Libros y revistas

J.M. Mulet presenta ‘Medicina sin engaños’ en Bilbao el viernes

El bioquímico José Miguel Mulet, entre tomateras en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de Valencia. Foto: Irene Marsilla.La Biblioteca de Bidebarrieta acogerá el viernes, a las 19 horas, la presentación de Medicina sin engaños, de José Miguel Mulet, en el marco de la 45ª Feria del Libro de Bilbao. Como ya ocurrió con su anterior libro, el acto consistirá en una conferencia del bioquímico y divulgador valenciano, a quien tendré el honor de presentar. “Es indudable que gran parte de nuestro bienestar se debe a los avances de la medicina. Sin embargo, las opciones al margen de la medicina tradicional son cada vez más numerosas -flores de Bach, aromaterapia, acupuntura-, a la vez que crecen las dudas sobre su fiabilidad. En la conferencia haré un recorrido por la historia de la medicina y pondré en evidencia algunos engaños y cómo ciertas prácticas constituyen un mero negocio a costa de la salud y el dinero de las personas que acuden a ellas. ¿Tienen base científica el psicoanálisis, las llamadas medicinas naturales o la homeopatía? ¿Y las medicinas tradicionales?”, pregunta el científico.

Quien quiera llevarse a casa un ejemplar firmado de Medicina sin engaños podrá comprarlo a la entrada de la sala y pedir al autor la dedicatoria al final de la charla. Mulet tiene otras dos obras imprescindibles en toda biblioteca escéptica: Los productos naturales ¡vaya timo! (2011) y Comer sin miedo (2014).

Mulet, contra las falsas medicinas

'Medicina sin engaños', de José Miguel Mulet.El tercer libro de José Miguel Mulet no decepcionará a quienes disfrutaron con Los productos naturales ¡vaya timo! (2011) y Comer sin miedo (2014). Tras derribar los mitos de lo natural y los peligros de la comida en Occidente, el bioquímico y divulgador valenciano arremete contra las mal llamadas medicinas alternativas, prácticas tan populares como inútiles y peligrosas que, sin embargo, cuentan con el respaldo de muchos profesionales de la salud y, por supuesto, de una parte significativa de la analfabeta, científicamente hablando, clase política española.

Cuando J.M. -nos conocemos desde hace años y siempre le he llamado así- me comentó en febrero de 2014 que estaba embarcado en este libro, me alegré. Aunque hay obras específicas, como las dedicadas a la acupuntura y la homeopatía por Víctor-Javier Sanz Larrínaga, faltaba una general sobre el sector de las pseudoterapias y él era, a mi juicio, el autor ideal. ¿Por qué? Porque J.M. tiene una capacidad de comunicar que para sí la quisieran muchos. Cuando en noviembre pasado hablábamos de nuestros respectivos proyectos en un restaurante valenciano y me dijo el título del libro, me pareció un acierto total. Titular bien es lo más difícil del mundo, como sabe todo periodista. El título es lo primero que ve el público y, si no le llama la atención, ya puedes haber escrito algo memorable que pasará desapercibido. No es el caso que nos ocupa.

Medicina sin engaños se lee de un tirón. La primera parte está dedicada a la medicina y es imprescindible para captar el mensaje que intenta transmitir el autor. Al principio, era la parte que menos me interesaba, pero, una vez acabada la obra, me dí cuenta de que esas páginas son imprescindibles. El libro estaría cojo sin que J.M. nos explicara los orígenes de la medicina, en qué consiste ésta y por qué desconfiamos de ella, a pesar de que gracias a ella -y a las mejoras en la higiene, el saneamiento y el control de los alimentos-, vivimos mejor y más que nuestros antepasados y, por supuesto, que nuestros congéneres cuya salud depende de medicinas tradicionales. En las dos partes dedicadas a la pseudoterapias, el autor desmonta grandes fraudes contemporáneos como la homeopatía, el reiki y la quiropráctica, además de presentar algunos casos terribles de víctimas de estas prácticas. Y el epílogo es un decálogo para evitar a los charlatanes de la pseudomedicina, para ayudarnos a conservar nuestra salud y nuestro dinero.

