Ciencia, superstición, incultura

Aceptan como prueba judicial el ‘testimonio’ de un muerto desde el Más Allá

Una jueza brasileña, Jacqueline Hofler, aceptó la semana pasada el testimonio del espíritu de una víctima de homicidio como prueba de la defensa en un juicio con jurado celebrado en Viamao, en el estado de Rio Grande do Sul. La vista concluyó con la absolución de la acusada, a la que exculpaban dos mensajes desde el Más Allá dictados por el muerto al médium Jorge José Santa María, según un despacho de la agencia Efe publicado por Univisión. “No sé si las cartas realmente pesaron en la decisión de los jurados. No era una prueba aislada y no había sólo esa evidencia en favor de la acusada. Mi impresión es que esa prueba no fue fundamental para el resultado del juicio”, ha declarado la magistrada al diario O Globo. El abogado defensor, Lucio de Contantino, cree, sin embargo, que la psicografía tuvo “un valor fundamental en la decisión de los jurados”.

La acusada era Lara Marques Barcelos, de 63 años y supuesta amante del notario Ercy da Silva Cardoso, de 71 años. El letrado fue asesinado a tiros en su casa el 1 de julio de 2003 y el autor del crimen confesó que había sido la mujer la que le había encargado el asesinato. En el juicio contra Marques Barcelos, la defensa presentó como prueba dos cartas dictadas por la víctima desde el Más Allá en una sesión espiritista. “Lo que más me pesa en el corazón es ver a Iara acusada de esa forma por mentes astutas como las de mis verdugos. Por eso he estado triste y rezo diariamente en favor de nuestra amiga para que la verdad prevalezca”, decía el espíritu del notario en una de las comunicaciones. Lo increíble es que la jueza aceptó la prueba inventada por la defensa, la Fiscalía no hizo nada por evitarlo y el jurado -con cinco votos contra dos- absolvió a la acusada.

Da miedo pensar lo que puede ocurrirle a cualquiera que sea juzgado por un tribunal presidido por Jacqueline Hofler a nada que haya un abogado listillo de por medio. Y pánico que cunda el ejemplo entre otros magistrados.

Un ‘mundo perdido’, sin criptozoólogos

Vista aérea de las montañas Foja, en la parte occidental de la isla de Nueva Guinea. Foto: Conservación Internacional.

El especialista en mamíferos Kris Helgen, con un ejemplar de canguro arborícola dorado en los brazos. Foto: Conservación Internacional.Un misión científica ha encontrado en la selva tropical de Papúa, en la isla de Nueva Guinea, un auténtico mundo perdido. Ha descubierto decenas de nuevas especies de plantas, mariposas, ranas, pájaros y mamíferos, en un paraíso poblado por animales que nunca antes han tenido contacto con el hombre y por eso no le temen. Los biólogos han rastreado durante unas semanas sólo los alrededores de su campamento base y han centrado su atención sobre todo en los vertebrados, pero los resultados han sido extraordinarios, lo que lleva a pensar que entre los seres vivos más pequeños esperan miles de sorpresas en los miles kilómetros cuadrados de selva tropical virgen de las montañas Foja, en Indonesia.

Lo que no ha habido es ningún criptozoólogo implicado en el descubrimiento, aunque supuestamente se dedican a la búsqueda de especies desconocidas. Pero es que ha ocurrido lo de siempre: mientras los criptozoólogos intentan dar caza al monstruo del lago Ness, al yeti o a un pterodáctilo, los biólogos se topan con animales nuevos y los presentan al mundo. Lo mismo sucede en otras disciplinas. No hay ni un avance del conocimiento que pueda atribuirse a parapsicólogos, pseudohistoriadores, ufólogos y médicos alternativos. Sin embargo, los psicólogos y neurólogos nos ayudan a entender cada vez mejor cómo funciona nuestro cerebro; los historiadores nos aclaran episodios oscuros del pasado reciente y hasta de los tiempos en que éramos chimpancés bípedos; los astrónomos nos abren los ojos a un cosmos siempre sobrecogedor; y los médicos desarrollan terapias para ayudarnos a superar o sobrellevar la enfermedad.

