Ciencia, superstición, incultura

Ondas de histeria

Pasó con los hornos de microondas, sucedió después con las líneas de alta tensión, todavía ocurre con los móviles y las antenas de telefonía, y empieza a darse con las conexiones Wi-Fi… A los que ya tenemos unos años, nos parece que la historia se repite desde hace treinta. Nuestros bisabuelos y tatarabuelos dirían que desde antes, porque ha habido muchos avances tecnológicos a los que se ha culpado de perjuicios que luego se ha demostrado que no causaban. Nadie niega que hay artefactos con efectos nocivos para la salud, algunos de los cuales utilizamos a diario, como el automóvil -sólo en España, 4.104 personas murieron en accidentes de tráfico el año pasado-, pero aquí hablo hoy de otra cosa, de las histerias injustificadas provocadas a veces por los periodistas a la caza de la noticia. De gente como aquéllos que, en los primeros tiempos del ferrocarril, advirtieron de que el humo de las máquinas a vapor iba a matar a los pájaros, las chispas iban a causar incendios y los pasajeros, a morir asfixiados por la velocidad.

Horno microondas.Las fobias de las últimas décadas han estado protagonizadas por los campos electromagnéticos y tuvieron su impulsor en Paul Brodeur, reportero de la revista The New Yorker que alertó en 1976 de los riesgos del uso del microondas, tal como cuenta el físico Robert L. Park en su libro Ciencia y vudú, una de esas joyas del pensamiento crítico nunca lo suficientemente leídas. Brodeur fue en 1989 el principal promotor de la vinculación entre cáncer y líneas de alta tensión. Según recoge Park en su obra, la Oficina Científica de la Casa Blanca calculó en su día que sólo el infundado terror a las líneas de alta tensión alimentado por el periodismo irresponsable causó en Estados Unidos unas pérdidas superiores a los 25.000 millones de dólares. Los riesgos de la telefonía móvil y sus antenas, que sufrimos en gran medida gracias a la tendencia de los medios de comunicación de dar a todo trapo los resultados alarmantes de algunos estudios e ignorar sistemáticamente los que demuestran que no hay pruebas de tal peligro, derivan de los miedos alimentados por Brodeur y acaban de tener otro hermano.

El documental Wi-Fi: a warning signal (Wi-Fi: una señal de alarma), de la prestigiosa serie Panorama de la BBC, se hizo eco el 21 de mayo del peligro que suponen las conexiones inalámbricas a Internet para los escolares británicos y de la existencia de personas afectadas por la denominada hipersensibilidad electromagnética. No sabía nada de esta nueva dolencia hasta que leí el martes un artículo de Pepe Cervera titulado “Enfermedades imaginarias”. La hipersensibilidad electromagnética es un supuesto mal que hace que algunas personas padezcan una gran variedad de síntomas debidos, según ellos, a su exposición a los campos electromagnéticos. El programa televisivo británico fue tan tendencioso en su defensa de esta idea y de la nocividad de las conexiones Wi-Fi, tan proclive a la eterna conspiración que nos rodea miremos hacia donde miremos, que Ben Goldacre -médico, periodista y responsable de la web Bad Science– lideró informalmente las protestas contra él. Al final, la BBC admitió, en mensajes de correo electrónico a quienes se quejaban, que “no hay pruebas sobre los efectos de la exposición a largo plazo a las conexiones Wi-Fi”, pero añadió que la comunidad científica está dividida al respecto al riesgo que suponen las ondas emitidas por nuestros aparatos de radio, móviles, ordenadores, televisores…. ¿De verdad?

