Bruno Cardeñosa

Siete claves ‘conspiranoicas’ del 11-S, desmontadas

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington son objeto de una indecente manipulación por parte de quienes viven de explotar la credulidad popular, de cebarla con medias verdades, tergiversaciones y mentiras para engrosar su cuenta corriente. Esos individuos han extendido la sombra de la duda sobre los ataques del terrorismo islámico para presentarlos como autoatentados planeados desde las más altas instancias del Gobierno estadounidense. Su actitud es igual de despreciable que la de George W. Bush y quienes defendieron que el Irak de Sadam Hussein disponía de armas de destrucción masiva, aunque sabían que no era así, y que la de quienes en España ha difundido la correspondiente teoría de la conspiración sobre los ataques del 11-M.

'Debunking 9/11 myths', libro que resume una investigación del equipo de la revista 'Popular Mechanics'.Hoy, diez años después de una tragedia fruto del fanatismo religioso que costó directamente cerca de 3.000 vidas, conviene recordar a qué conduce la intolerancia y desmontar, una vez más, los principales argumentos esgrimidos por quienes defienden, desde la más absoluta desvergüenza, que el 11-S fue urdido en los pasillos de la Casa Blanca y el Pentágono. Aquí tienen siete claves conspiranoicas del 11-S, desmontadas. Si quieren ahondar en el tema, les recomiendo el libro Debunking 9/11 myths. Why conspiracy theories can’t stand up to the facts (Desmontando los mitos del 11-S. ¿Por qué las teorías de la conspiración no aguantan los hechos?, 2006), que resume una investigación del equipo de la revista Popular Mechanics -de la que hay una versión en línea y un documental- en la que me he basado para esta anotación. Sobre las manipulaciones y las mentiras más burdas -¿se acuerdan de la falsa cuarteta de Nostradamus que puso bajo la cabecera un diario madrileño?-, escribí en su día un reportaje que sigue vigente.

1. Los terroristas carecían de la preparación necesaria para pilotar aviones comerciales y hacer lo que hicieron. Los secuestradores de los cuatro aparatos no tuvieron que realizar las maniobras más complicadas: el despegue y el aterrizaje. Los cuatro terroristas pilotos contaban con las horas de vuelo necesarias para llevar un avión de varios motores y habían hecho prácticas en simuladores de grandes aparatos. Su baja pericia a los mandos se reflejó en los bandazos que daban las aeronaves secuestradas, pero sus objetivos eran lo suficientemente grandes y visibles desde larga distancia como para que su misión fuera relativamente sencilla. “No era algo difícil”, asegura Bryan Marsh, veterano instructor de la Escuela de Vuelo de Pilotos de Líneas Aéreas, en Debunking 9/11 myths.

2. El avión que chocó contra la Torre Sur del World Trade Center (WTC) llevaba adosada al fuselaje una bomba, un misil o un sistema de guía por control remoto. Los conspiranoicos aseguran que en algunas fotos y un vídeo del aparato que chocó contra la Torre Sur se ve en su panza, cerca del arranque del ala derecha, una especie de vaína que, al estar adosada al aparato y haber éste despegado sin problemas, demostraría que los atentados fueron planeados en Washington. Los peritos que han examinado esas imágenes no han encontrado ninguna prueba de algo extraño acoplado al fuselaje: se trata de un efecto óptico. Tampoco vieron nada los miles de personas que presenciaron el choque desde abajo en las calles de los alrededores. Además, los expertos puntualizan que armar una aeronave de pasajeros no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana. Según Fred E.C. Culick, profesor de aeronáutica del Instituto de Tecnología de California, adosar armas a un avión de línea exigiría un gran trabajo de cableado, corte y soldadura de metal. “No es como meter una maleta más en el coche”, dice.

Daños ocasionados en la fachada del Empire State por el choque de 1945. Foto: AP.3. Los graves daños en el WTC fueron causados por explosivos que detonaron en las plantas inferiores al tiempo que los aviones chocaban contra las torres. Depués de tres años de investigación, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST) estadounidense concluyó que el combustible en llamas de los aviones cayó por los conductos de servicio y los huecos de los ascensores, extendiendo los daños a zonas de los rascacielos muy alejadas de los lugares de impacto. Lo mismo ocurrió en 1945 cuando un B-25 se estrelló contra el Empire State entre las plantas 78 y 80, y el combustible en llamas descendió por los huecos de los ascensores y causó graves daños en el hall del edificio.

