Creacionismo

La epigenética y el sexo protagonizan el Día de Darwin de Bilbao

Portada del díptico del Día de Darwin 2017 de Bilbao.La epigenética y el sexo serán los temas sobre los que girará en Bilbao el Día de Darwin, que la capital vizcaína celebra por undécimo año consecutivo. La Biblioteca de Bidebarrieta acogerá el 13 de febrero, a partir de las 19 horas, sendas conferencias de Ana Aguirre, profesora de Genética de la Universidad del País Vasco, y Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UNED, que hablarán, respectivamente, de Las mil y una caras de la epigenética y de ‘The survival of the loveliest’: amor en perspectiva darwiniana. Si no puedes asistir en persona a las conferencias, se emitirán por streaming aquí.

La entrada a los actos del Día de Darwin en Bilbao será a partir de este año con invitación para evitar los problemas que se han dado en ediciones anteriores, cuando en alguna ocasión se ha quedado tanta gente fuera como la que ha entrado en la sala, que tiene capacidad para más de 300 personas,. Las invitaciones podrán recogerse en la Biblioteca de Bidebarrieta el 8, 9, 10 y 13 de febrero de 10 a 14 horas y de 16 a 20 horas, con la limitación de un máximo de cuatro por persona.

La participación desde 2007 de destacadas figuras de la ciencia y la divulgación -como Juan Luis Arsuaga, Francisco J. Ayala, José María Bermúdez de Castro, Pilar Carbonero y Manuel Toharia, entre otros- ha convertido la celebración del Día de Darwin en Bilbao en una cita obligada para los amantes de la ciencia y la cultura en general. La organización de los actos de la capital vizcaína corre a cargo de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV, el Círculo Escéptico y la Biblioteca de Bidebarrieta, y cuenta con la colaboración del Aula Espazio Gela, el CIC bioGUNE, el diario El Correo y la Fundación Biofísica Bizkaia.

Donald Trump contra la ciencia

Donald Trump. Autor: Donkey Hotey.El tupé de Donald Trump ha perdido mucho en los últimos años. “La laca no es como solía ser. Solía ser muy buena”, se lamentó en mayo en un mitin ante mineros en Charleston (Virginia Occidental). La culpa la tiene, según él, la sustitución como propelente de los clorofluorocarbonos (CFC), que dañan la capa de ozono, por otros compuestos. El que hoy se convertirá en el 45º presidente de Estados Unidos cree, sin embargo, que no supondría ningún riesgo medioambiental que su laca contuviera CFC porque él se la da en espacios cerrados como su apartamento, “completamente sellado”, y eso no puede tener efectos en la capa de ozono. “¡De ninguna manera, amigos! ¡De ninguna manera!”, gritó a la multitud en mayo.

donald-trump-laca El discurso del magnate da la espalda a la ciencia no sólo cuando se refiere a su laca, los CFC y la capa de ozono. “Trump ha abrazado la pseudociencia y sus tácticas, y las llevará a la Casa Blanca”, advertía en diciembre el astrónomo Michael J.I. Brown, de la Universidad de Monash, en el portal Phys.org. Entre esas tácticas, explica el astrónomo australiano a este periódico, destaca el uso del lenguaje: “Trump dice que ellos tienen la mente abierta respecto al medio ambiente, lo que suena razonable, pero no es así. Cuando los pseudocientíficos dicen que tienen la mente abierta, normalmente están rechazando la ciencia y promocionando ideas sin fundamento. De hecho, Trump ha elegido para puestos clave a individuos que rechazan la ciencia del clima”.

Cambio climático

Scott Pruitt, futuro director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), afirmaba en mayo en National Review que hay un debate científico no sólo sobre el alcance del calentamiento global, sino también sobre si éste se debe a la actividad humana. Es cierto en la misma medida en que hay un debate sobre la esfericidad del mundo porque todavía quedan cuatro tierraplanistas. Entre los climatólogos, los negadores del cambio climático antropogénico son una especie tan rara como los antievolucionistas entre los biólogos. Además de Pruitt y de Trump –para quien el calentamiento global es un invento chino para que EEUU sea menos competitivo–, Rick Perry, secretario de Energía, y Ben Carson, de Vivienda, niegan el fenómeno, algo que admite Rex Tillerson, secretario de Estado, cuyo pasado como director ejecutivo de Exxon Mobil desde 2006 hasta el 31 de diciembre no infunde, sin embargo, esperanzas sobre que vaya a propiciar el abandono de los combustibles fósiles.

donald-trump-cambio-climaticoPor si se esfuman décadas de datos de la EPA sobre el calentamiento global con la nueva Administración, la comunidad científica estadounidense los está copiando a servidores independientes para que persistan en internet. “Entre lo más preocupante está que Trump puede dañar gravemente la ciencia climática que hace la NASA, incluyendo las misiones espaciales, al recortar fondos. Esto podría minar nuestra capacidad para discernir nuestro impacto en el clima”, dice Brown.

