Medicina alternativa

Charlatanes hacen campaña contra la vacuna del cáncer de cuello de útero

La World Association for Cancer Research (WACR) pidió ayer al Ministerio de Sanidad español una moratoria de la vacuna del cáncer de cuello de útero, así como la suspensión de la publicidad “engañosa” que promueve el tratamiento, según informó la agencia Efe. El texto advertía de que la entidad va a emprender acciones legales para proteger a “cientos de miles de niñas a las que se pretende inocular una vacuna potencialmente peligrosa, cuya eficacia y seguridad clínica jamás se ha demostrado”. Convene recordar que unas 600 mujeres mueren cada año en España por cáncer de cuello de útero provocado por el virus del papiloma humano, que se transmite por vía sexual. El despacho citaba al promotor de la iniciativa y presidente de la WACR, José Antonio Campoy, pero se olvidaba de clarificadores detalles sobre su valía científica que pueden servir a las autoridades para guiarse a la hora de tomar cartas en el asunto y a los ciudadanos de a pie para hacerse una idea de la magnitud del problema.

Portada de la revista 'Discovery DSalud'.Campoy es el director de la revista Discovery DSalud, que, en contra de lo que su nombre pueda sugerir, no tienen nada que ver con Discovery Channel. Es una publicación mensual en la cual se anuncian en cada número un sinfín de descubrimientos que la medicina oficial nos quiere ocultar para negocio de las farmacéuticas, los malvados de turno. Así, en el número 101 -el último que me ha llegado-, entre otros titulares de la portada, destacan que el cáncer no es una enfermedad, sino un mecanismo de defensa del cuerpo y que los fármacos contra el sida son mortales, así como la rotunda afirmación de que “el actual paradigma médico está muerto”, obra del director de la revista, y dos noticiones: que se ha inventado “un dispositivo portátil que protege de los microbios y otros agentes patógenos” y que hay una baya curalotodo que “previene, además, el envejecimiento”. Todo, por sólo 3,5 euros. Para que luego digan que el saber no está alcance de cualquiera.

Quien explica este mes en Discovery DSalud la verdad sobre el cáncer es Coral Mateo, presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria. Para ella, lo que llamamos cáncer es “un proceso biológico natural de defensa que el organismo pone en macha cuando en un momento dado, no siendo suficientes los mecanismos habituales de desintoxicación, decide crear tejidos nuevos -gracias a los oncogenes- a fin de desarrollar tumores en cuyo interior depositar los residuos tóxicos para aislarlos encapsulándolos. Los tumores en suma, vendrían a ser -explica Antonio Muro, autor del reportaje- como cubos de basuraen los que el cuerpo deposita los desperdicios para luego destruirlos. Y, evidentemente, si lo que postula [Mateo] es correcto, atacar los tumores será un inmenso error”. La remisión total de un tumor, dice la homeópata, “puede lograrse si el paciente cambia completamente el chip de quién es, cuenta con apoyo psicológico, hace una alimentación natural, elimina todas las fuentes que contaminan su organismo, no vuelve a introducir ninguna toxina en su cuerpo y, finalmente, deja que el organismo funciones de forma natural”. Nada de cirugía, radioterapia, ni quimioterapia; que el cáncer crezca a su aire. Campoy asegura en el editorial de la revista que la idea de que el cáncer es un mecanismo de defensa del cuerpo “tiene fundamento”. Digo yo que se lo habrán dicho los extraterrestres.

Porque el Jose Antonio Campoy de la WACR y de Discovery DSalud es el mismo que fue director de la revista Más Allá entre julio 1993 y octubre 1998; publicó un libro con sus entrevistas a Geenom, un extraterrestre al que nuestro protagonista puso consultorio mensual en Más Allá al estilo de Elena Francis; y defiende que el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) no es el causante del sida. Pero esas credenciales no las incluye el teletipo de Efe, en el que sobrecoge leer que el grupo de Campoy reclame que la campaña institucional pro vacunación contra el papiloma humano se sustituya por una de información “veraz, clara objetiva”. Me imagino que como la proporcionada por Discovery DSalud, Más Allá y Geenom.

El consultorio de Geenom que José Antonio Campoy llevaba en 'Más Allá'.

