Escepticismo

Alejandro J. Borgo abrirá en Argentina un centro para impulsar el escepticismo y el humanismo

Alejandro J. Borgo, durante su intervención en el Congreso Escéptico Mundial. Foto: L.A. Gámez.“Si todo va bien, pronto abriremos un Centro para la Investigación (CfI) en Argentina”, anunció el periodista Alejandro J. Borgo, director de Pensar -la revista en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP)-, durante su intervención en el Quinto Congreso Escéptico Mundial, celebrado en Abano Terme (Italia) el pasado fin de semana. El preacuerdo se cerró el viernes en el transcurso de una cena de Borgo con Paul Kurtz y Barry Karr, presidente y director ejecutivo del CSICOP, respectivamente, a la que también asistió el autor de estas líneas. Unas 36 horas después, el filósofo estadounidense adelantaba a los 420 participantes en el encuentro racionalista que el CfI contará con una delegación en Buenos Aires y, seguidamente, Karr presentaba a Borgo como futuro director de la institución. La iniciativa es un nuevo éxito del periodista bonaerense, después de los esfuerzos que hizo durante años hasta conseguir que el CSICOP editara una revista en español.

Profesor emérito de la Universidad de Nueva York, Kurtz considera fundamental crear los medios para impulsar el escepticismo y el humanismo entre los 500 millones de hispanohablantes que habrá en el mundo a mediados de siglo, objetivo para cuya consecución la fundación de Pensar ha sido sólo el primer paso. El CfI es una organización internacional sin ánimo de lucro que defiende la razón, la ciencia y la libertad de investigación en todas las áreas de la actividad humana, trata de ofrecer alternativas éticas a la religión y promueve la aproximación escéptica a lo paranormal. Tiene su cuartel general en Amherst, Nueva York, y delegaciones en Alemania, Henri Broch, Nepal, Nigeria, Perú y Rusia.

Las organizaciones integradas en el CfI son el CSICOP, el Consejo para el Humanismo Secular (CSH), la Comisión para la Medicina Científica y la Salud Mental (CSMMH) y el Comité para el Examen Científico de la Religión (CSER), y publican en la actualidad once revistas: The Skeptical Inquirer, Skeptical Briefs, Pensar, The Skeptic, Free Inquiry, Secular Humanist Bulletin, Philo, Family Matters, African American Humanists Examiner, Scientific Review of Alternative Medicine y Scientific Review of Mental Health Practice. Las cuatro entidades que forman el CfI organizan conferencias y otros actos públicos en todo el mundo, y cuentan con una larga lista de expertos y asesores de renombre.

¡Grazie, amici! ¡Grazie a tutti!

Algunos miembros del CICAP, en la sede de la organización, en Padua. Foto: L.A. Gámez.

El aeropuerto de Venecia era ayer por la mañana el más incrédulo del mundo. Estudiosos de lo paranormal de una veintena de países volvían a casa. Tomaban aviones con destino a los cinco continentes: Nueva York, Buenos Aires, Londres, Pekín, Bilbao, El Cairo, Montreal, Moscú, Palma de Mallorca… Después de tres días de convivencia, en el Quinto Congreso Escéptico Mundial, celebrado en Abano Terme(Italia), las fuerzas del movimiento racionalista se disolvían.

James Randi, en el aeropuerto de Venecia al término del congreso. Foto: L.A. Gámez.“¿Son ustedes escépticos?”, preguntaba un hombrecillo de barba blanca y sombrero a dos individuos que estaban frente a un ordenador conectado a Internet. “No”, respondían los aludidos. Y los tres se echaban a reír. El interrogador era el ilusionista James Randi, famoso investigador de lo paranormal y desenmascarador de charlatanes como Uri Geller. Los internautas, Alejandro J. Borgo, director de la revista Pensar, y el autor de estas líneas. Minutos antes, nos habíamos despedido de Barry Karr, director ejecutivo del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), y antes lo habíamos hecho de Paolo Zerbato, un colega de Palma de Mallorca con el que disfrutamos de la aventura italiana. Si todo va bien, nos reencontraremos en septiembre de 2005 en Bruselas, en el Duodécimo Congreso Escéptico Europeo, e igual un año después en Pekín, en el sexto encuentro mundial.