Estudios sin fundamento

Televisor.La lectura del artículo “Factors that risk being left our of the equation” (Factores que corren el riesgo de quedar fuera de la ecuación), que Goldacre publicó en The Guardian el 13 de mayo de 2006, no apunta precisamente en ese sentido. Como tampoco lo hace el metaanálisis titulado “Electromagnetic hypersensitivity: a systematic review of provocation studies” (Hipersensibilidad electromagnética: una revisión sistemática de los estudios de provocación), realizado por James Rubin, Jayati Das-Munshi y Simon Wessely, investigadores del Instituto de Psiquiatría de la Universidad del Rey, de Londres, y publicado en 2005 en Psychosomatic Medicine, revista de la Sociedad Americana de Medicina Psicosomática. Los autores analizaron 31 estudios anteriores a un total de 725 personas afectadas de hipersensibilidad electromagnética. Descubrieron que 24 de los 31 estudios no dieron con ninguna prueba de la existencia de esa patología y que, de los 7 aparentemente favorables a la existencia de la hipersensibilidad electromagnética, los resultados de 3 se debían a errores estadísticos, los de otros 2 eran mutuamente incompatibles y los de 2 no habían podido ser replicados por sus autores, algo básico en ciencia. Así que concluyeron que esta presunta enfermedad “no está relacionada con la presencia de campos electromagnéticos”, aunque quienes dicen padecerla sufran efectos muy reales cuyas causas deben ser objeto de más estudios y pueden ser imaginarias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) -que ha redactado varios esclarecedores documentos sobre campos electromagnéticos y salud pública– se pronunció en esa misma línea en un texto de diciembre de 2005. Tras admitir que hay personas que dicen sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes, concluyó que “no hay bases científicas para vincular la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensiblidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un problema médico individual”. En mayo del año pasado, la OMS dictaminó, además, que, “teniendo en cuenta los muy bajos niveles de exposición y los resultados de investigaciones reunidos hasta el momento, no hay ninguna prueba científica convincente de que las débiles señales de radiofrecuencia procedentes de las estaciones de base y de las redes inalámbricas tengan efectos adversos en la salud”.

Todos los estudios científicos apuntan hacia una misma realidad: que la hipersensibilidad electromagnética tiene tanta relación con los campos electromagnéticos como una posible asfixia en el tren con la velocidad a la que éste circula; es decir, que no existe la enfermedad a la que alude tan rimbombante nombre. Se trata de otra u otras patologías que pueden ser físicas o psicológicas. Esto no quiere decir, obviamente, que no haya médicos dispuestos a curar lo que no existe -o, por lo menos, no es lo que ellos dicen-, porque el negocio es el negocio. También hay médicos que tratan a sus pacientes con homeopatía, iridología u otras técnicas más que cuestionables. Y pacientes que dicen haber recuperado la salud gracias a cualquiera de esas prácticas, la imposición de manos o los rezos al santo de turno. Pero la ciencia es otra cosa y, de momento, ha encontrado tantas pruebas de la existencia de hipersensibilidad electromagnética como de la existencia de las maldiciones que también llevan a algunos supersticiosos a enfermar.

Contra el sensacionalismo, información

De todos modos, vayan preparándose porque en España ya se hizo eco de la historia de la BBC el diario gratuito 20 Minutos al día siguiente en una información titulada ‘Advierten de los posibles riesgos para la salud de la tecnología WiFi’, que puede ser el principio de una histeria como la de las antenas de telefonía, en la que -recuerden- los periodistas otorgábamos el mismo peso al testimonio de un ciudadano cualquiera que al de un físico o biólogo. Es lo que tiene la equidistancia informativa, que da a todas las fuentes de información el mismo valor, sepan o no sepan de lo que hablan.

Teléfono móvil.Explica Simon Jary, de la revista PC Advisor, que, por ejemplo, “la radiación Wi-Fi es 100.000 veces menor que la de un microondas doméstico y 600 veces menor que el límite máximo impuesto por el Gobierno de Reino Unido”, y que “la Agencia de Protección de la Salud británica dice que sentándose sobre un punto de conexión Wi-Fi durante un año se recibe la misma dosis de radiación que con una llamada de teléfono móvil de 20 minutos”. Por si ustedes ignoran cuáles son los niveles de exposición y los límites recomendables de algunas fuentes domésticas de radiación electromagnética, la OMS tiene un documento al respecto. Si quieren saber lo que es la radiación electromagnética y sus posibles riesgos, hay un magnífico monográfico titulado Antenas y salud, que los Museos Científicos Coruñeses colgaron de Internet hace tiempo, fácil de entender para cualquiera y cuya lectura acaba con muchos mitos. Por ejemplo, con la tonta idea de limitar la exposición de los niños a los móviles, que ha sido recomendada por comités de sabios de varios países para que disminuya la percepción del riesgo entre el público.

