Religión

Crisis en el turismo celestial: el niño que volvió del Cielo confiesa que se inventó la historia para llamar la atención

'El niño que volvió del Cielo', de Kevin y Alex Malarkey.Alex Malarkey tenía 6 años cuando en 2004 sufrió un grave accidente de tráfico, pasó dos meses en coma y quedó postrado en una silla de ruedas. En algún momento de la larga y dura estancia hospitalaria, se inventó que durante el coma había viajado al Cielo y confraternizado con los ángeles, Jesús y demás miembros de la Corte Celestial. Su padre -un autodenominado terapeuta cristiano con estudios de psicología- y él contaron la historia en un libro, El niño que volvió del cielo, del cual la editorial cristiana Tyndale ha vendido desde 2010 más de un millón de ejemplares. Para consternación de los promotores de lo que se conoce como turismo celestial, el muchacho confesó el martes de la semana pasada que todo es mentira. “No morí. No fui al cielo. Dije que fui al Cielo porque quería llamar la atención”, ha reconocido.

Su confesión en el sitio Pulpit & Pen dice:

Una carta abierta a Lifeway y otros vendedores, compradores y comercializadores del turismo celestial, por el niño que no regresó del cielo

Por favor, perdonen la brevedad, pero se debe a mis limitaciones físicas.

No morí. No fuí al Cielo.

Dije que fuí al Cielo porque pensé que atraería la atención sobre mí. Cuando hice las afirmaciones que hice, nunca había leído la Biblia. La gente se ha beneficiado de mentiras y sigue haciéndolo. Deben leer la Biblia; es suficiente. La Biblia es la única fuente de la verdad. Cualquier cosa escrita por el hombre no puede ser infalible.

Sólo con el arrepentimiento de vuestros pecados y la creencia en Jesús como el Hijo de Dios, quien murió por vuestros pecados (aunque él no cometió ninguno) para que podáis ser perdonados, podeís aprender del Cielo más allá de lo que está escrito en la Biblia. No mediante la lectura de una obra del hombre. Quiero que todo el mundo sepa que la Biblia es suficiente. Aquéllos que comercializan estas cosas deben arrepentirse y reconocer que la Biblia es suficiente.

En Cristo,

Alex Malarkey

Sólo a alguien extremadamente ingenuo puede sorprenderle la confesión del niño, cuyo padre, por cierto, está desaparecido en combate. La sinopsis del libro es ilustrativa del grado de caradura de los Malarkey y sus editores:

En 2004, Kevin Malarkey y su hijo de 6 años, Alex, sufrieron un horrible accidente automovilístico. El impacto del choque paralizó a Alex y, humanamente, no había posibilidades de que sobreviviera. “Pienso que Alex está con Jesús”, le dijo un amigo al afligido padre. Nunca se dijeron palabras más ciertas. Cuando Alex despertó del coma siete semanas después, no sólo se había curado -sin intervención médica- el más serio de los daños a su columna vertebral, sino que también tenía una historia increíble que contar sobre hechos en la escena del accidente y en el hospital, mientras estaba inconsciente. Sobre los ángeles que lo habían llevado a través de las puertas del Cielo. Sobre la música de arpa que al niño de 6 años le sonaba simplemente atroz. Y, lo más sorprendente de todo…, el haber conocido y hablado con Jesús. El niño que volvió del Cielo es la historia verídica del viaje extraordinario de un niño ordinario. Mientras observa el Cielo y la Tierra a través de los ojos de Alex, usted tendrá una nueva percepción de los milagros, la vida después de la muerte y el poder del amor de un padre.

Es curioso el significado de la palabra curación para la editorial, porque, a consecuencia del accidente, el niño quedó tetrapléjico. Tyndale anunció el jueves que iba a retirar el libro del mercado, pero todavia no lo ha hecho.

