Medios y anticiencia

25 de junio: romería ufológica

Sucedió una noche a mediados de los años 80. Cinco veinteañeros estábamos en un coche en el alto de Unbe, en Vizcaya. Al otro lado del valle del Nervión, en el monte Argalario, se encontraba la base desde la que se coordinaba una Alerta ovni. De repente, una voz nerviosa salió de la emisora de radioaficionado que llevábamos en el automóvil. La llamada alertaba de que un objeto no identificado ascendía desde el fondo del valle del Gran Bilbao hacia la base de operaciones de los ufólogos. El ovni cambiaba de luz según subía. “Ahora, es rojo; ahora, es blanco; ahora, es rojo; ahora, es blanco…”, decía un ilusionado observador. Ni corto ni perezoso, uno de los cinco veinteañeros cogió el micrófono y mató la ilusión: “Es un coche que está subiendo por la carretera de Argalario”. Fue el primer ovni, pero no el último, que identificamos aquella noche los ocupantes de aquel turismo, entre los cuales había varios fundadores de lo que hoy es ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

Una Alerta ovni era algo corriente hace veinte años. No había programa de radio dedicado al misterio que se preciara de serlo que no montara una vez al año -preferentemente, en verano- una romería nocturna para que sus oyentes salieran al campo a ver luces en el cielo. La primera la convocó el periodista Antonio José Alés en Verano Noche, su programa de la Cadena SER. Se celebró del 14 al 15 de agosto de 1979 y fue un éxito. “Ochocientos cincuenta grupos organizados vigilarían aquella noche, acompañados de millones de personas que desde sus terrazas, camping, lugares de veraneo, aceptaban el juego con la esperanza de comunicar sus hallazgos. Los datos de las encuestas nos hablan aproximadamente de once millones de hombres, mujeres y niños, repartidos por toda la geografía nacional”, indican Alés y Andrés Madrid en su libro Alerta: ovni (1979). Dos páginas enteras dedicó la revista Contactos Extraterrestres, dirigida por Enrique de Vicente, a glosar “La mayor experiencia de observación del cielo promovida por la radiodifusión española”. Como otros, participé con ingenuidad adolescente en aquella salida -¡qué magnífica oportunidad para pasar una noche al aire libre con amigos!- y en alguna otra posterior, pero la inocencia cedió pronto ante la sospecha sobre la honestidad de los grandes de la ufología mediática. Fue el paso previo al desengaño.

En 1979, los periodistas de la SER animaron a su público a mirar al cielo a la caza de extraterrestres y, al mismo tiempo, se curaron en salud sobre las intenciones de su montaje. “Queda claro que lejos de nuestro ánimo estaba el asegurar a nadie que, si observaban el cielo la noche del 14 de agosto, verían algo que no fuera lo que se puede ver cualquier día del mes o del año”, puntualizan en su libro. Sin embargo, nada más acabar la sintonía inicial del programa, Alés invocó a los visitantes: “Atención, seres el espacio. Os hablan los hombres del planeta Tierra. Si es verdad que existís, si realmente venís del espacio lejano para conocernos o para ayudarnos, venid de una vez. Porque al ser humano le molesta que alguien ande merodeando a su alrededor sin saber los motivos. El mundo se debate en guerras. La Humanidad pasa hambre y sed, y necesita urgentemente soluciones. El cáncer y otras terribles enfermedades están causando la muerte. Si vosotros tenéis algún remedio, no esperad más. Necesitamos vuestra ayuda. Tal vez conozcáis la gran verdad o quizá os estéis debatiendo como nosotros en tremendas dudas. Si es así, si podemos ofrecer nuestra mano, aquí la tenéis tendida. No esperad más. Esta noche, millones de seres están contemplando el cielo. ¡Ésta puede ser la mejor ocasión!”.

La revista 'Contactos Extraterrestres' dedicó en 1979 una doble página a la primera 'Alerta ovni', organizada por el periodista Antonio José Alés.

