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La cara oculta del misterio

‘La cara oculta del misterio’, a la venta como libro digital en iTunes y Amazon por 2,99 euros

La cara oculta del misterio', un libro de Luis Alfonso Gámez.La cara oculta del misterio está ya a la venta sin DRM en 50 tiendas de iTunes y en 8 de Amazon por 2,99 euros. Me gustaría haberlo hecho hace tiempo, pero antes quería revisar todos los originales cuidadosamente, actualizar aquello que fuera menester e incluir enlaces a sitios donde ampliar información. No ha sido un trabajo agotador, pero sí el suficiente añadido al habitual como para haberme retrasado más de lo deseable.

Se trata de 42 reportajes sobre otros tantos misterios que vieron la luz en el diario El Correo durante el verano de 2008, Editorial Comares publicó en forma de libro en 2010 y ahora, por fin, saco en formato digital, algo que me hubiera gustado hacer desde el principio. La única diferencia respecto a las versiones físicas es que la digital no incluye las ilustraciones de Iker Ayestarán. Como compensación, tiene numerosos enlaces a fuentes donde ampliar información.

Espero que haya quien disfrute con esta colección de historias reales sobre poderes paranormales, visitas extraterrestres, hechos increíbles del pasado, leyendas urbanas y conspiraciones varias, cuya continuación fue la serie Crónicas de Magonia, a la venta por 0,99 euros en iTunes y en Amazon desde hace meses.

El ebook tiene la gran ventaja de independizar al autor de las editoriales. Ya no hacen falta más intermediarios que la tienda para hacer llegar una obra a quien la quiera. El precio de la independencia es aprender a hacerlo todo, algo mucho más fácil de lo que parece a primera vista y, por supuesto, muy gratificante.

Pasión por el misterio

A todos nos atrae el misterio. Las películas, las series de televisión y las novelas de intriga cuentan con seguidores por millones. Y la ciencia avanza por el ansia del ser humano de aclarar misterios, desde de dónde venimos hasta por qué enfermamos, pasando por qué hace que el clima cambie y cómo funciona nuestro cerebro. Cada vez que los científicos desvelan un misterio, aprendemos algo sobre el Universo y sobre nosotros mismos. Pero hay misterios que se nos presentan como reales y no lo son. De ésos es de los que se ocupa este libro, de algunos enigmas de los que casi todo el mundo ha oído hablar y que resultan seductores porque implican la existencia de fenómenos y entes sobrenaturales.

No conozco a nadie que no se sienta intrigado por un buen enigma y que no quiera aprender más sobre él. Yo me introduje en el mundo de lo paranormal hace casi treinta años, en la adolescencia, interesado por la posibilidad de que nos visitaran seres de otros mundos. Me volqué en la lectura de libros y revistas sobre platillos volantes. Creía entonces que lo que contaban los ufólogos, los expertos en ovnis, tenía una base real. Con los años, me di cuenta de que esa base real existía, pero deformada hasta tal punto que, una vez que el experto de turno entraba en escena, cualquier fenómeno podía volverse inexplicable. Porque basta con seleccionar cuidadosamente los datos a incluir en el relato para hacer de un suceso vulgar y corriente, como la visión de una estrella o un sueño, algo misterioso. Eso es lo que me llevó a desconfiar de los ufólogos, primero, y del resto de los expertos en lo paranormal, después.

La transición de adolescente crédulo a adulto escéptico fue una rápida sucesión de desengaños, de autores derribados de sus pedestales como las estatuas de Lenin en Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín. Primero, cayeron los ufólogos. Luego, según fui escarbando en otros misterios, les siguieron los parapsicólogos, los arqueólogos fantásticos, los periodistas de misterios… El proceso fue más largo de lo que puede ser hoy para un joven porque a principios de los años 80 del siglo pasado no existía Internet y las lecturas que dejaban desnudos a los emperadores del misterio tenían que ser localizadas en catálogos de papel y pedidas al otro del Atlántico por correo convencional. Por fortuna, eso ha cambiado; pero, aún así, hay tanta información en la Red que muchas veces es difícil diferenciar la que merece la pena de la que no, las fuentes fidedignas de las que no lo son. Antes no había información fidedigna accesible; ahora la hay, pero está mezclada con toneladas de basura. Es el reto al que se enfrentan quienes en la actualidad buscan respuestas por su cuenta.

