El ‘Planeta encantado’ de Benítez vuelve a TVE

La Televisión Española (TVE) del PP la estrenó y la del PSOE la repone. Planeta encantado, la serie dirigida por el ufólogo Juan José Benítez, ha regresado de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del Gobierno que prometió dar un golpe de timón en el rumbo de la televisión pública. La anterior época de los socialistas en el poder encumbró a adivinos como Rappel, que llegó a tener programa propio. Ahora, son Benítez y su discípulo Iker Jiménez -éste los viernes por la mañana en La Primera- quienes emboban al personal con sus enigmas inexistentes.

Un dossier especial desmenuza en esta página todos los episodios de Planeta encantado, que incluyen momentos gloriosos como cuando Benítez sienta a Jesús en el Coliseo romano antes de que el edificio existiera, vende una película de animación como si fuera una cinta grabada por los astronautas en la Luna, atribuye a seres de Orión la edificación de las pirámides de Egipto, asegura que hay pruebas de la convivencia de seres humanos y dinosaurios, dice que un poder mágico facilitó el transporte de los moais de la isla de Pascua y afirma que el Arca de la Alianza era un arma de destrucción masiva. ¿Qué piensa de esta bazofia de 8 millones de euros el comité de sabios al que iba a recurrir Rodríguez Zapatero para regenerar TVE?

‘Alerta 2004’: un ovni, dos ovnis, tres ovnis…

“Desde el inicio de los tiempos, el hombre ha observado el cielo con fascinación y temor. Nuestros antepasados de las cavernas alzaron su mirada al Cosmos para comprender que allí, perdidos en el infinito, se concentraban todos los enigmas, todas las respuestas a los interrogantes que planteaba la realidad. Miles de años después, inmersos ya en el tercer milenio, la tecnología y el avance de la vida moderna nos han ido apartando poco a poco de cielo. A pesar de todo, hemos comenzado tímidamente a explorarlo, quizá con la secreta intención de saber si más allá de las estrellas hay o hubo alguna vez otros hombres, otras civilizaciones, otros mundos habitados. ¿Tendremos cercana la respuesta? Esta noche, una noche cualquiera, cientos de miles de amigos están volviendo a alzar los ojos hacia las alturas. Cada uno con su equipaje vital, con sus sueños y esperanzas, con sus deseos de presenciar lo prodigioso o simplemente recrearse con el espectáculo de la naturales, lo han dejado todo para mirarse en el espejo del Universo. Esta noche, una noche cualquiera, retumbará en nuestro interior el eco de las eternas preguntas, esas mismas que angustiaban al hombre primitivo. Ésas que, pese a quien pese, siguen sin resolver. Estimados amigos, sed bienvenidos. Aquí comienza la Alerta 2004″. Y empezó a sonar la sintonía de la Cadena SER, mezclada con las cinco notas del mensaje extraterrestre de Encuentros en la tercera fase. Pasaban tres minutos de las 1.30 horas del 26 de junio y comenzaba uno de los espectáculos más infantiles de la historia de la ufología española, la Alerta ovni convocada por Milenio 3, el programa de Iker Jiménez en la SER.

La primera mentecatez de la madrugada se escuchó en esa introducción leída por el actor Primitivo Rojas, la voz de El precio justo. Nadie sabe lo que pensaba el hombre de las cavernas cuando miraba al cielo, ni si lo miraba poco o mucho. Pero sí sabemos que hoy en día miles de científicos se dedican profesionalmente al estudio del cielo, existen grandes complejos de telescopios y hay observatorios en órbita que nos han permitido viajar en el tiempo hasta poco después del Big Bang, la gran explosión con la que empezó todo. Por eso, afirmar que “la tecnología y el avance de la vida moderna nos han ido apartando poco a poco de cielo” es una estupidez. ¿Quién es el ignorante que incluyó en el guión de Primitivo Rojas una memez de ese calibre? ¿Ha despedido Iker Jiménez al autor de ese disparate? Si no ha sido así, ¿dónde está su rigor? Quizá con “satélites como el Iridium“, que el ufólogo y su compañera Carmen Porter advirtieron de que había que tener en cuenta a la hora de no tomar por ovni lo que no lo es, cuando lo cierto es que hay 66 satélites del sistema de telefonía Iridium, y no uno. Ésta es una de las muestras de incultura en las que incurrieron los fabricantes de misterios en una noche radiofónica plagada de ovnis y extraterrestres, en la que no se habló nada de astronomía y casi nada de astrobiología. Eso sí, hubo cientos de mecheros encendidos al unísono a petición de la estrella del misterio en el Auditorio Juan Carlos I de Madrid, decenas de mensajes ñoños enviados por los oyentes de Milenio 3 a través de la radio a seres de otros mundos, gritos histéricos cada vez que alguien decía ver una luz en el cielo… y platillos volantes.