No puedo dejar de pensar, no obstante, en el infierno que supondría sufrir de hipersensibilidad electromagnética real porque vivimos rodeados de ondas electromagnéticas: lo son la luz que nos llega de las estrellas y del Sol, la que emite la bombilla más pequeña, las de televisión y radio, las de telefonía, las de la corriente eléctrica… Algunas de esas radiaciones -las llamadas ionizantes- pueden causarnos daños: a este grupo pertenecen los rayos X y gamma. “Si una radiación ionizante penetra en un tejido vivo, los iones producidos pueden afectar a los procesos biológicos normales. Por consiguiente, el contacto con cualquiera de los tipos habituales de radiación ionizante (alfa, beta, gamma, rayos X y neutrones) puede tener repercusiones sobre la salud”, explica el Consejo de Seguridad Nuclear. Éstas son, por tanto, las radiaciones que pueden provocarnos lesiones. La de radio y televisión, telefonía y luz eléctrica -a no ser que agarremos la bombilla incandescente, en cuyo caso nos quemaremos, claro- no tienen capacidad para romper moléculas, así que no apaguen su conexión Wi-Fi y sigan informándose en los enlaces aquí puestos y otros que vayan encontrando por ahí. Los científicos son tajantes: pensar que las ondas de un móvil, un televisor o una conexión inalámbrica a Internet pueden alterar la salud es como creer que una puerta de madera puede romperse si la golpeamos con un merengue.

Fracaso ‘astroelectoral’

Sybila echa las cartas en su consulta. Foto: Vicente Martínez.Auguraba hace un par de semanas Sybila, profetisa de Apolo y sacerdotisa de Artemisa, los resultados de las elecciones de ayer en la comunidad autónoma valenciana y su capital. Gracias a las cartas del tarot, adelantaba que la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, iba a ganarse la reelección de calle, que ningún partido iba a lograr la mayoría absoluta en la comunidad autónoma y hasta detallaba los porcentajes de voto a escala autonómica: “El PP, entre un 42% y un 44%; el PSPV, entre el 34% y 38%, y EU -Compromis-, un 20%”. También explicaba que se iba a abstener “mucha gente”.

Los resultados del estudio los adelantaba en un reportaje del 11 de mayo el diario Las Provincias, supongo que en un intento de demostrar que uno puede ahorrarse las siempre costosas encuestas preeelectorales si cuenta en sus filas con una vidente de prestigio. Porque, explicaba el autor de la información, Sybila “ha sido aceptada en el mundo de los dioses como mediadora entre éstos y los humanos”, y es una bruja multicanal: usa para sus predicciones tanto el tarot de Marsella, como la bola de cristal, el I Ching y la quiromancia, entre otros métodos.

Pero los valencianos, ignorantes ellos, no parecen saber nada de eso y dejaron ayer a la adivina en mal lugar. Acudieron a las urnas prácticamente en los mismos porcentajes que hace cuatro años: votó para la Alcaldía de Valencia el 68,42% (68,50%, en 2003) de los electores y depositó su voto en la urna autonómica el 70,91% (el 71,51%, en 2003). Rita Barberá venció en la capital sin problemas, algo que sabíamos todos, como que Alberto Ruiz-Gallardón iba a aplastar a Miguel Sebastián en Madrid, Iñaki Azkuna repetiría sin problemas en Bilbao y en La Coruña el PSOE sentiría en sus carnes el final del efecto Vázquez. Tampoco anduvo la bruja fina fue a escala autonómica. El PP logró una mayoría absoluta regional más que holgada -54 diputados de un total de 99- gracias a que acaparó el 52,22% de los votos -seis puntos por encima de 2003 y bastante más que del 42% al 44% predicho por Sybila-; los socialistas el 34,21% de las papeletas -dentro del amplio rango augurado por la bruja, entre el 34% y el 38%- y Compromis PV se quedó en un minúsculo 7,97%, frente al triunfal 20% que le otorgaban los dioses.

