodo, que los israelitas no conquistaron Canaán por las armas, que no existió una monarquía unificada -que abarcara todo Israel- en tiempos de David (1005-970 aC) y Salomón (970-931 aC), que el culto a Yahvé como único dios se impuso muy tardíamente…

“La mayoría de las personas que formaron el primitivo Israel eran gentes del lugar -las mismas a las que vemos en las tierras altas a lo largo de las edades del Bronce y del Hierro-. En origen, los primeros israelitas fueron también -ironía de ironías- ¡cananeos!”, explican en su libro Finkelstein y Silberman. Hasta hace unos años, los hallazgos arqueológicos se acomodaban a los hechos bíblicos: si se desenterraban restos de grandes construcciones, se atribuían a Salomón. Ahora, hablan las piedras y los documentos. Los archivos egipcios y mesopotámicos han servido para establecer una cronología, pero no incluyen ni palabra del supuesto esplendor de las cortes de David y Salomón, ni de ninguno de los episodios más famosos de la Biblia. Las piedras han demostrado, por ejemplo, que el Jerusalén de David y Salomón no fue la gran capital bíblica, sino un pequeño pueblo.

El hallazgo de la cueva del Bautista ha sido una serpiente más en un verano en el que se han encontrado la Atlántida en Cádiz y una nave extraterrestre en Siberia, ha partido la enésima expedición en busca del Arca de Noé y se ha detectado la primera señal de radio de una civilización alienígena. “En verano no hay noticias y hay que llenar las páginas de los diarios”, argumenta Borrell. Silberman lamenta “el entusiasmo de los medios de comunicación, los editores y algunos arqueólogos por aunar esfuerzos para promocionar lo que sólo puede calificarse de arqueología bíblica sensacionalista”.


Dos reinos para un único pueblo elegido

“Hacia el final siglo VII aC, durante unas pocas décadas extraordinarias de ebullición espiritual y agitación política, un grupo inverosímil de funcionarios de la corte, escribas y sacerdotes, campesinos y profetas judaítas se unió para crear un movimiento nuevo cuyo núcleo fueron unos escritos sagrados dotados de un genio literario y espiritual sin parangón, un relato épico entretejido a partir de un conjunto asombrosamente rico de escritos históricos, memorias, leyendas, cuentos populares, anécdotas, propaganda monárquica, profecía y poesía antigua”, dicen los autores de La Biblia desenterrada.

Ocurrió en tiempos de Josías (639-609 aC), rey del sureño Judá, cuya capital era Jerusalén. Durante la mayor parte de su historia, Judá había vivido a la sombra del reino del norte, el más rico y poblado Israel. Eso cambió cuando los asirios conquistaron Israel en el siglo VIII aC y Judá recibió gran cantidad de refugiados. Cien años después, los asirios se retiraron del norte y los judaítas vieron el camino libre para su expansión. Para justificar sus pretensiones -unir a los israelitas en un reino gobernado desde Jerusalén-, crearon un pasado común glorioso para todos los hebreos, hicieron de su antiguo rival -Israel- el reino del pecado, borraron de la memoria a otros dioses que habían adorado y convirtieron a Yahvé en el único.


Un pasado de leyenda

El Diluvio. Dios castiga al hombre con un diluvio; pero de la catástrofe se libra un hombre santo, Noé. “Entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo ser viviente meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra” (Génesis 6, 18-19). Después de cuarenta días y cuarenta noches de lluvia, el arca encalla y los refugiados repueblan el planeta. No hay barco en el que quepan dos miembros de cada especie, ni agua en la Tierra para inundarla hasta la cima de la montaña más alta, ni restos de una catástrofe así. El relato bíblico es una adaptación de otros mesopotámicos anteriores.

Los Patriarcas. La Biblia es la historia de los descendientes de Abraham, con quien Yahvé suscribe un pacto: “Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré” (Génesis 12, 1-2). No hay pruebas arqueológicas de la existencia de Abraham, Isaac y Jacob hacia 2100 aC. La ambientación apunta a los siglos VIII y VII aC, después de David y Salomón, sucesores de Abraham. “La gran genialidad de los creadores de esta epopeya nacional en el siglo VII consistió en entretejer los relatos antiguos sin despojarlos de su humanidad o su peculiaridad individual. Abraham, Isaac y Jacob siguen siendo al mismo tiempo retratos espirituales vívidos y antepasados metafóricos del pueblo de Israel”, concluyen Finkelstein y Silberman en La Biblia desenterrada.