No hubo respuesta. Los extraterrestres no se presentaron aquella noche. Como tampoco lo hicieron la segunda vez que se convocó una Alerta ovni. Ni la tercera, ni la cuarta, ni la quinta… Veinticinco años después, Iker Jiménez ha organizado otra romería ufológica. Se celebrará el 25 de junio, durante una emisión de Milenio 3, también esta vez un programa de la SER. “Será una madrugada mágica en la que estaremos unidos a través de la fuerza de la comunicación. Con la mirada puesta en el cielo y los sentidos en la radio, los sonidos y las palabras. Recorriendo España y el mundo en un acontecimiento sin precedentes. Reviviendo grandes sucesos ovni con corresponsales y miles de amigos interconectados en tierra, mar y aire repartidos por los puntos calientes de nuestra geografía. Seremos una gran pantalla humana de detección con el objetivo de aprender del cosmos. Os esperamos”, dice el ufólogo en su web. Los expertos de lo oculto españoles suelen servirse de la grandilocuencia para disimular que no hay nada nuevo bajo el Sol, que casi nada de lo que dicen es original y que prácticamente todo lo que hacen lo han hecho otros antes decenas de veces. Despojen sus libros, artículos y programas de radio y televisión de frases rimbombantes y vayan a la esencia. Se encontrarán con lo mismo que el espectador de una película plagada de efectos especiales pero sin historia.

¿Qué pasará el 25 de junio? Que miles de personas saldrán en España al campo con la ilusión de ver algo extraordinario en el cielo y que, como ha sucedido tantas veces, quienes tengan fe verán. Aquella noche de mediados de los años 80 que pasé en un coche, minutos después de identificar el ovni rojiblanco, pedí al conductor que encendiera y apagara las luces del vehículo repetidamente. Inmediatamente, aparecieron los platillos volantes. Al otro lado de la emisora de radioaficionado, no creyeron que éramos nosotros hasta que se lo demostramos haciendo coincidir mis órdenes de encendido y apagado con el ritmo de la misteriosa luz. Quizás alguien haga algo parecido dentro de tres semanas a la vista de uno de los puestos de observación de los ufólogos que participen en la ceremonia religiosa oficiada en la SER.

Especulaciones sobre un cambio climático brusco: un futuro impensable vendido como probable

Los escritores de ciencia ficción no son los únicos capaces de imaginar un futuro de pesadilla y que resulte creíble. Los estrategas del Pentágono conocen desde octubre un estudio en el que se alerta del riesgo de un siglo XXI catastrófico, marcado por sequías, inundaciones, hambre, migraciones masivas y guerras. Es el peor escenario que, por causas naturales, conciben los expertos Peter Schwartz y Doug Randall, quienes se han preguntado qué ocurriría si de repente sufriéramos un brusco cambio climático de alcance planetario, en vez de los graduales y regionales que se suelen barajar.”El propósito de este informe -advierten en la introducción- es imaginar lo impensable, llevar al límite los conocimientos actuales sobre el cambio climático para entender mejor sus posibles implicaciones en la seguridad nacional de Estados Unidos”. Para ello, se ponen en lo peor, una alteración del clima brusca y global. Aunque el riesgo es “muy pequeño”, que suceda algo así resulta “plausible, según recientes estudios científicos”, y, dadas las “terribles consecuencias” que tendría, debería pasar de ser “objeto de debate científico a asunto de seguridad nacional”.El porvenir inmediato que los autores pintan es digno de una superproducción de Hollywood. La diferencia estriba en que en el cine todo empieza a solucionarse pasadas dos horas y en la realidad no. Un escenario de cambio climático brusco y sus implicaciones para la seguridad nacional de Estados Unidos, trabajo por el que el Departamento de Defensa ha pagado 100.000 dólares, se basa en estudios recientes y ha contado, según Schwartz, con el asesoramiento de “nueve importantes climatólogos”. “En vez de predecir cómo ocurrirá el cambio climático, nuestra intención es dramatizar el impacto que podría tener en la sociedad si no estamos preparados”.