Quien le conoce o ha asistido a alguna de sus conferencias escuchará muchas veces a lo largo del libro la voz de J.M., que ha sufrido durante un reciente viaje a Argentina el boicot de los fanáticos anticiencia. Por ejemplo, cuando dice respecto al ecoterrorista y vendedor de plantas milagrosas Josep Pàmies: “Guau, este señor cultiva plantas ilegales que evitan la quimioterapia. Digo yo que con el coste que tiene el tratamiento del  cáncer para la sanidad pública, esto es un chollo, ¿no? Ponemos varios huertecitos al lado de los hospitales y dejamos de comprar pastillas”. O cuando llama la atención sobre el inexplicable atractivo de las denominadas medicinas tradicionales: “Si hace siglos que en Occidente no vamos al médico para que nos ponga sanguijuelas, ¿para qué vas a que te pongan agujas?”.

Las 359 páginas de Medicina sin engaños tendrían que ser lectura obligatoria en las universidades donde se forman los futuros profesionales de la salud y del periodismo. En el caso de los primeros, para que como colectivo rechacen toda terapia sin base científica, expulsen de la profesión a los médicos y enfermeros que las practiquen y dejen de jugar con la salud de los ciudadanos; en el de los segundos, para que los medios de comunicación no sean altavoces publicitarios de todo tipo de estafas, como ocurre con demasiada frecuencia. Si algún día -no creo que yo lo vea- una universidad española se anima a introducir el pensamiento crítico en la formación de sus alumnos como una asignatura transversal -es decir, presente en todas las carreras-, esta obra de J.M. debería figurar entre las imprescindibles.

José Miguel Mulet (2015): Medicina sin engaños. (Col. “Imago mundi”). Destino. Barcelona. 359 páginas.

‘El peligro de creer’ ya está en las librerías

Portada de 'El peligro de creer', de Luis Alfonso Gámez.Después de casi dos años de trabajo, hoy sale a la venta El peligro de creer, publicado por Léeme Libros y prologado por Jose A. Pérez Ledo. Son más de 200 páginas en las que expongo cómo los médiums, médicos alternativos y otros nos engañan, nos sacan el dinero y juegan contra nuestros sentimientos y salud. Hay médiums, parapsicólogos, zahorís, grafólogos, homeópatas, videntes, telepredicadores, quiroprácticos… y muchas víctimas de sus desmanes. Y también aparecen en escena grandes magos y hombres de ciencia.

El peligro de creer está lleno de vueltas y revueltas, de saltos temporales, de conexiones que a primera vista pueden parecer extrañas, pero luego no lo son tanto. Hay en él muchas pequeñas grandes historias no porque las cuente yo, sino porque estaban ahí esperándome. También hay episodios de sobra conocidos, como el del origen del espiritismo moderno. Todos los interesados en estos temas hemos oído hablar alguna vez del caso de las hermanas Fox y, sin embargo, en cuanto profundizas en lo publicado, afloran contradicciones y vacíos. Fue el capítulo que más quebraderos de cabeza me produjo porque, para documentarme como creía que debía, tuve que consultar obras de las propias fundadoras del movimiento espiritista, de sus familiares y de sus primeros seguidores para intentar ofrecer un relato lo más fiel posible a los hechos. Por si alguien quiere profundizar en todo lo que cuento de éste y otros casos, el libro incluye numerosas referencias bibliográficas, con la dirección de la versión digital de la fuente si se da el caso.