Alex Malarkey no es el único niño turista celestial. Ni mucho menos. Un año antes de su accidente, Colton burpo, hijo de un pastor protestante de la América profunda, fue ingresado urgentemente en un centro sanitario. tenía 3 años, le extirparon el apéndice y, tumbado en la mesa de operaciones, viajó al Cielo. “Vi a Jesús, al Espíritu Santo, muchos ángeles… Y los ángeles me cantaban bonitas canciones”, hace dos años dijo en “La Contra” de La Vanguardia, donde explicó que Jesús es “alto, con barba, cabello castaño oscuro y ojos de un azul muy celeste. Su sonrisa es bellísima. Es muy bondadoso, amor puro. Y monta en un precioso caballo blanco”; los ángeles “se parecen a las personas, pero algo más grandes, con alas… Llevan mensajes de Jesús, protegen a las personas, ¡no paran…! El arcángel Gabriel es un bromista, hace reír a todos. Y el arcángel Miguel lleva una gran espada en llamas”… Contó estas fantasías infantiles en dos libros, El Cielo es real (2010) y El Cielo lo cambia todo (2012).

Blasfemia y libertad de expresión, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de la blasfemia y el derecho a la crítica de las creencias, en la tercera entrega del curso 2014-2015 de Gámez over, intervenciones que también emiten Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate), Kkinzona (Urretxu-Zumarraga) y Txindurri Irratia (Lautada).

El papa Francisco se quita la careta y aboga por limitar la libertad de expresión frente a la religión

El papa Francisco, durante su visita a Varginha (Brasil) en julio de 2013. Foto: Tânia Rêgo - Agência Brasil.El sistemáticamente jaleado papa Francisco dijo ayer que la libertad de expresión debe limitarse cuando se trata de la religión y, aunque puntualizó que “matar en nombre de Dios es una aberración”, sentenció que no ha lugar a la burla de la fe, que hacerlo es una provocación y que al que caiga en ella no debería extrañarle sufrir en sus carnes la reacción indignada de los fieles. Recurrió para decirlo a un simil: “Si el doctor Gasbarri, que es un gran amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo”.

“En cuanto a la libertad de expresión: cada persona no sólo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común (…) Pero sin ofender, porque es cierto que no se puede reaccionar con violencia, pero si el doctor Gasbarri [organizador de los viajes papales], que es un gran amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo. No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás. (…) Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás. Estas personas provocan y puede suceder lo que le sucedería al doctor Gasbarri si dijera algo contra mi mamá. Hay un límite, cada religión tiene dignidad, cada religión que respete la vida humana, la persona humana… Yo no puedo burlarme de ella. Y este es límite. Puse este ejemplo del límite para decir que en la libertad de expresión hay límites como en el ejemplo de mi mamá”, dijo el Papa, según recoge El País.

El jefe de la Iglesia católica sostiene que la religión tiene que estar por encima de la libertad de expresión. Es lógico desde su punto de vista, y antiilustrado y antidemocrático desde el mío. “El debate, la sátira, el humor y la expresión artística deben disfrutar de un alto grado de libertad de expresión y el recurso a la exageración no ha de ser visto como una provocación”, advertía en 2006 el Consejo de Europa tras la reacción fanática que siguió en el mundo islámico a la publicación de caricaturas sobre Mahoma por el diario danés Jyllands-Posten y del intento de censura vaticana a la película El código Da Vinci. La religión es tan criticable y mofable como cualquier otra idea u opinión. En las sociedades democráticas, los límites a la libertad de expresión los establece la legislación civil, nunca los creyentes, y la blasfemia no es un delito, aunque sea un pecado para los fieles del credo correspondiente. Por eso, en España nuestros legisladores deberían cambiar el artículo 525.1 de Código Penal, que dice: “Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican”. La ley no está para proteger ideas ni ceremonias, sean religiosas o no, ni divinidades, sino a las personas. Claro que en un país donde el Gobierno concede condecoraciones policiales a una Virgen

La libertad de expresión “no debe restringirse más para responder a la creciente sensibilidad de algunos grupos religiosos”, dice la resolución del Consejo de Europa de 2006. “La legislación internacional sobre los derechos humanos no puede ni debe proteger a las religiones en sí, pero protege y debe hacerlo a los individuos y grupos de la discriminación, la violencia y la hostilidad sobre la base de su religión. Las creencias religiosas, las ideas y los sistemas no deben estar exentos de discusión, debate e incluso fuertes críticas, ya sea de comentaristas internos o externos”, coincidía la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (WAN-IFRA) en marzo de 2011. Francisco, por fin, se ha quitado la careta de progresismo y aperturismo que tantas simpatías le ha ganado, sorprendentemente, incluso entre no creyentes. Una reacción así ante el atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo era de esperar: aunque entre ellos no puedan verse, los líderes religiosos siempre hacen piña contra los ateos y contra el humor.

