Medicina alternativa

Un cirujano psíquico en Telecinco

El traslado a formato digital de la videoteca me ha permitido recuperar algunas joyas, de las que hoy traigo aquí parte de uno de los episodios más vergonzosos de la televisión paranormal española. Ocurrió el 22 julio de 1993 en Otra Dimensión, programa que dirigía Félix Gracia en Telecinco. El protagonista fue un carpintero inglés, de nombre Stephen Turoff, que decía caer poseído por un médico alemán fallecido en 1912, el doctor Kahn, y practicar en trance operaciones de cirugía psíquica; es decir, sin bisturí, sin anestesia y sin dolor, sin dejar cicatriz y extrayendo del cuerpo lo que haga falta. Sobra decir que la cirugía psíquica es uno de esos repugnantes montajes para sacar dinero a gente desahuciada o víctima de enfermedades crónicas incurables. Pues bien, hace trece años, Gracia, fundador y entonces editor de la revista Más Allá, puso su programa de televisión al servicio del estafador de Turoff y el resultado fue lo que en aquella época -¡no sabían lo que vendría después y ahora sufrimos!- la crítica consideró la cota más alta de telebasura.

¿Qué fue lo que hizo el carpintero? Se transformó ante las cámaras den el médico fallecido, para lo cual, se quitó las gafas, frunció el ceño y se puso a cojear. A partir de ese momento, comenzó a curar pacientes en directo. El caso más llamativo fue el de una mujer, Isabel González Durán, que dijo haber recuperado la vista tras la intervención del charlatán y que la cadena de televisión vendió como un milagro, diciendo que la agudeza visual de la enferma había pasado del 10% anterior al programa al 80% posterior en el ojo izquierdo y del 30% al 95% en el derecho. Un detalle tonto, del que se olvidó el equipo de Otra Dimensión –incluido el hoy novelista Javier Sierra, que era uno de los guionistas-, es que la mujer había sido intervenida de un glaucoma en el hospital Gregorio Marañón en 1986 y que su agudeza visual no había dejado de mejorar desde ese momento, tal como constaba en informes médicos que la cifraban ya en el 60% en octubre de 1992.

Los dos momentos más repulsivos del programa -que pueden ver aquí– tuvieron como víctimas a dos niños paralíticos cerebrales, cuya desgracia los responsables de Otra Dimensión y Turoff convirtieron en espectáculo. Vean, escuchen a la traductora y al propio Gracia, y comprueben hasta qué punto pueden llegar algunos desaprensivos. Curiosamente, los responsables de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), entidad que era en 1993 uno de los principales accionistas de Telecinco, no se pusieron en manos de Stephen Turoff para recuperar la vista. El carpintero cobraba hace trece años 4.000 pesetas por consulta -unos 24 euros- y en la hora que duró el espectáculo televisivo atendió a veinticuatro personas, con lo que es fácil suponer que lo suyo es un gran negocio. Sus víctimas son personas que se encuentran en situaciones límite o deseperadas a las que engaña y estafa, como hizo en 1993 con los padres de los dos niños paralíticos cerebrales a los que pasó consulta ante las cámaras de televisión.

¿Apoya la ministra de Sanidad la homeopatía?

Valentín Romero, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH), me contó en septiembre del año pasado una historia alucinante, la de Masaru Emoto. Este japonés, doctorado en Relaciones Internacionales y Medicina Alternativa, es el autor de un libro titulado El mensaje del agua, lleno de fotos de cristales de hielo tomadas en diferentes partes del mundo y circunstancias. Romero me dijo por teléfono, emocionado, que Emoto había demostrado que el agua tiene memoria. El ejemplo que me puso fue sobrecogedor. Jamás pensé que alguien pudiera ser tan crédulo. Me contó que, en las fotos del libro, es fácil ver cómo el agua helada a la puerta de una floristería en una ciudad normal y corriente cristaliza de una forma bella, mientras que, si la imagen procede de Hiroshima, las formas son tortuosas, retorcidas, porque el agua recuerda la tragedia que tuvo lugar allí en 1945.