No ha sido fácil escribir El peligro de creer. Me puse a ello sólo con una idea de cuál tenía que ser el punto de partida y cuál iba a ser el destino, y decidí dejar que el propio texto me indicara qué desviación tomar en cada momento. Gracias a eso, escribirlo ha sido un viaje apasionante en el que he aprendido mucho, leído sobre asuntos y personajes que nunca me habían interesado y han resultado apasionantes, y enriquecido mi biblioteca, aunque también ha supuesto un gran desgaste. Por fortuna, quedan lejos las noches y los fines de semana obsesionado con la búsqueda de un dato o cómo insertar una historia en el relato sin que chirriara, pero cercano el momento en que puse el punto final y sentí que había llegado a la meta. Luego vino la incertidumbre. ¿Lo que había escrito merecía la pena?

Mandé fragmentos y el original entero a un reducido número de personas cuyo juicio y sinceridad aprecio. Quería saber si el libro era interesante, y que me dijeran si algo les sonaba mal y si echaban en falta alguna cosa. Sus aportaciones, las de quienes me ayudaron en la búsqueda de material y las posteriores de José Antonio Menor, mi editor, han mejorado el original considerablemente. Y la ilustración de cubierta de Marta Bellvehí ha sido la guinda. Ahora, ustedes tienen la palabra. Además de en su librería habitual, pueden conseguir El peligro de creer en Léeme Libros, con los gastos de envío gratis para España, y en Amazon. Si lo hacen, espero que les guste tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Para que vayan abriendo boca, pueden echar un ojo al dossier de prensa.

Luis Alfonso Gámez (2015): El peligro de creer. Prologado por Jose A. Pérez Ledo. Léeme Libros. Madrid. 224 páginas.

Ateísmo para principiantes

“Ser ateo es bueno”. Así empieza ¡No, por Dios! (Ateísmo para principiantes), libro en el que Mauricio-José Schwarz, autor el blog El Retorno de los Charlatanes, resume décadas de reflexión desde que en su México natal confesó a su familia que no tenía fe. La obra es un canto a la libertad, a romper con la razón las cadenas con las que las religiones han sometido y someten a miles de millones de seres humanos, y a que los credos sobrenaturales dejen de influir en el ordenamiento social y limiten su presencia a la esfera privada, de la que nunca deberían salir.

'¡No, por Dios!', de Mauricio-José Shwarz.“Vivir sin dioses es comprender que el bien debe hacerse no por miedo al castigo, no por disminuir nuestro dolor, no para pagarle a un ente omnicorrupto un soborno con el que nos permita acceder a una vida mejor, sino porque es lo correcto en esta vida singular por la memoria que dejamos en los demás, que es nuestro legado a nuestra descendencia y a nuestra especie”, escribe el periodista y divulgador científico hispanomexicano, autor de la serie de vídeo sobre religión El rey va desnudo. La singularidad de la vida es lo que hace que quienes no creemos en un Más Allá ni en dioses valoremos ésta y la dignidad humanas por encima de todo, e incluyamos en esa alta estima que tenemos a la existencia el derecho a morir dignamente. Como recuerda Mauricio -permítanme que le tutee por la amistad que nos une- y también hago yo en un texto entregado antes de leer ¡No, por Dios!, ni siquiera los creyentes quieren morir cuanto antes para encontrarse con su dios, algo que resulta incomprensible. Si la Tierra es un valle de lágrimas previo a disfrutar eternamente del Paraíso, que se acabe cuanto antes, ¿no?

El autor toca todos los grandes temas que se plantea un creyente cuando pierde la fe, si es que la ha tenido alguna vez. Porque no olvidemos que la fe no es algo innato, sino que nos la inculcan en la infancia, cuando tenemos las defensas racionales bajas. De haber nacido en otra época y región, con toda probabilidad el dios de nuestros padres no sería el mismo, sino algún otro de los miles que el ser humano ha inventado. Centrado en el cristianismo -la religión en la que se crió-, Mauricio expone, por ejemplo, las contradicciones del dios bíblico. ¿A qué viene poner “el árbol del conocimiento del bien y del mal” en el Jardín de Edén si va a prohibir a Adán y Eva que coman de él? “Si mantenemos la idea de que dios [en minúscula en el original] lo sabe todo, sabía perfectamente lo que iba a ocurrir”, apunta. Si Dios es omnipotente, las catástrofes que matan a miles y miles de personas, la enfermedades que acaban cada año millones de vidas, los niños que nacen con terribles malformaciones y discapacidades, los hombres, mujeres y niños esclavizados, y todo el mal que hay en el mundo son obra suya. ¿Dónde está la clemencia en un padre que disfruta torturando a sus hijos? ¿Dónde está la omnipotencia en un creador que destruye el mundo con un diluvio porque sus criaturas le han decepcionado?