La ciencia nos ayuda, nos ofrece beneficios y conocimiento; la pseudociencia nos promete una y otra vez la piedra filosofal en forma de seres asombrosos o superpoderes, pero ¿qué ha aportado al ser humano? Nada. Exactamente lo mismo que los criptozoólogos al hallazgo del mundo perdido de la isla de Nueva Guinea y los pseudohistoriadores al descubrimiento del hombre de Flores, el pequeño antepasado nuestro que se extinguió hace sólo 18.000 años y del que hasta 2004 no sabíamos que hubiera existido.

Nélida Piñón cree en la astrología

Nélida Piñón.“Soy una Tauro y mi ascendente es Sagitario. Me pregunto si esto ayuda a explicar quién soy”, escribió hace unos meses la periodista y escritora brasileña Nélida Piñón en un ensayo titulado “The territory of my imagination” (El territorio de mi imaginación), publicado en el número de Enero-Abril 2005 de la revista World Literature Today. Mi compañero Iñaki Esteban, redactor especializado en literatura del diario El Correo, detectó esta curiosa reflexión de Piñón mientras se documentaba para informar a los lectores del periódico sobre el último premio Príncipe de Asturias de las Letras y me lo contó inmediatamente. Nos sorprendió a ambos no ya que una persona aparentemente culta crea en la astrología, sino que lo reconozca abiertamente.

Otro escritor de prestigio, el premio Nobel portugués José Saramago, nos tiene acostumbrados a sus tonterías extraliterarias. Todavía me acuerdo de cuando dijo: “No tiene sentido ir a Marte mientras una persona en la Tierra, una única persona en la Tierra, se esté muriendo de hambre”. Saramago tiene debilidad por atacar la ciencia y culparla de todos los males. No tomen en serio a nadie cuando opine de algo que no es lo suyo. Algunos laureados, famosos de diversos campos y periodistas creen que gozan de bula para opinar acerca de cualquier cosa por ser quienes son y que sus juicios merecen un eco mediático superior que los del tendero de la esquina. Muchas veces no es así, aunque parezca lo contrario. Nélida Piñón será una magnífica escritora; pero eso no la hace menos irracional que mucha gente que ni siquiera sabe escribir.

Oriana Fallaci disparata en ‘El Mundo’ sobre la investigación con embriones humanos

El referéndum celebrado en Italia para modificar la ley de reproducción asistida ha llevado a la periodista Oriana Fallaci a escribir un alegato en contra de la investigación con embriones y de la ciencia en general. “Nosotros los caníbales” (I y II), subtitulado “Un manifiesto contra la investigación con células madre”, es un texto en el que la escritora hace gala de un profundo y preocupante analfabetismo científico. Que el artículo lo haya publicado el diario El Mundo en su sección de Ciencia, “por la actualidad que posee el tema en nuestra sociedad y la necesidad de un debate entre ciudadanos debidamente informados”, suena a tomadura de pelo. Porque Fallaci disfrutará de prestigio dentro de la profesión periodística, pero en este caso no tiene ni idea de lo que habla. Ni la más remota.

La autora lamenta, al principio, que mucha gente vaya a votar en Italia ayer y hoy “sin razonar con su propia cabeza, sin escuchar a la propia conciencia e, incluso, sin conocer el significado de las palabras células madre-ovocito-blastocisto-heterólogo-clonación”. Y advierte, seguidamente, de que ella no participará en el referéndum; pero que desea, “con todo el corazón”, que la propuesta de permitir la investigación con embriones sea rechazada. Tras leer el texto -cuatro páginas enteras de periódico publicadas en España entre el jueves y el viernes pasados-, queda claro que Fallaci no va a votar porque ignora casi todo sobre lo que se vota. Por eso resulta sorprendente que haya tenido la desfachatez de redactar un alegato como éste.