Fernando Cossío, director científico de Ikerbasque, la Fundación Vasca para la Ciencia, cree que “el posible daño a la investigación es comparable con el que la política climática de Trump puede infligir a la población mundial. Los expertos aseguran que en la lucha contra el calentamiento global llevamos años de retraso en la toma de medidas. Y eso con Gobiernos y organizaciones internacionales bienintencionadas que trabajan sobre bases racionales y científicas. En este nuevo contexto, todo ira a peor”. “El problema del cambio climático es especialmente preocupante porque es a largo plazo y podría ser muy tarde cuando se corrigieran las cosas”, me explicaba hace unas semanas el biólogo Richard Dawkins, a quien inquieta “la tendencia siniestra hacia el populismo ignorante y fanático” que ha puesto a Trump en el Despacho Oval y sacado a Reino Unido de la UE.

Antivacunas

donald-trump-vacunas“Que el sarampión vuelva a ser grande”, tuiteó el periodista Dan Primack el 10 de enero, cuando se enteró de que Trump había elegido a Robert F. Kennedy Jr como presidente de una futura comisión sobre la seguridad de las vacunas. Como Trump, el sobrino de JFK sostiene que la triple vírica que protege contra el sarampión, la rubeola y las paperas- causa autismo. La idea se basa en una investigación de 1998 del médico británico Andrew Wakefield considerada uno de los grandes fraudes de la historia de la ciencia. De hecho, la Organización Mundial de la Salud calcula que las vacunas evitan cada año “entre 2 y 3 millones de defunciones por difteria, tétanos, tos ferina y sarampión”.

“Kennedy es un hombre cuyo liderazgo del movimiento antivacunación ha generado torrentes de información errónea y pseudocientífica sobre las vacunas y sus efectos, y ha provocado brotes de enfermedades infecciosas prevenibles de otra manera, dañando especialmente a niños y ancianos y causando un gran daño a la salud pública”, destacan desde el Centro para la Investigación (CfI), organización que promueve la ciencia y la razón. “Una caída en el número de vacunados podría derivar en Estados Unidos en más brotes de enfermedades prevenibles dentro de pocos años”, avisa el astrónomo Michael J.I. Brown.

mike-pence-darwinLa investigación con células madre embrionarias puede sufrir recortes de financiación con el nuevo Gobierno, de marcado carácter ultrarreligioso. El vicepresidente Mike Pence, fundamentalista cristiano, se opone a ese tipo de estudios, además de negar la evolución, como Ben Carson, secretario de Vivienda. Entre sus excentricidades, Pence dijo en 2001 que fumar no mata porque sólo mueren por enfermedades vinculadas con el tabaco uno de cada tres fumadores. “Pence parece pensar que 33% y 0% son lo mismo”, ironizaba en noviembre el físico Lawrence Krauss en The New Yorker.

Al biólogo Francisco J. Ayala, que fue asesor científico del presidente Clinton y presidente de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS), lo que más le preocupa es que “Trump es un hombre impredecible. Se contradice a sí mismo constantemente. Miente. Dice lo que le viene a la cabeza a cada momento, sin pensarlo. Tiene ideas muy negativas contra la ciencia, pero luego no actúa de acuerdo con ellas. No sabemos lo que va a pasar”. Ayala es, sin embargo, optimista porque “la ciencia en Estados Unidos recibe tanto apoyo de la iniciativa privada como del Gobierno. Es posible que se recorte en algunos casos el apoyo del Ejecutivo. Pero, si pasa, la iniciativa privada cubrirá ese hueco”. Y advierte de que hay cosas que Trump no podrá hacer sin el apoyo del Congreso, que ya se opuso a recortes en ciencia en tiempos de George W. Bush, aunque había mayoría republicana, porque son muchos los políticos conscientes de cómo la ciencia contribuye al bienestar y la riqueza del país.