Este libro reúne 42 reportajes sobre otros tantos misterios que publiqué en el diario El Correo durante el verano de 2008. No es habitual que un periodista que cubre la información de ciencia escriba sobre fenómenos paranormales. Yo lo hago siempre que puedo porque los misterios atraen la atención de mucha gente sinceramente curiosa y porque buscar explicación a lo aparentemente inexplicado resulta divertido. No hay nada tan gratificante como aprender. Cuando me propuse, por ejemplo, averiguar qué había detrás de la leyenda de la Atlántida, la historia de las calaveras de cristal y la cirugía psíquica, sabía muy poco acerca de cada uno de esos enigmas. Al acercarme a ellos, acabé descubriendo historias apasionantes. Es algo que me pasó durante la redacción de cada uno de los capítulos de este libro, estuviera intentando saber qué hay de verdad en los relatos bíblicos o en que sólo usamos el 10% del cerebro.

Si una obra como ésta tiene algún sentido, es que haya gente que pueda encontrar en sus páginas respuestas a preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. No pretendo -sería ingenuo y contraproducente- que me crean sin más. Me basta con que sean conscientes de que las cosas no son siempre como nos las cuentan en los medios de comunicación y en los libros, que conviene pararse a pensar de vez en cuando para evitar que nos engañen. En el mundo del misterio, hay una ley que funciona para identificar al mentiroso, la de la fama. Cuanto más conocido es un ufólogo, un parapsicólogo o un periodista esotérico, menos hay que fiarse de él. Apliquen esta máxima cuando se expongan a lo extraordinario y evitarán muchos engaños.

Publicado originalmente como parte del prólogo del libro La cara oculta del misterio, de Luis Alfonso Gámez y con ilustraciones de Iker Ayestarán.

Llega a las librerías ‘La cara oculta del misterio’

'La cara oculta del misterio', de Luis Alfonso Gámez.Acaba de salir a la venta La cara oculta del misterio, un libro que recoge los 42 reportajes que sobre otros tantos enigmas publiqué en las páginas de El Correo durante el verano de 2008. Son historias de extraterrestres en la Antigüedad, poderes paranormales, platillos volantes, enigmas del pasado y de la religión…, que he actualizado cuando ha sido preciso -en un par de ocasiones- y he revisado a fondo para, sin alterar nada sustancial, corregir defectos debido a la celeridad con que fueron escritas. Además, he incluido notas a pie de página para completar las referencias bibliográficas y de webs, algo imposible en un periódico, pero imprescindible en un libro para que quien quiera pueda ampliar información.

El de hace dos años fue un verano en el que hubo un momento en el que llegué a escribir un reportaje sobre un misterio diferente cada día con la tensión añadida de que, alcanzada cierta fecha, si hubiera habido algún imprevisto que me hubiera impedido trabajar una jornada, el proyecto podría haber quedado incompleto. Conté en esa aventura con el apoyo de mucha gente, empezando por un puñado de escépticos que leyeron los originales en bruto, mis compañeros y jefes de El Correo, mi familia y amigos, e Iker Ayestarán, cuyas ilustraciones me encantaron desde que vi la primera. Cuando decidí probar a convertir ese material en un libro, lo hice convencido de que debía incluir los dibujos de Iker. ¿Por qué? Porque quería que La cara oculta del misterio fuera un fiel reflejo encuadernado de la sección veraniega. A los responsables de la granadina Editorial Comares les gustó la idea y, al final, Iker se encargó también de la portada. Estoy muy satisfecho de cómo ha quedado el libro, que puede leerse cómodamente a saltos porque cada capítulo es independiente del resto.

Ahora, son ustedes los que tienen que juzgar el resultado final. Quien quiera puede pedir La cara oculta del misterio en su librería habitual o comprarlo directamente en la web de la editorial.

Luis Alfonso Gámez e Iker Ayestarán: La cara oculta del misterio. Editorial Comares (Col. “La Vela – Granada”). Granada 2010. 200 páginas. 18 euros.