Dice la periodista que el propósito que persiguen los promotores de la modificación legal -a quienes compara repetidamente con el doctor Frankenstein y Adolf Hitler- es masacrar “a nuestros hijos jamás nacidos, a nuestros futuros nosotros mismos, a los embriones humanos que duermen en los congeladores de los bancos o de los institutos de investigación. Masacrarlos, reduciéndolos a fármacos para inyectarse o tragar o, incluso, haciéndolos crecer lo suficiente para matarlos como se mata un ternero o un cordero y extraerles los tejidos y órganos para venderlos como se venden las piezas de recambio de un coche”. Y añade más adelante que quienes abogan por este tipo de experimentación “aceptan que los embriones sean descuartizados como terneros en las carnicerías para poder distrutar de órganos para vender como se venden las piezas de recambio de un coche”, y que, “cuando el embrión crece, se secciona (vivisección)”. Han leído bien: disparates de este estilo son el núcleo duro del manifiesto, escrito quizá durante una indigestión de alguna mala novela de ciencia ficción. Porque, para empezar, un embrión congelado no duerme, ya que está compuesto sólo por decenas de células no diferenciadas y nada en él recuerda, ni vagamente, a un ser humano o a un proyecto de ser humano. A partir de ahí, cuando la autora habla de una especie de granjas de bebés que sirvan de fuentes de órganos y de descuartizar a los embriones congelados como terneros o practicarles la vivisección, sólo cabe pensar que delira o que simplemente miente, sabedora de lo impactante que pueden resultar esas truculentas descripciones en personas desinformadas.

Ella, que se proclama una y otra vez atea, ataca a quienes “con bufonesca seguridad proclaman que [un embrión congelado] no tiene alma”, cuando el alma es un concepto religioso impropio de alguien que asegura no creer en dioses. Y tergiversa lo que suelen esgrimir pensadores cristianos ante la postura de la Iglesia católica en contra de estas prácticas: que santo Tomás de Aquino consideraba que hasta los cuarenta días de embarazo -ella habla de cuatro meses- no hay en el embrión nada humano. Los científicos que emplean este argumento no están necesariamente de acuerdo con santo Tomás de Aquino y recurren a él para llamar la atención sobre las contradicciones internas de la Iglesia. “Es inútil objetar -argumenta Fallaci- que santo Tomás de Aquino vivió en 1200 y que de genética entendía lo mismo que yo de ciclismo”. Lo cierto, como comprueba el lector de “Nosotros los caníbales”, es que el santo medieval sabía tanto de genética como la periodista del siglo XXI.

Fallaci se presenta, en todo momento, como portadora de la llama de la libertad frente a quienes piensan lo contrario que ella. “Y todavía me importa menos el hecho de que los Frankenstein y sus mecenados [así se refiere a los partidarios de la experimentación con células madre embrionarias] me expongan al escarnio público con sus acusaciones de retrógrada-oscurantista-reaccionaria-estúpida-meapilas-sierva-del-Vaticano. Y es que a ellos no vale la pensa explicarles por qué una atea (a pesar de ser cristiana) no puede ser estúpida, no puede ser meapilas. O por qué una laica que siempre se batió por la justicia y la libertad no puede ser retrógrada, oscurantista o reaccionaria”, escribe. Y se vuelve a confundir. Porque el que uno sea ateo no impide que sea estúpido y el que alguien luchara en el pasado por la justicia y la libertad no garantiza que lo vaya a hacer siempre.

La fobia de la autora contra la medicina llega hasta la fecundación asistida. “Una mujer que sufre la extracción de un óvulo es ciertamente una cobaya. Una que, para quedarse encinta, se lo hace implantar, lo mismo”. Fallaci sacraliza lo natural y arremete contra el hombre que quiere “manipular la Naturaleza”, pero no duda en recurrir a la moderna medicina para luchar contra el cáncer que padece. “Y si por el momento sigo con vida -admite-, se lo debo a la medicina que, aún cuando, a veces me hace sentir un embrión en el congelador o una cobaya a merced del investigador, me curó y me cura. Pero.. Pero la Ciencia es como el fuego. Puede hacer un gran bien o un gran mal”. Curarla a ella alterando el curso natural de un cáncer es un bien, pero proporcionar a una pareja a la posibilidad de tener hijos, también alterando el orden natural, no lo es. ¿Y qué pasa con los miles de personas que viven gracias a órganos trasplantados, hay que dejarlas morir?

