Medicina alternativa

La vergüenza de las témporas y el peligro de la carne

“Todo el mundo asistiría atónito a un informativo económico en el que recomendaran a los Piscis invertir en constructoras y a los Géminis vender eléctricas. Ningún locutor hablando sobre política diría que los resultados electorales del partido X han ido bien porque ha habido una conjunción astral. Un analista internacional no afirmaría que la invasión de Líbano o la de Irak ha sido inducida por extraterrestres. Sin embargo, en la información meteorológica es habitual contemplar imágenes el Meteosat de segunda generación junto a predicciones basadas en las témporas. Las predicciones temporológicas y las basadas en métodos internacionalmente aceptados comparten espacio y aspecto externo en muchos de los medios de comunicación de Euskadi. Pero no están al mismo nivel. La meteorología es una ciencia; las témporas son una superstición, aunque tengan arraigo y demanda populares”, recuerdan los físicos Jon Sáenz, Agustín Sánchez Lavega, Gabriel Ibarra, Agustín Ezcurra, José Félix Rojas, Ricardo Hueso y Santiago Pérez Hoyos, hoy en El Correo y El Diario Vasco.

Panorámix, el druida de la aldea gala de Astérix y Obélix.La reflexión de estos profesores e investigadores de la Universidad del País Vasco, titulada ‘Sobre témporas y predicciones’, viene a cuento de una reciente entrevista al franciscano Pello Zabala, publicada en ambos periódicos, en la que el clérigo decía todo tipo de tonterías impunemente. A saber: “el de Noé ha quedado como prototipo de todos los diluvios, pero ha habido muchos otros antes de Noé”; “las témporas de la Iglesia son del siglo IV, pero posiblemente vienen de antiguas celebraciones de gente del campo”; “las témporas no te predicen en concreto lo que va a hacer ni hoy ni mañana, pero te dan la tendencia de lo que puede pasar en 15 ó 30 días”; “cuando el invierno ha sido lluvioso, abril suele ser generalmente de poca agua”… Tan grave como esa propaganda gratuita a las irracionales ideas del clérigo del monasterio de Arantzatzu es el apoyo institucional que ha recibido, ya que la entrevista venía motivada porque el Centro Meteorológico del País Vasco había invitado miércoles a nuestro temporólogo de guardia a dar una conferencia sobre ‘La observación meteorológica desde el Antiguo Testamento’ para conmemorar el día mundial de la especialidad. Sería como si el Ministerio de Ciencia y Tecnología confiara la promoción de la cultura científica a Iker Jiménez (ya sé que es un riesgo dar ideas de este tipo).

Lo dije hace casi dos años y lo repito: “En un alarde de coherencia, los medios que jalean a estos augures deberían dejar de ofrecer al público la predicción meteorológica de la mano de científicos y contratar en plantilla o como colaboradores a pastores y frailes oteadores del cielo. Lo mismo tendrían hacer los aeropuertos, los servicios de vigilancia marítima, los de protección civil… Además, si hiciéramos caso a estos brujos de las nubes y el viento, nos ahorraríamos una pasta en satélites, globos, cohetes y dispositivos terrestres de vigilancia meteorológica y eso nunca viene mal”. Hay quien cree que un tipo que sale a la puerta del caserío y mira al cielo tiene alguna posibilidad de hacer una predicción acertada a medio o largo plazo simplemente porque en los medios hablamos de vez en cuando de las témporas como si fueran algo serio, cuando no lo son. Lo que hay que tomarse en serio, y mucho, es la difusión de éstas y otras paparruchas por lo que implica de dar cancha al pensamiento mágico, el mismo en el que se basan las bobadas de ese otro Panoramix llamado Txumari Alfaro, que tanta publicidad gratuita ha recibido últimamente en prensa, radio y televisión por la publicación de su libro Un cuerpo para toda una vida.

