Escepticismo

Revistas para un escéptico

Fui ufólogo antes que escéptico. Ocurrió hace ya bastantes años y nunca lo he ocultado. Conservo las cartas, revistas y libros de aquella época, que más de una vez he consultado a la hora de escribir en Magonia, y la colección no deja de crecer, alcanzando en la actualidad dimensiones casi monstruosas. Es un vicio; pero sólo en parte. Como escéptico en activo, creo que mi obligación es estar informado acerca de aquello de lo que voy a opinar. Por eso, entre otras cosas, aguanté todos los episodios de Planeta encantado, una serie que me ha parecido terriblemente aburrida, además de disparatada. Por eso, nunca falto a mi cita mensual con las revistas esotéricas. Por eso, amplío mi colección de libros sobre lo paranormal en cuanto tengo oportunidad. Para la mayoría, no es necesario llegar a esos límites.

Por fortuna, hay publicaciones periódicas con las que uno puede ahorrarse la compra de mucha literatura pseudocientífica y, a la vez, acceder a información escéptica de calidad. Son revistas que desmenuzan con seriedad aparentes misterios y de las cuales la decana es The Skeptical Inquirer, publicada con periodicidad bimestral por el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) y dirigida por Kendrick Frazier. El mercado en español está liderado por El Escéptico, revista trimestral de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico dirigida por Félix Ares, y acaba de nacer Pensar, un proyecto del CSICOP dirigido por el periodista argentino Alejandro Borgo, que ofrece parte de sus contenidos gratis en Internet. Son tres cabeceras –The Skeptical Inquirer, El Escéptico y Pensar– que no deberían faltar en la biblioteca de ningún escéptico: en sus páginas hay reflexiones inteligentes, trabajos concienzudos y agudas críticas.

Mantengo desde hace muchos años otras dos suscripciones más que no pienso suspender: una es la de Cuadernos de Ufología, publicación anual de la Fundación Anomalía centrada en el mito de los platillos volantes, y la otra es la de Fortean Times, una fantástica revista mensual británica dedicada a los fenómenos paranormales en la que he leído reportajes de un rigor envidiable. Hay otras fuentes de información sobre lo paranormal que merecen la pena, pero las citadas son para mí imprescindibles, con el añadido del demasiadas veces olvidado Skeptical Briefs, un newsletter que el CSICOP edita desde hace catorce años.

La revista ‘Pensar’ ya es una realidad

Portada del número 1 de la revista ‘Pensar’.No podía empezar mejor 2004: la revista Pensar ya es una realidad. El primer número de la publicación en español del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) ha salido de la imprenta y está en camino de las casas de sus suscriptores. El rostro pintado en el llamado sudario de Turín protagoniza una portada con aires de The Skeptical Inquirer, en la que destacan, entre otros, un ensayo sobre el mito del uso del 10% del cerebro, obra de Benjamin Radford, y otro acerca del conflicto entre creacionismo y evolucionismo en Argentina, de Juan de Gennaro. “Cuando pasan los años y un mensaje no se comprende, un concepto no se capta y una manera de pensar no llega a transmitirse… ¿de quién es la responsabilidad? ¿De quien no lo recibe o de quien lo emite?”, se pregunta el periodista argentino Alejandro Borgo en el editorial. El director de Pensarpone sobre la mesa el más grave problema que tiene ante sí el escepticismo organizado: llegar al público.

No basta con investigar, con estudiar los hechos enigmáticos y darles una explicación, con descubrir dónde mienten los fabricantes de misterios. Ésa es sólo la primera parte de una tarea que, como indica Borgo, es doble: hay que comunicar lo investigado, estudiado y descubierto. Ojalá las palabras del escritor argentino alienten un debate en el seno del movimiento escéptico español, sumido desde hace tiempo en un inexplicable letargo y que nunca ha conseguido acercarse al gran público. Dice el director de Pensar, en una entrevista publicada hace casi dos meses en Dios!, que le gustaría que la revista llegara “a la comunidad científica, a los docentes y a los periodistas”. “Hay que comenzar allí donde se gesta la educación”, explicaba a su colega Alejandro Agostinelli. Coincido en esa prioridad -la apunté en “Científicos, educadores y periodistas ante la tentación demoniaca”– y lamento que la realidad demuestre que ninguno de esos tres colectivos ve en España como un peligro el auge del pensamiento mágico.Esa apatía -ese encierro en la torre de marfil de investigadores, profesores y comunicadores- es en gran parte culpa nuestra, de los escépticos, quienes no hemos sabido ni convencer a los periodistas científicos de la importancia de mantener una actitud beligerante hacia la pseudociencia. Me alegra que Borgo sea periodista -también lo es Kendrick Frazier, director de The Skeptical Inquirer– porque lo que necesita el movimiento escéptico hispano es gente que sepa comunicar, y un profesional con ideas claras al frente de una revista garantiza que los textos sean interesantes y claros, que no maten de aburrimiento al lector.

Suscribirse a Pensar cuesta sólo 12 dólares por un año y 20 por dos a través de Internet o del correo convencional, usando en el primero de los casos la tarjeta de crédito y en el segundo pudiendo, además, recurrir al giro postal.

