Medios y anticiencia

Cuando Rajoy y Zapatero son lo mismo

Algunos destacados políticos españoles son supersticiosos y ciertos periodistas, en vez de censurar esa actitud, la apoyan. Sucedió en 1997 cuando El País publicó un perfil de Joaquín Almunia, entonces secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y ocurrió el sábado cuando Telecinco emitió en paralelo dos entrevistas de Olga Viza a Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero, los candidatos del Partido Popular (PP) y del PSOE, respectivamente, a la Presidencia del Gobierno en las elecciones de dentro de dos semanas. Hace siete años, en las páginas del diario del Grupo PRISA se daba la misma importancia a que Almunia fuera géminis que a su lugar de nacimiento y edad; el sábado, lo primero que preguntó la entrevistadora a los dos políticos enzarzados en la lucha por La Moncloa fue su signo del Zodíaco.

En 1997, Álex Grijelmo, responsable de la sección de El País en la que aparecía la historia, se justificaba diciendo que ése “es un dato cierto al que unos dan importancia y otros no”, y añadía que el texto era “un perfil biográfico, donde se anotan datos tan irrelevantes desde el punto de vista científico como la edad o el lugar del nacimiento”. Hablar de “irrelevantes desde el punto de vista científico” era una manera de escurrir el bulto. El lugar de nacimiento es tan importante que marca la vida de una persona y la edad revela la veteranía o la bisoñez y puede servir para explicar ciertas actitudes. El signo del Zodíaco, por el contrario, no condiciona nada. Ni para bien ni para mal. Almunia es -como Josu Jon Imaz, actual presidente del PNV- un crédulo de tomo y lomo. “Soy géminis y creo en el horóscopo”, decía en La Vanguardia en 1999. Al penúltimo secretario general del PSOE, le sirvió de poco su fe en las estrellas. No fue capaz de prever el batacazo que se iba a dar en las urnas en las elecciones generales de 2000.

Anteayer, Rajoy y Rodríguez Zapatero, en vez de responder a Olga Viza que la pregunta astrológica era una estupidez, dijeron su signo del Zodíaco. Como si tuviera importancia que el primero sea Aries y el segundo, Leo. Para mí, no; para Ernesto Ekaizer, adjunto a la dirección de El País, parece que sí. “La distancia percibida en ese enfrentamiento virtual entre ambos candidatos a La Moncloa es la que, mira por dónde, va desde Aries, signo del Zodíaco al que pertenece Mariano Rajoy, a Leo, al que pertenece José Luis Rodríguez Zapatero. Y esa distancia, si se evoca aquel decisivo debate entre Bush padre y Michael Dukakis, estuvo en una pregunta tan inofensiva como endiablada. “¿Qué haría usted si se encontrara en la calle con Mikel Antxa, el jefe de ETA?”, inquirió la periodista. Rodríguez Zapatero:”No le miraría la cara”. Rajoy: “Llamaría a la Policía para que le detengan”. La blanda respuesta, tan honesta como intelectual, de Rodríguez Zapatero, quedó en evidencia ante la decisión de Rajoy, muy de Aries y también muy propia del Partido Popular”, sentenciaba Ekaizer ayer en el diario madrileño. ¿Cuál es la distancia que va desde Aries a Leo?, ¿por qué la respuesta del candidato del PP es “muy de Aries”?, ¿tienen los aries inclinación a votar al PP?, ¿piensa en serio el comentarista político que existe diferencia entre un signo del Zodíaco y otro?

Si uno de los dos candidatos hubiera dejado claro que no cree en tonterías como el influjo de los astros, habría ganado puntos para llevarse mi voto. No es así. Y no me hablen del tercero en discordia, Gaspar Llamazares, el líder de Izquierda Unida (IU). Esta formación ha firmado un acuerdo con los socialistas por el que se comprometen, si llegan al poder, a cerrar todas las centrales nucleares en veinte años. La medida es popular y populista. Ya me dirán no sólo con qué piensan sustituir los progres la energía de origen nuclear, sino también a qué coste. ¿Qué van a proponer los líderes de la izquierda española a los países subdesarrollados para que alcancen nuestro nivel de bienestar, que quemen combustibles fósiles en vez de recurrir a la energía nuclear? ¿España va a emitir más gases de efecto invernadero a la atmósfera para tener contentos a los ecologistas de pacotilla? ¿Vamos a seguir comprando energía eléctrica de origen nuclear a Francia, en un alarde de cinismo político?