‘Naturtonterías’

“La mala alimentación nos hace ser más déspotas, agresivos, más tiranos, ser más racistas… Si una persona toma tres whiskys, su percepción cambia. En esa misma medida, el que come mucha carne, dulces, envasados, enlatados… está tomando alimentos que no tienen vida. Es una persona que tiene menos resistencia a la enfermedad y eso hace que su mente se altere”, argumentaba en una reciente entrevista este defensor de beberse la orina porque es algo que hacen muchos chinos. Vamos a ver, lo de la percepción y el alcohol está claro, aunque eso no signifique que su uso moderado nos haga más de todo de lo que pontifica el bonachón de Alfaro. Respecto a que consumimos “alimentos que no tienen vida”, ¿qué quiere que hagamos, que comamos el pescado vivito y coleando, la carne entre mugidos de la vaca y arranquemos los vegetales de la tierra a mordiscos? Pues parece que sí: “No tiene miopía, diabetes o hipertensión porque come y bebe cuando lo necesita y toma el alimento en su estado puro”, declaraba hace poco respecto al animal salvaje, como si no existiera el antílope ese de los documentales de La 2 que hasta el más intelectualmente holgazán sabe que caza la leona porque está pachucho. Y qué decir de su colega Ana Moreno, quien mantiene sobre el consumo de carne: “La proteína es muy difícil de digerir y al no ir acompañada de fibra se queda en el intestino grueso y produce estreñimiento. El tener un alimento putrefacto en este órgano es uno de los principales motivos del cáncer de colon. Además el resto de males de nuestros días, como el colesterol, está directamente relacionado con la carne”. Ya nos enseñó la Iglesia, siempre tan preocupada por el bienestar hasta de los que no queremos ir al Cielo, que todos los males se deben al mundo, el demonio y la carne. Y los naturópatas, que también nos quieren salvar a nuestro pesar, amplían la demonización del sexo a la del chuletón.

Estas disparatadas afirmaciones sobre nuestra alimentación, y otras muchas del mismo estilo, se publicitan con más o menos asiduidad en los medios sin que se repliquen desde la ciencia. Y ese silencio es peligroso, es una cesión a la mentira, a la anticiencia y a la ignorancia, que, ante el mutis científico, cobran verosimilitud para unos ciudadanos cuya principal fuente de (des)información somos los medios de comunicación. Los científicos, a la mayoría de los cuales pagamos con nuestros impuestos, deben mojarse en la educación de la ciudadanía y llamar a las cosas por su nombre. Por eso, desde las facultades de Farmacia y Medicina ha de responderse a las patrañas naturópatas con la misma claridad que los físicos antes citados en el caso de las témporas. Y, respecto a la actitud del Centro Meteorológico del País Vasco, ¿se imaginan a la Sociedad Española de Nutrición invitando al boticario de la abuela a dar una charla científica? Pues es el equivalente a lo que ha hecho la delegación en Euskadi de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Charlatanes hacen campaña contra la vacuna del cáncer de cuello de útero

La World Association for Cancer Research (WACR) pidió ayer al Ministerio de Sanidad español una moratoria de la vacuna del cáncer de cuello de útero, así como la suspensión de la publicidad “engañosa” que promueve el tratamiento, según informó la agencia Efe. El texto advertía de que la entidad va a emprender acciones legales para proteger a “cientos de miles de niñas a las que se pretende inocular una vacuna potencialmente peligrosa, cuya eficacia y seguridad clínica jamás se ha demostrado”. Convene recordar que unas 600 mujeres mueren cada año en España por cáncer de cuello de útero provocado por el virus del papiloma humano, que se transmite por vía sexual. El despacho citaba al promotor de la iniciativa y presidente de la WACR, José Antonio Campoy, pero se olvidaba de clarificadores detalles sobre su valía científica que pueden servir a las autoridades para guiarse a la hora de tomar cartas en el asunto y a los ciudadanos de a pie para hacerse una idea de la magnitud del problema.

Portada de la revista 'Discovery DSalud'.Campoy es el director de la revista Discovery DSalud, que, en contra de lo que su nombre pueda sugerir, no tienen nada que ver con Discovery Channel. Es una publicación mensual en la cual se anuncian en cada número un sinfín de descubrimientos que la medicina oficial nos quiere ocultar para negocio de las farmacéuticas, los malvados de turno. Así, en el número 101 -el último que me ha llegado-, entre otros titulares de la portada, destacan que el cáncer no es una enfermedad, sino un mecanismo de defensa del cuerpo y que los fármacos contra el sida son mortales, así como la rotunda afirmación de que “el actual paradigma médico está muerto”, obra del director de la revista, y dos noticiones: que se ha inventado “un dispositivo portátil que protege de los microbios y otros agentes patógenos” y que hay una baya curalotodo que “previene, además, el envejecimiento”. Todo, por sólo 3,5 euros. Para que luego digan que el saber no está alcance de cualquiera.

