Medicina alternativa

Los quiroprácticos británicos contra Simon Singh, en Punto Radio Bilbao

Mauricio-José Schwarz, Javier San Martín y yo hablamos el 10 de junio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre el caso de los quiroprácticos contra Simon Singh y de Star trek, en la trigésima primera entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Una asociación británica de quiroprácticos pide a sus asociados que destruyan las pruebas de su engaño

La Asociación Quiropráctica McTimoney (MCA) ha pedido a sus miembros en un correo urgente y confidencial que destruyan inmeditamente todas las pruebas documentales que respalden la idea de que han prometido alguna vez a sus clientes que pueden tratar dolencias infantiles y eliminen toda la papelería en la que se presenten como doctores sin especificar que no lo son en medicina, sino en esta práctica alternativa, según me entero a través de Fernando L. Frías. La drástica medida, que me ha recordado a la de los camellos de las películas que corren a tirar la droga por el inodoro cuando la Policía llama a la puerta, la ha tomado la entidad británica tras la denuncia de la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) contra el periodista Simon Singh por haber dicho, en un artículo publicado en The Guardian titulado ‘Beware the spinal trap’ (Cuidado con la trampa de la columna vertebral), que la BCA “es la cara respetable de la profesión quiropráctica y promueve alegremente tratamientos falsos”.

Los quiroprácticos sostienen que pueden curar multitud de dolencias mediante la manipulación vertebral, algo nunca demostrado. Tras el intento judicial de la BCA de silenciar a Singh con una demanda por difamación que le ocasionará un gran gasto en abogados, “numerosos científicos y escépticos británicos se han dedicado a escudriñar las páginas web de los quiroprácticos, denunciando ante las autoridades de consumo e incluso ante el Consejo General de Quiropráctica (organismo de la profesión con funciones autorreguladoras, aunque hasta ahora no ha demostrado demasiado entusiasmo por cumplir esta tarea) a quienes aseguran sin ninguna prueba que los tratamientos quiroprácticos sirven para curar enfermedades (es decir, prácticamente todos), o se presentan como doctores sin tener en realidad ninguna titulación médica (de nuevo, prácticamente todos)”, escribe Frías. Y, para que no les pillen con las manos en la masa, la MCA no sólo ha pedido a sus asociados que destruyan las pruebas que apunten en esa dirección, sino que también ha cerrado su web. Como dice Frías en su artículo ‘Un nuevo aliado para simon Singh’, “la MCA demuestra que al menos ellos sí que los están promocionado [se refiere a los tratamientos quiroprácticos] a sabiendas de que no hay evidencias científicas que demuestren su eficacia”.

Mientras la MCA se pega tiros en los pies, se siguen sumando nombres ilustres al manifiesto de apoyo a Singh, que puede firmar quien quiera. El respaldo recibido por el escéptico en su país y desde el resto el mundo demuestra lo necesario que es que quienes apostamos por el pensamiento crítico aunemos fuerzas para plantar cara a quienes abusan de la buena fe de la gente y podamos denunciar con tranquilidad sus abusos ante la opinión pública. Si quieren trabajar en esa dirección, únanse al Círculo Escéptico, asociación organizadora de los más importantes actos de divulgación del pensamiento crítico celebrados en España, que se ha convertido en menos de cuatro años en un referente para todos los interesados en una aproximación racional a lo sobrenatural y que ha mostrado expresamente su apoyo a Singh.

Los quiroprácticos contra Simon Singh: la Justicia británica contra la libertad de crítica científica

Simon Singh.El periodista Simon Singh publicó el 19 de abril de 2008 en el diario británico The Guardian un artículo de opinión, “Beware the spinal trap” (Cuidado con la trampa de la columna vertebral), en el que cuestionaba la efectividad de la quiropráctica a la hora de tratar en niños cólicos, problemas de sueño, infecciones de oído, asma… Los quiroprácticos defienden que la mayoría de las enfermedades se deben a subluxaciones de la columna vertebral que presionan los nervios. Dicen que pueden sanar o aliviar a los enfermos corrigiendo esas subluxaciones, de cuya existencia, por cierto, no hay pruebas científicas.

