Crónica negra paranormal

A la modelo Katie May la ha matado la quiropráctica

Katie May. Foto: Instagram de Katie May.Tres días después de la muerte de la modelo de Playboy Katie May a los 34 años a consecuencia de un derrame cerebral, los medios han pasado por alto la que, según todos los indicios, parece ser la causa del accidente cerebrovascular: el tratamiento quiropráctico al que la joven se sometió para acabar con un dolor de cuello. “Por lo que sabemos en la familia, y estamos bastante, pero no totalmente, seguros, Katie no buscó atención médica antes de la noche del lunes. Si lo hubiera hecho, parece razonable concluir que los días siguientes se hubieran desarrollado de otra manera”, ha declarado su hermano Stephen a People. “Ella no necesitaba que la ajustaran el cuello; eso la mató. Y lo que da miedo es que la enfermera me dijo que pasa todo el tiempo”, ha declarado una amiga de la fallecida, Christina Passanissi, a The New York Daily News. Passanissi también cree que la muerte de la modelo fue consecuencia de que acudió a un quiropráctico en vez de a un médico.

El 28 o 29 de enero, durante una sesión fotográfica en Los Ángeles, May -muy popular en Instagram y Snapchat- sufrió una caída que le produjo un fuerte dolor de cuello. Según el portal de cotilleos TMZ, fue ese mismo día a un centro médico a que la atendieran y, poco después, la dieron el alta. Ella dijo en Twitter el 29 de enero por la noche: “Se me pinzó un nervio en el cuello durante una sesión fotográfica y me lo arreglaron esta mañana. ¡Es realmente doloroso! ¿Algún remedio casero? Besos y abrazos”. El dolor siguió y, en respuesta al interés por su salud de un seguidor, el lunes dijo en Twitter: “¡Gracias, amor! Todavía duele; volveré al quiropráctico mañana. Besos y abrazos”. Ese día, la modelo acudió al Centro Médico Cedars-Sinaí porque apenas podía moverse y, ya en el hospital, sufrió uno  o varios -según algunas fuentes- derrames. Los médicos certificaron el martes su muerte cerebral y el jueves la desconectaron del respirador que la mantenía viva.

Tuits de Katie May.Aunque TMZ apuntó al principio que May había recibido en un primer momento atención médica, no fue así. Además de las declaraciones de los familiares y amigos al respecto, los tuits de la modelo dejan claro que fue al quiropráctico a que le ajustara el cuello y que iba a volver a una segunda sesión que no sabemos a estas alturas, con certeza, si tuvo lugar. Lo que prácticamente también es casi seguro es que el derrame no se lo causó la caída durante la sesión fotográfica, como decía el viernes TMZ, sino que fue consecuencia de las manipulaciones vertebrales de su quiropráctico. Y es que relación entre esta pseudoterapia y los derrames cerebrales es, por desgracia, bastante frecuente, como dice la amiga de la fallecida que le comentó una enfermera.

En 2012, había en la literatura médica “más de 500 [casos] documentados de pacientes que han sufrido un derrame cerebral tras la manipulación del cuello [por un quiropráctico] y muchos han muerto posteriormente”, destacaba entonces el medico Edzard Ernst, especialista crítico en las denominadas terapias alternativas. En 1997, por ejemplo, el actor Kevin Sorbo, entonces muy popular por interpretar a Hércules en una serie de televisión, sufrió un aneurisma y tres trombos por las manipulaciones vertebrales de su quiropráctico. Su calvario por creer en la medicina alternativa, del que a día de hoy no se ha recuperado totalmente, le llevó en 2011 a la portada de la revista Neurology Now.

La quiropráctica es una de las mal llamadas medicinas alternativas. La inventó el apicultor y tendero canadiense Daniel D. Palmer. Apasionado del espiritismo y la anatomía, en la década de 1890 se dedicó a la sanación magnética y, años después, concluyó que las enfermedades las causan los bloqueos en la columna, que llamó subluxaciones, al flujo de la energía vital, que llamó inteligencia innata. Todavía hoy, sus seguidores dicen cosas como que “la quiropráctica ayuda a la inteligencia innata a expresarse, dejándola fluir por todo el organismo”. La energía vital de Palmer es tan indetectable, e inexistente, como todas las que dicen controlar acupuntores, reikiólogos, reflexoterapeutas y demás charlatanes.