Quien explica este mes en Discovery DSalud la verdad sobre el cáncer es Coral Mateo, presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria. Para ella, lo que llamamos cáncer es “un proceso biológico natural de defensa que el organismo pone en macha cuando en un momento dado, no siendo suficientes los mecanismos habituales de desintoxicación, decide crear tejidos nuevos -gracias a los oncogenes- a fin de desarrollar tumores en cuyo interior depositar los residuos tóxicos para aislarlos encapsulándolos. Los tumores en suma, vendrían a ser -explica Antonio Muro, autor del reportaje- como cubos de basuraen los que el cuerpo deposita los desperdicios para luego destruirlos. Y, evidentemente, si lo que postula [Mateo] es correcto, atacar los tumores será un inmenso error”. La remisión total de un tumor, dice la homeópata, “puede lograrse si el paciente cambia completamente el chip de quién es, cuenta con apoyo psicológico, hace una alimentación natural, elimina todas las fuentes que contaminan su organismo, no vuelve a introducir ninguna toxina en su cuerpo y, finalmente, deja que el organismo funciones de forma natural”. Nada de cirugía, radioterapia, ni quimioterapia; que el cáncer crezca a su aire. Campoy asegura en el editorial de la revista que la idea de que el cáncer es un mecanismo de defensa del cuerpo “tiene fundamento”. Digo yo que se lo habrán dicho los extraterrestres.

Porque el Jose Antonio Campoy de la WACR y de Discovery DSalud es el mismo que fue director de la revista Más Allá entre julio 1993 y octubre 1998; publicó un libro con sus entrevistas a Geenom, un extraterrestre al que nuestro protagonista puso consultorio mensual en Más Allá al estilo de Elena Francis; y defiende que el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) no es el causante del sida. Pero esas credenciales no las incluye el teletipo de Efe, en el que sobrecoge leer que el grupo de Campoy reclame que la campaña institucional pro vacunación contra el papiloma humano se sustituya por una de información “veraz, clara objetiva”. Me imagino que como la proporcionada por Discovery DSalud, Más Allá y Geenom.

El consultorio de Geenom que José Antonio Campoy llevaba en 'Más Allá'.

Sé que estamos en Semana Santa y que casi todo vale, pero es lamentable que una agencia de noticias haga de altavoz de insensateces de este calibre y otorgue algún crédito a una asociación que nació en diciembre de 2006 “ante la constatación del fracaso de los actuales tratamentos oncológicos” y “la necesidad de afrontar el fenómeno conocido como cáncer de forma multidisciplinar y holística”, lo que en román paladino quiere decir dando entrada a todo tipo de brujerías. Supongo que algo habrá influido también el nombre en inglés de la sociedad para que nadie se haya molestado en comprobar que la World Association for Cancer Research (WACR) está formada, mayoritariamente, por médicos alternativos capitaneados por el amigo de los extraterrestres y por Antonio Muro, vicepresidente de la entidad y miembro del equipo de Discovery DSalud.

No sé si algún medio se habrá hecho eco del disparate de la WACR y su campaña contra la vacunación del papiloma humano, pero, si ha sido así, convendría que las autoridades sanitarias y los médicos pusieran inmediatamente las cosas en su sitio, ¿no creen?

La estafa de los brujos, en Punto Radio Bilbao

El abogado Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, Almudena Cacho y yo hablamos el miércoles, en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la estafa de los brujos. ¿El motivo? La reciente sentencia del Tribunal Supremo que absuelve a una curandera que timó 18.000 euros a dos hermanos que acudieron a ella para ver si acababa con el cáncer que estaba matando a su padre. Aunque voy a escribir sobre el caso -no quería hacerlo hasta no leer la sentencia-, pueden escuchar como adelanto la primera entrega del espacio que Punto Radio Bilbao dedica semanalmente al escepticismo.