La cara oculta de 42 misterios

Se acabó. La sección veraniega La cara oculta del misterio ya es historia. Han sido casi tres meses de dedicación a ella, sin abandonar totalmente otras obligaciones, pero centrado en escribir las 42 entregas que se han publicado en El Correo a diario desde el 21 de julio. Ha habido mucha gente sin la cual esto no hubiera sido posible: mis jefes, que aceptaron la propuesta; mis compañeros de sección, quienes no sólo han revisado cuidadosamente los originales, sino que además han dado ideas de posibles temas a tratar; el equipo de diseño del periódico, que me ha aguantado y resuelto las páginas de un modo fantástico; Iker Ayestarán, cuyas ilustraciones me han encantado; la periodista Luisa Idoate, quien leyó todos los textos en bruto e hizo sugerencias y correcciones imprescindibles; el historiador José Luis Calvo, quien me ha aclarado muchas dudas y corregido numerosos errores; también han hecho interesantes sugerencias Fernando L. Frías, Julio Arrieta, Ricardo Campo y Luis R. González; y Mikel Iturralde, director de El Correo Digital, se leyó un par de textos que me preocupaban e hizo oportunas puntualizaciones.

Quedan muchos temas todavía ahí fuera. Al principio, temí que no iba a haber material para seleccionar con comodidad y variedad. Al final, surgían ideas según iba escribiendo. Muchas han quedado en el cajón. No exagero si digo que, a vuela pluma, se me ocurre otra cuarentena de misterios si me siento a pensar un poco. ¿Cuáles? Permítanme que me los reserve por si en un futuro vuelvo a la carga. De momento, les dejo con las miniaturas de las 42 páginas de la sección para que vean cómo quedaron en el periódico, cómo las vieron los más de 500.000 lectores diarios de El Correo en papel. Cada miniatura enlaza con el texto correspondiente publicado en esta bitácora. Todas juntas impresionan; por lo menos, a mí.

Un aeropuerto prehistórico.Aluniza como puedas.Si eres un espíritu da dos golpes.El tercer ojo.Las calaveras del poder.La aldea maldita.El pueblo más marciano.Conspiracion en el espacio.En busca de la Atlántida.Cerebros reducidos.Militares, secretos y platillos volantes.Mensajes en los sembrados.Espíritus en el plató.Pirámides en Canarias.Desaparecidos sin rastro.Catastrofe en Siberia.Raquel Welch contra los dinosaurios.Lincoln y JFK, presidentes clónicos.Los extraterrestres más españoles.Las huellas del Éxodo.Pasión marciana.El efecto Geller.La tumba del faraón.El hombre mono norteamericano.Los dogones y el enigma de Sirio.América vikingaRuinas lunares.El embajador de la galaxia.Los gigantes de Pascua.Víctimas del diván.Operando sin bisturí.Caras de cemento.Las hadas de Arthur Conan Doyle.El milagro de Guadalupe.Sexo interplanetario.El poder del Zodiaco.La gran inundación.La prueba de la Resurreción.El mapa de los dioses astronautas.El terror de las cabras.¿Hay alguien ahí?Y el mundo se acabó.

Y el mundo se acabó

Explosión de un planeta.Si está leyendo estas líneas, es que ha sobrevivido a varios fines del mundo. Pero no se confíe. El próximo está cerca. Ocurrirá, según algunos, cuando entre en funcionamiento en las próximas semanas un nuevo acelerador de partículas. La máquina del Juicio Final ha costado ya más de 4.000 millones de euros. Se llama Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y es el instrumento científico más grande del mundo: su principal elemento es un túnel circular de 27 kilómetros, excavado a entre 50 y 175 metros de profundidad cerca de Ginebra. Los físicos esperan recrear en él, en miniatura, las condiciones del Universo billonésimas de segundo después del Big Bang. Los agoreros de turno temen que se desencadenen fuerzas incontrolables -como un agujero negro-, y aquí paz y después nada.

El temor al fin del mundo resurge cada pocos años. La más reciente oleada apocalíptica la vivimos poco antes del cambio de centuria. Paco Rabanne anunció que la estación espacial rusa Mir iba a caer sobre París el 11 de agosto de 1999, en coincidencia con el último eclipse total de Sol del milenio, que -según una peculiar lectura de las Centurias de Nostradamus- iba a suponer la aparición del Gran Rey del Terror. La tragedia de la capital francesa -“ciertos barrios recordarán Hiroshima”- iba a marcar, dijo el diseñador, el principio del fin. “No podía guardar un secreto tan terrible. He cumplido mi deber. Estoy aquí para avisar a los humanos”, advertía un mes antes. Pasó el 11 de agosto de 1999 sin que sucediera nada. Así que, cuando después alguien le ha preguntado por su profecía, Rabanne ha respondido que nunca habló del fin del mundo, sino del de una era, signifique eso lo que signifique y digan lo que digan las hemerotecas.