4. Los incendios declarados en las torres tras los impactos no pudieron fundir el acero. Ni falta que hizo. Los 37.000 litros de combustible de cada uno de los aviones ardieron a entre 1.100º C y 1.200ºC, mientras que para fundir acero se necesitan 1.510º C. Lo que los conspiranoicos ocultan, cuando sostienen que eso demuestra que no fueron los choques los que causaron los daños catastróficos y hablan de demoliciones controladas, es que el acero pierde ya resistencia a sólo 400º C y, si el fuego alcanza los 1.000º C, sólo retiene el 10% de su fortaleza original. Y, en cuanto se empezaron a debilitar las estructuras, ya dañadas por los choques, el colpaso final de los dos rascacielos era algo previsible. El largo fuego incontrolado fue, por su parte, la causa del posterior colapso del edificio 7, que estuvo siete horas en llamas antes de irse abajo.

5. Los agujeros en la fachada del Pentágono son demasiado pequeños para haber sido causados por un avión comercial. Los daños en la fachada del cuartel general estadounidense parecen, realmente, pocos para haber sido producidos por un Boeing 757, pero tiene una fácil explicación: las alas del aparato se destruyeron antes de que éste impactara contra el edificio. Por si hubiera dudas, las simulaciones informáticas confirman que la colisión ocurrió así.

Parte del tren de aterrizaje del 'Vuelo 77' de American Airlines.6. Los restos del aparato que chocó contra el Pentágono no se corresponden con los de un avión comercial, sino con los de un misil de crucero. Conspiranoicos como el ufólogo español Bruno Cardeñosa sostienen que no hay pruebas de que contra el Pentágono se estrellara un avión de pasajeros. Uno de los primeros en defender esta idea fue el francés Thierry Meyssan, en su libro 11 septembre: l’effroyable imposture (11 de septiembre. La gran impostura). Sin embargo, ellos, a su vez, no presentan ninguna prueba de que el Vuelo 77 corriera otra suerte. La realidad es que la mayor parte del avión quedó pulverizado al chocar contra las columnas de la estructura interior del edificio, pero, entre los restos desperdigados por el exterior, se encontró parte del tren de aterrizaje del aparato. A no ser que Cardeñosa y Meyssan -tan listos ellos- sepan algo que el resto de los mortales ignora, los misiles no llevan tren de aterrizaje. Además, 184 de los 189 viajeros y tripulantes -incluidos los  cinco terroristas- fueron identificados mediante pruebas de ADN a partir de restos recuperados entre las ruinas del cuartel general estadounidense. “Tuve en mis manos parte de los uniformes de los miembros de la tripulación, incluyendo partes del cuerpo”, reconocía hace cinco años el experto en explosiones Allyn E. Kilsheimer.

7. Las llamadas telefónicas de los pasajeros del Vuelo 93 son falsas porque, a más de 2.500 metros de altura, no podía haber cobertura para los móviles. Otra mentira más. Según la investigación de Popular Mechanichs, ya en 2001 era posible hablar por el móvil desde un avión de pasajeros en pleno vuelo. Diversos expertos confirmaban hace cinco años que la cobertura podría superar los 11.000 metros de altura. Paul Guckian, vicepresidente de la compañía de móviles Qualcomm, creía que la señal puede perderse hacia los 15.000 metros, cuando la altitud máxima que alcanzó el aparato de United Airlines que se estrelló en Shanksville (Pensilvania) fue  de unos 12.500.

Naturalmente, siempre habrá quien continúe mintiendo a la opinión pública a cambio de dinero, que es de lo que en el fondo se trata cuando hablamos de falsas conspiraciones como las del 11-S y el 11-M. Pero ésa es otra historia.

Iker Jiménez mezcla dos ‘no-misterios’ y crea otro falso: el de la pantera fantasma que mata ovejas en Vizcaya

Se cogen dos sucesos no relacionados, se mezclan en la coctelera del misterio y ya hay un nuevo enigma cuartomilenario. Iker Jiménez y Carmen Porter se inventaron ayer, en Cuatro, el misterio de la pantera fantasma que mata ovejas en Vizcaya. Lo hicieron en cuatro minutos a partir de la mezcla de dos sucesos separados por años y decenas de kilómetros: la muerte de ovejas en la comarca de Las Encartaciones por ataques de cánidos en 1996 y la visión de un extraño felino en la de Uribe Kosta en 2003. Menos mal que estaba viento el programa Pedro Luis Gómez Barrondo, compañero del Círculo Escéptico, que, si no, no me hubiera enterado de este nuevo hito en el periodismo del misterio.