Cataluña legaliza la hechicería sanitaria

Brujo.Ya tienen los hechiceros sanitarios una bonita ley catalana que les ampara en sus desmanes, y sus colegas del resto de España una norma cuya aprobación exigir hasta en la última de las comunidades autónomas. Lo lógico en un país desarrollado y serio es que los poderes públicos velen por la salud de los ciudadanos, dejando la Sanidad en manos de profesionales debidamente cualificados, impidiendo la venta de pócimas milagrosas y limitando las prácticas sanitarias a aquéllas cuya validez haya sido demostrada.

Lamentablemente, este país ni es desarrollado ni serio, y el Consejo Ejecutivo de la Generalitat catalana acaba de aprobar un decreto que regula como práctica sanitaria lo que no lo es. Porque da igual lo que argumenten los espabilados -licenciados en Medicina o no- que practican las terapias alternativas, da igual lo que digan sus clientes y que sean muchos, da igual lo que sostenga el gremio médico, la homeopatía, la acupuntura, la iridología y todo el batiburrillo de saberes que forma la denominaba medicina alternativa no son ninguna alternativa a la medicina, porque no son medicina. Como la astrología no puede ser nunca alternativa a la astronomía; la brujería, a la física; la criptozoología, a la zoología; y la astroarqueología, a la historia.

Los dos primeros párrafos del decreto son un auténtico disparate:

“La existencia de diversas maneras de entender la persona, el diagnóstico, la enfermedad y el tratamiento, relacionadas con la tradición de las diferentes culturas, condiciona los criterios o las opciones médicas y terapéuticas distintas. Estas concepciones diversas se encuentran tanto en la medicina oficial, convencional o alopática, como en el resto de criterios llamados no convencionales, complementarios, alternativos, naturales u holísticos. Cada uno de estos criterios utiliza remedios o técnicas diferentes.

Los criterios en que se basan las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática y aplican procesos de diagnóstico y terapéuticos propios.”

La norma parte de un pernicioso relativismo -“la existencia de diversas maneras de entender la persona”, “las terapias naturales parten de una base filosófica diferente a la que soporta la medicina convencional o alopática”- que permite casi todo. Desde ese punto de vista, ¿acaso no es un tratamiento sanitario el del adivino que reconforta a su cliente, poner bolas de cristal bajo la almohada para curar el cáncer o tomarse la pócima que hace, según el curandero de turno, desaparecer el sida?, ¿por qué esos depositarios de un saber diferente tienen que demostrar que lo que hacen es más que estafar al personal y no se le exige lo mismo a un osteópata, reflexólogo o lo que sea, esté o no titulado en Medicina? La norma catalana libera a los terapeutas naturales de demostrar que lo que hacen es algo más que hechicería, algo más que echar agua bendita en unas instalaciones recién inauguradas. La superstición y el fraude reciben así cobertura legal y sus practicantes podrán exhibir en las consultas una acreditación oficial.

La Generalitat destaca, en el anuncio de su decisión, que Cataluña ha aprobado un decreto “pionero en Europa”, como si hubiera un motivo para la alegría y no para la vergüenza. Mañana, esos sabios gobernantes podrían decidir -¡por qué no!- que a los astrólogos les hicieran sitio en el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña, por ejemplo, y sería igual de loable. Lo que ha hecho la Generalitat con las terapias naturales es una muestra de populismo alejado de cualquier criterio científico y racional, y de toda lógica. ¿Por qué hay que exigir efectividad a los tratamientos convencionales y no a la acupuntura o a la -¡agárrense!- liberación holística de estrés con técnicas de kinesiología?

La Organización Médica Colegial (OMC) considera que el decreto catalán “pone en riesgo la salud de los ciudadanos” y “puede representar un riesgo sanitario de primera magnitud”. No se hagan ilusiones. No es que el gremio médico haya entrado en razón y decidido que no han de fomentarse prácticas sanitarias sin base científica. No. Lo que hace es recordar que “toda terapia, convencional o no, es en sí misma un acto sanitario que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y de una aplicación de la misma que debe ser realizada, necesaria y obligatoriamente por un profesional cualificado y legalmente autorizado”. No estamos, por tanto, ante una defensa de los ciudadanos frente el avance de la pseudomedicina, sino del gremialismo más feroz, el que defiende que quienes practiquen la hechicería sanitaria sean titulados en Medicina.

El Gobierno catalán hace que esa comunidad retroceda a tiempos precientíficos y pone la salud de los ciudadanos en manos de hechiceros. Mal empieza 2007, el Año de la Ciencia.