Escrito con un lenguaje sencillo y un tono cómplice, ¡No, por Dios! habla de religión, de política, de sexo, de valores y de la obligada convivencia pacífica entre creyentes y no creyentes, algo que los primeros no siempre han tenido claro ni, en algunos casos extremos, admiten hoy en día. El libro de Mauricio me ha recordado al Por qué no soy cristiano de Bertrand Russell, que leí en la juventud y a través del cual tantos descreídos comprobamos en su momento que no estábamos solos. Por eso lo considero el regalo ideal para el joven ateo que se siente acosado en un país donde el jefe del Estado y los principales cargos públicos intentan cada dos por tres oficializar el cristianismo como credo común a todos, donde el actual Gobierno concede condecoraciones a figuras de la Virgen y se encomienda a ellas, donde los militares sacan en procesión a la divinidad, donde la religión está presente en la escuela pública como una asignatura más, donde la Iglesia católica se cree con derecho a condicionar las leyes civiles… En ese entorno -que no es el peor posible, ni mucho menos-, es más necesario que nunca luchar para que la religión quede limitada a la privacidad, sea cual sea el dios, y reivindicar la herencia cultural, social y política de la Ilustración, como hace este muy recomendable libro.

Mauricio-José Schwarz (2015): ¡No, por Dios! (Ateísmo para principiantes). Cazador de Ratas. El Puerto de Santa María. 279 páginas

‘Pseudociencia’: un cómic contra la superchería

Darryl Cunningham.Como tantos otros críos de los años 60, Darryl Cunnigham creció en un mundo donde la prensa, la radio y la televisión se hacían eco de todo tipo de prodigios. Platillos volantes y poderes paranormales eran parte de la realidad cotidiana. Él se enganchó. “Cuando era niño, me fascinaba todo lo sobrenatural y de otro mundo, pero en la adolescencia empecé a ver las cosas con escepticismo”, recuerda desde su casa de Yorkshire (Reino Unido). Desde entonces, es un apasionado de la divulgación científica y fruto de esa pasión es Pseudociencia (Léeme Libros), un cómic publicado en 2012 en su país bajo el título de Science tales (Historias de ciencia), que acaba de salir a la venta en España.

Formado en lo que hoy es la Universidad de Bellas Artes de Leeds, Cunningham reconoce que el paso de creyente “en todo tipo de sandeces” a una mente crítica no fue un camino de rosas. “Aceptar que te equivocas cuando encuentras hechos que evidencian tu error es un proceso doloroso, aunque necesario. La ciencia, al contrario que la religión, está siempre en un continuo estado de revisión y depende de los nuevos hallazgos”. Pseudociencia, finalista al mejor libro de 2012 en los Premios Británicos del Cómic, es en cierto modo el último paso de esa transición.

“Después de haber escuchado un montón de podcasts de ciencia, me sorprendía que los mismos asuntos aparecieran una y otra vez como polémicos o, simplemente, incomprendidos por el gran público. Así que los temas del libro se seleccionaron a sí mismos: la evolución, el cambio climático, la homeopatía, la fractura hidráulica y otros”, explica. Cada historia le llevó de promedio un mes de trabajo, aunque “el capítulo del cambio climático fue el más largo y difícil de escribir y dibujar. Fue difícil transitar entre montañas de desinformación y pura y simple propaganda para dar con los hechos. No me extraña que haya tanta gente confundida respecto a este asunto”. Para los despistados, incluye al final del libro una lista de fuentes fiables, los artículos científicos y libros que ha consultado para cada historia.