También hubo apariciones fugaces de científicos, con declaraciones pregrabadas que Jiménez y su equipo utilizaron para que dieran la impresión de que les apoyaban en sus disparates ufológicos, aunque en ningún caso se atrevieron a preguntar a los representantes de la ciencia oficial qué piensan del fenómeno ovni. O, si lo hicieron, simplemente no emitieron esa parte de la intervención.Sólo acudieron dos científicos y un astronauta a la cita con los alienígenas, a pesar de los intentos del equipo del programa de embaucar a representantes de planetarios y museos de la ciencia españoles. Fueron el astronauta Michael López Alegría; José Docobo, director del Observatorio Astronómico Ramón María Aller, de Santiago de Compostela; y Sixto González, director del Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico. El técnico de la NASA envió un saludo a los extraterrestres que pudieran escuchar el programa, a los cuales anunció que en unos años el hombre volverá a la Luna. De Docobo, los responsables de Milenio 3 rescataron una breve intervención en la que, semanas antes, había pedido colaboración del público para aclarar qué fue la luz que el 2 de junio se vio en los cielos de España y Portugal. Y Sixto González animó al público a mirar al cielo, en el que “hay muchas cosas lindas”, y dijo que cree que existen otras civilizaciones extraterrestres. Aunque ninguno de ellos habló de ovnis, los ufólogos vendieron las intervenciones como una muestra del apoyo de la ciencia a su quehacer. “Deberían tomar nota muchos recalcitrantes científicos que hay por ahí”, dejó caer el director del programa tras las declaraciones del astrónomo estadounidense.

Jiménez estuvo acompañado en los micrófonos de la SER por Javier Sierra y Enrique de Vicente, directores de las revistas Más Allá y Año Cero, respectivamente. Faltó Juan José Benítez, pero el trío no defraudó y ofreció algunos momentos ufológicos ridículos, casi al nivel del consultorio que el extraterrestre Geenom -la Elena Francis de las galaxias- tuvo hace unos años en la revista que ahora pilota -entonces era subdirector- Sierra. Así, cuando se informó desde varios puntos de España de la visión de tres luces en el cielo, De Vicente sacó a pasear a los marcianos: “Estamos descartando permanentemente que, sean terrestres o no terrestres, sean unos objetos tecnológicos que se están manifestando en diversos lugares. Estamos descartando que, quien quiera que sea, quiere responder a la llamada porque le apetece, porque le conviene o porque quiere crear una conciencia. ¿Por qué digo esto? Porque está habiendo desde el 11 de enero una oleada ovni en España después de mucho tiempo de ausencia total”. El director del programa jugó a decir sin decir, eludiendo hablar abiertamente de platillos volantes, pero echando mano de toda la casuística ovni a su alcance, de un cuadro de corresponsales formado por ufólogos y hasta echadores de cartas destinados en puntos calientes de apariciones de ovnis, de los típicos testigos de élite, de pinturas rupestres y medievales y hasta de los círculos de los cultivos, a los que se refirió -en otra muestra de su basta cultura- como “señales en los campos de trigo de Inglaterra”. ¿Con tantos kilómetros recorridos tras el misterio como es posible que Jiménez ignore que en trigo sólo aparecieron dibujos en Señales (2002), la película de M. Night Shyamalan? A esta metedura de pata, se sumó una tontería típica de De Vicente, para quien, si los círculos de los sembrados son obra de bromistas, se trata de iniciados, ya que los pictogramas muestran “una simbología hermética”.