“Me preocupa la tendencia siniestra hacia el populismo ignorante y fanático”, dice Richard Dawkins

Richard Dawkins, en la Conferencia de Ateos Estadounidenses de 2008. Foto: Mike Cornwell.“En Bruselas, el corazón de la Europa ilustrada, me avergüenzo de ser inglés después de la catástrofe del Brexit“, dijo el biólogo y divulgador científico Richard Dawkins (Nairobi, 1941) hace unas semanas en la biblioteca del Parlamento Europeo. Azote de la religión desde la publicación de su libro El espejismo de Dios (2006) -traducido a 35 idiomas y del que se han vendido más de 3 millones de ejemplares-, visitó la capital belga para intervenir en Euromind, un foro sobre ciencia y humanismo creado por la europarlamentaria Teresa Giménez Barbat. “Estoy en contra de la religión porque nos enseña a estar satisfechos con no entender el mundo”, ha escrito este científico educado en la fe anglicana que recuerda que “todos somos ateos respecto a la mayoría de dioses en los que la Humanidad ha creído alguna vez. Algunos simplemente vamos un dios más allá”.

Dawkins tiene una extraordinaria capacidad para contagiar su pasión por la ciencia a través de sus libros, vídeos y conferencias, y aborrece las respuestas falsas a la curiosidad humana. Por eso lucha desde hace décadas contra la pseudociencia y la superstición, como en su día hicieron su admirado Carl Sagan -de cuya muerte acaban de cumplirse 20 años-, Isaac Asimov y Martin Gardner, miembros como él del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), una organización que promueve el pensamiento crítico. La Fundación Richard Dawkins para la Razón y la Ciencia, que nació en 2006, acaba de fusionarse con el Centro para la Investigación (CfI), del que depende el CSI y que promueve “la ciencia, la razón, la libertad de investigación y los valores humanistas”. “No saber es bueno; es algo con lo que podemos trabajar”, dice el biólogo en alusión al objetivo último de la ciencia: explicar la realidad. Recuperado de un ictus que sufrió en febrero en su casa de Oxford y recientemente separado de su tercera esposa, el pensador inglés habla en esta entrevista de algunos de los temas que más le preocupan.

– ¿Las victorias del Brexit y de Donald Trump son accidentales o nos indican por dónde van a ir las cosas en el futuro?

– Son representativas de una tendencia siniestra, que me preocupa, hacia el populismo y la desconfianza en los expertos. Uno de los líderes del Brexit, Michael Gove, dijo a la gente: “No confíen en los expertos; ustedes son los expertos”. No es así. El pueblo británico no es experto. Y en Estados Unidos ha pasado lo mismo. Me preocupa esta tendencia siniestra hacia el populismo ignorante y fanático, un problema que espero que sea temporal.

– Pero puede extenderse a otros países europeos.

– Sí. A Francia, Holanda… Espero que no pase.

– Al día siguiente del referéndum sobre el Brexit y de las elecciones estadounidenses, muchos no nos podíamos creer los resultados.

– Yo tampoco.

– Es increíble que EE UU vaya  a ser gobernado por antievolucionistas, negacionistas del cambio climático y supremacistas blancos.

– Sí. Trump parece ser tan voluble que no es posible saber hacia dónde va a saltar. Lo veo como una especie de delincuente juvenil, un narcisista irresponsable, una broma como presidente… No es posible saber qué políticas va a seguir. Puede cambiar de opinión en cualquier momento.

– ¿No está perdiendo la razón demasiado terreno en Occidente?

– Creo que es algo temporal. Hay que mirar al largo plazo, en el que nos movemos en la dirección correcta, aunque ahora hayamos dado  un paso en la errónea. El problema del cambio climático es especialmente preocupante porque es a largo plazo y podría ser muy tarde cuando se corrigieran las cosas. En Estados Unidos, el otro problema a largo plazo es el Tribunal Supremo porque sus miembros no se jubilan y, por eso, cubrir una vacante (algo que Trump tiene ahora en sus manos) tendrá efectos durante muchos años.

La pseudociencia

– ¿Cómo explica que ahora que disfrutamos de más esperanza de vida que nunca gracias a la ciencia y la tecnología haya mucha gente en las sociedades desarrolladas que confíe en la medicinas alternativa y los remedios mágicos?