Fotograma del vídeo de la pantera fantasma grabado en Vizcaya en 2003. Sin referencias, bien puede tratarse de un gato. Foto: 'El Correo'.Según Jiménez, a lo largo de la última década, “la denuncia de casos de felinos salvajes también llegó a nuestro país. Lo que están viendo -explicaba ayer en Cuarto milenio– son decenas de ovejas atacadas por un extraño animal en la comarca de Las Encartaciones de Vizcaya. Varias personas, incluida la Policía autónoma vasca, aseguraron haber visto una pantera negra de grandes dimensiones. Ésta es la fotografía -decía mostrando la imagen que ven junto a estas líneas-. El lugar, Lemoiz; el año, 2003. Y, como en Reino Unido, el nerviosismo, las búsquedas con perros y el temor de los vecinos no se hicieron esperar”.

Luego, Porter explicaba cómo fue en Lemoiz y Armintza, hace ocho años, donde hubo gente que empezó a decir que había visto “un gato muy grande que, incluso, ha pasado muy cerca, que ha matado ganado”, y cómo los rastreos no dieron resultado. “Será dos años después, en Gorliz, cuando un vecino va, con su sobrino de 14 años, a ver a un familiar que estaba ingresado en un hospital y se encuentra de frente con esto -enseñando la misma foto-, con este animal que él decía que era gigantesco, que le llegaba por las rodillas, que tenía una cola muy alargada y que, claro, le temblaban las piernas teniéndolo delante. Al parecer, en un gesto, el animal se asusta y sale corriendo. Se adentra en el bosque”. Porter recordaba cómo uno de los ertzainas se había adentrado en la arboleda y abierto fuego contra la fiera. Según la periodista, “creen que lo hieren”, pero no se encuentran restos. “Y había habido muchas matanzas de ganado en la zona”, puntualizaba Jiménez. “Algunas; no muchas”, corregía su esposa, quien añadía que, en una semana, llegaron a ver a la pantera en localidades que distan 70 kilómetros entre sí. ¿Impresionante? Sí, ¡y casi todo falso!

El chupacabras en Euskadi

Reportaje de Bruno Cardeñosa en la revista 'Año cero' en 1996, en el que atribuye las muertes de ovejas en Vizcaya a ataques del chupacabras.Durante el verano de 1996, alimañas mataron a decenas de ovejas en la comarca de Las Encartaciones, al oeste de Vizcaya. La Ertzaintza apuntaba en su informe de los hechos a la presencia de “cánidos asilvestrados o no controlados” y cómo un ganadero había visto en las inmediaciones “un perro grande y oscuro”. Sin embargo, Bruno Cardeñosa y Javier Sierra, colegas de Jiménez y Porter, achacaron las muertes a misteriosos animales. Cardeñosa visitó la zona como colaborador de la revista Año Cero y concluyó que los ataques habían sido obra del chupacabras.

Sierra, enviado por Más Allá a Vizcaya, habló con las mismas personas que su colega y llegó a diferentes conclusiones; aunque también misteriosas. “Según pude comprobar durante mi rastreo a lo largo de la sierra de Las Encartaciones -escenario natural entre Burgos y Vizcaya donde se ha concentrado el mayor número de agresiones-, durante estos meses se han mezclado al menos dos clases bien diferentes de agresiones: las ya tradicionales atribuibles a perros asilvestrados y las muertes con agujeros. En estas últimas, y a diferencia de lo que sucede con el chupacabras caribeño, el agresor no desangra totalmente a sus víctimas”. El ahora novelista de éxito añadía que un portavoz de la Ertzaintza le había informado de que la mayoría de los casos se referían a “mordeduras de perros”, que sólo uno de los animales había fallecido por un pinchazo en el cuello y que, en ningún caso, había aparecido el cuerpo seco, sin sangre. Año y medio después, Iker Jiménez achacaba al chupacabras la muerte de decenas de ovejas en Valle de Tabladillo, Segovia, aunque los pastores de la zona culpaban al lobo.