Esclavitud y éxodo. “Preséntate al faraón por la mañana, cuando vaya hacia el Río… Y le dirás: ‘Yahvé, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte: ‘Deja partir de mi pueblo, para que me den culto en el desierto’; pero hasta ahora no has hecho caso'” (Éxodo 7, 15-16). Moisés se enfrenta al faraón, libera a su pueblo, recibe las Tablas de la Ley y los hijos de Israel vagan durante cuarenta años por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. Ningún texto egipcio, de los muchos que hay, menciona nada de esto. La acción se sitúa en tiempos de Ramsés II (1304-1237 aC). Sin embargo, “los detalles más evocadores y geográficamente más coherentes del relato del éxodo proceden del siglo VII aC”, destacan Finkelstein y Silberman. Huir del ejército del faraón hubiera sido imposible para un grupo de desheredados que, de conseguirlo, se habría enfrentado después a las guarniciones egipcias del Sinaí y Canaán. Por si eso fuera poco, los israelitas no dejaron rastro de su larga estancia en el desierto.

La caída de las murallas de Jericó. Autor: Gustave Doré.La conquista de Canaán. El pueblo de Israel, dirigido por Josué, conquista Canaán, donde hay “ciudades grandes, con murallas que llegan hasta el cielo” (Deuteronomio 9, 1). “La famosa escena de las fuerzas israelitas marchando con el Arca de la Alianza en torno a la ciudad amurallada y provocando el derrumbamiento de los poderosos muros de Jericó al son de las trompetas de guerra era, por decirlo sencillamente, un espejismo romántico”, indican Finkelstein y Silberman, tras explicar que el Jericó del siglo XIII “era pequeño y pobre, casi insignificante, y, además, no había sido fortificado”. Muchos enclaves que se citan en el texto no estaban habitados en aquella época. La conquista de Canaán no sucedió en el mundo real.

David y Salomón. Hubo una época en la que Israel, bajo David y Salomón, se extendió desde el río Eúfrates hasta Gaza, según la Biblia. Durante el siglo X aC, Jerusalén llegó a ser una gran ciudad en la que Salomón construyó un palacio y un templo donde adorar a Yahvé. Esa monarquía gloriosa no encaja con lo descubierto por los arqueólogos. “Está claro que el Jerusalén de la época de David y Salomón fue una ciudad pequeña, quizá con una ciudadela para el rey, pero en ningún caso la capital de un imperio como dice la Biblia”, asegura Ze’ev Herzog. “Desde un punto de vista político, David y Salomón fueron poco más que caudillos tribales de la serranía cuyo alcance administrativo no superó un ámbito bastante local, limitado al territorio montañés”, coinciden Finkelstein y Silberman.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

‘Más Allá’ distribuyó un CD con psicofonías pirateadas de Internet

Así admite en su último número la revista 'Más Allá' el haber violado los derechos de propiedad intelectual al regalar un CD con psicofonías pirateadas de Internet.Una tímida Aclaración, en la sección de cartas de los lectores de Más Allá, llamó mi atención la semana pasada mientras hojeaba el número 189 (noviembre de 2004) de la revista dirigida por Javier Sierra. Dice: “En junio de 2001, la revista Más Allá entregó un CD titulado Sonidos del más allá en el que se recogieron varias psicofonías obtenidas por Luis de la Fuente, y que en aquel entonces se divulgaron sin que el autor de las mismas diera permiso expreso para su publicación. Aun pese al tiempo transcurrido, deseamos dejar constancia de la disconformidad del autor de ese material con su divulgación a través de un soporte como aquel CD, ya que para él se trata de material en vías de investigación y no deseó nunca que se comercializara con él. Esta revista le expresa sus disculpas”. Bonito, ¿verdad? Qué bien queda decir que “se divulgaron sin que el autor de las mismas diera permiso expreso para su publicación”. No parece lo mismo que afirmar que se distribuyeron masivamente una grabaciones sin permiso de su propietario. Así, a secas, como en una especie de top manta paranormal.