Mi respuesta rápida a Bergoglio y a todos los que piensan como él es la viñeta adjunta. La ha tuiteado hace unas horas la comunidad Think Atheist. La leyenda dice: “La evolución no te puso sobre dos pies sólo para que te arrastres por el polvo otra vez ante una fantasía. ¡Piensa por ti mismo!”.

Evolución y religión.

Las grandes religiones y los extraterrestres

“Mientras algunos de nosotros aseguran estar preparados [para el hallazgo de vida en otros mundos], muchos probablemente no lo están… Muy pocos entre nosotros han pasado tiempo pensando en serio acerca de lo que el descubrimiento de vida extraterrestre -sean virus, criaturas unicelulares o seres bípedos pilotando su naves intergalácticas- podría suponer para nuestras creencias personales y nuestras relaciones con lo divino”, asegura David Weintraub, astrónomo de la Universidad de Vanderbilt que acaba de publicar un libro en el que examina lo que las grandes religiones han dicho sobre la existencia de alienígenas.

'Religions and extraterrestrial life', del astrónomo David Wintraub.El científico toma como punto de partida para su reflexión unas declaraciones de Albert Einstein. Cuando al más célebre de los físicos le preguntaron si creía que podía haber vida en otros mundos, respondió que “quizás, pero no hombres”. Y, cuando seguidamente le interrogaron sobre si el descubrimiento de alienígenas podía provocar un choque entre ciencia y religión, dijo que “no, necesariamente, aunque dependería, por supuesto, del punto de vista religioso”. El autor de Religions and extraterrestrial life analiza la postura sobre este asunto de dos docenas de credos, desde el judaísmo, el cristianismo y el islam hasta el budismo y el hinduísmo, pasando por los cuáqueros, los mormones, los adventistas y otras sectas protestantes. Weintraub destaca que uno de cada cinco estadounidenses cree en extraterrestres, aunque las diferencias son considerables según la filiación religiosa. Así, esa creencia se reduce a un 29% de los baptistas y un 32% de los cristianos, pero la comparte un 44% de los musulmanes. El colectivo más alienófilo es el de los ateos, con un 55% de creyentes en seres de otros mundos.

El astrónomo, que ha consultado obras de teólogos y líderes religiosos, asegura que los credos que asumirían más fácilmente el hallazgo de vida fuera de la Tierra serían el hinduísmo -algunos de sus pensadores han contemplado la reencarnación en extraterrestres- y el budismo, que habla de miles de mundos habitados. Según él, hay fragmentos del Corán que parecen apoyar la idea de “seres espirituales” en otros planetas, si bien “el islam es un conjunto de prácticas diseñadas sólo para los humanos sobre la Tierra”. Los judíos, que en el Talmud y en textos cabalísticos hablan de infinidad de mundos y no rechazan la existencia de otras civilizaciones, no consideran ninguna amenaza para su fe que no estemos solos.

“Desde la perspectiva de un católico romano, si existen extraterrestres sintientes, algunas, quizá no todas las especies, podrían sufrir el pecado original y requerir la redención”, dice el astrónomo. ¿Tendrá que ser Jesús crucificado en millones y millones de mundos? Entre los protestantes, asegura Wintraub, los hay para quienes los alienígenas no supondrían ningún problema y otros, los fundamentalistas, que en su mayoría rechazan su posible existencia. Los mormones y adventistas creen, por su parte, que hay otros mundos habitados. Hace seis años, el director del Observatorio Astronómico del Vaticano, el jesuita argentino José Gabriel Funes, dijo que Jesús murió en la cruz en el Gólgota para redimirnos no sólo a nosotros, sino también a los “hermanos extraterrestres”.