“Mis detractores son agentes de los servicios de inteligencia”, dice Benítez

No sé si nos está tomando el pelo a todos o si su reino no es de este mundo. Juan José Benítez se descuelga hoy en El Semanal, el colorín con más difusión de la prensa española, con un puñado de afirmaciones cada cual más disparatada. Al margen de una desafortunada comparación del ufólogo con Félix Rodríguez de la Fuente -“¿Planeta encantado, de Juan José Benítez, vendría a ser algo así como lo que fue El hombre y la tierra para Félix Rodríguez de la Fuente?”, pregunta David Benedicte-, el entrevistador deja que el ufólogo se ponga el solito la soga y se cuelgue del árbol de la insensatez. “Mis detractores suelen hacer más ruido que mis lectores, porque son fanáticos. No están bien informados. Se trata de intoxicadores profesionales, gente pagada por los servicios de inteligencia o tontos útiles. Y lo puedo demostrar”, asegura el novelador. Benítez lleva con esta cantinela años y, cada vez que algunos le hemos retado a que demuestre lo que mantiene y se deje de tonterías, ha escurrido el bulto.

¿Cuánto se apuestan a que ahora tampoco saca esas pruebas que presume tener? Y es que, como su colega Manuel Carballal -popular en las librerías como Antonio Salas, pseudónimo con el que ha firmado Diario de un skin, y que dirige la web Mundo Misterioso-, el periodista navarro sólo sabe defenderse de las críticas mediante la mentira. En la breve entrevista de El Semanal, sostiene, entre otras tonterías, que Jesús era extraterrestre –quizá por eso pudo estar en el Coliseo romano antes de que el edificio existiera-, que hay no humanos entre nosotros y que una civilización alienígena dejó edificaciones en la cara oculta de la Luna. Aunque parezca increíble, el autor de Caballo de Troya dice una cosa sensata: “Sólo espero que la gente sepa leer entre líneas. Mi mensaje es: ‘No crea usted nada de lo que está viendo en televisión'”. Únicamente falta que los directivos de Televisión Española (TVE) hagan caso al delegado de ET en la Tierra y adviertan, antes de cada episodio de Planeta encantado, de que se trata de un programa ficción y que todas las afirmaciones extraordinarias carecen de fundamento científico. Es lo que han reclamado ya casi trescientos escépticos en una Carta abierta a RTVE.

Los escépticos españoles se movilizan contra el ‘Planeta encantado’ de Benítez

Dos meses después del estreno en Televisión Española (TVE) de Planeta encantado, serie dirigida y presentada por Juan José Benítez, los escépticos españoles se han movilizado y redactado un manifiesto que, en forma de Carta abierta a RTVE, puede firmar quien lo desee. El texto, iniciativa del abogado tinerfeño Luis Javier Capote Pérez, profesor de la Universidad de La Laguna y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, denuncia como la serie documental del novelista navarro “intenta presentar como hipótesis válidas o como realidades lo que desde un punto de vista histórico y científico son únicamente leyendas, cuando no burdas falsedades”, y pone algunos ejemplos. Los escépticos reclaman la “retirada inmediata” del programa o, en su defecto, “la emisión de una previa advertencia en la que se haga constar a la audiencia que buena parte -por no decir todo- lo que van a escuchar ha sido refutado válidamente por la ciencia”. El texto completo puede leerse en la web que ha habilitado Capote Pérez para recoger las firmas, que cuando escribo estas líneas ya superan el centenar.

Chapapote del ‘Prestige’ contra la costa de la razón

El crudo del Prestige ha hecho una buena faena a la primera crítica vertida en un medio de comunicación de masas a ese alarde de eurocentrismo y analfabetismo histórico que es Planeta encantado, la serie de Juan José Benítez que emite Televisión Española (TVE) y que ha costado más de 8 millones de euros. Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, publicó el 12 de noviembre, en el suplemento Territorios del diario bilbaíno El Correo, un artículo titulado El negocio de la pseudohistoria. Leída en el periódico seguramente por miles de personas, esa reflexión vio limitado su impacto en Internet por el primer aniversario de la catastrofe ecológica, que llevó a numerosos usuarios de Blogalia -pasó lo mismo en otros sitios, pero es en este servicio creado por Víctor R. Ruiz donde Armentia aloja Por la boca muere el pez– a inundar sus blogs de gritos de “Nunca Máis” y de lamentos por lo que ocurrió en las costas gallegas en noviembre de 2002.

Por desgracia, el artículo del astrofísico, que tiene los ingredientes para dar pie a un interesante debate, pasó casi desapercibido en medio de la marea negra. Recuerda Armentia, entre otras cosas, que el desinterés de los historiadores por desmanes como los del autor de Caballo de Troya no es algo nuevo. Y cita, como ejemplo, el acceso a la dirección de la antes respetable Revista de Arqueología del pseudohistoriador Nacho Ares. “Desde entonces -escribe-, entre los artículos divulgativos han comenzado a aparecer textos sorprendentes en una revista en cuyo consejo editorial permanecían importantes investigadores académicos. Sin que ninguno de ellos hiciera nada… ¿Inercia o simplemente desconocimiento?”. En el caso de Revista de Arqueología, pudo haber de lo segundo en un principio; pero resulta difícil de creer que quienes otras veces han puesto el grito en el cielo, justificadamente, por la manipulación que los políticos hacen de la Historia ignoren ahora la existencia de una serie llena de falsedades que ve más de un millón de españoles. ¿Dónde están los historiadores cuando la sociedad necesita su guía?