– Entiendo su preocupación, pero no soy psicólogo ni sociólogo, ni soy un experto en por qué la gente cree en disparates.

– ¿Qué le parece que la legislación europea permita que los productos homeopáticos se vendan como medicamentos sin tener que demostrar que curan nada?

– Los fármacos de verdad tienen que demostrar que funcionan, deben someterse a rigurosos test antes de recibir el visto bueno de las agencias nacionales de medicamentos, mientras que la medicina alternativa no tiene que hacerlo. Es evidente la doble vara de medir. Los efectos de la homeopatía y otras prácticas similares pueden explicarse por el placebo. Además, los médicos de verdad están sobrecargados de trabajo, deben atender a un paciente cada pocos minutos y carecen de tiempo para sentarse con él y decirle cosas reconfortantes, como hacen los homeópatas.

Las tres sociedades científicas de farmacéuticos españolas han reconocido hace poco que la homeopatía no funciona. ¿La comunidad científica no tarda demasiado en reaccionar ante la anticiencia?

– Sí. En el caso de los productos homeopáticos, no es que no funcionen, es que no pueden funcionar porque no tienen nada. La única posibilidad de que funcionaran sería que el agua tuviera memoria, algo que es un disparate y nadie ha demostrado. Si alguien lo demostrara, ganaría el premio Nobel de Física.

– Pero sería muy, muy peligroso que el agua tuviera memoria, ¿no?

– Jajajaja… Sí. Este vaso de agua -dice apuntando el que tiene en la mesa- contiene al menos una molécula que pasó a través de la vejiga de Julio César o de Oliver Cromwell.

– Divulgadores como Carl Sagan, Martin Gardner y usted han dedicado mucho tiempo y esfuerzo a la lucha contra la pseudociencia. Alguien puede pensar que no hay nada malo en creer en el espiritismo, los platillos volantes y los poderes paranormales.

– Algunas personas han destacado que creer en esas cosas puede tener efectos perjudiciales directos. Yo soy más partidario de la aproximación al problema de Carl Sagan: esa gente se está perdiendo muchas cosas porque la realidad es tan maravillosa y fascinante que creer en tonterías resulta empobrecedor. Como educador, creo que es terrible que haya gente que malgaste su tiempo así cuando podría estar estudiando ciencia de verdad.

– ¿Explicar por qué creemos en cosas increíbles sirve para saber más sobre nosotros mismos?

– Supongo que sí. No soy psicólogo, pero me gustaría saber por qué a la gente le seducen esas cosas. La respuesta podría estar en la educación. Necesitamos más educación.

 Ariane Sherine, creadora de la campaña del autobús ateo, con Richard Dawkins en su lanzamiento en Londres en 2009. Foto: Zoe Margolis.

Ciencia y religión

– Usted considera que ciencia y religión no pueden ser compatibles.

– Muchos científicos piensan que sí. Yo no. Es importante distinguir entre creencias evidentemente ridículas como el creacionismo, en las que podemos ver una incompatibilidad clara, y la incompatibilidad más sutil que para mí existe entre la ciencia y la religión más respetable. Hasta cuando no se trata de un creacionismo ingenuo, cuando la creencia es solo en un dios que creó el Universo, hay incompatibilidad.

– Hay quien cree en un dios que puso en marcha el Universo y no hizo nada más. Ese dios no explica nada, ¿no?

– No, no es necesario. La evolución explica cómo la ilusión compleja de un diseño es producto de mecanismos naturales. El darwinismo explica la vida, que es el gran ejemplo de ilusión compleja de diseño. Llevarse al creador al origen del Universo no solo resulta innecesario, sino que además socava la tarea científica, cuyo objetivo es explicar cómo se produce la ilusión de diseño.

– Si hay un dios, no hay por qué buscar explicaciones a nada.

– Exactamente.

– ¿Cree que todo en la realidad se va a poder explicar desde un punto de vista naturalista, científico?

– No lo sé. Es una pregunta abierta. Puede haber preguntas que nunca podamos responder. Lo que sí podemos decir es que, si hay algo que la ciencia no puede explicar, no se podrá explicar de otro modo. Es totalmente ilógico pensar que, si la ciencia no puede explicar algo, lo podrá explicar la religión. Yo creo que algún día la física lo explicará todo, pero, incluso si no lo hace, la religión nunca lo hará.

– ¿La religión es siempre el camino equivocado para explicar las cosas?

– Sí.