Recapitulemos: de seis predicciones, la bruja sólo acertó en dos. La delegada de Apolo y Artemisa en la Tierra la pifió en lo que se refiere a participación ciudadana, si los populares iban a tener mayoría absoluta en las Cortes Valencianas y los porcentajes de voto de dos partidos. Sólo atinó en predecir la, por cualquiera prevista, victoria de Rita Barberá y facilitar aproximadamente -con 4 puntos de margen, mucho hasta para las encuestas más torpes- el porcentaje de voto regional del PSOE.

El malvado Josu Mezo escribió al día siguiente en Malaprensa que la lectura de la amplia desinformación electoral sobre Sybila le producía “una mezcla de hilaridad y vergüenza ajena”. “¿Con esto se gasta papel en plena campaña electoral?”, se preguntaba. Retóricamente, claro. Porque él sabe perfectamente que algunos medios gastan papel y tiempo en brujos, preguntar a los candidatos en entrevistas cosas tan importantes como qué signo del Zodiaco son o hacerles la carta astral. ¡Ah!, no duden de que el negocio de Sybila seguirá viento en popa a costa de los ingenuos de turno, incluidos algunos políticos de los que Las Provincias no facilita el nombre, aunque eso sí que sería un servicio público.

¿Cree Greenpeace en el Diluvio Universal?

Voluntarios de Greenpeace construyen la réplica del Arca de Noé en el monte Ararat. Foto: Reuters.

“Nos encontramos al borde de un segundo Diluvio Universal; pero todavía no es demasiado tarde”, ha dicho Andree Böhling, experto en energía de Greenpeace que identifica esa hipotética segunda tromba de agua planetaria con la que se nos vendrá encima con el cambio climático. “Los políticos deben asumir su responsabilidad y no pueden seguir mirando como el mundo amenaza con verse sumergido en mareas, tormentas e inundaciones, mientras cientos de miles de personas pierden sus hogares, plantas y animales de extinguen, y se extienden las enfermedades y las sequías”, advierte. Para llamar la atención sobre este riesgo, la organización ecologista está construyendo una réplica de 10 metros de eslora del Arca de Noé en lo alto del monte Ararat, en Turquía.

El cambio climático es un asunto serio. Pero la última ocurrencia de Greenpeace resulta desafortunada no por el símbolo elegido, sino también por vender la idea de “un segundo Diluvio Universal” cuando no hubo un primero -sólo creen en él los literalistas bíblicos- y, además, ningún escenario científico apunta en esa dirección. Todo parece indicar que estamos empezando a vivir un calentamiento global cuyas últimas consecuencias dependerán de las decisiones que tomemos en los próximos años respecto a la quema de combustibles fósiles y la emisión de gases de efecto invernadero, pero hablar de un Diluvio Universal es una estupidez. Además, a mí me lleva a pensar que en la cúpula de esa organización ecologista creen en la historicidad del relato bíblico. Si no, ¿cómo se explica que Böhling haya destacado que “el cambio climático es la mayor amenaza para nuestro planeta desde tiempos de Noé”?

Bélmez, 36 años de caras

Uno de los hijos de María Gómez Cámara, junto a 'La Pava'. Foto: Ramón L. Pérez.

Una mancha de grasa fue el origen de todo. Apareció en el suelo de una cocina, y una mujer vio en ella un rostro. Así nacieron las caras de Bélmez en agosto de 1971. Medio año después, convertido el pueblo en el Roswell de la parapsicología española -con voces de ultratumba y todo-, la Prensa dictaminó que aquello era un fraude. Y el fenómeno cayó en el olvido hasta que Iker Jiménez se fijó en él. “¡Las caras de Bélmez son auténticas!”, sentenciaba en un artículo que firmaba con su colega Lorenzo Fernández en la revista Enigmas en septiembre de 1997. El fallecido Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, aseguraba en el editorial que los dos periodistas aportaban “pruebas definitivas del carácter paranormal de las caras de Bélmez”.