“Darryl resume en una viñeta lo que otros autores explican en libros enteros”, ha dicho de Pseudociencia el periodista Jon Ronson, autor de Los hombres que miraban fijamente a las cabras (2004), libro que desvela las locuras que hicieron los militares estadounidenses por creer en lo paranormal. No es fácil resumir en 20 páginas de viñetas el estado de la cuestión de asuntos como la fractura hidráulica y la terapia electroconvulsiva. Cunningham lo consigue y, en todos los casos, toma partido guiado sólo por las pruebas científicas. Así, tira al cubo de la charlatanería la homeopatía -la más existosa de las mal llamadas medicinas alternativas-, la quiropráctica y la peligrosa antivacunación; y demuestra lo confundidos que están quienes niegan que el hombre haya llegado a la Luna, el cambio climático y la evolución.

Rigor y sencillez

Viñeta de 'Pseudociencia', de Darryl Cunningham.La quiropráctica, de gran éxito en su país, fue para él toda una sorpresa. “No sabía nada de ella antes de empezar la investigación. Creía que, entre las medicinas alternativas, la quiropráctica tenía algo de fundamento. Pensaba que tenía méritos genuinos, pero, cuanto más investigaba, menos parecía haberlos. Las credenciales científicas de la quiropráctica se desvanecieron como la niebla ante el sol fuerte. No sabía que había sido desarrollada por un canadiense llamado Daniel David Palmer en el siglo XIX, antes que la gente entendiera la naturaleza bacteriana y viral de la mayoría de las enfermedades. Palmer creía que, mediante de la manipulación vertebral, podría curarlo todo: las enfermedades del corazón, el sarampión, la disfunción sexual e incluso la sordera. Es evidente que eso es absurdo, si no peligroso”.

A la hora de abordar cada historia, el punto de vista de Cunnigham “ha sido siempre procientífico y propensamiento crítico”, lo que incluye denunciar a los científicos que se dejan “corromper por la política o el dinero”. Un ejemplo de esto último es el médico británico Andrew Wakefield, quien se inventó en 1998, en la revista The Lancet, que la vacuna triple vírica –contra el sarampión, la rubéola y las paperas– causa autismo. Fue el germen del movimiento antivacunas, que se ha extendido por el mundo desarrollado y supone una amenaza para la salud pública. El autor explica cómo todo fue una maniobra de Wakefield para desacreditar a la triple vírica y hacerse millonario con una vacuna alternativa.

El gran logro tecnológico de los años 60, el primer alunizaje, merece un interesante capítulo en el que Cunnigham desmonta con maestría la tesis de los conspiranoicos y que, en la versión estadounidense, da título al libro: How to fake a Moon landing (Cómo fingir un alunizaje). Y, en el capítulo dedicado al descubrimientos, a finales del siglo XX, de que el clima está cambiando como consecuencia de la actividad humana, el autor alerta de la manipulación de datos por parte de quienes lo niegan por intereses económicos. “No dejemos en manos de los superricos decidir quién vive o quién muere”, advierte.

Pseudociencia está al alcance de cualquiera que quiera conocer la realidad de los los temas que trata. El formato de cómic, la sencillez discursiva, su estética y el enfoque riguroso –ha sido unánimemente elogiado en la comunidad científica– hacen que este libro mereza un lugar destacado en la escuela como herramienta para enseñar a las nuevas generaciones ciencia, a pensar críticamente y tomar decisiones con conocimiento de causa. “Carl Sagan y Arthur C. Clarke hicieron que me acercara a lo sobrenatural más críticamente. El Universo es ya lo suficientemente asombroso. No necesitas inventarte cosas”, dice Cunningham.

Cunnigham, Darryl [2012]: Pseudociencia. Mentiras, fraudes y otros timos [Science tales. Lies, hoaxes and scams]. Prologado por Luis Alfonso Gámez. Traducción de Mara Vázquez. Léeme Libros. Madrid 2014. 208 páginas.