Me acordé de la historia al leer un comentario sobre el último episodio del culebrón de las caras de Bélmez en Bajo el volcán, la bitácora escéptica de Gerardo García-Trío, y seguir el enlace de rigor hasta la web donde De la Fuente denunciaba cómo Más Allá se apropió de algunas de sus grabaciones, las copió, las reprodujo y se las regaló a sus lectores como gancho promocional. La víctima del pirateo indicaba, además, que en el disco “se dan informaciones incorrectas en cuanto a dos de las grabaciones obtenidas, muy probablemente, con el único fin de hacer más impactante”, y que, a pesar de que escribió a Sierra el 21 de junio de 2001, no recibió respuesta del periodista hasta el pasado 2 de octubre. Y la respuesta se las trae. Después de admitir el “grave error” de haber reproducido las psicofonías sin permiso, Sierra argumentaba como atenuante que “aquel CD no se vendió ni reportó dinero alguno (de hecho ese punto constaba bien visible en el CD). Se trataba de un obsequio promocional de la revista y, en cierto modo, de un homenaje a las labores radiofónicas de Miguel Blanco, presentador del CD”.

'Más Allá' se reservaba en el CD todos los derechos de la grabación hecha con material pirateado.Sí, han leído bien. El director de Más Allá intenta justificarse con la excusa de que el CD “no se vendió”. ¿Seguro? ¿No había que comprar la revista para conseguir el disco? ¿Con qué derecho se apropió Más Allá de un material y le impuso la siguiente leyenda: “Prohibida su reproducción total o parcial, así como su radiodifusión sin permiso expreso del titular del copyright. © Más Allá de la Ciencia, 2001”? ¿Si se hubieran regalado las grabaciones sin más, la violación de los derechos de autor no habría sido tal? ¿Admitiría Sierra que mañana se colgaran de una web sus libros enteritos para que quien quiera se los pudiera descargar gratis total o que alguien los regalara para promocionar un producto sin que el se llevara ni un céntimo de euro? ¿Vería con buenos ojos la editorial de Mas Allá que alguien distribuyera la revista gratis por Internet?

Esperaba otro tipo de respuesta de este divulgador de lo paranormal. Lo que sucede con quienes se apropian del trabajo intelectual ajeno es que, cuando les pillan, ni siquiera tienen la mínima dignidad. Hace cuatro años, cuando se descubrió que su novela Sabor a hiel incluía páginas enteras de dos obras de Danielle Steel y Ángeles Mastretta, la periodista Ana Rosa Quintana dijo al principio que todo se había debido a un error informático por el que los párrafos en cuestión habían aparecido mágicamente en mitad de su novela y acabó culpando de los hechos a un colaborador que le había ayudado a escribirla. ¡Pobrecilla, había tenido que recurrir a un negro!

Juan José Benítez elevó el listón de la desfachatez hasta la estratosfera en 1987, después de publicarse en España las pruebas que demostraban que en su saga Caballo de Troya había fusilado páginas enteras del Libro de Urantia, supuestamente revelado por seres extraterrestres y publicado por primera vez en 1955 por la Fundación Urantia. Fernando Lara, entonces consejero delegado de Editorial Planeta, admitió en Interviu que el novelista navarro se había ‘inspirado’ en la obra estadounidense. “Sabíamos que estaba copiando, pero no si lo estaba haciendo con tres párrafos o con ocho páginas seguidas. Es que debe aclararse que Urantia no ha sido un bestseller en Estados Unidos, sino que ha tenido una circulación restringida, y es un libro comercialmente infumable”, decía. “La naturaleza de tales textos -argumentaba, por su parte, Benítez-, de origen extra-humano, me autoriza a beber o inspirarme en ellos, de la misma forma que podría hacerlo (y otros muchos lo han hecho) con cualquier libro sagrado o de inspiración divina. Legal y moralmente, el asunto del copyright es, cuando menos, discutible”.