Escenario catastrófico

El aumento de temperaturas de los últimos años del siglo XX se aceleraría en algunas regiones hasta llegar a 1º C en los primeros diez años de este siglo. “América del Norte, Europa y parte de América del Sur experimentarían un 30% más de días con picos superiores a los 32 º C y bastantes menos días bajo cero”. Habría más inundaciones en las regiones montañosas, sequías, hambrunas, desaparecerían bajo el mar islas como las Tuvalu, estallarían conflictos internacionales por el agua… Violentas tormentas romperían hacia 2007 los diques holandeses y La Haya sería “inhabitable”. Ese año, los glaciares del Himalaya se fundirían y habría que encontrar un nuevo lugar para los tibetanos.

Entre 2010 y 2020, los cambios en la circulación oceánica se plasmarían en un descenso de la temperatura media de 2,7º C en Asia y América del Norte, y 3,3º C en el Norte de Europa, y un ascenso de 2,2º C en “regiones clave” de Australia, América del Sur y África meridional. Se secarían lagos, disminuiría el caudal de los ríos, habría escasez de agua potable y megasequías en China y el Norte de Europa, al mismo tiempo que lluvias torrenciales e inundaciones en regiones tradicionalmente secas.

El clima en el noroeste europeo sería “más frío, seco y ventoso”, de un estilo cuasi siberiano, y los escandinavos emigrarian hacia el sur del continente, destino también de los africanos. Bangladesh quedaría bajo las aguas; Estados Unidos sufriría un proceso de desertización; en China, Europa del Este y África oriental se pasaría hambre, y Australia se convertiría en el granero del mundo. El agua potable sería objeto de disputa en un planeta con potencias nucleares como Pakistán, India y China con muy graves problemas. El único consuelo es que nada de esto ha pasado y que, por ahora, estamos hablando sólo de un pesimista ejercicio de prospectiva. El riesgo está ahí. “No hemos descrito un escenario imposible”, sentencia Schwartz.

El estudio no pretende ser realista. En sus páginas se advierte cada dos por tres de que se trata de un ponerse en lo peor y lo que supondría para la seguridad nacional de Estados Unidos. Sin embargo, un suplemento dominical español da hoy ese escenario por cierto en un amplio reportaje cuyo autor pasa por alto lo exagerado de las previsiones de Schwartz y Randall -“imaginar lo impensable”-, califica el informe de secreto y afirma que ha sido “silenciado por las autoridades”, extremos que los autores negaron explicitamente en febrero. Cinco páginas de alarmismo climático y conspiranoia. ¡Magnífica publicidad gratuita para El día de mañana, la película catastrofista de Roland Emmerich que se estrena el viernes!

Publicado originalmente en el diario El Correo, con la excepción del último párrafo, incorporado hoy tras la lectura del reportaje alarmista.

La fortaleza de los descerebrados

Alicia Senovilla, la presentadora de 'El castillo de las mentes prodigiosas'', en el estudio donde viven encerrados los 'freaks' paranormales.

El último invento de la productora Gestmusic para Antena 3 -una de las tres cadenas de televisión privadas que abarcan todo el territorio español- lleva el título de El castillo de las mentes prodigiosas. La acción se desarrolla en unos estudios y los protagonistas son un grupo de pícaros de lo paranormal que, cuando no dan risa, dan pena. A falta de castillo y de mentes prodigiosas, hay morbo y zafiedad a raudales, una presentadora que luce escote y un jurado -formado por una aristócrata, un astrofísico, un cura, un periodista y una vidente- que en la primera entrega se limitó a seguir las evoluciones de los monstruos desde la barrera. Telebasura en estado puro.

El declarado objetivo de esta especie de Operación Triunfo esotérica es anecdótico: que los concursantes demuestren, “día a día, experimento a experimento, reto a reto, que realmente poseen esos dones prodigiosos que algunos incrédulos les niegan”. Lo cierto es que estamos ante una muestra más de la inmundicia que anega la programación de las televisiones españolas, ya sea en forma de programas de cotilleo o de reality shows. Por eso, había prestado tanta atención a El castillo de las mentes prodigiosas como a cualquiera de los bodrios con que nos viene regalando la pequeña pantalla hasta que, cuando intentaba el 23 de marzo entender los últimos hallazgos del todoterreno Opportunity en Marte, me llegó un mensaje al teléfono móvil: “Empezó el circo. Armentia y D’Arbó junto a Aramís y Apeles en el jurado”. Como un resorte, abandoné mi mesa de trabajo para ver unos minutos del engendro, cosa que no consiguieron ni con Gran hermano ni con ninguna de sus secuelas hoteleras, musicales o del tipo que sean. Todavía no me he recuperado.