“Como Carl Sagan dijo, necesitamos una vela en la oscuridad. Somos un grupo de gente de todo el mundo comprometida con la Ilustración. Tenemos que mantener encendida la antorcha de la luz”, reclamó Paul Kurtz, presidente del CSICOP, en la sesión de clausura del congreso de Abano Terme. Minutos después, empezaron las despedidas en la pizzería Europa, donde habíamos cenado todos los días muchos de los participantes. La última noche, Borgo, Zerbato y yo compartimos mantel con el médico canadiense Jean Lette, un buen amigo al que dijimos adiós en la sobremesa. Luego, nos despedimos del mentalista irlandés Ian Rowland -que nos había deleitado con sus trucos desde el jueves- y de la escritora australiana Lynne Kelly. Tras la cena, y entre abrazos, dijimos arrivederci a Massimo Polidoro, alma máter del Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones de lo Paranormal (CICAP), con cuyos miembros del Véneto tuvimos el honor de posar para una foto.

La velada acabó en el mejor sitio posible, en el cuartel general de los escépticos italianos. La encantadora Paola de Gobbi hizo realidad uno de nuestros deseos y nos llevó en coche hasta la oficina del CICAP en Padua, donde bebimos champán y tuvimos una divertida conversación con algunos de los amigos que habían organizado el Quinto Congreso Escéptico Mundial. La existencia de ese local es la demostración viva del empuje y tesón de los socios del CICAP. Su biblioteca, llena de libros escépticos traducidos al italiano, nos deja en bastante mal lugar a los escépticos hispanohablantes.

Mentiría si no reconociera que envidio a nuestros colegas, su magnífica labor, su ilusión y la entrega de todos -desde la estrella televisiva y el científico de renombre hasta el úlitmo recién llegado- a una causa común. Mañana, daré una buena noticia para el escepticismo en los países de habla hispana; hoy he querido dedicar la primera reflexión sobre el congreso mundial a quienes han estado detrás de todo: a los miembros del CICAP, que se toman muy en serio su compromiso con la razón. Si a eso añadimos su simpatía y cariño, sólo cabe decir una cosa: ¡Grazie, amici! ¡Grazie a tutti!

¿Existe alguna diferencia entre un hecho paranormal y un milagro?

Portada del número 4 de la revista ‘Pensar’.“Tenemos que aplicar la investigación escéptica a las afirmaciones de la religión, que yo llamo paranaturales”, dice Paul Kurtz en el número 4 de la revista Pensar. El presidente del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) cree que el dilema en la actualidad no es si se someten o no los hechos religiosos presentes y pasados al mismo filtro que los paranormales, sino responder a otras preguntas: “Si la investigación escéptica sacude los cimientos de las creencias religiosas tradicionales, ¿no puede socavar el tejido entero de nuestras creencias y valores? Cuando esto sucede, ¿pueden la ciencia, la razón aplicada a la ética y los valores ayudarnos a encontrar alternativas racionales?”. El filósofo estadounidense mantiene que, si los escépticos no se han mojado hasta ahora en las aguas de lo paranatural, se debe al arraigo social de las creencias religiosas. “A diferencia de los alegatos paranormales, los credos de las grandes religiones están institucionalizados, y su obligatoriedad está sustentada por la tradición y por el poder de la iglesia y/o el Estado. Por ello, era altamente peligroso meterse a analizar aseveraciones históricas reverenciadas y cuestionar a las vacas sagradas. Al hacerlo, uno estaba sacudiendo los cimientos mismos de la estructura social, como los filósofos y científicos, desde Sócrates y Spinoza hasta Bruno y Galileo, que encontraron fuerte resistencia por parte de las autoridades políticas y religiosas. Es completamente diferente criticar a los astrólogos, los videntes y los ufólogos, porque ellos no tienen poder institucional y sus afirmaciones quedan frecuentemente relegadas a un segundo plano”.