En abril de 2003, agentes de la Ertzaintza y guardas forestales buscaron durante días por la comarca de Uribe Kosta a un gran felino después de que una mujer dijo haber visto una pantera a través de la ventana del baño de su casa, en Lemoiz. “Al principio pensé que era un perro, pero por los gestos enseguida me di cuenta de que se trataba de otra cosa”, declaró a El Correo. La testigo grabó al animal en un vídeo del que se extrajo la imagen que Jiménez y Porter enseñaron ayer en la tele. Dos años más tarde, en octubre de 2005, un agente de la Policía autónoma disparó en una arboleda de Gorliz contra lo que creía que era un gran felino, después de que un hombre que paseaba por la zona con su sobrino de 14 años creyera ver una pantera. “Avanzó despacio unos cinco metros, se paró, volvió la cabeza y nos miró muy fijamente. Le brillaban los ojos como a un demonio. Después salió corriendo y se introdujo en el pinar. Nos quedamos paralizados, a mí me temblaban las piernas”, contaba el protagonista en El Correo. Y se montó la habitual operación de caza y captura de la fiera sin que se diera con ella. Es más, como en 2003, los expertos no encontraron ningún rastro que apoyara la posible existencia de un gran felino en la zona, la pantera fantasma tampoco atacó a ningún animal y un portavoz de la Etzaintza explicó que el agente “disparó contra algo que se movía detrás de unos matorrales, sin saber si era la pantera, un perro o un gato. Lo que sí está claro es que no se encontraron rastros de sangre”. Vamos, que nadie pudo confirmar que por Gorliz se hubiera paseado un gran felino.

Ya ven: Iker Jiménez y Carmen Porter cogen dos hechos asilados en el tiempo y el espacio -Uribe Kosta está a decenas de kilómetros de Las Encartaciones con el Gran Bilbao de por medio-, los mezclan convenientemente olvidando las explicaciones racionales -que los ataques a ovejas fueron de perros salvajes y que la pantera de Lemoiz y Gorliz nunca existió-, y ya hay nuevo enigma cuartomilenario al canto, el de la pantera fantasma que mata ovejas en Vizcaya. Por cierto, que alguien le explique al misteriólogo de Cuatro que el tigre de Tasmania, a pesar de su nombre, se parecía más a un lobo -de hecho, se le conoce como el lobo marsupial- que a un gran felino.

La revista ‘Enigmas’ vende la falsa prueba telepática del ‘Nautilus’ como un experimento real

El 'Nautilus', durante sus primeras pruebas en mar abierto en enero de 1955.

En febrero de 1960, el periodista francés Gérald Messadié publicó en la revista Science et Vie un reportaje titulado “Étrange expérience a bord du Nautilus” (Extraña experiencia a bordo del Nautilus). Revelaba en él que Estados Unidos había realizado meses antes una prueba de comunicación mental entre el primer submarino nuclear, sumergido bajo los hielos polares, y un laboratorio de Maryland. “¿Es la telepatía una nueva arma secreta? ¿Será la percepción extrasensorial un factor decisivo en la guerra futura? ¿Han aprendido los militares americanos los secretos del poder mental?”, se preguntaba Messadié después de contar a sus lectores que la comunicación mental entre el submarino y tierra había sido un éxito en el 70% de los intentos.

Informe de julio de 1972 de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de EE UU sobre el experimento del 'Nautilus'.La historia del experimento del Nautilus fue en realidad un invento del escritor Jacques Bergier, uno de los autores de El retorno de los brujos (1960), y Messadié, entonces un reportero novato, mordió el anzuelo. Nada más leer el reportaje, tema de portada del número 509 (febrero de 1960) de Science et Vie, los soviéticos pusieron en marcha un programa de investigación parapsicológica y, cuando después los estadounidenses se enteraron, hicieron lo propio a pesar de que sabían que lo de la prueba del Nautilus era un cuento chino. Años más tarde, en 1983, el periodista Martin Ebon contaba esta disparatada historia en su libro Psychic warfare: threat or illusion (La guerra psíquica: amenaza o ilusión) y, más recientemente, han podido ustedes conocerla gracias a la versión cinematográfica de Los hombres que miraban fijamente a las cabras, el libro de Jon Ronson que saca a luz la paranoia paranormal que llegó a invadir al Ejército estadounidense. En un momento de la cinta protagonizada por George Clooney, dos militares mantienen la siguiente conversación:

General Brown: Pero ¿cuándo empezaron los soviéticos a hacer este tipo de investigación?