Massaru Emoto y Valentín Romero volvieron a aparecer en mi vida la semana pasada. El primero porque se estrenó en Bilbao la película La memoria del agua, según me alertó José María Bilbao, miembro de la Agrupación Astronómica Vizcaína. El segundo, en un teletipo de la agencia Efe en el que sostenía que hay un remedio homeópatico contra la gripe aviar, que “la sustancia se denomina Anas barbarie y figura en el protocolo de tratamiento elaborado por el sector médico homeopático en caso de una pandemia”, mientras que “la medicina convencional no tiene ningún remedio para enfrentarse a ella”. Romero no presentó ninguna prueba, ningún estudio clínico que respalde tan sensacional afirmación. Y me temó que nunca lo hará. Primero, porque la homeopatía no funciona, porque los productos homeopáticos no tienen más valor terapéutico que el placebo, según la revista The Lancet, y, segundo, porque no se trataba más que de una maniobra publicitaria para conseguir un hueco en los medios de comunicación. ¿De qué? Del II Congreso Nacional de Homeopatía, que se celebra desde el viernes en Puerto La Cruz (Tenerife).

La prestigiosa revista médica británica publicó el 27 de agosto un análisis que concluye la efectividad de esta práctica se basa únicamente en el efecto placebo, y sentenció que ha llegado el momento de dejar de perder tiempo y dinero en más trabajos para validar la homeopatía científicamente: “Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del pacientes de atención personalizada”. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, ha aceptado, sin embargo, figurar en el comité de honor del encuentro homeopático tinerfeño, lo que da un cierto halo de credibilidad a esta pseudomedicina.

Sería de agradecer que Elena Salgado presentara a los contribuyentes las pruebas en las que se basa para avalar con su presencia este congreso y la homeopatía. Porque no se trata de un encuentro científico, sino de un encuentro de personas que creen que el agua tiene memoria, que puede recordar las sustancias que se han disuelto en ella aún cuando no quede ni una molécula de las mismas. Como me decía hace unos meses el biólogo marino Vicente Prieto, “con la homeopatía, estamos hablando más de magia que de ciencia”. Me recordaba este compañero del Círculo Escéptico (CE) que el agua tiene un ciclo en el que pasa por la atmósfera, se filtra por las rocas, entra en contacto con miles de sustancias… Los homeópatas sostienen que la memoria del agua se activa cuando la agitan después de cada una de las sucesivas diluciones del supuesto principio activo que ellos emplean en cada caso, y él se pregunta: “¿Es que sólo recuerda los buenos elementos que hemos echado en ella en un momento determinado? Pensar que el agua tiene memoria y que, además, puede seleccionar aquello que más le conviene al enfermo resulta alucinante. Es concederle al agua memoria, bondad, conocimientos médicos e inteligencia. Si al agitar un vaso se activasen los compuestos con los que ese agua ha tenido contacto -incluidos venenos y productos radiactivos-, caeríamos fulminados tras beberlo”, advertía Prieto en El Correo y otros diarios de Vocento.

La duda que me queda es si la ministra de Sanidad cree de verdad en la homeopatía o si la han metido un gol y aceptó figurar en el comité de honor del congreso de Tenerife sin saber de lo que se trataba. En cualquiera de los casos, resultaría preocupante. En el primero, demostraría que Elena Salgado no sabe de ciencia; en el segundo, que cualquier listillo puede engañar a la máxima autoridad sanitaria española. Porque la homeopatía tiene de ciencia lo mismo que la ufología y el espiritismo: nada.

Sida y periodismo: la cara y la cruz

Fermín Apezteguia, en la presentación de su libro ' Ahora que te tengo', con el consejero de Sanidad, Gabriel Inclán. Foto: Maite Bartolomé.

“El sida es para los jóvenes de hoy un gran desconocido”, me decía hace unos días Fermín Apezteguia, compañero de El Correo -compartimos mesa desde hace un lustro- y autor de Ahora que te tengo, un libro sobre la historia de la enfermedad en nuestro país que ha editado la Fundación Wellcome España. Se trata de un gran reportaje en el que Fermín nos acerca a la pandemia a través de los ojos de 65 afectados, familiares, médicos e investigadores, y en el que conjuga perfectamente las historias humanas con la información científica. El libro fue el lunes elogiado en Bilbao por la secretaria del Plan Nacional sobre el Sida, Lourdes Chamorro, y el consejero de Sanidad del Gobierno vasco, Gabriel Inclán, quienes destacaron su rigor científico y alabaron, al mismo tiempo, su “claridad” y “cercanía” a los protagonistas de la ya larga historia del sida. Inclán y Ángel Arnedo, director de El Correo, hicieron hincapié, además, en el papel desempeñado por los medios de comunicación a la hora de hacer frente a la pandemia. “Los medios han luchado contra el sida de una forma directa”, sentenció el consejero.

