‘El archivo del misterio’: la homeopatía

Medicina natural y con hierbas. Eso piensa mucha gente que es la homeopatía, de la que hablé en la undécima entrega de El archivo del misterio de Órbita Laika (La 2). Son personas que, de buena fe, creen lo que leen y escuchan en los medios sobre esa pseudoterapia. Individuos que, cuando se les explican los principios básicos de la homeopatía -que lo similar cura lo similar y que una sustancia es más potente cuanto más diluida esté-, la reconocen como un timo. Lo sé porque me ha pasado varias veces con gente a las que aprecio. Por si usted se ve en una situación parecida, le voy a dar unos consejos para convencer a alguien de que la homeopatía es un timo.

1. No tome a su interlocutor por tonto. No lo es. Recuerde que seguramente también hubo un momento en el que usted no supo lo que es la homeopatía. En mi caso, no me interesé por ella lo más mínimo hasta hace una década: Ni creía ni dejaba de creer; no me interesaba, como no me interesa la llamada información rosa. Cuando me interesé, hubo gente que respondió a mis preguntas a la que todavía estoy muy agradecido.

2. Olvídese de tecnicismos. No vaya de profesor de química, aunque lo sea. No cite el número de Avogadro ni de pasada. No hace falta para explicar lo ridículo de las diluciones infinitesimales. Si lo hace, puede que pierda a su interlocutor a medio discurso y ése no es el objetivo, ¿verdad?

3. Explique cómo se hacen diluciones homeopáticas. Sencillamente, para que lo entienda cualquiera. Eso es divulgar; lo otro es ir de listo. Explique cómo la preparación de un producto homeopático empieza con una parte del ingrediente, el principio activo, que se disuelve en 99 partes de agua, alcohol o lactosa: el resultado es una dilución 1 CH o centesimal hahnemaniano, llamado así en honor al inventor de la homeopatía, Samuel Hahneman. Luego, se toma una parte de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2 CH); seguidamente, se toma una parte de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3 CH); y así sucesivamente. En la primera dilución, tenemos una centésima parte de principio activo; en la segunda, una diezmilésima; en la tercera, una millonésima; y en la sexta, una billonésima. ¡Y no hemos hecho nada más que empezar!

4. Ponga un par de ejemplos de lo que implican algunas diluciones homeopáticas comunes en el mercado. Una dilución 13 CH equivale a disolver un tercio de una gota de agua en todos los océanos de la Tierra, así que es imposible que haya nada del principio activo en el botecito que ha comprado a precio de oro. En el Oscillococcinum, un remedio de Boiron recomendado “tanto en el tratamiento sintomático de los estados gripales como durante el periodo de exposición gripal”, el principio activo está disuelto a 200 CH, lo que equivale, según explica el físico Robert L. Park en su libro Ciencia o vudú (2000), a una molécula de principio activo por cada 10400 (un 1 seguido de 400 ceros) moléculas de agua. Como en el Universo hay sólo 1080 (un 1 seguido de 80 ceros) moléculas, tendríamos que haber disuelto esa sustancia curativa en muchísimos universos.

5. Recuerde la efectividad real de la homeopatía, cómo en más de 200 años no ha curado a nadie de nada y cómo todos los estudios científicos que se han hecho sobre ella han concluido que no tiene más efectividad que el placebo, que el “cura, cura, sana, culito de rana…”.

A estas alturas, el interesado ya suele haber asumido que la homeopatía es nada -aunque muy peligrosa si uno sufre una enfermedad seria– y sus practicantes unos ignorantes o unos estafadores. Aún así, puede recomendarle la visión del episodio de Escépticos dedicado a esta pseudoterapia y, si quiere algo más efectista, tomarse una caja entera de Sedatif PC -un somnífero homeopático- delante de sus narices. Desde niños nos han advertido por activa y por pasiva de que ingerir un montón de pastillas es  muy peligroso. Es algo que tenemos grabado en lo más profundo de nuestra mente. Por eso, cuando alguien ve a otra persona tomar un bote entero de un supuesto somnífero y que no le pasa nada, concluye automáticamente que se trata de caramelos, no de medicina. Aunque se vendan en farmacias.