General de Brigada Dean Hopgood: Bueno, señor, parece que se enteraron de nuestro intento de comunicarnos telepáticamente con uno de nuestros submarinos nucleares, el Nautilus, cuando estaba bajo el casquete polar.

General Brown: ¿Qué intento?

General de Brigada Dean Hopgood: No hubo tal intento. Toda la historia fue un fraude francés, pero los rusos creyeron que la historia sobre la historia del fraude francés era sólo una historia, señor.

General Brown: ¿Así que ellos empezaron con la investigación psi porque creían que nosotros estábamos haciendo investigación psi cuando en realidad no estábamos haciendo investigación psi?

General de Brigada Dean Hopgood: Sí, señor. Pero, ahora que están haciendo investigación psi, vamos a tener que hacer investigación psi, señor. No podemos permitirnos el lujo de que los rusos lideren el campo de la investigación paranormal.

Ya ven: en el origen de la llamada guerra psíquica, en la que EE UU y la Unión Soviética tiraron millones de dólares y rublos, no hay más que una trola, denunciada en documentos como el informe de julio de 1972 de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) de EE UU que reproduzo junto a estas líneas. Pues bien, si usted compra este mes la revista española Enigmas, dirigida por Lorenzo Fernández Bueno, le volverán a vender como auténtica la falsa historia de la telepatía y el primer submarino nuclear. Lo hace el ufólogo Bruno Cardeñosa, quien incluye la inexistente prueba en una selección de “los casos a los que la ciencia no ha dado una respuesta satisfactoria y que desafían, por su falta de lógica, a los investigadores”. “Los aciertos [de la prueba telepática del Nautilus] -para sorpresa de todos- alcanzaron el 70%. No había vuelta de hoja: entre los dos experimentadores que se encontraban a una distancia entre sí de 2.000 kilómetros hubo algún tipo de comunicación que no fue ni verbal ni instrumental… ¿Acaso mental?”, se pregunta Cardeñosa en Enigmas.

No, la respuesta es mucho más simple: es todo mentira de principio a fin, como demuestran los documentos militares y la conversación que, a principios de los años 80, mantuvo Ebon con Messadié, en la cual el periodista francés admitió haber sido engañado por Bergier. Han pasado décadas y se han publicado numerosos libros y artículos desenmascarando el fraude del autor de El retorno de los brujos; pero, al parecer, la noticia no ha llegado todavía a ese universo repleto de alienígenas y magia en el que viven Cardeñosa y los responsables de Enigmas. En 2010, Cardeñosa considera la prueba del Nautilus uno de los más impactantes experimentos parapsicológicos sin resolver y lo incluye como tal en su nuevo libro Enigmas del mundo (2010), y los responsables de la revista presentan el fraudulento episodio como uno de los “experimentos psíquicos que pudieron cambiar la historia”. ¡Así de bien informados suelen estar los periodistas del misterio! ¡Y así de bien informados suelen estar quienes confían en ellos!

Doble página del último número de 'Enigmas' en la que Bruno Cardeñosa se traga, cincuenta años después, la trola de Jacques Bergier.

¿Quién quiere un ejemplar del libro ‘Bases de ovnis en la Tierra’?

'Bases de ovnis en la Tierra', de Javier Esteban.Dicen que es difícil de conseguir. No lo sé. Yo tengo, en mi biblioteca, varios ejemplares de Bases de ovnis en la Tierra (1979), el libro de Douglas O’Brien -pseudónimo de Javier Esteban- que narra las andanzas de un supuesto espía de la CIA en España tras los platillos volantes. Es una novela y, al mismo tiempo, un clásico de la ufología española que dejó claro el rigor de algunos periodistas del misterio. A principios de los años 80 del siglo pasado, Juan José Benítez y Bruno Cardeñosa, entre otros, mantuvieron reuniones en persona con Esteban dando por hecho que hablaban con un agente de la CIA y algunas de las historias que les contó mientras por dentro se moría de risa acabaron en periódicos, revistas esotéricas y libros sobre platillos volantes. El ufólogo Francisco Padrón publicó en la prensa canaria una de sus historias como si fuera un caso real y, ¡sorpresa!, hasta fue capaz de encontrar testigos de los hechos de la novela.