“Puedo calificar estos tratamientos [se refiere a la quiropráctica] de falsos porque he escrito un libro sobe la medicina alternativa conjuntamente con el primer profesor del mundo de medicina complementaria, Edzard Ernst. Él aprendió las técnicas de la quiropráctica y las utilizó como doctor. Fue entonces comenzó a ver la necesidad de una cierta evaluación crítica. Entre otros proyectos, examinó los resultados de 70 ensayos experimentales sobre las ventajas de la terapia de la quiropráctica en afecciones que no tienen que ver con la espalda. No encontró ninguna prueba que sugiera que los quiroprácticos puedan tratar cualquiera de esas dolencias”, escribió Singh en The Guardian.

La Asociación Británica de Quiropráctica (BCA), citada en el texto -“es la cara respetable de la profesión quiropráctica y promueve alegremente tratamientos falsos”-, demandó a Singh por difamación amparándose en la legislación inglesa. Ahora, el periodista se enfrenta a un costoso proceso en el cual está en juego la libertad de crítica y la carga de la prueba recae perversamente sobre él y no sobre la quiropráctica, que nunca ha demostrado su efectividad.

David Allen Green, abogado experto en temas de comunicación, alertaba hace unos días en “No critiques o te demandamos”, de la indefensión de los críticos de las afirmaciones pseudocientíficas frente a las demandas por difamación y del uso de éstas como método de silenciamiento. “Es demasiado fácil poner en marcha una demanda antidifamación en relación con cualquier declaración que puede considerarse crítica. Ningún científico responsable, director de revista o escritor debería tener que hacer frente a esta escalofriante situación. Hay algo profundamente erróneo en que las críticas científicas legítimas puedan ser silenciada de esta manera”, escribe Green.

Si usted considera esto un abuso al que hay que poner coto, únase al grupo de Facebook de apoyo a Simon Singh y firme el siguiente manifiesto de apoyo. Nos jugamos el derecho a criticar las afirmaciones infundadas, a defender la racionalidad y la ciencia ante la pseudociencia y la charlatanería.

La ley no tiene sitio en las disputas científicas

Los firmantes consideramos inapropiada la utilización de la legislación inglesa antidifamación para silenciar la discusión crítica acerca de prácticas médicas y pruebas científicas.La Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) ha demandado a Simon Singh por difamación. La comunidad científica habría preferido que la BCA hubiera defendido su postura acerca de la quiropráctica como tratamiento para varias dolencias infantiles en una discusión abierta en la literatura médica con revisión por pares o a través del debate en los medios de comunicación.Singh mantiene que la efectividad de los tratamientos quiroprácticos contra el asma, las infecciones de oído y otras dolencias infantiles no está respaldada por pruebas. Si las afirmaciones médicas de cura o tratamiento no parecen respaldadas por pruebas, deberíamos poder criticarlas vigorosamente y el público debería tener accesos a esas críticas.

Sin embargo, la legislación inglesa antidifamación puede utilizarse para castigar este tipo examen crítico y restringir seriamente el derecho a la libertad de expresión en un asunto de interés público. Es generalmente admitido que la legislación antidifamación está muy inclinada en contra de los autores: entre otras cosas, los costes del proceso son tan altos que están al alcance de pocos demandados. La facilidad para sacar adelante demandas bajo la ley inglesa, incluidas contra escritores de otros países, ha hecho que Londres sea considerada la capital mundial de la difamación.

La libertad para críticar y cuestionar con firmeza y sin malicia es la piedra angular de la discusión y el debate científicos, sea en publicaciones con revisión por pares, en webs o en periódicos, que incluyen el derecho de réplica de los afectados. Sin embargo, la legislación antidifamación y casos como el de la BCA contra Singh tienen un efecto escalofriante: disuaden a los científicos, los periodistas y los divulgadores de involucrarse en disputas importantes sobre las pruebas de la efectividad de productos y prácticas. La legislación antidifamación mina la discusión y el debate científicos, y alienta el uso de los tribunales para silenciar a los críticos.