“Yo, si fuera un extraterrestre, que no lo soy; si fuera un extraterrestre, si es que existen; ahora mismo en Madrid, desde las alturas, vería que hay un montón de gente amiga, con luces, haciendo casi, casi, señales de buen sentimiento, que es lo que nos caracteriza a los amigos de Milenio 3“, había dicho el director del programa cuando éste empezaba. Y, aunque tardaron, los platillos volantes aparecieron. Los momentos cumbres estuvieron protagonizados por tres lucecillas que se vieron, al parecer, por toda la Península Ibérica y por algunos corresponsales desmelenados. “¡Parece que está pasando algo, Iker! ¿Dónde, dónde, dónde…? ¿Qué, qué, qué, qué…? ¡Guau, guau, guau, guau…! ¡Sí, sí, sí, sí…! ¿Me estás diciendo…? (Dirigiéndose a alguien.) Es una luz blanca, bastante grande, que se ha perdido detrás de unos árboles en este momento, Iker. Y parece, parece, parece… Vamos a ver… ¡Ay, Dios! ¡Vaya, vaya, vaya…! Parece que se ha cruzado con otro objeto”, decía un excitado ufólogo llamado Miguel Pedrero desde Betanzos, en La Coruña. Cuando estaba la Alerta ovni en su recta final, De Vicente lo tenía claro: “Se está viendo algo que tiene toda la apariencia de una nave”. El director de Milenio 3 dijo un día después que existía “la posibilidad de tener un macroavistamiento absolutamente documentado como no había pasado hacía mucho tiempo”.

Iker Jiménez puso el 26 de junio el listón muy alto, a la misma altura que su maestro Juan José Benítez cuando reveló, en Televisión Española (TVE), que los astronautas del Apollo 11 habían explorado un edificio alienígena en la Luna y, para probarlo, recurrió a una película hecha por un estudio de animación que presentó como si hubiese sido rodada en el satélite terrestre en 1969. Era difícil, pero el joven ufólogo y su equipo de Milenio 3 han llevado al fenómeno ovni a más altas cotas de estupidez. “La noche del 25 de junio habrá sido una gran inocentada transmitida por radio a unos miles de panolis ocupados en mirar la bóveda celeste”, auguraba horas antes José María Romera en Diario de Navarra. Así fue.

El dictamen de la montaña

Denis Plunkett descendió mentalmente de los Andes en 1947 con los mandamientos de la religión de los platillos volantes bajo el brazo. “Creo en los ovnis. Creo en los extraterrestres. Y creo que los gobiernos han hecho todo lo posible por ocultarnos los hechos al respecto”. Es la profesión de fe de la que hacía gala todavía en 1998. Sin embargo, nada más empezar el tercer milenio, se vio obligado a suspender la tertulia ufológica que él y su padre pusieron en marcha. No es que renegara de sus principios, es que la reunión mensual que su grupo celebraba en Bristol desde hacía décadas fue torpedeada desde el ciberespacio. “En vez de acercarse hasta una sala con corrientes de aire para ver mis viejas diapositivas, resulta mucho más cómodo para la gente plantarse ante la pantalla del ordenador en la comodidad del hogar”, reconocía el ufólogo al diario londinense The Times el 23 de abril de 2001.

Las tertulias de la Oficina Británica de Platillos Volantes (BFSB) pasaron a la historia porque el grupo ya no contaba con los seguidores necesarios para hacer frente al alquiler del local. La afluencia a la cita mensual se limitaba a media docena de jubilados, lejos de la época gloriosa en la que, según Plunkett, los socios de la entidad eran 1.500 y las cartas recibidas, 30 semanales. Esa añorada edad de oro no debe, no obstante, llamar a engaño a nadie. A pesar de su rimbombante nombre y de tratarse de la primera asociación ufológica del Reino Unido -nació en 1953-, la BFSB es poco más que una anécdota en la historia del movimiento ovni.

La actividad de la organización, además de las citadas reuniones, se limitó a la publicación de un boletín -llamado Flying Saucer News, primero, y Flying Saucer News Bulletin, después- entre 1953 y 1956. Este colectivo es, por tanto, uno más de los muchos grupúsculos que han proliferado al calor del mito de las visitas alienígenas, una entidad prácticamente desconocida para la mayoría de los seguidores de los platillos volantes, aunque sea interesante por las circunstancias que rodearon su nacimiento. Unos hechos que, cinco décadas después, es muy posible que también pesaran en Plunkett a la hora de hacer mutis por el foro. Y no me refiero al evidente, desde finales de los años 70, bajón del número de observaciones de ovnis, apuntado por algunos medios de comunicación que se toman a la BFSB mucho más en serio de lo que se merece.