Flaco favor hacen los medios que pasan por alto cuál fue la causa real de la muerte de la joven Katie May: que la medicina alternativa mata, como le pasó a Steve Jobs, que confío en dietas milagrosas cuando la cirugía podía haber sido útil contra su cáncer de páncreas; a Penelope Dingle, que prefirió la homeopatía a la cirugía y la quimioterapia; y en España, recientemente, a Maribel Candelas, enferma de cáncer víctima de la estafa de la neuroemoción. El caso de la modelo de Playboy es más que la muerte de un personaje popular de Internet, es la demostración del peligro que tienen las terapias pseudocientíficas, del peligro de creer.

‘El archivo del misterio’: los zahorís

Miles de personas han muerto en los últimos años en Irak y otros países en guerra, declarada o soterrada, por la confianza de militares y servicios policiales en detectores de explosivos, armas y drogas basados en los principios del zahorismo. ¿Pero qué es el zahorismo? Un zahorí es alguien que dice tener el don de localizar en el subsuelo agua y otras sustancias y, a veces, de diagnosticar enfermedades y encontrar personas desaparecidas gracias a una energía que únicamente él capta. Se les conoce también como rabdomantes, radiestesistas y geobiólogos, denominación esta última con la que intentan rodearse de un halo científico quienes se oponen a las ondas de radiofrecuencia o hacen negocio con el feng shui. Tradicionalmente, los zahorís han solido llevar en las manos péndulos, varillas metálicas o ramas de madera con forma de Y, cuyo movimiento indicaría la presencia de lo que buscan.

Los primeros experimentos científicos sobre el zahorismo se remontan a ginales del siglo XIX y, a pesar del tiempo transcurrido, ningún practicante de esta ténica ha sido jamás capaz de demostrar que hace lo que dice que hace. Pruebas sencillas, en las que se han puesto delante de ellos recipientes con agua u otras sustancias y se les ha pedido que identifiquen los contenidos con su arte, han dejado claro que los zahorís son incapaces de detectar nada. El artilugio que llevan en sus manos se mueve  por un fenómeno psicológico que hace que nuestras creencias y expectativas se reflejen en movimientos musculares inconscientes. El médico y zoólogo inglés William Benjamin Carpenter (1813-1885) bautizó ese fenómeno como efecto ideomotor en 1852, aunque se conocía desde décadas antes, y está en el origen de otros aparentes prodigios como las mesas giratorias, la comunicación facilitada y la güija. Aún así, los zahorís -de quienes he hablado en la novena entrega de El archivo del misterio de Órbita Laika (La 2)- encuentran agua con frecuencia, pero eso no debería sorprendernos.

“Hay agua bajo la superficie de la Tierra prácticamente en todos los sitios. Esto explica por qué muchos zahorís parecen tener éxito”, indica el Servicio Geológico de Estados Unidos. En contra de lo que mucha gente cree, la mayoría del agua subterránea no se encuentra en forma de pequeños o grandes cursos o depósitos, sino embebida entre las rocas. Por eso, si usted contrata a un rabdomante para que le diga dónde excavar un pozo en una finca, acabará encontrándola, pero puede que tenga que profundizar más que si hubiera confiado en un geólogo. Además de perder dinero, creer en el zahorismo puede tener consecuencias terribles.

El peligro de la magia

El fraudulento detector de bombas ADE 651, fabricado y comercializado por el millonario británico James McCormick.En mayo de 2013, el millonario británico James McCormick, fabricante y vendedor de detectores de bombas basados en el zahorismo que se habían utilizado en Irak, fue condenado a 10 años de cárcel por un tribunal británico que le consideró culpable de fraude por la venta de los aparatos, cuyo precio oscilaba entre 11.000 y 40.000 euros la unidad. Sus equipos, dijo el juez, “han creado (en Irak) una fasa sensación de seguridad” y han provocado indirectamente numerosos muertos y heridos. “El dispositivo era inútil, el beneficio indignante y su culpabilidad como estafador tiene que ser considerada de primer orden”, sentenció el magistrado.

Los equipos de McCormick -uno de ellos, el ADE 651, pueden verlo junto a estas líneas- consistían en una carcasa de plástico vacía con una varilla metálica y sin ningún tipo de fuente de energía. Funcionan “según los mismos principios que la güija”, ironizaba en 2009 en The New York Times el teniente coronel retirado Hal Bidlack, de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Sin embargo, en noviembre de 2009, el responsable iraquí para el control de explosivos, general Jehad al-Jabiri, decía que no le importaban  las pruebas científicas  y que prefería recurrir al ADE 651 que a perros adiestrados porque las inspecciones eran más rápidas. El resultado de tanta rapidez  fue cientos de explosiones y de muertes que podían haberse evitado.

Hoy en día, dispositivos similares a los de McCormick se siguen usando en países como México y Egipto para detectar drogas, explosivos y armas, con el éxito previsible. ¿Mi sospecha? Que hay funcionarios corruptos entre quienes deciden la compra de estas varillas de zahorí disfrazadas de alta tecnología.

