Escepticismo

“Si viviéramos una vida natural, viviríamos una vida miserable”, dice el biofísico Félix Goñi

El biofísico Félix Goñi, en un laboratorio de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco. Foto: Ignacio Pérez. Amante de la buena mesa, intérprete de los lieder de Schubert y fabricante aficionado de fuegos artificiales -impulsó el concurso de Bilbao-, Félix Goñi (San Sebastián, 1951) es catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad del País Vasco (UPV). Médico de formación y biofísico de profesión, sus investigaciones sobre las membranas celulares, que pueden dar con vías hacia la curacion del sida y del alzhéimer, le han valido el reconocimiento internacional, incluido el nombramiento de doctor honoris causa por la Universidad de Burdeos el pasado miércoles. Ilustre de Vizcaya, creó en 2001 la Unidad de Biofísica, el primer centro mixto de la UPV y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el territorio, y recibió un año después el premio Euskadi de Investigación. El recién elegido presidente de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular habla en esta entrevista de ondas de telefonía y salud, transgénicos y terapias alternativas.

– ¿Sigue sin móvil?

– Sí.

– ¿Por miedo a las ondas?

– Ja, ja,ja… No. Sigo sin móvil por comodidad. Por lo mismo que sigo sin coche. Antes de usar algo, sopeso si las ventajas van ser mayores que los inconvenientes. Para mí es mucho más cómodo y barato usar el transporte público que tener coche. Por mi trabajo y por mi vida, no puedo prescindir del correo electrónico, pero sí del móvil. Lo veo como una esclavitud extraordinaria, aunque hay gente que lo necesita.

– ¿Conoce a alguien que no lo use porque cree que sus emisiones son perjudiciales para la salud?

– No, no conozco a nadie.

– Pero hay quien tiene ese temor.

– Yo estudio la interacción de la radiación electromagnética con la materia viva y decir que las ondas del móvil o de la wifi causan enfermedades es un disparate.

– ¿Me puede demostrar que son inocuas?

– No puedo demostrárselo. La ciencia no puede demostrar que una cosa no causa un efecto. La ciencia es la herramienta más poderosa que tenemos para conocer, pero tiene sus limitaciones y una de ellas es que no puede demostrar que una cosa no ocurre.

– Que Papá Noel no existe.

– No, no puedo demostrar que Papá Noel o Dios no existen.

– ¿Y que existen?

– La ciencia no puede decir ni sí, ni no, ni nada de cosas que no son accesibles a la experimentación, y a Dios no lo podemos tocar.

La educación científica

– Volviendo a las ondas, ¿qué dice la ciencia?

– La ciencia puede demostrar qué tipos de ondas afectan a la materia viva.

– Los rayos X, por ejemplo.

– Sí. La ciencia sabe la cantidad de energía asociada a los rayos X y a las ondas de radio. Sabemos que las antenas de telefonía emiten el mismo tipo de ondas que las de Radio Bilbao y ETB.

– Si creemos que las ondas de telefonía son nocivas, ¿también deberíamos apagar la radio y la tele?

– Por supuesto. No hay ningún motivo por el cual las ondas de telefonía móvil vayan a ser dañinas si las ondas de Radio Bilbao y ETB son inocuas. Si unas son dañinas, también lo son las otras; si unas son inocuas, las otras también. Hemos medido la cantidad de energía que necesita una onda para producir alteraciones en las moléculas y es millones de veces superior a la de las ondas de radiofrecuencia.

– ¿A qué achaca entonces el miedo de cierta gente a las ondas de telefonía y wifi?

– Es una pregunta que no puede contestarse ni desde la física ni desde la biológica. La podrá contestar un psicólogo o un sociólogo. Es un fenómeno interesantísimo, subyugante, que una sociedad cada vez más dependiente de la ciencia y la tecnología desarrolle, al mismo tiempo, fobias inexplicables hacia la tecnología.

– Parece que hay un divorcio entre una parte de la sociedad…

– Hay que hacer algo: se llama educación.

– Según las encuestas, el 65% de los españoles cree que los tomates que come no tienen genes, pero los producidos por ingeniería genética sí. Y todos han pasado por la escuela.