Sierra podía haber respondido a De la Fuente algo parecido: “Mire, en todo caso quien tendría que reclamar los derechos de autor son los dueños de las voces que se escuchan en sus grabaciones”. Más que nada por seguir la estela de su maestro. Sin embargo, ha optado por admitir la metedura de pata. Eso sí, tres años después y haciendo todo lo posible para que pase desapercibida. Además, con esa condescendencia que tienden a mostrar algunos cuando les acorralan, dice: “Particularmente, considero la transcomunicación instrumental como uno de los campos más serios de investigación en el campo de lo paranormal, y quienes trabajan en él merecen mis mayores respetos”. La transcomunicación instrumental es el nombre con el que desde hace unos años se intenta disfrazar el disparate de las psicofonías y las psicoimágenes, de las voces y las imágenes atribuidas al Más Allá y grabadas en cintas magnetofónicas y de vídeo. Y una de las autoridades en este campo es Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) y personaje al que dentro del mundo paranormal se achaca la creación de las últimas caras de Bélmez.

El domingo pasado, escribí a De la Fuente para informarle de cómo Más Allá había reconocido por fin el pirateo y pedirle que me ampliara la historia. Dos días después, la denuncia de la actitud de Sierra desapareció de la web de la víctima y, en su lugar, hay ahora una nota de agradecimiento al periodista esotérico. Magonia cuenta, sin embargo, en su archivo con una copia del escrito original que estuvo colgado de la web hasta hace unos días, incluidos los mensajes de correo electrónico que se cruzaron Sierra y De la Fuente, y éste publicó en Internet. Más que nada, por si ahora alguien intenta maquillar la historia.

Carl Sagan, un escéptico militante

“Muere creador de serie científica Cosmos“. El 20 de diciembre de 1996, esas seis palabras aparecieron en la pantalla de mi ordenador como encabezamiento de un breve despacho de agencia, un texto de once líneas en el que se destacaba la faceta divulgadora de Carl Sagan. Mi primera reacción fue de resistencia a creer la noticia. Pero, como siempre, la realidad se acabó imponiendo: sucesivas notas de agencia confirmaron, a lo largo de aquella tarde, el fallecimiento del autor de Cosmos. Como muchos, aunque no tuve el placer de conocer personalmente a Sagan, le echo en falta desde entonces.

Han pasado ocho años desde que el cáncer acabó con la vida del científico que más ha hecho por acercar la ciencia al hombre de la calle, y su legado sigue tan vigente como cuando TVE emitió Cosmos por primera vez. Entonces adolescente, seguí la serie de principio a fin, la volví a ver cada vez que la repusieron y acabé comprándomela en vídeo. En los últimos veinte años, se han rodado numerosas series de divulgación científica, pero, si la memoria colectiva tiene una grabada a fuego, es la del sonriente astrofísico que montaba en bicicleta, caminaba por el interior de la biblioteca de Alejandría, recorría el Universo en una cuasi-todopoderosa nave espacial, y hablaba de lo divino y lo humano.

Cosmos fue un éxito de público en todos los países en los que se emitió, gracias a la capacidad de Sagan de transmitir su pasión por la ciencia, por el conocimiento, de una forma comprensible y atractiva. Lo hacía todo tan fácil que conseguía que hasta los que éramos de letras puras y duras nos sintiéramos partícipes de la aventura de la ciencia, y quisiéramos saber más. Todavía me acuerdo de cómo una profesora de Geografía de la Universidad de Deusto destacaba en las aulas el carácter pedagógico de Cosmos y nos la recomendaba ver. Si ella hubiera practicado con el ejemplo que nos ofrecía, sus clases no hubieran resultado tediosas e incomprensibles.

Pero Sagan fue mucho más que Cosmos, que, si algo provocó, fue que los libros del astrofísico se tradujesen al español con inusitada rapidez y que -supongo que gracias en parte al tirón de su imagen televisiva- se vendiesen como rosquillas, hasta el punto de que el basado en la serie llegó a aparecer en fascículos. Muchos de los que seguimos atónitos los trece episodios de la serie, acabamos leyendo otras obras del autor, desde la primera hasta su testamento vital, Miles de millones, en el que asoma el Sagan más comprometido. Porque Sagan divulgaba ciencia, pero también tomaba partido en cuestiones sociales que iban desde la superpoblación hasta la lucha contra fundamentalismos de todo tipo.