– Europa es un crisol de gente de diferentes orígenes, culturas y creencias. ¿Cómo puede protegerse frente a los fundamentalismos sin violar los principios de igualdad y libertad que están en su esencia?

– En general, somos personas buenas y tolerantes que no quieren ser elitistas. ¿Cómo podemos protegernos de la locura sin convertirnos en exclusivistas y elitistas? Yo he empezado a pensar que no me importa que me llamen elitista. La gente necesita educación.

– Con gente mejor educada, ¿Trump no sería presidente y el Brexit habría fracasado?

– Sí.

– Si un fundamentalista musulmán potencialmente peligroso estuviera a las puertas de Europa, ¿deberíamos dejarle entrar?

– Somos personas buenas y tolerantes; no debemos discriminar a nadie por su credo. Para mí es importante distinguir entre los musulmanes, la mayoría buenas personas, y el islam en sí, que creo que es una doctrina perniciosa y malvada.

– ¿Y el cristianismo?

– También, pero menos peligrosa.

– Incluso en Occidente, ser ateo en Europa no es lo mismo que serlo en EE UU. ¿Veremos pronto a un ateo en la Casa Blanca?

– Hoy es algo imposible. Ningún miembro del Congreso de EE UU, y son 535, admite abiertamente ser ateo, cuando obviamente muchos lo son. En este sentido, las estadísticas en EE UU se están moviendo en la dirección correcta. Más del 20% de la población no abraza ninguna religión. Eso no significa que todos sean ateos, pero muchos lo son. Sospecho que puede haber habido ya un presidente ateo en EE UU, pero no lo ha podido admitir. Creo que eso llegará, pero ahora es imposible. En EE UU mi fundación apoya una campaña, llamada Abiertamente laico, para animar a los no creyentes a que salgan del armario y se muestren públicamente orgullosos de su ateísmo con el objetivo de que eso lleve a otros -especialmente, a los políticos- a seguir sus pasos.

– Ahora mismo, ¿es más fácil en EE UU ser un homosexual declarado que un ateo declarado?

– Sí, lo es.

Tom Wolfe, contra la teoría de la evolución

Tom Wolfe, en 2007. Foto: medusahead.Tom Wolfe es venerado como el padre del nuevo periodismo. Cada vez que publica un nuevo libro, se pasea por los grandes medios occidentales con su traje blanco y sus poses de dandi, soltando afirmaciones impactantes para conseguir el titular que le interesa, no en vano es periodista. Y también es un ignorante de tomo y lomo. “La teoría de la evolución es un cuento”, decía ayer en El Mundo. Y añadía:

Un mito como el de Thor y Wotan. La teoría de la evolución no cumple con ninguno de los estándares para las nuevas teorías porque, para empezar, no es comprobable. La evolución significa que no puedes ver lo que sucederá a menos que vayas a vivir durante siete millones de años, no se puede explicar, es totalmente imposible. Si intentaras encontrar hechos que sean verdaderos, se anularía la evolución. No se han abierto nuevas investigaciones y no es una teoría comprobable.

El escritor estadounidense demuestra en este párrafo estar a la misma altura intelectual que Juan Manuel de Prada, la referencia literaria antievolucionista española. Al parecer, Wolfe dedica su último libro, The kingdom of speech, a atacar la teoría de la evolución, el pilar de la biología, y, por lo leído, lo hace desde el total desconocimiento.

La teoría de la evolución por selección natural establece que todos los seres vivos actuales descendemos de otros anteriores y que el motor del proceso evolutivo es la selección natural, que hace que aquellos organismos mejor adaptados al entorno prosperen y se multipliquen mientras que condena a los peor adaptados a un papel secundario e incluso la extinción. Cuando Charles Darwin la formuló, se ignoraba qué mecanismo era el responsable de esas variaciones en la adaptabilidad. Ahora los científicos saben que son las mutaciones genéticas.

