Para Podemos, la espiritualidad es patrimonio de la religión

Podemos, ese partido nacido a caballo entre la calle y las tertulias televisivas, parece entender que la espiritualidad es algo exclusivo de la religión. Sólo así se explica uno el programa del Primer Encuentro Podemos Espiritualidad, una reunión donde gente de la formación de Pablo Iglesias va a intercambiar ideas con miembros de diferentes credos para intentar responder a una pregunta: “¿Qué aporta la espiritualidad a la construcción de una sociedad plenamente laica, justa y democrática?”. El encuentro se publicita como una “jornada de convivencia y diálogo entre distintas culturas espirituales, religiones, filosofías y creencias, desde una espiritualidad plural e inclusiva, que haga posible la unidad en la diversidad”, y se celebrará -y no es un chiste- en la parroquia madrileña de Santo Tomás de Villanueva el 11 de abril.

Programa del Primer Encuentro Podemos Espiritualidad.El programa del acto -del que me he enterado gracias al periodista César Coca– se lo reparten integrantes de Podemos y representantes de varias confesiones que tratarán de “exponer y difundir los valores que aporta la espiritualidad a la construcción de una sociedad nueva fundada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los valores más progresistas de la Carta de la Tierra: respeto y cuidado de la comunidad de la vida; integridad ecológica; justicia social y económica; democracia, no violencia y paz; educación; religiones y sociedad; y espiritualidad-consciencia-subjetividad. También será un espacio de actuación conjunta para participar en el proceso social y político del país porque Otra Democracia y Otra Política -en mayúsculas en el original- son posibles. Lo que proponemos es vivir la espiritualidad unida al compromiso con la ética y la justicia, en particular con los más desfavorecidos y empobrecidos, promoviendo acciones políticas que potencien al ser humano de modo integral”. Estas son las bases de un encuentro, para mí, sin sentido. Voy a intentar explicarme.

No hay visión más errónea de la espiritualidad que la que la vincula exclusivamente con sentimientos religiosos y místicos, desde los del cristiano dándose golpes en el pecho hasta los del practicante de cualquier credo de la Nueva Era. La espiritualidad va mucho más allá que los dioses, a quienes no necesita para nada. Yo la vivo en multitud de situaciones: viendo un cuadro, escuchando una pieza musical, mirando al mar o a un árbol, disfrutando de manjares en buena compañía, leyendo un libro, contemplando el cielo… No es propiedad de las religiones -como tampoco lo es la ética-; es algo personal que cada ser humano vive a su modo. Lo que a mí me emociona y sobrecoge puede que no le emocione y sobrecoja a usted, y viceversa. Y tampoco sentimientos como la justicia, la igualdad, la fraternidad, la compasión y otros son propios de las religiones, que si por algo se han caracterizado es por vulnerar los derechos humanos de numerosos colectivos para imponer su verdad.

Como ateo, nada van a aportar a mi vida espiritual ni las religiones tradicionales ni las prácticas nuevaeristas del Primer Encuentro Podemos Espiritualidad, que parece una reunión propiciada sobre todo para pescar votos entre los creyentes de cualquier color y condición. Una sociedad hija de la Ilustración ha de ser laica y respetar la libertad de creencias, pero no tiene por qué acordar nada con credo alguno ni tener influencias de ninguno, ni mayoritario ni minoritario. Basta con que garantice que todo ciudadano pueda creer en lo que le dé la gana sin que nadie le pueda perseguir por ello y quedar impune. La religión es algo propio del ámbito privado, como mi devoción por los huevos fritos con patatas. Si Pablo Iglesias y sus chicos dicen que debo incluir en mi dieta los huevos duros, que se los coman ellos. Que Podemos defienda que las religiones tienen algo que aportar a una sociedad laica, como se deduce del programa de este encuentro, demuestra que ese partido vive anclado mentalmente en el más rancio pasado. Resulta muy decepcionante esa debilidad que tiene la izquierda española por arrodillarse a las primeras de cambio ante papas y popes.

Como dice Mauricio-José Schwarz en su magnífico libro ¡No, por Dios! (2015), que hoy voy a tener el placer de presentar en Bilbao, “el único lugar razonable de las creencias preternaturales es el del dominio privado, personal, subjetivo. El mismo en el que ponemos otras creencias como la de que tal compositor es mejor que tal otro, que tal equipo deportivo merece nuetsro apoyo más que todos sus adversarios, que Van Gogh nos emociona más que Pissarro. Es el espacio de la apreciación personal que no puede y no debe interferir con la realidad, especialmente la social y política”.