Lo que me ha sorprendido de El castillo… es la presencia de Javier Armentia entre quienes han de juzgar las habilidades de los brujos, que han sido seleccionados entre lo más cutre del escenario paranormal iberoamericano. Durante las últimas semanas, me habían llegado rumores de que a varios escépticos les habían ofrecido formar parte del tribunal, pero había descartado que alguno de ellos se prestara a tal juego. Me precipité. El más popular de los escépticos españoles ha dicho que sí a los cantos de sirena de la productora de Toni Cruz y Josep Maria Mainat. Armentia, el mismo que tantas veces ha plantado cara valientemente a la pseudociencia y que sacó al movimiento escéptico de las cavernas en los años 90, hace un flaco favor a la causa racionalista al acudir al programa que presenta Alicia Senovilla. Porque sus hechos contradicen las duras críticas a la telebasura que ha escrito en los últimos años, le equiparan indirectamente a personajes como Aramís Fuster y el padre Apeles -son sus colegas de tribunal- y permiten a Gestmusic utilizar su imagen para intentar dignificar un producto vomitivo. Y me da rabia porque es mi amigo.

Sin el director del Planetario de Pamplona, El castillo… hubiera sido lo mismo que con él, una simple feria de monstruos. Dudo que alguien con una neurona activa se tome en serio a la insultante bruja Lola, al verdulero Paco Porras, a la siliconada Leevon Kennedy y al resto de la troupe. El grupo de concursantes representa lo peor de lo peor. “¿Mentes prodigiosas? En todo caso, egos desmesurados, sombreros y túnicas estrafalarios y, sobre todo, muchas ansias por chupar cámara y ganar dinero”, ha escrito en El Mundo el crítico Javier Lorenzo, para quien calificar de mente prodigiosa la de “cualquiera de los analfabetos funcionales que ahí se encuentran es, además de un terrible sarcasmo, un insulto a la inteligencia de los españoles; los cuales, por cierto, ya han emitido su inapelable veredicto al concederles un exiguo 14% de audiencia”. Ése fue el porcentaje de espectadores que siguió las andanzas de los brujos en una noche inaugural en la que el público del estudio no podía contener la risa ante la continua bufonada.

No sé qué ha llevado a Armentia a poner en la picota una imagen y una credibilidad ganadas a pulso. El texto que a título de explicación ha colgado en su web dice mucho menos de lo que parece. Se explaya en disquisiciones sobre lo que es la telebasura y recuerda que ha participado en programas de televisión serios y menos serios, como Moros y cristianos, Toma y daca, Rifi-Rafe y otros. Conozco algunos de los espacios que cita Armentia por haber intervenido en ellos. No estamos hablando de debates al estilo de La clave; pero tampoco de nada remotamente parecido a El castillo…. La diferencia fundamental es que en aquellos programas se podía discutir y que, a pesar de que el productor de turno casi siempre trataba de colar a algún freak, éste solía salir escaldado; no era el protagonista alrededor del cual se organizaba la acción. Lo contrario que en el nuevo reality show de Antena 3, donde todo gira en torno a una decena de estrafalarios personajes, algunos de más que dudosa catadura. Por si eso fuera poco, antes, ciencia y superchería no solían compartir bando, sino que estaban claramente enfrentadas. Ahora, esa situación da un vuelco: la aristócrata Beatriz de Orleans, el astrofísico Javier Armentia, el cura José Apeles, el periodista Sebastiá D’Arbó y la vidente Aramís Fuster están en el mismo palco, el de los jueces. Los cinco han sido investidos con la misma autoridad, una simbólica capa roja.

