Parapsicología

Cómo nos engañan médiums, adivinos y pseudomédicos, en el cuadragésimo octavo ‘Enigmas y Birras’ de Bilbao

Cartel anunciador del cuadragésimo octavo 'Enigmas y Birras’ de Bilbao, dedicado al espiritismo, los adivinos y los médicos alternativos.“El peligro de creer” es el título de la charla que daré en el cuadragésimo octavo encuentro Enigmas y Birras de Bilbao, que se celebrará mañana en el restaurante KZ (Alameda San Mamés, 6) a partir de las 18 horas.

Explicaré cómo los médiums, adivinos y médicos alternativos nos engañan, nos sacan el dinero y juegan con nuestros sentimientos y salud. ¿Por qué estos colectivos? Porque son los que se aprovechan de lo que nos hace humanos: el miedo a la muerte. Somos los únicos seres vivos conscientes de que un día no estaremos aquí, y ellos explotan la angustia que eso puede producirnos. Si confiamos en esos charlatanes, no sólo perderemos dinero, sino que también podemos poner en peligro nuestra salud y, de rebote, dañar a nuestros seres queridos y hasta al conjunto de la sociedad.

Viajaremos hasta mediados del siglo XIX para saber dónde, cómo y por qué nació el espiritismo moderno. Explicaré cómo cualquiera puede caer en las garras de los videntes, e intentaré convencer a los asistentes de que los creyentes en lo paranormal no son tontos en la mayoría de los caso, sino sólo humanos. Veremos qué trucos emplean los vendedores de milagros y la inconsistencia de terapias alternativas que tienen gran éxito social a pesar de que nunca han demostrado su efectividad y, en ocasiones, pueden costar la vida a quienes confían en ellas.

Dense por invitados al trigésimo cuarto Enigmas y Birras de Bilbao organizado por el Círculo Escéptico y programado por Luis Miguel Ortega. La entrada es gratis, aunque cada asistente se compromete a hacer, al menos, una consumición como agradecimiento a los propietarios del establecimiento por la cesión de local.

‘El archivo del misterio’: el origen del espiritismo

“Si no crees, tienes que verlo”. Con este eslogan promocionaba Telecinco en 2010 el programa Más Allá de la vida. En él, la médium británica Anne Germain ponía en contacto a personajes populares con sus muertos, previo pago de dinero a los famosos. Desde el principio quedó claro que aquello era un montaje -muy rentable- en el que se mezclaban la lectura fría, la documentación de revistas del corazón y las generalidades que soltaba la vidente con su desvergüenza y la de sus compañeros de aventura. Pude comprobar en directo que Anne Germain escenificaba su engaño muy mal, pero es que, encima, no había inventado nada.

Maggie, Kate y Leah, las hermanas Fox.Los médiums televisivos llevan décadas triunfando en Estados Unidos de la mano de desaprensivos como John Edward y James Van Praagh. Son los herederos digitales de dos niñas, Kate y Maggie Fox, que en 1848 gastaron a su madre una broma del April Fools Day (el Día de los Inocentes anglosajón) en una cabaña de Hydesville (Nueva York). Las pequeñas hacían por la noche ruido con las articulaciones de los pies, pero la mujer creyó que los sonidos eran manifestaciones de un espíritu. Una hermana mayor, Ann Leah, vio el negocio, se convirtió en la representante de las niñas, y el trío empezó a cobrar por poner a la gente en contacto con sus difuntos. Las ganancias fueron dese el principio enormes: traducido a dinero actual, entre 2.700 y 4.000 dólares al día. Con ese horizonte de negocio, los médiums se multiplicaron rápidamente por Occidente y, cuando las niñas confesaron el fraude décadas después, el espiritismo era ya una religión imparable.

Junto con los vendedores de curas milagrosas, los videntes que aseguran hablar con los muertos son los charlatanes que más me asquean. Son carroñeros que se alimentan de algo tan humano como el dolor por la pérdida de un ser querido. Carecen de escrúpulos y se ríen a la cara de sus víctimas, gente como usted y como yo que ha sufrido una pérdida y que siente que algo le falta. Ningún calificativo hace justicia a tanta indecencia y nadie está libre de caer en un engaño así. Le pasó a Arthur Conan Doyle, le pasa al actor Ted Danson y le ocurre a mucha gente normal y corriente a nuestro alrededor. Yo tuve oportunidad de comprobarlo cuando asistí al espectáculo de Anne Germain previo pago de 80 euros.

Si quieren profundizar en el caso de las hermanas Fox, pueden hacerlo en mi libro El peligro de creer. Les adelanto que fue el capítulo que más me costó por las dificultades a la hora de consultar documentos y libros de la época, pero también el que más me satisfizo cuando conseguí montar un puzle que creo que explica bastante bien los hechos.