Ahora que te tengo recuerda un pasado reciente en el que ser seropositivo era estar condenado a muerte, refleja un presente en el que el virus del sida provoca ya en Occidente sólo una enfermedad crónica y mira hacia el futuro con optimismo. “¿Hay motivos para la esperanza?”, le preguntaba a Fermín en su casa. “Hay muchísimos motivos para la esperanza -me respondía-. El sida es la enfermedad que en menos tiempo ha contado con más recursos terapéuticos. Los profesionales de la salud han visto cómo nace una enfermedad, cómo se desarrolla, cómo se convierte en una amenaza mundial y, en sólo quince años, cómo pasa a ser una dolencia crónica”. Fermín, como otros periodistas que cubren en España la información de salud, se indigna ante las promesas de curanderos y charlatanes, así como cuando la Iglesia católica predica falsedades sobre el sida. “Creo que la Iglesia ha contribuido a la expansión del VIH”, me decía durante la entrevista antes de añadir que hay que pedir a esa institución que “deje de transmitir ideas falsas, como que la abstinencia sexual previene el sida, que el virus se cuela por los poros de los preservativos…”.

Mentiras peligrosas

La divulgación de falsedades sobre el sida ha sido un buen negocio para publicaciones como Más Allá, que durante unos años abanderó en España el movimiento de los autodenominados disidentes del sida, individuos que sostienen que no es el VIH el causante de la enfermedad. Esa revista esotérica fue la portavoz de ese movimiento cuando la dirigía José Antonio Campoy, autor de un libro de conversaciones con un extraterrestre y al frente hoy de Discovery DSalud, publicación mensual que respalda todo tipo de tonterías en el ámbito médico. El mal que pueden hacer los disidentes del sida y sus seguidores está claro: extender la creencia de que el VIH no está en el origen del sida implica animar a la gente a relajar las medidas de protección que tan eficaces han sido a la hora de poner freno a la pandemia. ¿Por qué usar condones para evitar la transmisión sexual del VIH si éste no está detrás del sida?, ¿para qué buscar el virus en la sangre a transfundir?, ¿para qué…? Creía que esta disidencia era algo del pasado, propio hoy de grupos marginales; pero hete aquí que no. Leyendo El día de mañana, libro recién publicado del periodista Bruno Cardeñosa, me he encontrado con un capítulo dedicado al sida en el que el autor intenta sembrar dudas sobre la versión oficial, como ya hizo sobre la de la evolución de los homínidos y el 11-M. Es decir, desde la ignorancia y la desvergüenza.

'El día de mañana', de Bruno Cardeñosa.“¿Por qué no se plantean qué es el sida realmente? Si acudimos a las fuentes médicas y oficiales, el virus VIH es el detonante de la enfermedad. ¿Y cómo se determina que en realidad alguien es portador del mortal bichito? Pues realmente no hay una forma efectiva de afrontar la incógnita, porque para la OMS son una serie de factores externos (“pérdida de peso corporal de más del 10 por ciento, diarreas, fiebres, hongos laringáricos, prurito, herpes, etc.”) que si se dan en conjunto en una persona son sintomáticos del sida. En realidad, la famosa prueba del sida no hace más que medir si existen dichas enfermedades en conjunto porque, hasta el momento, en revistas científicas como el Journal of Virology nadie ha presentado las fotografías necesarias en el modo que se hace con todos los otros virus. Incluso existen agrupaciones críticas y disidentes que ofrecen una poderosa recompensa a quien atrape las pruebas gráficas necesarias del VIH. Nadie lo ha hecho aún; el premio está desierto”, escribe Cardeñosa en El día de mañana.

Este párrafo es un disparate, se mire por donde se mire. Para empezar, el autor confunde portar el “mortal bichito” con estar enfermo de sida. Ser seropositivo -haber sido infectado por el VIH- no es lo mismo que sufrir el sida. De hecho, pueden pasar años desde que uno resulta contagiado hasta que padece la enfermedad y cabe la posibilidad de que ésta nunca se declare si el paciente vive en un país desarrollado y toma la medicación prescrita por los médicos, no por los disidentes ni otros charlatanes. La prueba del sida – como se la conoce popularmente- no mide, como dice Cardeñosa, si existe algún tipo de enfermedad, sino si el VIH está o no en el cuerpo del paciente. Si la prueba detecta el virus, el paciente es seropositivo y podría llegar a desarrollar el sida; si no, no tiene que preocuparse, en lo que esta enfermedad se refiere. Cardeñosa no conoce ninguna foto del VIH porque ni se ha molestado en buscarla en Google: el virus del sida se fotografió por primera vez en 1985 y existen muchas imágenes de él. Claro que el periodismo responsable está en las antípodas de lo que practican este ufólogo reconvertido en conspiranoico y sus colegas. Sólo una cosa diferencia a individuos como Cardeñosa del espiritista que anuncia que va a contactar con John Lennon o de Levon Kennedy diciendo tonterías en El castillo de las mentes prodigiosas, que los primeros son mucho más peligrosos.