Aunque el más hábil de los escépticos hiciera un papel digno en un programa de estas características, ¿serviría para algo? Pienso que no. Al espectador de El castillo… no le interesa ni lo paranormal ni los argumentos de Armentia, sino mirar por el ojo de la cerradura de esa mansión en la que viven los concursantes para ver quién se acuesta con quién, quién insulta a quién, quién corteja a quién, quién golpea a quién, quién está más loco, quién es más iracundo, quién es el más odiado… Es la misma mierda que Gran hermano, un formato que ha demostrado lo barato que venden algunas personas su dignidad y su intimidad. De los habitantes de la fortaleza de los magos, no han trascendido cantidades, pero este tipo de productos mueve mucho dinero. No lo duden. Valga un ejemplo: en una llamada telefónica de contacto a un posible miembro del tribunal, la productora ofreció unos 1.000 euros por programa, más gastos. Era el punto de partida de la negociación para un juez con bastante menos nombre que cualquiera de los cinco finalmente elegidos.

Las diferentes posturas dentro de la comunidad escéptica frente al paso dado por Armentia -hay quienes no dudan en felicitarle, quienes están a la espera de lo que haga y somos una minoría, al parecer, quienes creemos que ha metido la pata- parten de la respuesta a una pregunta: ¿deben los escépticos ir a todos los sitios de los que les llamen? Yo creo que no. Y a esa conclusión parece que también llegaron los directivos de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico cuando descartaron enviar a alguien a El castillo… en representación de la entidad, a pesar del interés manifestado por Gestmusic, que podría haberse materializado en forma de un buen fajo de euros. Quienes mantienen que hay que participar en este tipo de programas harían bien en preguntarse por qué destacados representantes del esoterismo español se han negado a hacerlo, por qué los creyentes en lo paranormal consideran lamentable el último proyecto de Cruz y Mainat, y por qué la inclusión de un escéptico entre el elenco ha sido recibida con alborozo por los fabricantes de misterios. Es lógico: la decisión de Armentia salpica no sólo a él, sino también a la organización que presidió durante tantos años y de la que sigue siendo el rostro más conocido, y de rebote al resto de los escépticos españoles. Nadie lo puede evitar y únicamente cabe desear que el portón de esa guarida freak caiga para siempre cuanto antes. Ya sabemos que los encerrados no tienen ningún poder: en su debut, les vieron cuatro gatos.

Cuando Rajoy y Zapatero son lo mismo

Algunos destacados políticos españoles son supersticiosos y ciertos periodistas, en vez de censurar esa actitud, la apoyan. Sucedió en 1997 cuando El País publicó un perfil de Joaquín Almunia, entonces secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y ocurrió el sábado cuando Telecinco emitió en paralelo dos entrevistas de Olga Viza a Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, los candidatos del Partido Popular (PP) y del PSOE, respectivamente, a la Presidencia del Gobierno en las elecciones de dentro de dos semanas. Hace siete años, en las páginas del diario del Grupo PRISA se daba la misma importancia a que Almunia fuera géminis que a su lugar de nacimiento y edad; el sábado, lo primero que preguntó la entrevistadora a los dos políticos enzarzados en la lucha por La Moncloa fue su signo del Zodíaco.

En 1997, Álex Grijelmo, responsable de la sección de El País en la que aparecía la historia, se justificaba diciendo que ése “es un dato cierto al que unos dan importancia y otros no”, y añadía que el texto era “un perfil biográfico, donde se anotan datos tan irrelevantes desde el punto de vista científico como la edad o el lugar del nacimiento”. Hablar de “irrelevantes desde el punto de vista científico” era una manera de escurrir el bulto. El lugar de nacimiento es tan importante que marca la vida de una persona y la edad revela la veteranía o la bisoñez y puede servir para explicar ciertas actitudes. El signo del Zodíaco, por el contrario, no condiciona nada. Ni para bien ni para mal. Almunia es -como Josu Jon Imaz, actual presidente del PNV- un crédulo de tomo y lomo. “Soy géminis y creo en el horóscopo”, decía en La Vanguardia en 1999. Al penúltimo secretario general del PSOE, le sirvió de poco su fe en las estrellas. No fue capaz de prever el batacazo que se iba a dar en las urnas en las elecciones generales de 2000.