Regalaré uno de mis ejemplares de Bases de ovnis en la Tierra al autor de la mejor crítica -mejor escrita y razonada; no tiene porque ser elogiosa- de mi libro La cara oculta del misterio. El texto deberá tener un máximo de 4.000 caracteres con espacios, incluirá la ficha del libro y tendrá que haberse publicado en un blog antes del 1 de noviembre. Los autores que deseen participar en el concurso deberán mandar un mensaje de correo a la dirección de contacto que figura en la columna de la derecha, indicando dónde puede leerse su crítica. El jurado estará formado por quienes me ayudaron a elaborar el libro y por mí, y el fallo será inapelable, pudiéndose declarar el premio desierto si ningún original tiene un mínimo de calidad. Correré con los gastos de envío del libro en territorio español, pero, si el ganador es de otro país, tendrá que hacerse él cargo de los mismos. Si no pudiera o no quisiera, el libro iría a parar al siguiente clasificado. El ganador se dará a conocer aquí antes de finales de noviembre.

El médium de ‘Cheers’

Ilustración: Iker Ayestarán.“Ser capaz de hablar con los muertos es un don maravilloso”, afirma Ted Danson. El actor, famoso por su papel de camarero en la serie Cheers, cree que mantiene comunicación con el espíritu de su padre. Se dio cuenta de ello cuando preparaba su papel para Living with the dead (Viviendo con los muertos, 2002), telefilme en el que interpreta al médium James Van Praagh. “Estoy seguro de que no pasará mucho tiempo antes de que todos hablemos con personas que han fallecido. Es una tendencia creciente”, declaraba el actor hace siete años.

Danson asegura que no creía en el espiritismo hasta su primer encuentro cara a cara con Van Praagh, quien sostiene que puede contactar con el Otro Lado a voluntad. Recuerda el actor que aquel día se sintió muy próximo a su padre, fallecido seis meses antes. “Tuve la experiencia más asombrosa”. Mucha gente ha sentido lo mismo desde que Van Praagh saltó de la consulta privada a los platós de la televisión estadounidense. Michael Shermer, especialista en psicología del engaño y columnista de Scientific American, considera “moralmente censurable” lo que hace el médium, pero reconoce su talento teatral y comprensión de la naturaleza humana.

En sus sesiones, Van Praagh pregunta mucho a sus clientes y hace muchas afirmaciones vagas -procedentes de los espíritus, según él- para acertar unas pocas y dar el pego. Es el mismo mecanismo que lleva a un ludópata a confiar en ganar en las tragaperras, aunque pierda casi siempre. También obtiene información de sus víctimas antes del programa para luego devolvérsela en el plató debidamente aderezada. Entre bastidores se interesa, por ejemplo, por la profesión del muerto con el que cada uno quiere contactar y, ante las cámaras, si alguien le ha hablado de un bombero, dice ver un uniforme o una profesión relacionada con el fuego. “Es un tipo listo”, admite Shermer. Van Praagh, coproductor ejecutivo de la serie Entre fantasmas, sabe que la pérdida de un ser querido es siempre terrible y se aprovecha de ello.

Un soltero y un fantasma

Ted Danson ya había vivido un episodio fantasmal sin enterarse durante el rodaje de Tres hombres y un bebé (1987). En un momento en el que su personaje y su madre están en su apartamento, asoma detrás de unas cortinas una silueta humana. Fue descubierta cuando la película salió en vídeo, y los expertos en fantasmas la atribuyeron al espíritu de un niño asesinado en la casa donde se había rodado.

“Esta escena es la clara demostración de que, gracias a una cámara de cine, pueden registrarse presencias y manifestaciones que el ojo humano no está capacitado para detectar”, sentenciaba el ufólogo español Bruno Cardeñosa en Antena 3 TV en 2001. Sin embargo, ya en 1990 la revista People y otros medios habían desvelado que la escena se había rodado en un estudio -y no en un piso encantado- y que el fantasma correspondía a un standee de Danson, un silueta de cartón a tamaño natural creada como parte de un trabajo de su personaje -un actor de publicidad- y que se ve con claridad en otro momento posterior del filme.

Publicado originalmente en el diario El Correo.