Curiosidades

Ascenso y caída de Prudencio Muguruza

Prudencio Muguruza baraja las cartas del tarot en TeleBilbao.Me tuve que frotar los ojos cuando una noche cambié de canal en mi televisor y fui a parar a los dominios de TeleBilbao. Allí estaba el otrora parapsicólogo -antes, ufólogo y, antes, empleado de banca- Prudencio Muguruza convertido en echador de cartas de una emisora local. Los jóvenes no le recordarán, pero los que llevamos en esto ya años siempre asociaremos a Muguruza con la portada del número de Mundo Desconocido correspondiente a enero de 1982. Sobre un fondo azul, se veía una brillante nube que el siempre imaginativo Juan José Benítez convirtió en una portentosa nave extraterrestre y un titular: “Ovni en Treviño”.

Muguruza dejó la entidad bancaria en la que trabajaba y, durante los años 80, se dedicó a organizar saraos paranormales en Vitoria, donde llegó a abrir una librería esotérica y era el experto local en ovnis habitualmente consultado por los medios. Posteriormente, desvió su carrera hacia la parapsicología. La última vez que me encontré con él, antes de la aparición televisiva, fue el 16 de diciembre de 1992. Me dijo entonces, entre otras cosas, que “los extraterrestres nos visitan, aunque no podamos entenderlo”. Fue durante una entrevista en un hotel bilbaíno que luego se publicó en las páginas del diario El Correo. Parecía que le iba bien con la parapsicología.

El otro día, la impresión que me dio fue triste. Muguruza se ha convertido en un tarotista más al que se nota demasiado que camina apoyándose en lo que le cuenta el consultante. Eso sí, es una demostración viva de reciclaje profesional: de empleado de banca a ufólogo, de ufólogo a parapsicólogo y de parapsicólogo a tarotista. ¿Qué será Muguruza dentro de diez años? ¿Le quedan escalones por descender en el mundillo paranormal? El tiempo lo dirá.

¡Qué divertido es secuestrar humanos!

La zona de juegos Miniclip ofrece la oportunidad de sentirse un extraterrestre como los que los ufólogos dicen que han secuestrado humanos desde que saltó a la luz el caso del matrimonio estadounidense formado por Betty y Barney Hill en el libro El viaje interrumpido (1966), de John G. Fuller. En Alien Abduction, que puede descargarse o practicarse en línea, pilotamos un platillo volante sobre una zona urbana con el único objetivo de capturar humanos -algunas veces en sus coches- con nuestro rayo tractor y trasladarlos hasta la nave nodriza para incrementar el número de ejemplares de esa especie en nuestro zoo. Sólo hay dos problemas: el tiempo corre en contra nuestra y, de vez en cuando, nos planta cara una nave enemiga de la que nos tenemos que defender con un láser. Por ahora, no he detectado la presencia de ningún ufólogo dispuesto a interrogar a las víctimas que se me han escapado.

Tristanbraker, el más ‘freak’ de los cazafantasmas

Tristanbraker.Me comentaba recientemente Ernesto J. Carmena, un escéptico de conocidas tendencias paleontológicas, que había visto a Tristanbraker en el centro de Madrid. El parapsicólogo tenía muy buen aspecto e iba acompañado de una guapa joven. Me sorprendió. La penúltima vez que tuve noticias del más exótico de los cazafantasmas –Bill Murray y compañía son a su lado unos aprendices- fue hace un par de años y, entonces, Pedro Luis Gómez Barrondo, director ejecutivo de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, me dijo que se lo había encontrado en fiestas de Bilbao y que parecía un sin techo.Tristanbraker alcanzó cierta popularidad después de que un grupo de parapsicólogos anunció el 29 de mayo de 1990 que había grabado lamentos fantasmales en el madrileño palacio de Linares, sede hoy de la Casa de América. Días más tarde, la Policía detuvo a la directora del equipo, la psiquiatra Carmen Sánchez Castro, por haber librado un cheque sin fondos ocho años antes. Poco a poco, todos y cada de los expertos en lo paranormal que habían avalado el trabajo de la cazafantasmas se fueron bajando del carro. Al final, Sánchez de Castro se quedó sola en su defensa del misterio. Pero antes peregrinaron al palacio de Linares todo tipo de misteriólogos, Tristanbraker y su hijo de 19 años incluidos, e hicieron las delicias de los periodistas con sus disparatadas declaraciones.

De aspecto quijotesco, el parapsicólogo madrileño saltó pronto de las romerías nocturnas a la caza de almas en pena al programa Al ataque, que Alfonso Arús dirigía en Antena 3 Televisión. El periodista catalán llenó el espacio de freaks, con el curandero y contactado Carlos Jesús a la cabeza. Fueron buenos tiempos para Tristanbraker. No parecía importarle que media España se riera de él y sus compañeros de andanzas. Había creado la Asociación Esotérico Cultural Española y esperaba que la fama televisiva le reportara el dinero necesario para sacar adelante sus proyectos.

“Estamos haciendo este aparato, que hemos bautizado como Bobby’s y que en Al ataque me han dicho que me van a financiar, así como un coche para menearnos. Del Boby’s sale un chorro pulverizado de una especie de líquido que evita que los átomos de los fantasmas se puedan juntar. Además, lleva una luz muy fuerte roja que hace que se vea la silueta del espíritu”, explicaba en marzo de 1993 en la revista Teleindiscreta. El Boby’s era una versión casera de las coloristas armas de plástico infantiles, con una voluminosa lintera apoyada sobre el cañón y, cuando el parapsicólogo lo dejaba en casa, sabía que estaba a buen recaudo. Varios muñecos de gnomos eran su “particular sistema de seguridad” desde que habían ahuyentado, según Tristanbraker, a unos ladrones. “A éste -decía mientras enseñaba al periodista una réplica del personaje protagonista de la serie de animación David el gnomo-, que tiene los ojos azules, se le cambian a verde cuando alguien no le cae bien”.

Tristanbraker tenía 46 años cuando Alfonso Arús le descubrió. Había sido carpintero y electricista. Después, muchos le han visto en El Retiro, con su tenderete de vidente puesto junto a los de otros augures del parque madrileño. Volvió así al lugar del que había salido, ese submundo ubicado entre la credulidad y la pequeña picaresca en el que malviven personajes como él mientras otros, que no creen en nada de lo que predican y que se presentan ante la opinión pública como serios investigadores, se hacen de oro.