Anteayer, Rajoy y Rodríguez Zapatero, en vez de responder a Olga Viza que la pregunta astrológica era una estupidez, dijeron su signo del Zodíaco. Como si tuviera importancia que el primero sea Aries y el segundo, Leo. Para mí, no; para Ernesto Ekaizer, adjunto a la dirección de El País, parece que sí. “La distancia percibida en ese enfrentamiento virtual entre ambos candidatos a La Moncloa es la que, mira por dónde, va desde Aries, signo del Zodíaco al que pertenece Mariano Rajoy, a Leo, al que pertenece José Luis Rodríguez Zapatero. Y esa distancia, si se evoca aquel decisivo debate entre Bush padre y Michael Dukakis, estuvo en una pregunta tan inofensiva como endiablada. “¿Qué haría usted si se encontrara en la calle con Mikel Antxa, el jefe de ETA?”, inquirió la periodista. Rodríguez Zapatero:”No le miraría la cara”. Rajoy: “Llamaría a la Policía para que le detengan”. La blanda respuesta, tan honesta como intelectual, de Rodríguez Zapatero, quedó en evidencia ante la decisión de Rajoy, muy de Aries y también muy propia del Partido Popular”, sentenciaba Ekaizer ayer en el diario madrileño. ¿Cuál es la distancia que va desde Aries a Leo?, ¿por qué la respuesta del candidato del PP es “muy de Aries”?, ¿tienen los aries inclinación a votar al PP?, ¿piensa en serio el comentarista político que existe diferencia entre un signo del Zodíaco y otro?

Si uno de los dos candidatos hubiera dejado claro que no cree en tonterías como el influjo de los astros, habría ganado puntos para llevarse mi voto. No es así. Y no me hablen del tercero en discordia, Gaspar Llamazares, el líder de Izquierda Unida (IU). Esta formación ha firmado un acuerdo con los socialistas por el que se comprometen, si llegan al poder, a cerrar todas las centrales nucleares en veinte años. La medida es popular y populista. Ya me dirán no sólo con qué piensan sustituir los progres la energía de origen nuclear, sino también a qué coste. ¿Qué van a proponer los líderes de la izquierda española a los países subdesarrollados para que alcancen nuestro nivel de bienestar, que quemen combustibles fósiles en vez de recurrir a la energía nuclear? ¿España va a emitir más gases de efecto invernadero a la atmósfera para tener contentos a los ecologistas de pacotilla? ¿Vamos a seguir comprando energía eléctrica de origen nuclear a Francia, en un alarde de cinismo político?

El candidato del PP promete, por su parte, que acabará con la telebasura -como si Operación Triunfo y Planeta encantado fueran herencia socialista- y, al mismo tiempo, Televisión Española (TVE) ficha al periodista Iker Jiménez para la venta de superstición y misterios prefabricados en las mañanas de viernes de La Primera. Coherencia, ante todo. Ahí está la de Juan Menor, director de TVE, que al comunicado sobre Planeta encantado de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico ha respondido con una carta en la que justifica lo injustificable. Dice, entre otras cosas, que en la televisión pública han reflexionado “sobre las características y contenidos” de la serie de Juan José Benítez y que, fruto de ello, ha sido “un cambio de orientación en nuestra programación, como habrán podido comprobar con la incorporación de la revista científica Atlantia, que dirige y conduce Manuel Toharia”. ¿También han sido fruto de ello la emisión de un programa especial desde Bélmez de la Moraleda, para mayor gloria de la charlatanería patria, y la inclusión de Jiménez entre los reporteros de TVE? ¿Dónde está el “cambio de orientación”?

La agencia Efe confunde astrología y astronomía

400 diarios y 100 revistas de España y América, todas las grandes cadenas de radio del mundo hispano, 86 canales de televisión americanos y todos los españoles, y más de 1.200 sitios de Internet se expusieron ayer involuntariamente al contagioso analfabetismo de la principal agencia de noticias en castellano. Si usted lee hoy en su periódico que unos astrólogos húngaros han descubierto un nuevo planeta más allá de donde nadie ha llegado jamás, agradézcaselo a Efe. “Informamos a los que informan”, dicen. Más bien, desinforman a los que informan. Sobre todo cuando hablan de ciencia.