E. Frenkel, el ‘psíquico’ que intentó parar un tren

Así dio la noticia de la muerte de E. Frenkel el diario escoces 'Glasgow Herald'.

“Primero paré una bicicleta, coches y un tranvía. Ahora voy a parar un tren”, escribió en otoño de 1989 el psíquico soviético E. Frenkel en la ciudad de Astracán, al sur de Rusia. Y añadió: “Sólo bajo condiciones extraordinarias de una amenaza directa para mi organismo, todas mis reservas entrarán en acción”.  Poco después, el ingeniero de un convoy de mercancias que circulaba cerca de Astracán vio de lejos a un hombre de camisa blanca que caminaba junto a las vías. Cuando el tren estaba casi a su altura, el individuo saltó a las vías, levantó los brazos, bajo la cabeza y puso el cuerpo en tensión. Era Frenkel.

“Los frenos de emergencia no ayudaron y sucedió la tragedia”, contaba el diario Sovietskaya Rossiya el 1 de octubre de 1989, según un despacho de la agencia AP que publicaron periódicos estadounidenses y británicos, y que reproduzco aquí tal como lo dio el diario escoces Glasgow Herald. La nota destacaba que Frenkel era uno más del “creciente número” de sanadores espirituales y dotados de poderes paranormales existentes entonces en la agonizante Unión Soviética. “En los últimos meses, la nación se ha llenado de mentalistas y autoproclamados psíquicos que aparecen en la televisión estatal, atraen grandes multitudes y reciben miles de cartas pidiéndoles ayuda”.

He intentado dar con más información sobre este caso que la periodística, pero hasta el momento no la he encontrado.

Una estrella de la televisión estadounidense pide perdón por los disparates de una médium once años después

La disculpa de Montel Williams a Amanda Berry que el primero publicó en Facebook.El presentador de televisión Montel Williams ha pedido perdón once años después a Amanda Berry, una de las mujeres secuestradas en Cleveland cuando eran niñas y sometidas a abusos por Ariel Castro durante una década, por las declaraciones que hizo en 2004 en su programa de la CBS la vidente Sylvia Browne. Poco después de la desaparición de la muchacha, Browne le dijo a Louwana Miller, la madre de la entonces niña, en The Montel Williams Show: “No está viva, cariño”. Y añadió: “Tu hija no es de las que no llamarían por teléfono”. La adivina era una colaboradora fija del programa. Su anuncio hundió a la desesperada madre, que falleció dos años después a causa de un fallo cardiaco y, según MSN News, su familia dijo entonces que la revelación de la vidente había hecho que muriera con “el corazón roto”.

El 7 de mayo de 2013, Amanda, una hija de ella y dos compañeras de cautiverio lograron escapar de su torturador, y la vidente enmudeció en las redes sociales. No tuvo el coraje de responder a quienes le pidieron cuentas. Browne, que había predicho en 2003, en una entrevista en televisión con Larry King, que iba a vivir hasta los 88 años, murió el 20 de noviembre de 2013 a los 77 años.

El miércoles pasado, tras ver a Amanda Berry en una entrevista en la ABC, Montel Williams, el anfitrión televisivo de Sylvia Browne, escribió en Facebook:

Vi la entrevista increíblemente valiente de Amanda Berry anoche. Fue una entrevista hecha con una increíble dignidad y aplomo que se erige como un poderoso ejemplo del poder del espíritu humano para superar incluso las más grandes atrocidades. Siento si cualquier cosa que se dijo en mi programa le causó dolor, y me agradaría que fuera un error. Amanda Berry es una joven fuerte cuyo valor debe inspirarnos a todos.

Tarde, Montel Williams. Demasiado tarde. Dar cobertura mediática a una estafadora como Sylvia Browne era una indecencia incluso antes del caso de Amanda Berry y pedir disculpas sin reconocer abiertamente la culpa al servir de altavoz a sus mentiras es quedarse a medias. También fue asqueroso en España presentar a un joven no identificado que murió arrollado por el tren en 1998 como un viajero del tiempo. Lo hizo Iker Jiménez durante nueve años años en su libro Enigmas sin resolver y en Cuarto milenio, donde el forense José Cabrera llegó a decir que el rostro deformado de la víctima -le había pasado por encima el tren, recuerden- revelaba que podía tratarse de un deficiente psíquico que había vivido encerrado durante años. “Todo esto -dijo respecto a un retrato robot- da la sensación de que es un retraso mental congénito”. Por supuesto, ningún tripulante de la nave del misterio se disculpó públicamente ante la familia del joven agraviado después de que, en octubre de 2008, fue finalmente identificado como un muchacho de 22 años, normal y corriente, que preparaba unas oposiciones cuando desapareció.