Sé que estamos en Semana Santa y que casi todo vale, pero es lamentable que una agencia de noticias haga de altavoz de insensateces de este calibre y otorgue algún crédito a una asociación que nació en diciembre de 2006 “ante la constatación del fracaso de los actuales tratamentos oncológicos” y “la necesidad de afrontar el fenómeno conocido como cáncer de forma multidisciplinar y holística”, lo que en román paladino quiere decir dando entrada a todo tipo de brujerías. Supongo que algo habrá influido también el nombre en inglés de la sociedad para que nadie se haya molestado en comprobar que la World Association for Cancer Research (WACR) está formada, mayoritariamente, por médicos alternativos capitaneados por el amigo de los extraterrestres y por Antonio Muro, vicepresidente de la entidad y miembro del equipo de Discovery DSalud.

No sé si algún medio se habrá hecho eco del disparate de la WACR y su campaña contra la vacunación del papiloma humano, pero, si ha sido así, convendría que las autoridades sanitarias y los médicos pusieran inmediatamente las cosas en su sitio, ¿no creen?

La estafa de los brujos, en Punto Radio Bilbao

El abogado Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, Almudena Cacho y yo hablamos el miércoles, en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la estafa de los brujos. ¿El motivo? La reciente sentencia del Tribunal Supremo que absuelve a una curandera que timó 18.000 euros a dos hermanos que acudieron a ella para ver si acababa con el cáncer que estaba matando a su padre. Aunque voy a escribir sobre el caso -no quería hacerlo hasta no leer la sentencia-, pueden escuchar como adelanto la primera entrega del espacio que Punto Radio Bilbao dedica semanalmente al escepticismo.

Cataluña legaliza la hechicería sanitaria

Brujo.Ya tienen los hechiceros sanitarios una bonita ley catalana que les ampara en sus desmanes, y sus colegas del resto de España una norma cuya aprobación exigir hasta en la última de las comunidades autónomas. Lo lógico en un país desarrollado y serio es que los poderes públicos velen por la salud de los ciudadanos, dejando la Sanidad en manos de profesionales debidamente cualificados, impidiendo la venta de pócimas milagrosas y limitando las prácticas sanitarias a aquéllas cuya validez haya sido demostrada.

Lamentablemente, este país ni es desarrollado ni serio, y el Consejo Ejecutivo de la Generalitat catalana acaba de aprobar un decreto que regula como práctica sanitaria lo que no lo es. Porque da igual lo que argumenten los espabilados -licenciados en Medicina o no- que practican las terapias alternativas, da igual lo que digan sus clientes y que sean muchos, da igual lo que sostenga el gremio médico, la homeopatía, la acupuntura, la iridología y todo el batiburrillo de saberes que forma la denominaba medicina alternativa no son ninguna alternativa a la medicina, porque no son medicina. Como la astrología no puede ser nunca alternativa a la astronomía; la brujería, a la física; la criptozoología, a la zoología; y la astroarqueología, a la historia.

Los dos primeros párrafos del decreto son un auténtico disparate:

“La existencia de diversas maneras de entender la persona, el diagnóstico, la enfermedad y el tratamiento, relacionadas con la tradición de las diferentes culturas, condiciona los criterios o las opciones médicas y terapéuticas distintas. Estas concepciones diversas se encuentran tanto en la medicina oficial, convencional o alopática, como en el resto de criterios llamados no convencionales, complementarios, alternativos, naturales u holísticos. Cada uno de estos criterios utiliza remedios o técnicas diferentes.

Los criterios en que se basan las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática y aplican procesos de diagnóstico y terapéuticos propios.”

La norma parte de un pernicioso relativismo -“la existencia de diversas maneras de entender la persona”, “las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática”- que permite casi todo. Desde ese punto de vista, ¿acaso no es un tratamiento sanitario el del adivino que reconforta a su cliente, poner bolas de cristal bajo la almohada para curar el cáncer o tomarse la pócima que hace, según el curandero de turno, desaparecer el sida?, ¿por qué esos depositarios de un saber diferente tienen que demostrar que lo que hacen es más que estafar al personal y no se le exige lo mismo a un osteópata, reflexólogo o lo que sea, esté o no titulado en Medicina? La norma catalana libera a los terapeutas naturales de demostrar que lo que hacen es algo más que hechicería, algo más que echar agua bendita en unas instalaciones recién inauguradas. La superstición y el fraude reciben así cobertura legal y sus practicantes podrán exhibir en las consultas una acreditación oficial.