El diagnóstico de Kurtz conlleva pasar página y ampliar los objetivos de un movimiento, el del análisis crítico de lo sobrenatural, que nació hace veintiocho años con la fundación del CSICOP. Para ello, se necesita un activismo más valiente y comprometido, dado que el poder de los credos religiosos en muchos países obliga a algunos escépticos a tener una postura pública indefinida hacia lo que privadamente consideran supersticiones, a veces porque en ello puedes irle la vida. La ventaja es que se romperá, por fin, una especie de alianza contra natura entre creyentes religiosos y escépticos, sustentada en que los últimos rara vez se han entrometido en el campo de los primeros a pesar de resultar indistinguible de otras supersticiones contemporáneas. Nada diferencia los milagros atribuidos a los profetas de lo oculto de los que bíblicamente se adjudican, por ejemplo, a Jesús de Nazaret, personaje cuya existencia real ni siquiera es unánimemente aceptada por los historiadores; tan ficticias son muchas de las historias del Antiguo Testamento como las inventadas por los impulsores de la idea de que en la Antigüedad nos visitaron extraterrestres. La prioridad del movimiento escéptico es examinar las afirmaciones pseudocientíficas y paranormales, por lo cual resulta incongruente dejar de lado algunas de ellas únicamente porque se hayan desarrollado en el caldo de cultivo religioso. Si no se ha hecho hasta ahora, puede haber sido por miedo, por inmadurez o por necesidad de contar con unas raíces fuertes antes de embarcarse en una tarea que incomodará a grupos de presión social, económica y política. Habrá que ver cómo responde la comunidad escéptica internacional a la propuesta del filósofo estadounidense y si se abre una grieta entre países de primera y de segunda fila, como ya ocurre en el campo de la lucha contra la irracionalidad paranormal.

Este número Pensar incluye, además, un interesante artículo de Alejandro Agostinelli, editor de Dios!, sobre el misterio de los llamados niños índigo, acerca del cual reflexiona también Alejandro J. Borgo en el editorial; L. Enrique Márquez habla sobre los “Límites del mentalismo”, que tantas veces han traspasado tramposamente ilusionistas como Uri Geller; Massimo Polidoro recuerda cómo en Italia se ha intentado prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución, y una creciente lista de colaboradores habla del secuestro extraterrestre del cabo Valdés, la últimas novedades sobre la sábana santa, los ovnis filmados en México en marzo y otros asuntos. Todo ello en la única revista escéptica concebida para la comunidad hispanoamericana, que tiene periodicidad trimestral y cuesta 12 dólares por un año y 20 por dos. Pueden suscribirse a Pensar a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo, además, el giro postal. Los residentes en España pueden hacerlo, también, mediante un ingreso en euros en una cuenta bancaria habilitada por el autor de estas líneas, a quien pueden dirigirse por correo electrónico para que les dé más información y sin ningún compromiso. En caso de que tengan algún problema o pregunta, no duden en ponerse en contacto con el representante de Pensar que les sea geográficamente más cercano o con la dirección de la revista.

‘Magonia’, quince meses después

Magonia contiene, quince meses después de su nacimiento, casi 250 páginas de texto sobre misterios y fabricantes de paradojas. Esta web nació el 20 de junio de 2003 con una explicación del por qué del nombre. A aquel artículo, han seguido ya 124 en los que hemos hablado de las conspiraciones y el 11-S, el fraude de los alunizajes, Lobsang Rampa, el triángulo de las Bermudas, los fantasmas, el mapa Vinland, los misterios de Marte, la Atlántida, las líneas de Nazca, los círculos de las cosechas, la sábana santa, el ayate de la Virgen de Guadalupe, la estrella de Belén y las piedras de Ica, entre otros enigmas. No nos hemos callado cuando los nacionalistas han manipulado la Historia a su antojo, los populares han ido de brujas y, como sus inmediatos antecesores en el poder, los socialistas han convertido la televisión pública en un aspersor de incultura. Hemos presentado libros recomendables como Conviértase en brujo, conviértase en sabio, de Georges Charpak y Henri Broch, y Captured by aliens, de Joel Achenbach; desmenuzado textos disparatados como El código secreto, de Bruno Cardeñosa, y La hermandad de la sábana santa, de Julia Navarro; diseccionado todos los capítulos de la serie de televisión Planeta encantado, de Juan José Benítez; sacado a relucir la conspiración de silencio de los charlatanes; revelado las engañosas tácticas de los promotores de una Alerta ovni; criticado la pasividad del escepticismo organizado español; denunciado la telebasura paranormal; y facilitado una bibliografía escéptica y una lista de revistas interesantes.