María Gómez Cámara, la descubridora de las caras, murió el 3 de febrero de 2004. El Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda quiso entonces hacer de su casa un museo para aprovechar el tirón turístico, pero los descendientes de la mujer pidieron por ella una millonada. Los parapsicólogos invadieron el pueblo y, a su paso, los rostros se multiplicaron convenientemente por inmuebles más asequibles. Un libro que relacionaba las teleplastias -así las llaman los parapsicólogos- originales con muertos de la Guerra Civil se convirtió en un bestseller y se extendió la idea, defendida por Jiménez y Fernández en su reportaje, de que el régimen franquista había montado una operación para echar tierra sobre el asunto. ¡Las caras de Bélmez habían resucitado!

“Una trola de colegio”

El reportaje de ‘Ideal’ con el que empezó todo.¿Pero qué hay de cierto en toda la historia del que ha sido considerado el mayor misterio de la parapsicología española? Casi nada, según el periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez, autores de Los caras de Bélmez (Ediciones Redactors i Editors), que la próxima semana llega a las librerías. “Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre… Es todo muy loco. Son 36 años de tonterías“, dice Cavanilles. “Es una típica trola de colegio”, remacha Máñez. Ellos lo tienen claro: “Si se hubiera descartado la explicación sobrenatural (milagrosa o parapsicológica) desde el primer momento, todo hubiera quedado en una broma. Por eso hay que preguntarse cómo es que una anécdota tan absurda ha durado tanto”.

Al principio, fue una pareidolia. El 23 de agosto de 1971, María Gómez Cámara creyó ver una cara en una mancha del suelo de su cocina, como se ven formas en las nubes, en las mesas de mármol y en tantos otros sitios. Aquello montó tal revuelo en el pueblo que uno de sus hijos destruyó la imagen con una piqueta. De nada sirvió. A principios de septiembre, apareció en el mismo lugar otra -la conocida como La Pava-, que fue recortada y protegida tras un cristal. Y, en enero de 1972, surgió en el mismo sitio una tercera cara, más tosca, que fue recortada y tirada a la basura. El fenómeno era ya imparable.

Una información periodística, publicada en el diario granadino Ideal el 16 de septiembre, hizo que el fenómeno sobrepasara los límites de Bélmez. “Un rostro que aparece y desaparece en un fogón”, decía el título. Habían pasado tres semanas desde el descubrimiento de la primera cara en la casa de Juan Pereira y María Gómez Cámara y ya florecían varios negocios en torno al misterio: la familia cobraba la voluntad por entrar en la casa, se montaban viajes organizados y la mujer vendía fotos de La Pava a 10 pesetas la unidad (el periódico costaba 5 pesetas entre semana y 6 los domingos). “Nadie ha sacado mucha pasta con las caras de Bélmez. Nadie se ha llevado todo lo que esperaba”, dice Cavanilles.

‘Pueblo’ llega al pueblo

“Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo). Sin Emilio Romero, ahora no estaríamos hablando de este asunto”, mantiene Ramos Perera, en la época presidente de la Sociedad Española de Parapsicología, en una entrevista reciente concedida a Cavanilles y Máñez. Tras dedicar a las caras tres informaciones a finales de enero y principios de febrero de 1972, Pueblo envió a Bélmez a Antonio Casado. Su serie de reportajes ‘Las caras hablan’, publicados entre el 14 y el 24 de febrero, elevó las caras a la categoría de misterio nacional. “Yo no me inventé nada, pero sí puede decirse que todo el revuelo que acabó montándose fue por mis reportajes”, recuerda el comentarista político, entonces un reportero de 24 años, “lo que hoy llamamos un becario”.

El parapsicólogo Germán de Argumosa recorre las calles de Bélmez. Foto: Antonio Casado.Casi al mismo tiempo que él, hizo su entrada triunfal en el pueblo Germán de Argumosa, un parapsicólogo al que siempre ha gustado que le llamen profesor, aunque carece de estudios superiores y nunca ha dado clase en una universidad. Argumosa creía que las caras eran un fenómeno originado en el Más Allá y se puso a grabar voces de ultratumba, psicofonías. Dijo que lo había conseguido y Pueblo se hizo eco de ello. Sin embargo, casi nadie creía en Bélmez en las voces de los espíritus porque Argumosa las grababa en habitaciones llenas de gente que no paraba de hablar. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau, achacaba el fenómeno de las caras a una concentración de energía que canalizaría la dueña de la casa. “Cualquier afirmación, por estrafalaria que pareciera, merecía ser publicada”, escriben Cavanilles y Máñez.