Las insensateces sobre el sida que alimenta el autor de El día de mañana y antes han propalado otros vendedores de misterios pueden llevar a mucha gente a bajar la guardia ante el virus por creerse la patraña de que el sida no está causado por el VIH. A ver, entonces, ¿qué lo causa?, ¿dónde están los artículos científicos que demuestran que miles de investigadores de todo el mundo están confundidos, que lo que ven en el laboratorio es mentira?, ¿cómo explican Cardeñosa y sus amigos que el VIH no cause el sida y que los fármacos diseñados para frenar el virus impidan, sin embargo, que se desate la enfermedad?

Yo estoy de acuerdo con el doctor House, ¿y usted?

Gregory House no sólo tiene buen ojo clínico, sino que además dice las cosas a las claras. Las suelta sin anestesia en un mundo que embobece por momentos, según se imponen lo políticamente correcto y la estúpida idea de que todas las opiniones son respetables. El doctor de la Fox no tiene pelos en la lengua y, gracias a eso, suele dejar en el aire juicios memorables, verdades como puños que poca gente se atreve a decir por el qué dirán y que a él le dejan decirlas porque es un personaje de ficción.

Un buen ejemplo, ligado con los temas que tocamos en Magonia, lo ha dado recientemente en el episodio titulado “El amor hace daño”, en el que un joven ingresa en el hospital universitario Princeton-Plainsboro después de haber pasado por un acupuntor que le mandó a un armonizador del chi, que le envió a un homeópata, que le derivó a un quiropráctico, que le mandó a un naturópata, que le volvió a enviar al acupuntor original. Cuando el doctor House se entera del periplo de su paciente, que ha pasado medio año de médico alternativo en médico alternativo, pone el grito en el cielo. “Está claro que los seis meses que perdió con esos charlatanes podría haberlos aprovechado mejor yendo a alguien que buscase cosas que existen en el mundo”, concluye antes de ironizar sobre su cerrazón mental y dar una lección práctica sobre el hecho de que hay que basarse en las pruebas. Yo estoy de acuerdo con el doctor House, ¿y usted?

Científicos europeos califican la homeopatía de “forma moderna de curanderismo”

“La homeopatía es una forma moderna de curanderismo sin fundamento científico ni eficacia demostrada”, ha denunciado un grupo de científicos reunido en Bruselas. Después de analizar durante tres días la situación de esta práctica en el continente, los expertos participantes en el duodécimo Congreso Escéptico Europeo han pedido que los Gobiernos no financien investigaciones sobre homeopatía por que hacerlo es “malgastar dinero público”.

Los científicos aplauden el estudio publicado el 27 de agosto por la revista The Lancet, que animaba a los médicos a “ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía”, y anunciaba que no aceptará ningún artículo más sobre la materia. “Ya es hora de que los médicos y científicos digamos lo que pensamos de la homeopatía”, sentencia el médico holandés Cees Renckens.

Fundamentos falsos

Los fundamentos de la homeopatía -las fuerzas vitales, la ley de la similitud y las diluciones infinitesimales- se han demostrado falsos en los últimos doscientos años, destacan los científicos europeos, quienes añaden que esta práctica no obtiene buenos resultados en ningún estudio bien hecho. “Resulta increíble que la homeopatía no haya sido reconocida en el siglo XXI como lo que es: curanderismo”, ha indicado a este periódico Willem Betz, profesor de la Universidad Libre de Bruselas y experto en pseudomedicinas.

“Debemos dejar de tirar dinero público en un sinsentido, especialmente cuando se están haciendo recortes presupuestarios en áreas vitales”, ha apuntado Amardeo Sarma, presidente del Consejo Europeo de Organizaciones Escépticas (ECSO), entidad organizadora del encuentro de Bruselas, al que asistieron expertos de Europa, América, Asia y África, y en el que España estuvo representada por el Círculo Escéptico. La ECSO tiene entre sus objetivos proteger al público de terapias cuya efectividad no ha sido demostrada y promover la buena práctica en ciencia y medicina.

Publicado originalmente en el diario El Correo.