La legislación inglesa antidifamación no tiene sitio en el debate científico; la BCA debería discutir sobre las pruebas fuera de los juzgados. El caso de la BCA contra Singh revela, además, la existencia de un problema más profundo: la necesidad urgente de revisar el modo en que la legislación antidifamación inglesa afecta a las discusiones sobre pruebas médicas y científicas.

La Sanidad catalana empieza a costear tratamientos de acupuntura, homeopatía y flores de Bach

La Sanidad catalana ha incluido ya en el catálogo de prestaciones sanitarias la acupuntura, la homeopatía y las flores de Bach, prácticas cuya efectividad nunca ha sido demostrada científicamente. Según me informa Francisco Manuel Crespo Romero y publica El Periódico, el Centro de Atención Primaria de Sagrada Familia (Barcelona) será el primero en ofrecer este mes esos tratamientos, que se basan en mágicos equilibrios energéticos (acupuntura y flores de Bach) y en la inexistente memoria del agua (homeopatía). Alguien debería explicar a los contribuyentes catalanes desde la Generalitat cuál es el criterio que se sigue para malgastar dinero público en unos remedios que, aunque los practiquen profesionales sanitarios, son hechicería, y no medicina. Una vergüenza, y más en tiempos de crisis y en un sistema de salud, el catalán, del que se dice que está en quiebra técnica. Ya puestos, podían ahorrar dinero -con la misma efectividad sanitaria que la acupuntura, la homeopatía y las flores de Bach- sustituyendo estos tratamientos por plegarias. Tendrían que ser oraciones dirigidas por profesionales sanitarios, claro, para que no se queje luego la Organización Médica Colegial (OMC), siempre tan atenta a los intereses de sus asociados.

Carlos de Inglaterra, el príncipe curandero

Carlos de Inglaterra es un devoto de las medicinas alternativas y promueve todo tipo de prácticas de efectividad no demostrada mediante su Fundación para la Salud Integrada. De lo que me acabo de enterar por la agencia Efe es de que el príncipe heredero británico es, además, un vendedor de remedios mágicos, al estilo de los buhoneros de las películas del Oeste, a través de su empresa Duchy Originals. La compañía comercializa productos como la tintura desintoxicante de alcachofa y diente de león, que dice que elimina toxinas del cuerpo, al módico precio de 10 libras por 50 mililitros (200 libras el litro). Muy descarado tiene que ser el engaño cuando le critican con dureza hasta en filas próximas.

Carlos de Inglaterra, en una visita a un eco centro en Londres. Foto: Reuters.“Carlos está explotando a la gente en tiempos difíciles”, ha dicho Edzard Ernst, el primer profesor universitario de Medicina Alternativa de Reino Unido. Para Ernst, que da clase en la Universidad de Exeter, la firma del príncipe debería denominarse Dodgy Originals (Originales no fiables) porque, “bajo el estandarte de la atención médica holística e integral, promueve un arreglo rápido y un curanderismo descarado”. En su opinión, el príncipe “contribuye a empeorar la salud del país al fingir que todos podemos sobrepasarnos y luego tomar su tintura y estar bien otra vez”, cuando “el cuerpo dispone de un poderoso mecanismo para ocuparse de ello por sí solo y no hay pruebas de que el diente de león o la alcachofa mejoren esta función”. La compañía ha respondido diciendo que lo que vende “no es una medicina”, sino “una ayuda natural para la digestión” que “apoya los procesos naturales de eliminación del cuerpo”. No pidan pruebas, que por eso se vende como complemento alimenticio, para no tener que pasarlas.

El heredero británico fue calificado de ignorante en agosto pasado por destacados miembros de la comunidad científica tras vincular los transgénicos con el cambio climático; decir que, si no se pone coto a los primeros, vamos hacia un desastre medioambiental; y eludir la necesidad de una nueva revolución verde que garantice la alimentación a una Humanidad creciente. “No ha dicho más que tonterías. Como muchos ricos no tiene ni idea de las privaciones en otras partes del mundo”, criticó Johnjoe McFadden, genetista de la Universidad de Surrey para quien el príncipe “quiere conservar su visión de un idilio rural diciéndoles a los pobres que deben comer pasteles orgánicos mientras él llena de vino (bioetanol) el depósito de su coche deportivo”.