La tirada de Pueblo creció en 50.000 ejemplares gracias a las caras, y pronto acudieron a Bélmez otros diarios a hacerse con su parte del botín. Sin embargo, el 21 de febrero, la historia dio un giro radical: un artículo de Julio Camarero apuntó al fraude en el diario de Emilio Romero y El Alcázar publicó un reportaje en la misma línea. A partir de ahí, el misterio se fue abajo. “Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: «Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo»”, recuerda Casado, quien cree que la creciente histeria puso nerviosos a algunos dirigentes.

La Operación Tridente

Javier Cavanilles y Francisco Máñez.El joven periodista desempolvó entonces las teorías del químico que le asesoraba, se hicieron análisis y se concluyó que las caras habían sido pintadas con sales de plata. Otros diarios siguieron defendiendo la autenticidad del fenómeno, pero el declive fue imparable. Las caras de Bélmez acabaron arrinconadas en las revistas esotéricas. Cuando Iker Jiménez y Lorenzo Fernández resucitaron el enigma en 1997 argumentaron que su final se debió a “una operación oculta que tuvo como único objetivo aniquilar el misterio”, que ellos bautizaron como Operación Tridente. Cavanilles y Máñez afirman que esa conspiración, de la que no hay ninguna prueba documental, es un invento de Jiménez del Oso, director de la revista Enigmas, y Casado tampoco cree en ella: “Lo de la Operación Tridente es una chorrada”.

Todos los análisis químicos hechos a restos de las caras de Bélmez a lo largo de los años han confirmado el fraude. “Son manchas retocadas”, explica Máñez, quien añade que al principio lo fueron con sales de plata y luego con carbón, lápiz y otros medios. Los actores también variaron con el paso del tiempo. Casado señaló en Pueblo a dos culpables: Miguel Rodríguez, el fotógrafo que tenía a medias con los Pereira el negocio de venta de fotos, y su hijo Jesús Miguel, pintor. Después, vendrían otros. ¿Y María Gómez Cámara?

“Ella tuvo que saber en todo momento lo que estaba pasando”, coinciden los autores de Los caras de Bélmez. Están convencidos de que su libro no pondrá el punto final a esta historia. “Dentro de unos años, una nueva generación caerá en la trampa, como pasa con el monstruo del lago Ness, Roswell…”, augura Mañez.

Miguel Chamorro, en una foto familiar, el guardia civil con el bigote retocado en 'Tumbas sin nombre' y 'La Pava', la más famosa de las caras de Bélmez.


¿Muertos de la Guerra Civil?

El libro sobre las caras de Bélmez que mejor ha funcionado es Tumbas sin nombre (2003). Obra de Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, vincula el fenómeno con la Guerra Civil. Los autores defienden que algunos rostros corresponden a familiares de María Gómez Cámara muertos durante el asedio al santuario de la Virgen de la Cabeza.

Los periodistas admiten en el libro que, para dar con el parecido, en unos casos manipularon las dimensiones de la cara de cemento de turno, en otros la invirtieron horizontalmente y en algunos hicieron ambas cosas. Es decir, jugaron con un programa tratamiento de imágenes hasta conseguir que los rostros encajaran con lo que querían. Gerardo García-Trío, miembro del Círculo Escéptico, organización que ha colaborado con Cavanilles y Máñez, recabó la opinión de un forense que quitó cualquier valor al estudio: “Esto es muy fácil de hacer. Sólo hay que tener caradura y muy poca vergüenza. Es gente sin escrúpulos que se inventa un cuento y lo adorna con un poco de pseudociencia”. “Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible”, dijo María Gómez Cámara cuando Jiménez y Fernández le presentaron la comparativa.