– Nuestra educación científica es muy deficiente. Seguimos pensando que una persona educada tiene que saber algo de los Reyes Católicos, Jorge Manrique y Cervantes, pero puede no saber nada de la radiación electromagnética.

– O de la evolución, como Tom Wolfe, que la considera un mito.

– Lo que claramente me dice eso es que el señor Wolf es un ignorante en materia científica. Hoy en día, la ciencia está tan inextricablemente unida a nuestra vida que no podemos ser humanistas ignorándola. No está bien situado en este mundo el que no sabe quién era Platón y no tiene una mínima idea de su contribución a la filosofía, pero también está perido el que no sabe quién era Darwin ni su contribución a la biología, al origen del hombre. Creo que las cosas están cambiando, aunque mucho más lentamente de lo que quisiéramos.

La homeopatía

– Pero siguen saliendo de la Universidad licenciados en Medicina convencidos de que la homeopatía funciona.

– Y farmacéuticos que venden remedios homeopáticos. Eso indica que hay todavía gravísimos defectos educativos. Hay médicos que confunden el efecto placebo con los procedimientos terapéuticos basados en la evidencia, que son muy imperfectos, pero funcionan, no como la homeopatía, que se basa en el efecto placebo.

– En el “cura cura sana, culito de rana”.

– Sí. Sabemos el número de moléculas que hay en un litro de agua y el que hay en una gota, y podemos demostrar que los remedios homeopáticos no contienen ni una molécula de la supuesta sustancia curativa. ¡No tienen nada! ¡Son bolitas de azúcar!

– Las Autoridades me castigan si vendo leche aguada, pero permiten la venta de bolitas de azúcar como medicamentos…

– … y a un precio increíblemente alto. No sé por qué ocurre, pero es muy triste que esté pasando.

– ¿Como se explica que haya gente que desconfíe de los médicos…

– Con mucha razón, porque los médicos se equivocan.

– … y al mismo tiempo ponga su salud en manos de alguien que dice que cura, por ejemplo, reconduciendo una energía que sólo él detecta?

– Creo que hay varias razones. La primera es que la medicina del hombre blanco es imperfecta. A mí me dicen que esto no tiene cura, pero quiero curarme. En vez de reconocer que la medicina tiene límites, preferimos creer que hay otros que más listos que nos van a curar. Si oyes o lees a alguno, la diabetes tipo 2 no se cura porque las farmacéuticas quieren seguir vendiéndote la metformina, pero, si le pagas a él 500 euros, te curarías en quince días. No es verdad, pero puede que le pagues. El otro motivo por el que buscamos curas alternativas y nos funcionan es bien conocido: más de la mitad de las personas que entran en una consulta no tienen ninguna lesión orgánica demostrable, pero se sienten mal, luego son enfermos.

– Necesitan algo, pero no medicamentos ni tratamientos.

– Claro, y ahí entra el efecto placebo, que puede incluir desde las estampas de santos hasta los curanderos, pasando por la homeopatía y otras llamadas medicinas alternativas. Como el problema está en tu cabeza, si te convences de que te vas a curar, a lo mejor te curas.

– No me curaré de un cáncer ni una neumonía, pero sí del malestar general.

– Y de una variedad infinita de síntomas que pueden tener origen psicosomático, que están en tu cabeza

– Ha sacado a colación antes la conspiración de las farmacéuticas.

– Todas las teorías de la conspiración tienen mucho éxito. Nos encantan. Y, claro, las farmacéuticas son malísimas, quieren ganar dinero, no como usted y yo ni el señor Paco, que va a trabajar por amor al arte, ¿verdad? Hombre, todos queremos ganar dinero, y en el caso de las farmacéuticas, que tienen que invertir cientos de millones para sacar un medicamento nuevo, sus accionistas quieren recuperar ese dinero. Incomprensible, ¿verdad?

El biofísico Félix Goñi, camino de clase, en los pasillos de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco. Foto: Ignacio Pérez.

Los transgénicos

– 109 premios Nobel acusaron en junio a Greenpeace de crímenes contra la Humanidad por su oposición al arroz dorado, un transgénico que salvaría de la ceguera a cientos de miles de niños de cada año en el Sudeste asiático. ¿Qué le parece?