La Generalitat destaca, en el anuncio de su decisión, que Cataluña ha aprobado un decreto “pionero en Europa”, como si hubiera un motivo para la alegría y no para la vergüenza. Mañana, esos sabios gobernantes podrían decidir -¡por qué no!- que a los astrólogos les hicieran sitio en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, por ejemplo, y sería igual de loable. Lo que ha hecho la Generalitat con las terapias naturales es una muestra de populismo alejado de cualquier criterio científico y racional, y de toda lógica. ¿Por qué hay que exigir efectividad a los tratamientos convencionales y no a la acupuntura o a la -¡agárrense!- liberación holística de estrés con técnicas de kinesiología?

La Organización Médica Colegial (OMC) considera que el decreto catalán “pone en riesgo la salud de los ciudadanos” y “puede representar un riesgo sanitario de primera magnitud”. No se hagan ilusiones. No es que el gremio médico haya entrado en razón y decidido que no han de fomentarse prácticas sanitarias sin base científica. No. Lo que hace es recordar que “toda terapia, convencional o no, es en sí misma un acto sanitario que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y de una aplicación de la misma que debe ser realizada, necesaria y obligatoriamente por un profesional cualificado y legalmente autorizado”. No estamos, por tanto, ante una defensa de los ciudadanos frente el avance de la pseudomedicina, sino del gremialismo más feroz, el que defiende que quienes practiquen la hechicería sanitaria sean titulados en Medicina.

El Gobierno catalán hace que esa comunidad retroceda a tiempos precientíficos y pone la salud de los ciudadanos en manos de hechiceros. Mal empieza 2007, el Año de la Ciencia.

Un cirujano psíquico en Telecinco

El traslado a formato digital de la videoteca me ha permitido recuperar algunas joyas, de las que hoy traigo aquí parte de uno de los episodios más vergonzosos de la televisión paranormal española. Ocurrió el 22 julio de 1993 en Otra Dimensión, programa que dirigía Félix Gracia en Telecinco. El protagonista fue un carpintero inglés, de nombre Stephen Turoff, que decía caer poseído por un médico alemán fallecido en 1912, el doctor Kahn, y practicar en trance operaciones de cirugía psíquica; es decir, sin bisturí, sin anestesia y sin dolor, sin dejar cicatriz y extrayendo del cuerpo lo que haga falta. Sobra decir que la cirugía psíquica es uno de esos repugnantes montajes para sacar dinero a gente desahuciada o víctima de enfermedades crónicas incurables. Pues bien, hace trece años, Gracia, fundador y entonces editor de la revista Más Allá, puso su programa de televisión al servicio del estafador de Turoff y el resultado fue lo que en aquella época -¡no sabían lo que vendría después y ahora sufrimos!- la crítica consideró la cota más alta de telebasura.

¿Qué fue lo que hizo el carpintero? Se transformó ante las cámaras den el médico fallecido, para lo cual, se quitó las gafas, frunció el ceño y se puso a cojear. A partir de ese momento, comenzó a curar pacientes en directo. El caso más llamativo fue el de una mujer, Isabel González Durán, que dijo haber recuperado la vista tras la intervención del charlatán y que la cadena de televisión vendió como un milagro, diciendo que la agudeza visual de la enferma había pasado del 10% anterior al programa al 80% posterior en el ojo izquierdo y del 30% al 95% en el derecho. Un detalle tonto, del que se olvidó el equipo de Otra Dimensión –incluido el hoy novelista Javier Sierra, que era uno de los guionistas-, es que la mujer había sido intervenida de un glaucoma en el hospital Gregorio Marañón en 1986 y que su agudeza visual no había dejado de mejorar desde ese momento, tal como constaba en informes médicos que la cifraban ya en el 60% en octubre de 1992.

Los dos momentos más repulsivos del programa -que pueden ver aquí– tuvieron como víctimas a dos niños paralíticos cerebrales, cuya desgracia los responsables de Otra Dimensión y Turoff convirtieron en espectáculo. Vean, escuchen a la traductora y al propio Gracia, y comprueben hasta qué punto pueden llegar algunos desaprensivos. Curiosamente, los responsables de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), entidad que era en 1993 uno de los principales accionistas de Telecinco, no se pusieron en manos de Stephen Turoff para recuperar la vista. El carpintero cobraba hace trece años 4.000 pesetas por consulta -unos 24 euros- y en la hora que duró el espectáculo televisivo atendió a veinticuatro personas, con lo que es fácil suponer que lo suyo es un gran negocio. Sus víctimas son personas que se encuentran en situaciones límite o deseperadas a las que engaña y estafa, como hizo en 1993 con los padres de los dos niños paralíticos cerebrales a los que pasó consulta ante las cámaras de televisión.