Unas bacterias en Marte no van a poner a hacer caer del altar a ningún dios. Sin embargo, sin haber leído el libro de Weintraub, me parece francamente difícil congeniar cualquier credo humano con el caso más extremo, e improbable, de contacto con alienígenas: el de una civilización inteligente más avanzada que la nuestra con la que nos entendamos. Esos universos de ciencia ficción donde quién más, quién menos, adora a un ser superior, las divinidades se parecen bastante y algunas hasta son clónicas, merecen tanto crédito como el hecho de que todos los extraterrestres sean humanoides. Me parece infinitamente más probable un escenario en el que todas las religiones terrestres difuminen sus diferencias para hacer frente común contra el enemigo alienígena. Como hacen con los ateos.

La Policía registra un ‘pub’ inglés a la caza del Santo Grial y encuentra una ensaladera

Doce agentes de policía y un perro irrumpieron hace un par de días en un pub de Lea (Herefordshire, Reino Unido) a la busca del Santo Grial. Habían recibido el chivatazo de que allí estaba la llamada copa de Nanteos, desaparecida desde hace un mes y que, según sus propietarios, utilizó Jesús en la Última Cena. Sin embargo, después de una hora de registro, lo más parecido que la Policía de West Mercia encontró en el local fue una ensaladera de madera. “Si alguien hubiera robado algo tan valisoso como el Santo Grial, no creo que lo enseñara en mi pub“, ha dicho a los medios Di Franklyn, dueña del Crown Inn.

La copa de Nanteos que algunos consideran el Santo Grial. Foto: Mansión Nanteos.Fue José de Arimatea, según la leyenda, quien trasladó la copa hasta las Islas Británicas. Después, se hicieron cargo de ella los monjes de la abadía de Strata Florida, en Gales. Y, después de que Enrique VIII disolvió la abadía en 1540, llegó a manos de la familia Powell, dueña de la cercana mansión Nanteos de la que recibe el nombre. La pieza, muy deteriorada, mide ahora 10 por 8,5 centímetros, “se mantiene unida gracias a grapas y cabe cómodamente en la palma de la mano”. Me han enseñado una foto de la copa desaparecida. Si hubiera estado aquí, la habríamos tirado al fuego porque no está entera”, ha advertido la dueña del pub.

La copa de Nanteos se exhibió por primera vez en 1876 en un encuentro de la Sociedad Arqueológica Cambriana en Lampeter (Gales). En 2004, el comisionado para los monumentos de Gales la examinó, para el documental The search for the Holy Grail: the true story, y concluyó que es de madera de olmo -y no de olivo, como se creía- y tiene sólo 500 años de antigüedad. Aún así, todavía había gente que cree que, al igual que pasa en Indiana Jones y la última cruzada, quien bebe agua de ella sana de la enfermedad. De hecho, hay registros que apuntan a que, durante décadas, sus dueños la prestaron a enfermos para que recuperaran la salud.

La mansión Nanteos es hoy un hotel de lujo vinculado a la pieza únicamente por la historia. De hecho, cuando desapareció, la copa estaba en la casa de Fiona Mirylees, en West Under Penyard. De 69 años, la mujer la había recibido como herencia paterna. Delicada de salud, ingresó en un hospital el 7 de julio y el 14 de julio denunció la desaparición de la reliquia. “No quiero decir que estamos buscando el santo Grial, pero la Policía está investigando el robo. El objeto robado es conocido como la copa de Nanteos. Si buscan en Google, verán que hay gente que cree que es el Santo Grial”, explicaba aquel día un portavoz de la Policía de West Mercia.

Quien primero habló del Grial como tal fue Chretién de Troyes en el poema de Perceval, del siglo XII, donde no queda claro qué tipo de recipiente es. Posiblemente poco después, el cuerno de la abundancia se transmutó en el cáliz de la Última Cena y el recipiente en el que José de Arimatea habría recogido la sangre de Jesús de la herida abierta por el lanzazo del soldado romano. Así habría empezado la leyenda, cuyo penúltimo episodio escribieron hace unos meses dos historiadores españoles. Margarita Torres y José Miguel Ortega del Río defienden, en su libro Los reyes del Grial, que el cáliz de doña Urraca, que está en la basílica de San Isidoro de León, incluye la copa de la que los primeros cristianos creían que bebió Jesús de Nazaret en la Última Cena. Hay pasajes de la obra en los cuales los autores usan un lenguaje tan ambiguo que parece que mantienen que en León está el bíblico Santo Grial.