El candidato del PP promete, por su parte, que acabará con la telebasura -como si Operación Triunfo y Planeta encantado fueran herencia socialista- y, al mismo tiempo, Televisión Española (TVE) ficha al periodista Iker Jiménez para la venta de superstición y misterios prefabricados en las mañanas de viernes de La Primera. Coherencia, ante todo. Ahí está la de Juan Menor, director de TVE, que al comunicado sobre Planeta encantado de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico ha respondido con una carta en la que justifica lo injustificable. Dice, entre otras cosas, que en la televisión pública han reflexionado “sobre las características y contenidos” de la serie de Juan José Benítez y que, fruto de ello, ha sido “un cambio de orientación en nuestra programación, como habrán podido comprobar con la incorporación de la revista científica Atlantia, que dirige y conduce Manuel Toharia”. ¿También han sido fruto de ello la emisión de un programa especial desde Bélmez de la Moraleda, para mayor gloria de la charlatanería patria, y la inclusión de Jiménez entre los reporteros de TVE? ¿Dónde está el “cambio de orientación”?

La agencia Efe confunde astrología y astronomía

400 diarios y 100 revistas de España y América, todas las grandes cadenas de radio del mundo hispano, 86 canales de televisión americanos y todos los españoles, y más de 1.200 sitios de Internet se expusieron ayer involuntariamente al contagioso analfabetismo de la principal agencia de noticias en castellano. Si usted lee hoy en su periódico que unos astrólogos húngaros han descubierto un nuevo planeta más allá de donde nadie ha llegado jamás, agradézcaselo a Efe. “Informamos a los que informan”, dicen. Más bien, desinforman a los que informan. Sobre todo cuando hablan de ciencia.

El teletipo que llegó ayer a las redacciones de toda España y América estaba datado en Budapest, se titulaba “Astrólogos descubren un planeta a 650 años luz del Sistema Solar” y decía: “Un equipo de astrólogos húngaros ha descubierto un nuevo planeta a 650 años luz del sistema solar, en la constelación de Géminis, informó hoy el director del Instituto de Investigación de Astrología de la Academia Húngara de Ciencias, Lajos Balázs. El planeta descubierto gira alrededor de una estrella semejante al sol, realiza su recorrido en 1,56 días, y tiene una masa ocho veces más grande que la de Júpiter, según los primeros cálculos. Johanna Jurcsik, astróloga que encabezó al grupo de investigación, explicó que descubrieron el planeta por casualidad el pasado día 20. Balázs consideró que este hallazgo representa un “jalón importante en la investigación espacial”.

'Más Allá' informa del hallazgo del celacanto.Efe parece dispuesta a superarse. Hace dos años presentaba a bombo y platillo al celacanto como un animal que acababa de ser redescubierto, cuando en realidad lo fue en 1938. Ahora que Antena 3 va a encerrar a un grupo de freaks paranormales en un castillo para el típico programa al estilo de Gran hermano, la agencia de noticias española saca a los astrólogos del inframundo y les atribuye un hallazgo científico. Si no fueron capaces de ‘ver’ la influencia de Plutón en la personalidad de sus clientes antes de 1930 -año en el que Clyde Tombaugh descubrió el planeta-, ¿cómo van a haber detectado un mundo situado a 650 años luz? No lo han hecho, evidentemente. Los astrólogos del texto son en realidad astrónomos, disciplina a la que se dedica el organismo de la Academia Húngara de Ciencias al que pertenecen, y no a la astrología. ¡Hay que ser un analfabeto de tomo y lomo para confundir astronomía con astrología a estas alturas! ¿Quién dio el visto bueno a la emisión de ese despacho? ¿Es que nadie en la “primera agencia de noticias en español” revisa los originales antes de enviarlos a medio mundo?

Otro teletipo de Efe de los que confunden astrología con astronomía puso en su sitio hace dos años a los vendedores de misterios y en solfa el rigor de la agencia. Fechado el 19 de abril de 2002, decía, que “el coelacanth, un predador marino que se pensaba había desaparecido hace 70 millones de años, ha emergido “vivo y coleando” de aguas de la costa este de Sudáfrica, cuyo Gobierno ha lanzado una campaña para su conservación”, y añadía que “una colonia de la especie fue localizada a cien metros de profundidad en Sodwana Bay, al norte de Zululandia (una región de Sudáfrica)”. Esto último era la noticia. Cuando el despacho llegó a mis manos, no fui capaz de sospechar que pudiera llevar a confusión a nadie medianamente informado, y menos a quienes se pasan la vida hablando de la búsqueda de seres exóticos como el yeti y el bigfoot. Me confundí.