Todo comenzó el 2 de agosto de 1947. En Argentina, un Avro Lancastrian -un avión de pasajeros basado en el bombardero Lancaster de la Segunda Guerra Mundial- despegó de Buenos Aires con destino a Santiago de Chile. A bordo del aparato, de la British South American Airways y bautizado como Star Dust, viajaban once personas. El viaje transcurrió según lo previsto hasta que, tras dejar atrás Mendoza, el piloto alertó a la torre de control de Santiago de que las condiciones meteorológicas le obligaban a modificar el plan de vuelo. “El tiempo no es bueno, pero voy a pasar a 8.000 metros para evitar el temporal”, informó James R. Cook, de 29 años y veterano de la guerra europea. Cuatro minutos antes del aterrizaje en la capital chilena, el radiotelegrafista de la nave envió el siguiente mensaje: “ETA [tiempo estimado de llegada] Santiago 17.45 hrs Stendec”. El avión nunca llegó a su destino.

Había pasado poco más de un mes desde que Kenneth Arnold había visto nueve objetos volantes sobre el monte Rainier e inaugurado la era de los platillos volantes. Denis Plunkett, de 17 años, sufrió un mazazo. El radiotelegrafista del avión desaparecido en los Andes, Dennis Hammer, y él eran primos. Junto a su padre Edgar, Denis se convirtió entonces en un fanático de los ovnis. Ambos estaban convencidos de que la tripulación de la aeronave había sido secuestrada por alienígenas. ¿Qué les llevaba a pensar así? Además del ambiente platillista de aquel verano -a principios de julio se había registrado el incidente de Roswell-, la última palabra del mensaje final, stendec, para la que nadie hasta el momento ha encontrado explicación.

Ese vocablo sin significado conocido era uno de los pilares del misterio que rodeaba a un accidente aéreo que, dramatizado, popularizó el ufólogo español Antonio Ribera en Objetos desconocidos en el cielo (1961) y en, su versión ampliada, El gran enigma de los platillos volantes (1966). Ribera incluía el caso entre otros de encuentros trágicos con presuntos ovnis y, sin hacer referencia al cambio de altitud decidido por el piloto a causa del mal tiempo, destacaba -erróneamente- cómo, en la última emisión, “resonó fuerte y clara la palabra stendec, pronunciada muy deprisa”. Una forma bastardeada, Stendek, fue elegida como nombre de la revista del Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) de Barcelona, considerada en su época (1970-1981) una de las más serias publicaciones ufológicas. Los editores de Stendek creían, como Ribera, que el Avro Lancastrian había chocado con un ovni.

“Si alguien viene con una explicación razonable de por qué el avión desapareció sin dejar rastro, estaré encantado de escucharle”, anunciaba Denis Plunkett en enero de 1999. Un año después, y un año antes de la suspensión de las tertulias de la BFSB, la montaña habló. Sin embargo, esta vez no dijo lo que le hubiera gustado al fundador del club británico de seguidores de los platillos volantes. En enero de 2000, un grupo de escaladores halló los restos del Star Dust y de su tripulación en cerro Tupungato, en Mendoza, a 5.500 metros de altitud. Estaban sobre la pista desde 1998 y, por fin, tras un deshielo de un glaciar, las huellas de la catástrofe salieron a la luz.

Al paródico Moisés de Mel Brooks se le rompe una tercera tabla de la ley cuando baja del Sinaí. A Denis Plunket se le desplomó encima su Sinaí particular y ha pulverizado la piedra sobre la que cimentó su credo. Aún así, él sigue en sus trece: “Estoy tan entusiasmado por los platillos volantes como siempre lo he estado, pero el problema es que estamos en la mitad de una larga, larga depresión”, decía hace tres años. Ya se sabe, la fe mueve montañas; no a la inversa.

Publicado originalmente en El Escéptico.