Cuando nació Magonia, no había ninguna otra página en español que, dedicada exclusivamente a la exploración escéptica de lo paranormal, se actualizase con una periodicidad aceptable y estuviese al quite de lo que sucede en el mundo del misterio. Había sitios de escépticos -como el de Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, y el de Ernesto Carmena– que ocasionalmente hablaban de pseudociencia, pero no existía un lugar dedicado preferentemente a ello. Por fortuna, eso ha cambiado en el último año. Ahí están rincones como El Triunfo de Clío, donde el exhaustivo José Luis Calvo desmenuza tonterías no sólo históricas; Mihterioh de la Siensia, donde Ricardo Campo, de la Fundación Anomalía, no deja embaucador con cabeza; y El Retorno de los Charlatanes, donde el periodista mexicano Mauricio-José Schwarz tampoco perdona una a los engañabobos. A estas webs, hay que sumar la imprescindible Dios!, dirigida por Alejandro C. Agostinelli, y el sitio de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, ambas con gran cantidad de material. Además, 2004 ha visto el nacimiento de la revista Pensar, editada por el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) con periodicidad trimestral, y cómo ARP ha publicado un disco compacto con los primeros dieciséis números de El Escéptico, publicación que ahora llega a los buzones de sus suscriptores cada cuatro meses.

Las cosas podían estar peor; pero también mejor. Basta echar una ojeada a países como Alemania e Italia para comprobar lo mucho que queda por hacer al movimiento escéptico español, inexistente en la práctica tanto en los medios de comunicación como en la calle. La clave estriba en ser activos, apoyar a los colectivos que ya existen o trabajar independientemente, y tener claro que, si el escepticismo organizado está en España en mantillas, habrá que hacer algo. Para empezar, quizás haya que buscar respuesta a algunas preguntas: ¿cuántas personas hay en España a las que preocupa el auge de la superstición?, ¿por qué no se ha llegado a la mayoría en casi veinte años de escepticismo organizado?, ¿a qué se achaca la nula presencia del movimiento escéptico en la Universidad?, ¿por qué en nuestro país no se ha celebrado un congreso desde hace siete años?, ¿cómo se explica la escasa participación de los escépticos en los medios de comunicación?, ¿y la casi nula implicación práctica de las personalidades de la cultura que forman parte del movimiento escéptico?, ¿por qué no se reacciona inmediatamente cuando los medios de comunicación se ponen al servicio de los charlatanes?, ¿es que a nadie preocupa que ningún español haya participado en un foro escéptico internacional desde 1998?, ¿cómo casa que cada vez haya más centros de divulgación de la ciencia y eso no haya redundado en una mayor fuerza del movimiento escéptico español?, ¿tienen los escépticos que hacer de la divulgación científica su prioridad o lo principal es analizar presuntos misterios?… En Magonia, vamos a seguir haciendo lo que hemos hecho en estos primeros quince meses; pero éste es un proyecto personal y, como mucho, puede poner un granito de arena al intento de sacar al escepticismo español de la apatía en la que está sumido. Claro que siempre es posible que vivamos en el mejor de los mundos posibles y lo apuntado aquí no tenga nada que ver con la realidad.

Congreso escéptico mundial en Italia

Quinto Congreso Escéptico Mundial.

Abano Terme, en la provincia italiana de Padua, será del 8 al 10 de octubre la capital escéptica mundial. Decenas de estudiosos del misterio de Europa, América y Asia se reunirán en el palacio de congresos Pietro d’Abano para hablar de parapsicología, medicina alternativa, fraudes y mitos, la psicología de la magia, educación y escepticismo, la Atlántida, leyendas urbanas y otros temas, en un acto organizado por el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) y el Comité Italiano para la Investigación de las Afirmaciones de lo Paranormal (CICAP).

Resolviendo misterios es el lema del Quinto Congreso Escéptico Mundial, en el que participarán el ilusionista James Randi; el experto en lo paranormal Joe Nickell; el antropólogo Kenneth Feder; los psicólogos James Alcock, Barry Beyerstein, Ray Hyman y Richard Wiseman; el folclorista Jan Harold Brunvand, y el filósofo Paul Kurtz, entre otros. Además de conferencias y mesas redondas, habrá una feria escéptica, una velada dedicada a la figura de Galileo Galilei, un espectáculo de ilusionismo a cargo de El Asombroso Randi y un almuerzo amenizado por cantantes de ópera que interpretarán arias escépticas de obras famosas. La comunidad hispana estará representada únicamente por el periodista argentino Alejandro J. Borgo, director de la revista Pensar, que intervendrá como ponente en un coloquio sobre “qué deberíamos hacer con el escepticismo”. Si se animan, nos vemos ese fin de semana en el Veneto. Yo intentaré ir para encontrarme con viejos amigos a los cuales no veo desde el segundo congreso mundial, celebrado en Heidelberg (Alemania) en 1998, y con algunos colegas que tengo ganas de conocer en persona.