Reiki en el Colegio de Enfermería de Vizcaya

Una mujer, en una sesión de reiki.El Colegio de Enfermería de Vizcaya acogerá el jueves la charla Reiki integrativo: el arte de canalizar energía a través de las manos. La impartirá Maria Ángeles Trillo, que se presenta como maestra de reiki. Los objetivos son, según la organización profesional, “aprender a canalizar la energía en nuestro propio beneficio y en el de los demás”, mejorando la “autoestima, aumentando el nivel de confianza en uno mismo, llevando la atención al propio crecimiento personal, vitalizando a nivel físico, mental y emocional”. “Si existe interés por parte de los asistentes, se podría formar un curso”, indican en la convocatoria que ha llegado por correo electrónico a los profesionales de enfermería vizcaínos.

Resulta inquietante que profesionales de la salud caigan en el engaño del reiki, una pseudoterapia que se basa en la idea de que una energía misteriosa fluye por nuestros cuerpos y, debidamente entrenados, podemos canalizarla. El reiki lo inventó en 1922 el monje budista japonés Mikao Usui. Según sus practicantes, cuando esa energía vital se bloquea, enfermamos y sufrimos trastornos de los cuales podemos curarnos si un experto elimina esos bloqueos energéticos mediante la imposición de manos. Esa energía vital resulta indetectable por medios técnicos, lo que sirve a los practicantes del reiki para actuar a su antojo. Sin embargo, sabemos desde hace años que los reikiólogos son inapaces de detectar ese energía mágica.

Desmontado por una niña

El experimento de Emily Rosa. Dibujo: Pat Linse.A mediados de los años 90, Emily Rosa, una niña de 9 años, pensó que, si los practicantes del toque terapéutico -la versión estadounidense delr eiki- manipulaban con sus pases de manos la energía vital, era porque podían detectarla. “Quería ver si realmente podían sentir algo”, explicó después. Así que diseñó un sencillo experimento como parte de un trabajo escolar. Cogió un trozo grande de cartón, un cuaderno, un lápiz y una moneda, y pidió la colaboración de practicantes de la terapia. Aceptaron veintiuno. El cartón hacía las veces de biombo. Tenía dos agujeros en su base para que las manos del tocador terapéutico quedarán apoyadas sobre la mesa con las palmas hacia arriba del lado de la niña. Emily lanzaba una moneda al aire y ponía una de sus manos sobre la del terapeuta, a distancia suficiente como para que no detectara el calor. Si detectaba algún tipo de energía, el sujeto tenía que acertar sobre cuál de sus manos había puesto la niña la suya. ¿Saben cuál fue el resultado? Que los tocadores terapéuticos acertaron sólo en el 44% de las veces, lo previsible por azar.

En abril de 1998, Emily Rosa se convirtió en el autor más joven que ha firmado un artículo de investigación en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana. Tenía 11 años y su trabajo echaba por tierra el toque terapéutico, el reiki estadounidense. Y nada ha cambiado desde entonces. “El reiki es, en esencia, un tipo de curación por la fe que sustituye las creencias cristianas por el misticismo oriental, como queda demostrado por la sustitución de la palabra dios por una energía universal que los maestros de reiki dicen ser capaces de aprovechar para canalizar su energía curativa en los pacientes”, explica el oncólogo estadounidense David Gorski.

Paradójicamente, en los últimos años la patraña del reiki ha ganado terreno en España. Hospitales como el 12 de Octubre, Ramón y Cajal, Vall d’Hebron y Clinic han recurrido a esta pseudoterapia venida de Oriente para paliar los efectos de la quimioterapia y la radioterapia en los pacientes oncológicos. Y programas de televisión como El escarabajo verde, de La 2, han promocionado su uso para tratar la sensibilidad química múltiple. Como dije en su día, eso es recurrir a un remedio mágico contra un mal imaginario.

La promoción del reiki por la actual directiva del Colegio de Enfermería de Vizcaya “no es algo anecdótico”, me ha indicado un profesional “bastante avergonzado” por que la entidad se gaste dinero en este tipo de charlas. “Hemos tenido cursos de reiki -no charlas- hace unos años” y hay “un grupo en el colegio dedicado a dar difusión a estos temas”, ha añadido mi comunicante. Qué poco respetan la enfermería algunos.