A Iker Jiménez le parece “genial” el Proyecto Magonia

“Algunos andan por ahí diciendo que van a crear ovnis falsos. ¡Me parece genial, porque la gente va a tener oportunidad encima de que pasen cosas, de vislumbrar cosas!”, dijo Iker Jiménez hace una semana en Milenio 3, su programa de la Cadena SER. Los participantes del Proyecto Magonia cuentan, por tanto, con la bendición del principal promotor de la Alerta ovni de esta noche. Así que ya saben: lancen su ovni al cielo de España, háganlo a la vista de alguno de los lugares donde se van a apostar los ufólogos y podremos comprobar la fiabilidad como testigos de los aficionados a los platillos volantes y la sagacidad de los que se consideran investigadores. Pero no se olviden de dos normas fundamentales: no pongan en riesgo ni dañen, directa o indirectamente, a personas y bienes; y documenten en vídeo y audio, con fotografías, planos y esquemas, y -si es preciso- mediante la intervención de un fedatario público, la paternidad del falso ovni. Sólo quien cumpla ambos requisitos podrá optar al premio de nuestro jurado, compuesto por Alejandro C. Agostinelli, periodista y editor de Dios!; Félix Ares, divulgador científico; Julio Arrieta, historiador y periodista; Alejandro J. Borgo, periodista y director de la revista Pensar; José Luis Calvo, historiador y responsable de El Triunfo de Clío; Luis R. González, ufólogo y periodista científico; y Heriberto Janosch, psicólogo y fundador del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP). Y recuerden que tampoco hay que complicarse la vida mucho a la hora de crear el estímulo, como se demuestra en esta web creada por una aficionado y en varios mensajes de la lista de correo de los Fabricantes de Ovnis.

El promotor de la Alerta ovni y sus colaboradores han centrado sus ataques en la última semana en quienes han denunciado sus repetidos intentos de hacerse con el apoyo de instituciones científicas animándolas a participar en una noche de observación astronómica a escala nacional, cuando en realidad se trata de una Alerta ovni. “Luego (hay) otros científicos que van vendiendo ética, vendiendo que esto no es digno… Y lo dice gente que ha participado en dignidades como El castillo de las mentes prodigiosas“, destacó en la radio Jiménez a renglón seguido de calificar de “genial” el Proyecto Magonia. Es cierto que uno de los denunciantes del engañoso proceder de los profesionales de Milenio 3 intervino en ese programa de Antena 3, pero ¿qué tiene eso que ver con la peculiar concepción de la ética de los organizadores de la Alerta ovni? Nada. Como no tiene que ver que sus críticos sean bajos o altos, blancos o negros, gordos o flacos… El vendedor de misterios intenta desviar la atención de lo fundamental, que su equipo ha recurrido al engaño y, al menos en una ocasión, a la mentira para conseguir que centros de divulgación de la ciencia participen en una romería ufológica. Como dice José María Bello, arqueólogo y vicepresidente de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, en su Carta a la SER, lo reprobable es el “empleo de la mentira y el engaño a la hora de promocionar el programa, haciendo ver que cuenta con el aval de unas instituciones científicas que en ningún caso participan del espíritu irracional que desde el mencionado programa se promueve. Sí, a la libertad de expresión y difusión; no, a la mentira y el engaño para enredar a dignas instituciones promotoras de la ciencia y la divulgación del saber humano en un espectáculo que promueve lo contrario”. Ésa es la cuestión, como también destaca el analista de medios Juan Varela en su comentario titulado “Un programa de la SER intenta engañar a varios científicos”.

Un ‘Van Gogh’ para la ‘Alerta ovni’

Los platillos volantes ocupan el lugar de las estrellas en esta curiosa versión de 'Noche estrellada', obra de una artista del 'Photoshop'.

Vincent Van Gogh (1853-1890) pintó Noche estrellada en junio de 1889, cuando estaba encerrado en el manicomio de Saint Rémy (Francia). El óleo forma parte de la colección del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York. Oskar Belategui, periodista cinematográfico del diario El Correo, dio en Internet hace unos días con esta peculiar visión de la obra maestra. Un artista del Photoshop ha convertido las estrellas en platillos volantes, una visión deseada por los participantes y organizadores de la Alerta ovni que se celebrará en España el viernes, en la que los segundos intentarán dar a los primeros gato por liebre, porque en ello les va el negocio, como han tratado de engañar a algunos planetarios y museos de la ciencia españoles a los que han querido vender esa feria de lo paranormal como una noche de observación astronómica. Habrá luces el viernes en los cielos españoles, pero no serán ovnis; al igual que no hay verdad en lo que cuentan los fabricantes de misterios.