'Enigmas' informa del hallazgo del celacanto.Más Allá y Enigmas, las revistas dirigidas por Javier Sierra y Fernando Jiménez del Oso, presentaron en junio de 2002 una nueva especie marina que se creía extinguida desde hace decenas de millones de años. El bicho, explicaban, se llamaba coelacante (Más Allá, Nº 160) o coelacanth (Enigmas, Nº 79). Con tanto investigador de campo correteando por la península a la búsqueda de misterios sin resolver, nadie en las dos redacciones fue capaz de darse cuenta de que coelacanth -como decía el teletipo- es como se denomina en inglés al celacanto, el fósil viviente descubierto en las costas sudafricanas en 1938. Una muestra más del nivel del periodismo de investigación de que hacen gala los expertos en lo paranormal. La revista de Sierra iba más allá en la incompetencia que su rival. Separadas por noventa páginas, publicaba la noticia con foto de los coelacantes de Zululandia y un reportaje en el que los autores de un libro sobre criptozoología -la pseudociencia dedicada a la caza de monstruos- posaban ante un celacanto en el Museo de Ciencias Naturales de Tenerife. El animalito era idéntico al del notición. Es cuestión de tiempo que Jiménez del Oso, Sierra y sus muchachos hallen al cat, al dog, al horse, al mouse… Ahí fuera tienen un universo entero que redescubrir a sus lectores. Y, además, siempre les quedará Efe.

Sci-Fi Channel y los platillos volantes, la conspiración como gancho publicitario

Sci-Fi Channel, el canal estadounidense de televisión de pago dedicado a la ciencia ficción, ha anunciado que demandará a la NASA, el Departamento de Defensa, la Armada y la Fuerza Aérea de Estados Unidos para que desclasifiquen información sobre observaciones de ovnis. Inmediatamente, agencias de noticias como Reuters y Efe han entrado al trapo y han dado una envidiable y gratuita cobertura publicitaria a la historia. Hay que alabar la astucia de los directores del canal, gracias a la cual nos hemos enterado hasta en España -donde no se ve- de que mañana se estrena en EE UU un documental sobre un misterioso incidente ufológico que -¡oh, casualidad!- está en el origen de la futura actuación ante los tribunales.

El suceso ocurrió el 9 de diciembre de 1965 cuando pasó sobre Kecksburg, Pensilvania, una bola de fuego que se estrelló en un bosque. Al estilo de Expediente X, helicópteros y vehículos terrestres militares tomaron la zona y se llegó a imponer en Kecksburg la ley marcial. Desde entonces, muchos han atribuido el incidente a la caída del Cosmos 96, una sonda soviética con Venus como destino, y la posterior recuperación de sus restos por parte de EE UU. Cuarenta años después, sin embargo, Sci-Fi Channel -que lo mismo emite una serie como Babylon 5 que documentales sobre misterios sin resolver– se ha aliado con la Coalición para la Libertad de la Información, una organización de ufólogos obsesionados con el secreto ovni, para denunciar a diversos organismos gubernamentales estadounidenses. El paso lo han dado tras haber ignorado la NASA un ultimátum que le mandaron por carta en el que piden que abra sus archivos, porque no se creen la versión oficial de los hechos. Según ésta, la bola de fuego habría sido el Cosmos 96, algo que para algunos ufólogos no cuadra porque los restos de la nave no pudieron acabar en Pensilvania a la hora en que se vio el ovni, ya que fuentes oficiales han asegurado que la sonda se estrelló en Canadá trece horas antes de la visión de Kecksburg. Entonces, ¿en qué consistió este otro Roswell?

James E. Oberg ha indicado, en el blog de Alan Boyle, periodista de la MSNBC, que, a pesar del desfase geográfico y temporal, pudo tratarse del Cosmos 96. En plena guerra fría, la operación montada por EE UU para hacerse con los restos de la nave enemiga habría incluido la falsificación del horario y la trayectoria de la reentrada para que no se relacionase el depliegue militar con el ingenio soviético y evitar así un incidente diplomático, según Oberg. También pudo tratarse de un meteorito a cuya búsqueda salieron los soldados al tomarlo el Pentágono por la Cosmos 96. Lo cierto es que no hay prueba alguna de que se tratara de algo de otro mundo y, sí en cambio, sospechas fundadas de que fue un ingenio humano o un fenómeno natural. Por de pronto, Sci-Fi Channel estrenará mañana el documental The new Roswell: Kecksburg exposed y lo lógico es pensar que estamos ante una maniobra publicitaria como la de hace un año.