Clérigos y astrólogos

La historia se repite desde hace siglos. En la Edad Media se sucedieron las predicciones del fin del mundo a partir de la interpretación de los textos bíblicos. Julián de Toledo, el desconocido autor de la Crónica mozárabe, y el Beato de Liébana, en su Comentario al Apocalipsis, coincidieron en señalar el año 800 como el del fin de los tiempos. Pasó la fecha y también 992, año fatídico para el eremita Bernardo de Turingia. La noche del 31 de diciembre de 999 tampoco ocurrió nada, y, a partir de ese momento, los ocultistas se sumaron en masa a los intérpretes de la Biblia.

Una conjunción -coincidencia en una región del cielo- de los planetas entonces conocidos en la constelación de Libra llevó a algunos a temer lo peor en 1186. Los religiosos Arnaldo de Vilanova y Vicente Ferrer demostraron sus dotes profetizando el fin del mundo para 1370 y 1412, respectivamente. El astrólogo Johannes Stöfler lo vaticinó para el 20 de febrero de 1524, basándose en la cercanía en el cielo de Marte y Júpiter. Como falló, su discípulo Johann Carion rehizo los cálculos y apuntó al 15 de julio de 1525. Y así de éxito en éxito… hasta Paco Rabanne.

En el siglo XIX, se incorporaron al club de los visionarios apocalípticos los líderes de algunas recién nacidas confesiones cristianas. Demostraron que a los creyentes no les importa mucho que sus profetas fallen en sus predicciones una y otra vez. William Miller, fundador de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, calculó un primer fin del mundo, según la Biblia, para el 21 de marzo de 1843 y, como no llegó, un segundo para el 22 de octubre de 1844. Pero quienes se han llevado la palma apocalíptica son los Testigos de Jehová, organización nacida en 1870: Charles Russell, su fundador, predijo el fin de los tiempos para 1874 y 1914; su sucesor, Joseph Rutherford, para 1918, 1925 y la década de 1940; y el sucesor de Rutherford, Nathan Knorr, para 1975.

Del espacio exterior

Los nuevos dioses llegados del espacio a mediados del siglo pasado han aportado en las últimas décadas varias fechas al imaginario apocalíptico. Sixto Paz, un peruano que dice tener encuentros personales con extraterrestres, anunció en 1975 que los visitantes le habían revelado que “la constante amenaza de una guerra atómica pasará pronto a convertirse en un holocausto vertiginoso y sangriento. Todo ello, además, coincidirá con el paso del cometa Halley“. En 1986, el cometa pasó cerca de la Tierra, y aquí estamos.

Tampoco ocurrió una catástrofe planetaria en septiembre de 1991, cuando, según el estigmatizado italiano Giorgio Bongiovanni, un meteorito iba a chocar contra nuestro planeta. Discípulo del contactado Eugenio Siragusa, decía que se lo habían confirmado nada menos que Jesucristo y la Virgen. Seis años después, 39 miembros la secta de La Puerta del Cielo se suicidaron en California para ser recogidos en espíritu por una nave extraterrestre y eludir las desgracias que se iban a abatir sobre la Humanidad, según sus guías alienígenas. “Una de las principales fuentes generadoras de profecías apocalípticas durante el siglo XX es la mitología de los platillos volantes”, sentencia el filósofo canario Ricardo Campo, quien recuerda que el anuncio de desastres planetarios se remonta a los contactados de los años 50 y que grupos como los raelianos consideran que estamos viviendo “la edad del Apocalipsis” desde las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Los que ahora advierten del peligro del LHC también lo hicieron a finales de los 90 respecto al Colisionador Relativista de Iones Pesados del Laboratorio Nacional de Brookhaven (Nueva York), en funcionamiento desde 2000. Como ya ocurrió con el acelerador de partículas estadounidense, sus temores sobre el LHC han sido desmentidos en sesudos informes científicos. ¿Cuál será la próxima fecha apocalíptica? Vaya preparándose para el 21 de diciembre de 2012, cuando se acabará el mundo según predicciones mayas tan dignas de crédito como el resto de las citadas en estas líneas. Predecir el fin del mundo es, en el fondo, una estupidez: si fallas, vas a ser el hazmerreír por los siglos de los siglos; si aciertas, no va quedar nadie para reconocerte el mérito. Así que, una vez pasados los quince minutos de gloria warholianos, llevas todas las de perder.


La revista

Pensar: Revista cuyo objetivo es fomentar el pensamiento crítico respecto al mundo del misterio, desde la existencia del alma hasta las visitas extraterrestres y los poderes paranormales.

Publicado originalmente en el diario El Correo.