Desde que Darwin y Alfred Russel Wallace presentaron la teoría de la evolución en 1858, ésta ha sido confirmada por la evidencia fósil, la genética y la experimentación en laboratorio. “Las pruebas podrían haber ido en otro sentido. Podrían haber refutado la teoría de Darwin. En vez de eso, tenemos 150 años de pruebas que apoyan su teoría”, destacaba hace cinco años Alan Rogers, antropólogo de la Universidad de Utah y autor del libro The evidence for evolution (Las pruebas de la evolución, 2011). Desde hace décadas, los paleontólogos han ido completando el registro fósil con especies que -¡oh, casualidad!- encajan perfectamente en el marco evolutivo, como Tiktaalik rosae -forma intermedia entre los peces y los tetrápodos que vivió hace unos 370 millones de años y marcaría el inicio de la conquista de tierra firme- y nuestros antepasados homínidos. Además, tanto la resistencia de bacterias a los antibióticos como experimentos con animales han permitido a los científicos presenciar en directo la evolución por selección natural, ésa que el escritor estadounidense dice que “no puedes ver” a menos que vivas millones de años.

Tom Wolfe es un inculto, un analfabeto, un ignorante. No hay vuelta de hoja. Sería de agradecer que algún entrevistador le replicara cuando en una entrevista dice tonterías sobre la teoría de la evolución, a ver por dónde sale el padre del nuevo periodismo. Claro que para eso el periodista debería tener una ligera idea del tema. Culturilla general.

Diez ediciones del Día de Darwin en Bilbao

El salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta, durante los actos del Día de Darwin de 2015. Foto: L.A. Gámez.

Hoy celebramos en Bilbao la décima edición del Día de Darwin y, como ha ocurrido desde febrero de 2007, seguramente no habrá un asiento libre en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta. Por eso, si hay alguien a quien agradecer la continuidad de esta celebración es a quienes, año tras año, han acudido a esta cita con la cultura y el pensamiento crítico en la capital vizcaína. ¡Muchas gracias!, y mis disculpas a los que, por las limitaciones de aforo, no han podido en ocasiones asistir a alguna conferencia.

Programa del Día de Darwin de 2016 en Bilbao.El Día de Darwin es una fiesta mundial de la divulgación que, desde 1997, pretende promocionar la educación científica y el conocimiento de la obra de Charles Darwin. Empezó a celebrarse en Bilbao de una manera muy tonta. En junio de 2006, me encargaron en el periódico donde trabajo, el diario bilbaíno El Correo, un reportaje sobre el estado de la investigación científica en Euskadi. Además de buscar datos, hablé con Alberto Ansuategi, entonces director de Política Cientítifica del Gobierno vasco, el biólogo Eduardo Angulo, el biofísico Félix Goñi, el químico José María Mato, el biólogo Juan Ignacio Pérez -en aquel entonces, rector de la Universidad del País Vasco (UPV)-, el astrofísico Agustín Sánchez Lavega, el químico Jesús Ugalde y algún otro científico que optó por el anonimato. El reportaje se tituló “Ciencia vasca”. A algunos de los entrevistados les conocía; a otros no. Uno de estos últimos fue el rector de la universidad pública. Pérez me citó en su despacho un día por la mañana. La entrevista fue, como todas, muy interesante y, al acabar, hablamos -el tema lo sacó él- del avance del pensamiento mágico en las sociedades desarrolladas. Le propuse organizar, en el marco de Semana de la Ciencia, una jornada en la que científicos y divulgadores hablaran de las visitas extraterrestres, monstruos como el yeti, las témporas… En noviembre de 2006, celebramos la jornada Misterios, a la luz de la ciencia y el éxito me animó, a la salida, a comentar al entonces rector que en febrero podríamos organizar el Día de Darwin.

El 12 de febrero de 2007, celebramos el primer Día de Darwin en la capital vizcaína. Lo organizaron el Ayuntamiento de Bilbao, el Center for Inquiry, el Círculo Escéptico, el diario El Correo y la Universidad del País Vasco (UPV). Abrió la jornada Ibon Areso, entonces primer teniente de alcalde,que leyó un fragmento de El origen de las especies, como luego hizo César Coca, adjunto a la dirección de El Correo, en otro momento de acto. Las charlas corrieron a cargo de los biólogos Antonio Lazcano y Ana Rallo, y del genetista Enrique Cerdá-Olmedo. Bidebarrieta se llenó y no habíamos salido todavía de la sala, ni hablado entre nosotros, cuando el rector y yo ya teníamos decidido que, vista la reacción del público, había que repetir en 2008. Y así ha sido un año tras otro, con nuevos socios -como la Fundación Biofísica Bizkaia, el Aula Espazio Gela y el CIC bioGUNE– y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV, que nada más nacer asumió el compromiso de la universidad; no en vano, su titular es Juan Ignacio Pérez.