El canal de pago estrenó el 22 de noviembre de 2002 un documental sobre una excavación arqueológica en el sitio en el que presuntamente se habría estrellado el famoso ovni de Roswell en el verano de 1947. El director de las excavaciones, Bill Doleman, de la Universidad de Nuevo México, había anunciado antes el hallazgo de “algo” que le había “sorprendido”. La emisión The Roswell crash: startling new evidence pasó, al final, sin pena ni gloria, pero es que tampoco Sci-Fi Channel perseguía otra cosa que no fuera publicidad gratuita. El documental era el cebo para atraer telespectadores hacia Taken, el serial sobre varias generaciones de secuestrados por extraterrestres producido por Steven Spielberg cuyos derechos para España ha adquirido Tele 5. Una órbita solar después, todo parece indicar que estamos ante una repetición de la jugada y que, gracias a la ingenuidad de muchos, Sci-Fi Channel se ha ahorrado un dinero a la hora de promocionar su último producto, el documental sobre el caso de Kecksburg.

Carta colectiva a ‘Scientific American’

Más de setenta científicos, divulgadores y aficionados a la ciencia han dirigido una carta a los editores de Scientific American para quejarse por la publicación, en la versión española de la revista, del artículo de Elvira Martínez, María Victoria Carbonell y Mercedes Flórez titulado “Estimulación de la germinación y el crecimiento por la exposición a campos magnéticos”, incluido en el número de septiembre y comentado aquí hace unos días. Consideran que ese texto del número 324 de Investigación y Ciencia es “la más flagrante muestra de pseudociencia” que han visto “en mucho tiempo” y añaden lo triste que ha sido para ellos encontrárselo en “una revista, por lo demás, excelente”.

“El artículo -explican- afirma que las propiedades físicas y químicas del agua cambian significativamente con su exposición a un campo magnético”, presupuesto que se basa en argumentos científicos “poco sólidos” y que las autoras, profesoras de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid, dan por bueno para sus experimentos, expuestos en un trabajo que contiene otros fallos metodológicos graves. Los firmantes de esta carta, una iniciativa de la bióloga Adela Torres, están “desolados” por que el nivel de calidad a la hora de aceptar artículos haya caído en la revista por debajo del mínimo requerido para ofrecer una visión real de “la investigación en España y en el mundo”. Y piden a los responsables de Scientific American que velen para que no se repita algo así en el futuro y tanto la revista americana como su edición española sigan siendo “unas herramientas magníficas para acercar la ciencia al público no especializado”.

¿Se movilizará también la comunidad escéptica contra la emisión por Televisión Española (TVE), desde el domingo, de Planeta encantado, una delirante serie documental en la que Juan José Benítez llena nuestro pasado de extraterrestres y misterios inventados?

¿Va a entrar ‘Investigación y Ciencia’ en el mercado de los artilugios para imantar agua?

Investigación y Ciencia está considerada una publicación rigurosa, nada dada al sensacionalismo ni al tonteo con la charlatanería al que tan propensas son otras revistas de divulgación de menor nivel que denuncian memeces o las promueven según la dirección del viento. Por eso, lo ocurrido en el número 324 (septiembre de 2003) de la edición española de Scientific American resulta, como poco, sorprendente. A los responsables de la revista les han colado una investigación digna de Más Allá y Año Cero, publicaciones que, a buen seguro, se harán pronto eco del artículo titulado “Estimulación de la germinación y el crecimiento por la exposición a campos magnéticos”.

Elvira Martínez, María Victoria Carbonell y Mercedes Flórez, profesoras de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid y autoras del texto, se han ganado a pulso un hueco de honor en las teletiendas como avalistas de la magnetización del agua, algo imposible desde el punto de vista físico que ellas dicen haber logrado y que ha dado lugar desde hace años a una próspera industria de engañabobos. El artículo lleva un descriptivo subtítulo -“El tratamiento magnético de semillas y el riego con agua tratada magnéticamente permite aumentar el porcentaje y velocidad de germinación, así como la longitud y el peso de las plantas”- que debería de haber hecho saltar todas las alarmas entre los responsables de Investigación y Ciencia. No fue así y quienes han cazado al monstruo cuando ya se había escapado de la jaula han sido los miembros de la lista de correo Escépticos, que han dirigido a la dirección de la revista cartas en las que denuncian el cariz anticientífico del trabajo, cuya candidatura a los premios Ig Nobel tendría que estar ya en marcha.

Habrá que ver el número de Investigación y Ciencia de octubre: igual anuncia artilugios para imantar el agua del grifo y se explica así la manga ancha de la dirección. Mientras tanto, nada mejor que suscribirse a la lista de correo Escépticos y aprender un poco de la mano del puñado de divulgadores y científicos que frecuentan ese foro.