Dice la escritora, entre otras lindezas, que permitir usar para la investigación tejidos de fetos abortados, como ha concluido el Comité Nacional de Bioética italiano, “es un incentivo al aborto”. Y lamenta lo que denomina turismo procreativo, el de las parejas italianas que buscan la solución a su deseo de tener hijos en otros países. Caso especial merece una cita de Barcelona, ciudad en la viene a decir que el esperma congelado abunda porque procede en su mayor parte de europeos del Este, de inmigrantes. Más adelante, denuncia que “florece vergonzosamente” en Europa un mercado de óvulos congelados vendidos por rumanas. “En su mayoría, óvulos vendidos a mil o dos mil euros por las gitanas”, sentencia en un parrafo para mí racista.

Su ignorancia sobre lo que es la clonación queda clara cuando dice que “el premio Nobel Kary Mullis propone clonarnos con el ADN de famosos atletas y estrellas del rock…”, antes de lamentar que la gente normal crea “en la historia de las enfermedades que se van a poder curar”. De paso, indica que ella no se sometería a una terapia de este tipo aun si hubiera una efectiva contra su cáncer. Es fácil renunciar a lo que no hay, pero viajara Estados Unidos beneficiarse de tratamientos que ya existen contra el desarrollo natural de la enfermedad. Estas afirmaciones son el preámbulo a una llamada de Fallaci a oponerse a la clonación terapéutica, a la investigación con embriones y a la fecundación asistida con material genético de terceros, en una parte final en la que expresa su acuerdo -como ha hecho varias veces a lo largo del texto- con la postura del papa Ratzinger frente a estas prácticas.

Quien, alejado del fanatismo de la periodista italiana, quiera hacerse una idea real del estado de la cuestión en la investigación com embriones puede leer un extenso dossier de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS). ¿Cómo puede Oriana Fallaci opinar tan alegremente sobre algo de lo que no tiene la menor idea? ¿Cómo puede un periódico como El Mundo hacer de amplificador de tanto disparate? ¿Es la publicación de un alegato como el comentado una manera de responder “a la necesidad de un debate entre ciudadanos debidamente informados”? Yo creo que no, que es una muestra de irresponsabilidad periodística.

Uno de cada cinco españoles cree en los espíritus y ha consultado con videntes, curanderos o brujos

<El 20,2% de los españoles cree en los espíritus y un 18,5% ha consultado alguna vez con un vidente, curandero o brujo, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) basado en 2.487 entrevistas personales hechas a mayores de 18 años entre el 19 y el 25 de enero de 2003. El trabajo revela, además, que el 16,7% de la población cree en los curanderos y reduce la fe a horóscopos, videntes y brujas, con un 9,3%, un 9% y un 6,3%, respectivamente. “La creencia en estos fenómenos guarda una sorprendente relación con la edad, pues al descender ésta la creencia aumenta” explican los autores de La situación de la religión en España a principios del siglo XXI. En casos como el de la brujería, podría estar por medio “una estima social negativa”, que sería menor entre los más jóvenes, ya que éstos creen más en la brujería que los mayores (un 10,6% de la población de 18 a 24 años tiene fe en las brujas, frente a un 3% de las personas de 55 a 64 años y sólo un 2,3% de los mayores de 65 años).

Los expertos no han encontrado una relación entre creencia y tamaño del municipio, ingresos e ideas políticas, aunque sí han constatado que las mujeres “son más creyentes en estos fenómenos; pero con escasa diferencia, sobre todo cuando se trata de curanderos y brujas”. Hay datos que, a primera vista, parecen chocantes. Aunque los universitarios son en general menos supersticiosos que la media, a más estudios no corresponde un mayor escepticismo. Los españoles que han llegado a cursar Secundaria, Formación Profesional y grados medios universitarios son casi siempre más crédulos que aquéllos sin estudios. Además, los licenciados universitarios creen más en las brujas (4,1%) que la gente que no ha pasado por la escuela (2,8%), y ambos colectivos tienen unos índices de creencia muy parecidos respecto a los videntes y los horóscopos. “Se da una ligera tendencia a disminuir (la creencia) al elevarse los estudios”, indican los autores, aunque los más creyentes son siempre los que han estudiado Formación Profesional, un cuarto de los cuales cree en los espiritus y una quinta parte en los curanderos.

Pérez-Agote; Alfonso; y Santiago García, José A. [2005]: La situación de la religión en España a principios del siglo XXI. Edita el Centro de Investigaciones Sociológicas (Col. “Opiniones y Actitudes”, Nº 49). Madrid. 138 páginas.