– Creo que es ponerse al nivel de locura de Greenpeace, pero esos científicos consideraron que había que atacar al enemigo con sus propias armas. El camelo de la agricultura biológica o ecológica está bien para los ricos, entre los cuales estamos los lectores de este periódico, usted y yo. Es para gente que no duda de que hoy, mañana y pasado va a comer. Pero los que se mueren de hambre lo que quieren es comer, y la mejora de plantas a través de ingeniería genética va a permitir que coma mejor la gente en el mundo –no en este rinconcito donde se tira comida, sino donde hay hambre– y que muchas personas se libren de la ceguera gracias al arroz dorado.

– Llevamos miles de años modificando genomas, pero ahora algunos rechazan los transgénicos. ¿No es un contrasentido?

– Llevamos unos 11.000 años, desde que se inventó la agricultura, cruzando genomas a ciegas sin saber qué va a pasar. Ahora, la ingeniería genética modifica los genes de uno en uno y sabiendo lo que va a pasar. Eso es fatal, pero no lo que llevamos haciendo desde hace 11.000 años, que ha dado lugar a los productos agrícolas actuales, muchos de los cuales son tan distintos de sus originales que hasta a Linneo se le escapó, por ejemplo, que el maíz es el teosinte domesticado. Otro caso llamativo es el de la zanahoria, que en el siglo XIII no tenía color de zanahoria, sino que era blanquecina. Todas las frutas y verduras del supermercado son consecuencia de mezclas de genes al azar hechas por nosotros. Eso no es problema, pero meter en una planta un gen que sabemos lo que va a hacer es el fin del mundo.

– Hay mucha gente que dice que nunca hemos comido peor.

– ¡Nunca hemos comido mejor! Entre otras razones, porque ahora hay frigoríficos. No voy a retroceder mucho en el tiempo. Si ahora nos sacaran a la mesa lo que comía Alfonso XIII, nos pondríamos a morir. El olor del pescado que comía el Rey de España en Madrid hace cien años nos resultaría insufrible, y con la carne pasaría otro tanto. Comemos infinitamente mejor. Tenemos controlados todos los pasos de la cadena de producción hasta nuestra mesa. ¿Qué pasa aquí? Por un lado, está la fobia a la tecnología de la que ya hemos hablado antes y, por otro, que la memoria falsifica los recuerdos. Todo lo recordamos mejor: la tortilla de patatas y la merluza frita que hacía nuestra abuela es inmejorable. ¡Es falso! Lo que pasa es que la tenemos idealizada en nuestro recuerdo porque la memoria borra las partes negativas. Si no fuera así, nos hubiéramos suicidado todos hace tiempo.

– Si fuera verdad que comemos peor, ¿no moriríamos mucho antes que nuestros bisabuelos?

– Pues, claro. La gente se ha muerto a los 40 años hasta ayer, quitando reyes, obispos… Los de la pasta. Hoy, en grandes partes del planeta, la gente sigue muriéndose a los 40 años porque estamos hechos básicamente para durar ese tiempo.

– ¿Cuanto más nos protegemos de la naturaleza más vivimos?

– Por supuesto. Vivimos más cuanto más dominamos la naturaleza gracias a la tecnología, el ars de los latinos, la techné de los griegos. Si viviéramos una vida natural, viviríamos una vida miserable: la cuarta parte de nosotros moriría en el primer año de vida y el resto a los 30 o 40 años.

Una versión reducida de esta entrevista se publicó originalmente en el diario El Correo.

Las estupideces de algunos ‘genios’, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes de las estupideces de algunos genios, en la duodécima entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

Ciencia, periodismo, psicología y humor, en el Mes Escéptico 2016 en La Coruña

Cartel del Més Escéptico de 2016.Tres charlas y un monólogo de humor componen el programa del Mes Escéptico 2016, organizado por los Museos Científicos Coruñeses y el Círculo Escéptico. El ciclo, que se celebra por segundo año y  tendrá como escenario la Domus de La Coruña, arranca este jueves a las 19.30 horas con una charla sobre La necesidad de creer en la que el periodista José Cervera explicará cómo “en el fondo la razón por la que la gente necesita la fe es la misma por la que nace la ciencia: porque el cerebro para estar tranquilo necesita respuestas. La curiosidad, que nos hace humanos, también nos impulsa a creer sin pruebas”.