Contagió a mucha gente su entusiasmo por la búsqueda de inteligencia extraterrestre y por la exploración espacial, o su temor a que los demonios nucleares se liberaran, pero también hizo algo a lo que que no se ha dado la suficiente importancia: fue un firme opositor de quienes, en El cerebro de Broca, bautizó como fabricantes de paradojas. Sagan ya había mantenido duros enfrentamientos con los paladines de la anticiencia cuando, hace veintiocho años, se sumó a las filas de lo que era un tímido movimiento: el escepticismo organizado ante el progresivo avance de la pseudociencia. Junto a Isaac Asimov y Martin Gardner, entre otros, fue uno de los fundadores del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), organización a la que apoyó siempre que se le necesitaba, según me confesó Paul Kurtz, el presidente del CSICOP, hace unos años.

Si se hicieron en vida dos críticas a Sagan, éstas fueron que simplificaba la ciencia en demasía y que todo lo que flotaba alrededor de él era negocio. Respecto a lo primero, ahora que tras su muerte todo el mundo alaba su trabajo en Cosmos, no está de más recordar que, en su época, algunos censuraron su manera de divulgar, que consideraban simplista en exceso. Sagan, por fortuna, nunca hizo caso a sus críticos y siguió acercando la ciencia a la población en general, consciente de que sólo una ciudadanía informada podía apoyar la investigación científica y orgulloso de su papel de intermediario.

Si simplificar algo para que la gente lo entienda no es malo, tampoco lo es ganar dinero con la divulgación. Sagan lo ganó y controlaba la publicación de sus artículos en otros países hasta el extremo de exigir ver antes las maquetas. Pero hacía excepciones. Así, por ejemplo, su militancia escéptica se anteponía al negocio no sólo cuando se trataba de apoyar el trabajo del CSICOP, sino también cuando se le pedía ayuda desde fuera de Estados Unidos. A mediados de los años 80, tuve oportunidad de comprobarlo. Pedí, sin mucha fe, el permiso para publicar, en la revista de los escépticos españoles, el artículo de Sagan que aparece en este número de Astronomía Digital. La respuesta del divulgador no se hizo esperar: nos autorizó, a cambio de recibir una copia de la revista para su archivo. Ése fue el Sagan que, además del de la televisión y los libros, conocí indirectamente, un hombre comprometido con sus principios que podía pedir el dinero que quisiera por sus trabajos, pero que, llegado el momento, no dudaba en respaldar iniciativas de las que no iba a sacar nada.

Carl Sagan hubiera cumplido hoy 70 años.

Publicado originalmente en Astronomía Digital.

La Fundación Anomalía galardona a ‘Magonia’ con el premio Cuadernos de Ufología

El patronato de la Fundación Anomalía decidió el pasado fin de semana, “por unanimidad, conceder a Magonia el premio Cuadernos de Ufología en su edición de 2004, en reconocimiento tanto a su calidad intrínseca como también en representación de todos los weblogs de corte escéptico que últimamente han proliferado”, me acaba de comunicar Matías Morey, presidente de la entidad. Me enteré de la noticia extraoficialmente el miércoles, en Perspectivas, el sitio escéptico que abrieron el 10 de octubre Luis Ruiz Noguez (México), Diego Zúñiga (Chile) y Kentaro Mori (Brasil). Y la sorpresa fue mayúscula, dado que no había presentado candidatura al galardón ni tenía constancia de que alguien lo hubiera hecho por mí.

El premio Cuadernos de Ufología recompensa, según sus bases, “la trayectoria de una personalidad o entidad que, a nivel español o internacional, haya destacado en la difusión del estudio de los fenómenos aéreos anómalos desde una perspectiva racional y basada en la metodología científica, o bien en el análisis de cualquiera de sus múltiples aspectos”. Hace dos meses, escribía en un texto que todavía no se ha publicado que la Fundación Anomalía “es en la actualidad la más sería de las organizaciones ufológicas del mundo y el colectivo más activo en España a la hora de examinar con lupa las afirmaciones de los expertos en ovnis”. Por ello, por el afecto que tengo a los miembros de esa organización y porque han soportado mis críticas -a veces, puede que demasiado duras-, aprovecho la oportunidad para manifestarles públicamente mi agradecimiento y animarles a seguir en la brecha. El diploma del premio Cuadernos de Ufología, que espero poder recoger en mano, tiene ya un sitio reservado en mi despacho y un rincón en esta web.

La Fundación Anomalía ha concedido el premio internacional Zurich de este año -dotado con 1.500 euros- al estudio Ovnis: la agenda secreta, de Milton Hourcade.