El teletipo que llegó ayer a las redacciones de toda España y América estaba datado en Budapest, se titulaba “Astrólogos descubren un planeta a 650 años luz del Sistema Solar” y decía: “Un equipo de astrólogos húngaros ha descubierto un nuevo planeta a 650 años luz del sistema solar, en la constelación de Géminis, informó hoy el director del Instituto de Investigación de Astrología de la Academia Húngara de Ciencias, Lajos Balázs. El planeta descubierto gira alrededor de una estrella semejante al sol, realiza su recorrido en 1,56 días, y tiene una masa ocho veces más grande que la de Júpiter, según los primeros cálculos. Johanna Jurcsik, astróloga que encabezó al grupo de investigación, explicó que descubrieron el planeta por casualidad el pasado día 20. Balázs consideró que este hallazgo representa un “jalón importante en la investigación espacial”.

'Más Allá' informa del hallazgo del celacanto.Efe parece dispuesta a superarse. Hace dos años presentaba a bombo y platillo al celacanto como un animal que acababa de ser redescubierto, cuando en realidad lo fue en 1938. Ahora que Antena 3 va a encerrar a un grupo de freaks paranormales en un castillo para el típico programa al estilo de Gran hermano, la agencia de noticias española saca a los astrólogos del inframundo y les atribuye un hallazgo científico. Si no fueron capaces de ‘ver’ la influencia de Plutón en la personalidad de sus clientes antes de 1930 -año en el que Clyde Tombaugh descubrió el planeta-, ¿cómo van a haber detectado un mundo situado a 650 años luz? No lo han hecho, evidentemente. Los astrólogos del texto son en realidad astrónomos, disciplina a la que se dedica el organismo de la Academia Húngara de Ciencias al que pertenecen, y no a la astrología. ¡Hay que ser un analfabeto de tomo y lomo para confundir astronomía con astrología a estas alturas! ¿Quién dio el visto bueno a la emisión de ese despacho? ¿Es que nadie en la “primera agencia de noticias en español” revisa los originales antes de enviarlos a medio mundo?

Otro teletipo de Efe de los que confunden astrología con astronomía puso en su sitio hace dos años a los vendedores de misterios y en solfa el rigor de la agencia. Fechado el 19 de abril de 2002, decía, que “el coelacanth, un predador marino que se pensaba había desaparecido hace 70 millones de años, ha emergido “vivo y coleando” de aguas de la costa este de Sudáfrica, cuyo Gobierno ha lanzado una campaña para su conservación”, y añadía que “una colonia de la especie fue localizada a cien metros de profundidad en Sodwana Bay, al norte de Zululandia (una región de Sudáfrica)”. Esto último era la noticia. Cuando el despacho llegó a mis manos, no fui capaz de sospechar que pudiera llevar a confusión a nadie medianamente informado, y menos a quienes se pasan la vida hablando de la búsqueda de seres exóticos como el yeti y el bigfoot. Me confundí.

'Enigmas' informa del hallazgo del celacanto.Más Allá y Enigmas, las revistas dirigidas por Javier Sierra y Fernando Jiménez del Oso, presentaron en junio de 2002 una nueva especie marina que se creía extinguida desde hace decenas de millones de años. El bicho, explicaban, se llamaba coelacante (Más Allá, Nº 160) o coelacanth (Enigmas, Nº 79). Con tanto investigador de campo correteando por la península a la búsqueda de misterios sin resolver, nadie en las dos redacciones fue capaz de darse cuenta de que coelacanth -como decía el teletipo- es como se denomina en inglés al celacanto, el fósil viviente descubierto en las costas sudafricanas en 1938. Una muestra más del nivel del periodismo de investigación de que hacen gala los expertos en lo paranormal. La revista de Sierra iba más allá en la incompetencia que su rival. Separadas por noventa páginas, publicaba la noticia con foto de los coelacantes de Zululandia y un reportaje en el que los autores de un libro sobre criptozoología -la pseudociencia dedicada a la caza de monstruos- posaban ante un celacanto en el Museo de Ciencias Naturales de Tenerife. El animalito era idéntico al del notición. Es cuestión de tiempo que Jiménez del Oso, Sierra y sus muchachos hallen al cat, al dog, al horse, al mouse… Ahí fuera tienen un universo entero que redescubrir a sus lectores. Y, además, siempre les quedará Efe.