El 1 de diciembre, Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental en la Universidad de Deusto, disertará sobre Sesgos cognitivos y adquisición de creencias, acerca de cómo nuestros prejuicios y predisposiciones dan lugar “en ocasiones al fortalecimiento de creencias infundadas que compiten con el desarrollo de creencias más fundamentadas, pero que a menudo resultan contraintuitivas”. En Que la realidad no te arruine un buen titular, la química Deborah García Bello, autora de Dimetilsulfuro, y Pablo Linde, periodista de El País, hablarán el 15 de diciembre de “cuando la prensa o la publicidad sacrifican la realidad científica por el impacto mediático, el sentido crítico, y el escepticismo y la cultura del consumidor se convierten en la única clave para discriminar la ciencia de la ficción. ¿Es posible la convivencia entre la ambición del clic y la veracidad?”.

El fin de fiesta correra el 22 de diciembre a cargo del periodista Juanjo de la Iglesia, con su monólogo Todos somos Rappel, y acogerá, además, la entrega del I Premio José Carlos Pérez Cobo de periodismo y pensamiento crítico, el único en España que reconoce el fomento del escepticismo.

No voy a poder estar en La Coruña este año en el Mes Escéptico –en 2015 el honor de participar como ponente-, cuyo principal impulsor es Javier Pedreira, Wicho. Iniciativas como ésta y el premio José Carlos Pérez Cobo de periodismo y pensamiento crítico merecen todo mi apoyo y demeustran lo necesaria que es una organziación como Círculo Escéptico. ¿A qué esperan para unirse?

Aberraciones intelectuales

Bruno Latour. Foto: Garitano.Tom Wolfe, padre del nuevo periodismo y novelista, cree que “la teoría de la evolución es un mito”. Lo dice en las entrevistas promocionales de su libro The kingdom of speech (El reino del habla), que salió en agosto a la venta en Estados Unidos. Sostiene que no hay pruebas de la teoría de Charles Darwin y Alfred Rusell Wallace, que “no es comprobable. La evolución significa que no puedes ver lo que sucederá a menos que vayas a vivir durante 7 millones de años, no se puede explicar, es totalmente imposible”, ha afirmado en El Mundo.

“Es un inculto, un ignorante integral. Habla de lo que no sabe. Sólo hace falta ir a la Wikipedia para ver que lo que dice no tiene ninguna base. Hay 160 años de pruebas paleontológicas, genéticas y experimentales de la evolución”, sentencia el biólogo Juan Ignacio Pérez Iglesias. Para el titular de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, si no se ridiculiza a Wolfe es porque “es un gurú del mundo de las letras, en el que, por lo visto, está permitido ser un ignorante en ciencia y opinar de ciencia. Es el típico fenómeno posmoderno: se considera normal que gente que no tiene ni idea de algo opine de ese algo y, además, no se cuestiona lo que dice. El caso de Wolfe es descarado. Lo único que busca es vender muchos libros y ganar dinero”. Sea cual sea la causa, Wolfe no es más que el último de una larga lista de pensadores que sostienen todo tipo de estupideces. Está bien acompañado en el olimpo del disparate.

Los posmodernos

Patólogos franceses examinaron en 1976 la momia de Ramsés II (1300 aC – 1213 aC) y concluyeron que había muerto de tuberculosis. “¿Cómo pudo morir a causa de un bacilo descubierto en 1882 y de una enfermedad cuya etiología, en su forma moderna, sólo data de 1819 en la consulta de Laennec? ¿No es anacrónico?”, preguntaba Bruno Latour en 1999. Para el sociólogo y antropólogo francés, achacar a la tuberculosis la muerte de Ramsés II está tan fuera de lugar como afirmar que lo mataron con una ametralladora. Siguiendo esa peculiar línea de razonamiento, ¿giraba la Tierra alrededor del Sol antes de Copérnico?, ¿qué nos tenía pegados al suelo antes de que Newton formulara la ley de la gravitación universal?