Francisco J. Ayala, durante su conferencia en Bilbao el 12 de febrero de 2009. Foto: Luisa Idoate.Ha habido mucha gente que a lo largo de estos años ha hecho posible el Día de Darwin en Bilbao, pero todo hubiera sido más difícil sin el apoyo de Begoña Morán, directora de programación de Bidebarrieta, que creyó en la idea desde el primer momento y siempre ha facilitado todos los medios a su disposición, y su equipo. Ha habido muchos momentos especiales. Cada cena con los ponentes ha sido un lujo, pero recuerdo con especial cariño la del 12 de febrero de 2009 -el bicentenario del nacimiento de Darwin y el sesquicentenario de la publicación de El origen de las especies-, presidida por el biólogo Francisco J. Ayala, quien minutos antes había dado una conferencia titulada Darwin y el ‘diseño inteligente’: creacionismo, cristianismo y evolución. En los últimos diez años, al inigualable escenario de la biblioteca central de la capital vizcaína han subido veinticinco científicos y divulgadores de primera línea en trece jornadas (en 2009 la celebración se prolongó durante cuatro días):

Jordi Agustí, profesor investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES): Darwin y la idea de progreso (2013);

Kepa Altonaga, biólogo de la UPV: Darwin en Lotilandia (2012);

Ricardo Amils, profesor de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador asociado al Centro de Astrobiología: ¿Minerales o azúcares? ¿Qué prefirieron los primeros seres vivos? (2008);

Eduardo Angulo, profesor de Biología de la UPV, miembro del Círculo Escéptico y autor de El animal que cocina: De la carroña al ‘delicatessen’: la Humanidad se humaniza (2011);

Juan Luis Arsuaga, codirector del proyecto Atapuerca y director del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos: ¿Wallace ‘versus’ Darwin? (2009);

Francisco J. Ayala, titular de la cátedra Donald Bren de Ciencias Biológicas y profesor de Filosofía de la Universidad de California: Darwin y el ‘diseño inteligente’: creacionismo, cristianismo y evolución (2009);

Xavier Barcons, profesor de Investigación del Instituto de Física de Cantabria (IFC) y vicepresidente del consejo del Observatorio Europeo Austral (ESO): Agujeros negros gigantes: una especie en evolución (2011);

Mariano Barriendos, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona: La sociedad ante el clima y sus manifestaciones severas. Evolución de la religiosidad y la ciencia desde la Edad Media (2010);

José María Bermúdez de Castro, codirector de las excavaciones de Atapuerca y director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH): Evolución del género Homo (2012);

Pilar Carbonero, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid: Evolución bajo dominio humano en el reino vegetal (2009);

Enrique Cerdá Olmedo, genetista de la Universidad de Sevilla: Evolución ciega y ‘diseño inteligente’ (2007);

Diego Garate, arqueólogo del Museo Arqueológico de Vizcaya: Los primeros artistas: rastreando los orígenes de la expresión simbólica (2016);

Ambrosio García-Leal, biólogo y escritor científico: Selección sexual: la evolución de las diferencias entre los sexos (2015);

Francisco García Olmedo, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Politécnica de Madrid;: Autoselección artificial de la especie humana: la dieta como artificio (2010);

Carles Lalueza-Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona: El genoma neandertal (2014);

Antonio Lazcano, biólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México: El origen de la vida (2007);

Carmen Manzano, profesora de Antropología e investigadora de la UPV: El género Homo: lo que no sabemos y lo que creemos que sabemos (2016);

María Martinón-Torres, investigadora del CENIEH: Neandertales: ¿crónica de una muerte anunciada? (2015);

Eustoquio Molina, catedrático de Paleontología de la Universidad de Zaragoza: Creacionismo contra evolución: la estrategia del ‘diseño inteligente’ (2008);

José Carlos Pérez Cobo, profesor de Fisiología Humana de la UPV: ¿Somos listos porque comemos almejas? (2008);

Juan Ignacio Pérez Iglesias, catedrático de Fisiología y titular de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV: Corredores (2013);

Ana Rallo, bióloga de la UPV: Darwin, imported from England, 2007);

José Manuel Sánchez Ron, catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid: Charles Darwin: su obra y su mundo (2009);

Manuel Toharia, director científico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia: Clima y evolución (2011); y

Ana Zubiaga, catedrática de Genética de la UPV: ¿Las extinciones son para siempre? (2014).