El dictador Francisco Franco, uno de los protagonistas del fenómeno de Bélmez.El episodio más grotesco del estudio es el que se refiere a la semejanza entre la más famosa de las caras, La Pava, y el guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer. Se basa en una foto del militar que fue manipulada para ponerle un bigote y una boca que no eran los del original. Las pruebas están en Tumbas sin nombre, donde en una foto familiar aparece el guardia con el bigote engominado con las puntas hacia arriba. Para la comparativa con La Pava, se cogió esa imagen y se le puso un bigote con las puntas hacia abajo. Así, los dos rostros tenían un aire

Cavanilles y Máñez afirman que ese trabajo se basa en un programa de televisión protagonizado en febrero de 2003 por el Ricard Bru, en el que el showman relacionó las caras con la Guerra Civil. Los analistas de Bru hicieron lo mismo que los de Tumbas sin nombre, incluido el cambio del bigote. “Bru aclaró arbitrariamente que aquello era para imitar cómo tendría los bigotes en el momento de la muerte (…). Por lo que se ve, no le había crecido la barba, ni las patillas, ni el pelo en general, sólo un bigote bien cuidado, aunque sin gomina”, escriben los autores de Los caras de Bélmez. Jiménez -con quien este periódico ha intentado hablar sin éxito- y Fernández no advirtieron de la jugada a sus lectores.

Tampoco suele ser habitual recordar que en la cocina de Bélmez han aparecido los rostros de Francisco Franco e Isabel Preysler, entre otros personajes cuya presencia resulta difícil de justificar para los partidarios de lo sobrenatural.


Método casero para fabricar ‘teleplastias’

'Gnomo de Bélmez', creado por Francisco Máñez con su método de fabricación de 'teleplastias'. Foto: Francisco Máñez.Cualquiera puede hacer caras de Bélmez. “Sólo hacen falta un suelo de cemento y agua, aceite y vinagre. Así, en los posibles análisis no saldrá ni rastro de pintura, como pasa en algunas caras de Bélmez de los años 90”, explica Francisco Máñez.

Se moja el suelo y, antes de que se seque, se buscan caras en las manchas de agua y se remarcan sus rasgos con agua, aceite y vinagre. Si se hace con agua, la imagen tendrá menos fuerza. Si se hace con otra sustancia, resaltará más. “En el fondo, de lo que estamos hablando en Bélmez es de un intento de aprovechar unas manchas en el suelo para hacer caja”, dicen Cavanilles y Máñez.

Los periodistas esotéricos han defendido que la existencia de un nexo sobrenatural entre María Gómez Cámara, que haría aparecer las caras, y los rostros se demostraba en que, cuando ella estaba enferma, las imágenes se debilitaban. Los autores de Los caras de Bélmez creen que existe conexión, pero mundana: cuando la mujer estaba mala, no podía cuidar -remarcar y repintar- las figuras y, por eso, éstas se iban desvaneciendo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

‘Periodista Digital’ se traga la leyenda urbana del hámster metido por el culo

'Periodista Digital' se traga la leyenda urbana del hámster metido por el culo.Es peligroso introducir un hámster por el recto de tu pareja, se advierte hoy en un artículo de portada de Periodista Digital que comentaban hace unos minutos sorprendidos algunos compañeros de El Correo. La noticia es impresionante… y falsa. Es una leyenda urbana, como la de los gatos bonsái -según la cual unos salvajes meten gatitos en frascos para que queden “con la forma del recipiente”- que también se tragaron en julio de 2005 en el diario de Alfonso Rojo, aunque hayan borrado todo rastro de la metedura de pata y la hayan reconvertido en su descubrimiento de que la noticia era falsa. La historia del hámster ha sido aplicada, según se recoge en Snopes -sitio dedicado a las leyendas urbanas que debería figurar entre los de referencia de todo periodista-, a famosos de los que se rumorea que son homosexuales, como Richard Gere. Los protagonistas acaban, en todos los casos, en la sala de Urgencias de un hospital, donde les sacan del ano un hámster embutido en un cartón de un rollo de papel higiénico. Los periodistas que cuentan esta historia deberían apuntarse a un curso de cómo detectar camelos. Más que nada, para no volver a hacer el ridículo.