“Es algo muy burdo. Latour es uno de los principales autores posmodernos, a los que une un cierto desprecio hacia la idea de racionalidad y objetividad, hacia la búsqueda de la verdad a través de la ciencia. Lo consideran un sesgo de la cultura occidental colonialista del que hay que prescindir”, explica Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UNED. “Lo que dice Latour es ridículo -coincide Pérez Iglesias-. Para los posmodernos, la ciencia es una construcción social y algunos niegan que exista la realidad objetiva. El movimiento ha producido aberraciones intelectuales”.

En la misma línea absurda de Latour, aunque por otras razones, hay científicos de renombre. El caso más extremo es el del estadounidense Kary Mullis, premio Nobel de Química. Niega que el VIH cause el sida, cree en el horóscopo y dice que una noche se encontró en su cabaña de las montañas con un “mapache verde brillante” alienígena. Consumidor de grandes cantidades de LSD en la juventud, asegura que aquella noche no estaba colocado. Si de conspiraciones hablamos, en España la escritora Rosa Regás achacó en 2013, en un blog de El Mundo, la doble mastectomía y la extirpación de los ovarios de Angelina Jolie para evitar el cáncer a maniobras de una compañía biotecnológica para patentar unos genes. Bajando mucho el nivel, el inigualable Fernando Sánchez Dragó considera los alunizajes un paripé. “No es lo mismo ir a la Luna que estar en ella. Lo segundo alude a quienes creen en lo primero”, escribía en 2009, también en El Mundo.

Sesgos ideológicos

James Watson. Foto: Institutos Nacionales de la Salud.Los racistas pueden citar en su apoyo a James Watson, codescubridor de la estructura del ADN junto con Francis Crick. “Todas nuestras políticas sociales se basan en que su inteligencia (la de los negros) es la misma que la nuestra, cuando todas las pruebas dicen que no es así”, mantiene. “Puede deberse a prejuicios ideológicos que ha mamado en su sociedad. No es una idea nueva”, dice Zamora Bonilla, quien confiesa que lo primero que piensa en casos como éste y el de Wolfe es que chochean. “Aunque a lo mejor es un sesgo mío”, añade. “La ideología es una fuente de sesgos poderosos. Hay gente de izquierdas que por serlo rechaza avances científico-técnicos como los transgénicos, las vacunas y la wifi. Las posturas anticientíficas de la derecha tienen más que ver con la religión”, advierte Pérez Iglesias.

El fallecido Crick abogaba por la panspermia dirigida, para entusiasmo de Erich von Däniken y compañía. “Pudiera la vida haber empezado en la Tierra como resultado de una infección por microorganismos mandados a nuestro planeta de un modo deliberado por una civilización tecnológica desde otro lugar, usando una nave espacial”, escribió en 1973 en la revista Icarus, en una artículo firmado junto con Leslie Orgel.

Pérez Iglesias apunta que, “cuando alguien afirma algo muy rompedor sobre un campo que no es el suyo, lo más probable es que sea charlatanería pura”. “Un alto cociente intelectual no garantiza que tengas razón en todo”, dice Zamora Bonilla. Para los dos, no hay que creerse las cosas porque las diga un Nobel. Ellos también tienen prejuicios, intereses y creencias irracionales.

Los vídeos de mis charlas en ‘La ciencia toma la palabra’

Arthur Conan Doyle, de cuya pasión por el espiritismo hablé en el curso 'La ciencia toma la palabra'.Aquí tienen los vídeos de El peligro de creer y ¿Hay alien ahí?, las charlas que di el 7 de septiembre en la Universidad de Alicante dentro del curso La ciencia toma la palabra: los problemas sociales de las pseudociencias en la era de la información, dirigido por los profesores Isabel Abril, José M. Gómez y Rafael García. La experiencia fue extraordinaria en todos los aspectos. Durante tres días disfruté de interesantes conversaciones con los organizadores y con el bioquímico José Miguel Mulet, la psicóloga Helena Matute, el economista José Luis Ferreira, el astrofísico Xavier Luri y el matemático Fernando Blasco, los otros ponentes, a cuyas clases tuve el privilegio de asistir.

Pueden ver todas las charlas del curso La ciencia toma la palabra: los problemas sociales de las pseudociencias en la era de la información aquí. No se arrepentirán. Y ahora les dejo con El peligro de creer, sobre el que pueden ahondar en el libro del mismo título, y ¿Hay alien ahí?.