La Cadena SER aprovecha el Mobile World Congress para dar cancha a la histeria antiantenas

La SER da cancha a los antiantenas con motivo del Mobile World Congress.“El MWC ignora los efectos perjudiciales de los móviles”, titula la Cadena SER en su web una información sobre el Mobile World Congress, que estos días se celebra en Barcelona. Y añade en el subtítulo: “Expertos en radiaciones consideran que el Mobile World Congress debería difundir consejos sobre cómo hacer un uso saludable de móviles, tabletas y otros aparatos”. ¿De verdad? No. Estamos ante otro caso más de expertos que no lo son más que a ojos de periodistas ingenuos a los que cuelan trolas a diestro y siniestro. Me ha alertado de ello el músico y programador web Jose Nogueira.

Los expertos a los que la SER se refiere son uno. O, por lo menos, la cadena cita sólo a uno. Se llama Pere León, es arquitecto, geobiólogo y autor de La buena onda, un libro con el cual intenta rentabilizar la histeria antiantenas y atraer clientes a su negocio, un despacho que busca solución a las “radiaciones perjudiciales para la salud de casas y oficinas”. La geobiología de León y sus socios no es ninguna ciencia, sino el viejo zahorismo o radiestesia rebautizado para venderse mejor. De hecho, él dice haberse formado en la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA), cuyos miembros abogan por el uso de la radiestesia -con varillas o péndulo- para “evaluar fenómenos como la calidad biótica de un lugar o la influencia de alteraciones de origen físico como las corrientes de agua, las redes telúricas, las fallas, etcétera” y “otras alteraciones menos conocidas, como las llamadas memorias de las paredes, susceptibles igualmente de afectar a la salud”.

“A medida que aumenta el tiempo de exposición a las radiaciones, el cuerpo reacciona y el efecto no es de hoy para mañana”, cuenta León a la SER. Según él, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó -no dice cuándo- de que “los campos electromagnéticos podían estar relacionados con el cáncer en humanos” y ya hay médicos que “recomiendan, como mínimo y por precaución, no dejar el móvil u otros aparatos encendidos en la mesita de noche cuando dormimos, apagar el wifi, o usar auriculares inalámbricos si hacemos llamadas de más de cinco minutos”. Todo mentiras o, como mucho, medias verdades.

El arquitecto y zahorí Pere León.La primera afirmación de León es totalmente gratuita: no hay ninguna prueba de que la exposición a las radiaciones de los móviles tengan efecto alguno en la salud.  La OMS tampoco se ha pronunciado en la línea que dice el experto. Sí es cierto que, en mayo de 2011, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos” en el grupo 2B, el mismo que el café, pero nadie en la comunidad científica se explicaba en aquel momento, ni se explica ahora, las razones de esa decisión cuando los propios autores del estudio reconocían que se basaban en pruebas limitadas e inadecuadas. La decisión de la IARC fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el correspondiente informe en la revista The Lancet Oncology. Así se explica que, sólo un mes después, la OMS dijera que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”. Claro que la verdad fastidiaría el negocio. También es cierto que hay médicos que diagnostican la sensibilidad a las ondas -enfermedad tan científicamente probada como la posesión demoniaca-, aunque mejor sería emplear el singular porque, que yo sepa, en España hay sólo un facultativo que lo hace y está vinculado al movimiento antiantenas. El único peligro demostrado de los móviles es usarlos al volante. Lo demás son cuentos chinos.

Hay cosas que todo periodista debería tener claras al hablar de emisiones electromagnéticas y sus efectos, y la primera es que no hay que dar ningún crédito a una información cuya fuente sean Geosanix, la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental, o un geobiólogo cualquiera. Por cierto, colegas de la SER, ¿por qué son malas las ondas de telefonía y no las de la radio?