Trece exorcismos a una niña: maltrato de menores por la gracia de Dios

Una menor fue sometida a trece ceremonias de exorcismo entre abril y junio pasados en Valladolid por deseo de sus padres, varios familiares lo han denunciado ante la Justicia, y el Arzobispado de Burgos ha reconocido en una nota que los hechos ocurrieron tras un intento de suicidio de la niña y puntualizado que los rituales fueron oficiados por un exorcista “legítimamente nombrado” y que “los exorcismos son una práctica religiosa que se ha mantenido en la tradición de la Iglesia como un derecho de todos los fieles”.

Según el Diario de Burgos, la menor, que acaba de cumplir 18 años, empezó a sufrir en mayo de 2012 “problemas de anorexia” y ansiedad que sus padres achacaron a una posesión demoniaca. Entre septiembre y noviembre de ese año, estuvo ingresada en el servicio psiquiátrico-infantil del hospital Clínico de Valladolid, donde dijo a los médicos que “tenía un demonio dentro”. En abril de 2013, sus padres la llevaron a un convento de Guadalix (Madrid), donde -según la denuncia- la habrían sometido a un ritual exorcista. El Arzobispado mantiene, sin embargo, que, si bien ellos lo pidieron, “no recibió en aquella ocasión ningún exorcismo”. Tras continuos ingresos hospitalarios, en septiembre de 2013 la chica intenta suicidarse tirándose desde un tercer piso. Queda en silla de ruedas. Sus padres, por influencia de un seminarista, una profesora de religión y un párroco de Burgos, concluyen que es víctima de una posesión y la llevan a Valladolid ante el único exorcista de Castilla y León. Lo que pasó después, según el diario burgalés, fue lo siguiente:

La tumbaron en el suelo a los pies del altar, pero como intentó escaparse, tras ponerse muy nerviosa, la sujetaron por los brazos y se sentaron encima de las piernas. Mientras un señor le sujetaba la cabeza, una señora “le ponía un crucifijo y apretaba con fuerza”. Le hicieron daño y le causaron una herida, además de colocarle imágenes de santos por todo el cuerpo.

Durante el rito, que duró entre una y dos horas, el exorcista estuvo rezando el rosario y otras oraciones de sanación. Le hizo beber agua con sal exorcizada y se dirigía a ella voceando expresiones como: “¿Quién eres, Satanás, Belcebú, el Diablo en persona?”. Y también: “Bestia inmunda, dixi mi como tu a dominaris”. Como el diablo no contestó, concluyó que la posesión era total y le recomendó, según la joven, que dejara de tomar la medicación prescrita por su psiquiatra. Durante el exorcismo sintió dolor, miedo e impotencia por no poder escapar, pese a que pidió varias veces que cesaran.

Trece veces se repitió el ritual y, como el demonio no abandonaba a la chica, la obligaron a rezar todos los días, golpeándola y maltratándola cuando no lo hacía. Parte de la familia de la víctima denunció el 13 de agosto unos hechos que, según la magistrada María Dolores Fresco, “presentan características que hacen presumir la posible existencia de delito de violencia de género, lesiones y maltrato familiar”.

La Justicia tiene ahora la última palabra, pero, en mi opinión, estamos ante un claro caso de maltrato de menores, del que son culpables desde los padres de la niña hasta la Iglesia, uno de cuyos representantes autorizados para ello practicó el salvaje ritual. No es algo nuevo. Los pacientes psiquiátricos han sido frecuentemente víctimas de este tipo de abusos por parte de los creyentes fanáticos y las autoridades religiosas. Pero estamos en el siglo XXI y da miedo pensar que algo así pueda ocurrir en la puerta de al lado, que la Iglesia siga maltratando a enfermos mentales con la supersticiosa idea de que los posee una entidad maléfica.

Dice el Arzobispado de Burgos que “los exorcismos son una práctica religiosa que se ha mantenido en la tradición de la Iglesia como un derecho de todos los fieles”. La tradición, la maldita tradición… La misma que justifica, para algunos, la ablación de clítoris y que un hombre golpee a su mujer. Da igual que el Arzobispado argumente “no ha tenido nada que ver en el desarrollo de los hechos descritos en la noticia, y ha tenido conocimiento de la situación solo después de lo sucedido”. Mientras haya exorcistas oficiales y se alimente desde los púlpitos la idea de las posesiones demoniacas, las víctimas de barbaridades como las denunciadas en Burgos lo serán de la Iglesia católica. El Diablo nunca posee a alguien que no crea en él.