Radio Euskadi difunde la idea de que el brote de ébola es un montaje de los CDC, la OMS y las farmacéuticas

Portada del número 175 de la revista 'Discovery DSalud'.Más de media hora dedicó el domingo por la mañana el programa Hágase la luz de Radio Euskadi a hacerse eco de la visión más conspiranoica del ébola. En una demostración de lo que, a mi juicio, nunca debería hacer un medio de comunicación público, Jesús García Blanca soltó un disparate tras otro con el entusiasta apoyo de la directora y presentadora del espacio, la periodista Teresa Yusta. Así, los oyentes nos enteramos de que el ébola es un virus integrado en nuestro genoma; de que es discutible que sea el causante de la fiebre hemorrágica que azota África occidental; de que estamos asistiendo a una farsa similar a la del sida; de que el brote que ya ha matado a más de 4.000 personas es un montaje; y de que nos iría mejor si hiciéramos caso a Teresa Forcades, la monja antivacunas, y al curandero antitransgénicos Josep Pamiés.

García Blanca es el autor de “Ébola: ¿otra falsa pandemia?”, un reportaje publicado en el último número de Discovery DSalud, revista en cuyas páginas se defiende que el VIH no existe, el cáncer tiene causas emocionales, las emisiones de radiofrecuencia provocan todo tipo de males y cosas por el estilo. “No es descartable que los problemas de salud que se achacan al virus del ébola puedan en realidad estar provocados por fármacos en mal estado, vacunas o medicamentos experimentales y pesticidas cuyos efectos se vean agravados por una pésima higiene, agua contaminada, desnutrición y, por ende, un sistema inmune debilitado”, concluye en su texto. (No se pregunten a qué se deben, entonces, casos como el de la auxiliar de enfermería Teresa Romero porque la lógica conspiranoica no es de este mundo.) Yusta considera, por su parte, un “trabajo fantástico” el de quienes hacen “una revista realmente formidable, Discovery DSalud“, lo que demuestra que no tiene ni idea de lo que habla. Por lo menos, en lo que a medicina, salud y ciencia se refiere. Si quieren, pueden escuchar la conversación que mantuvieron ambos ante los micrófonos de Radio Euskadi -para eso he incluido el siguiente archivo-, pero permítanme que les llame la atención sobre aspectos que creo que deberían llevar al consejero vasco de Salud, Jon Darpón, a tomar algún tipo de medida.

Como lleva haciendo sobre el sida José Antonio Campoy, director de Discovery DSalud, desde su época al frente de la revista esotérica Más Allá, García Blanca suelta muchas ideas y las mezcla a su gusto para vender la tesis de que el virus del ébola no existe o no es lo que nos han dicho. Así, al principio de la entrevista sostiene que es “discutible” que el ébola esté ahí, para luego añadir que, según el biólogo Máximo Sandín -del que no da un dato fundamental, que es antidarwinista-, el ébola, el marburgo y otros muchos virus “son endógenos, están integrados en nuestro genoma”, lo que descarta que sean mortales “porque estaríamos muertos todos”. García Blanca sostiene que el ébola “es un huesped nuestro, vive en simbiosis con nosotros, forma parte de nosotros”, y que “es absurdo pensar que una parte de nosotros está causando esta pandemia”. En realidad, lo que es absurdo es lo que él dice: que el virus no está ahí, pero que, al mismo tiempo, está dentro de nosotros. Me recuerda a conspiranoicos de los alunizajes como Santiago Camacho, que hace años mantenía que el hombre no llegó a la Luna y, en un momento determinado, empezó a decir que los astronautas encontraron extrañas construcciones en el satélite terrestre.

Portada del número 227 de la revista 'Enigmas'.Los expertos de los que echa mano Garcia Blanca pertenecen a lo más granado de la anticiencia. Así, en otro momento de la conversación, cita al médico Enric Costa, quien dice que “esto son fiebres hemorrágicas. Son conocidas por la medicina desde la Antigüedad. No tienen nada que ver con ningún virus ébola”. Costa, como antes Sandín, es un heterodoxo, por decirlo suavemente. Médico de formación, se pasó hace tiempo al lado oscuro de las mal llamadas terapias alternativas. Asegura que “el sida no es un fenómeno infeccioso” y que su causa es una intoxicación “tanto a nivel físico-químico como a nivel psicológico. Se ha producido un efecto vudú colectivo sobre la población de afectados, diciéndoles desde todas partes que tenían un virus que tarde o temprano, pero sin remedio, les mataría. Y, además, eso se ha convertido en una verdad dogmática que no permite a la persona afectada disponer de otro tipo de información. Esto, sumado a la marginación y desprecio de su propio hábitat social, produce en el marcado una desmoralización y un terror que son suficientes para destruir la vitalidad de cualquiera”.

Forcades, la gripe A y sus mentiras

La defensa que la presentadora hace de Teresa Forcades resulta ridícula. Afirma que, cuando saltó a la escena pública en otoño de 2009 con su vídeo Campanas contra la gripe A, la monja dijo cosas que luego hubo que admitir, algo que es siemplemente falso. La religiosa alertaba en su vídeo del riesgo de vacunarse contra la gripe y alimentaba la idea de que quienes, según ella, dominan el mundo podían llegar a provocar una pandemia para acabar con la mitad de la población. Mentía cuando decía que Organización Mundial de la Salud (OMS) había modificado la definición de pandemia para que encajara con las características de la gripe A y también cuando presentaba como prueba del peligro de las vacunas la contaminación de unas muestras que mataron varios hurones. Es cierto que una compañía farmacéutica mandó por error a algunos laboratorios muestras de vacuna contaminadas, pero el fallo se produjo en la fase de experimentación con animales y fue detectado. Y sentenciaba: “Con los datos que tenemos, es más probable pensar que aquí haya una mala intención que no pensar que haya habido unas causalidades casi imposibles”.

La monja antivacunas fue poco después de su debut mediático la estrella del II Congreso Ciencia y Espíritu, junto con negacionistas del sida, exopolíticos, defensores de que el 11-S fue un autoatentado de Estados Unidos, creyentes en la Tierra hueca, propagandistas de la contaminación electromagnética, los chemtrails, las casas piramidales con efectos terapéuticos, el alma grupal y otras chaladuras. Y ahora, como bien recordaba Javier Salas hace unos días, forma parte de la troupe de charlatanes del ébola y no duda en publicitar como remedio del mal la solución mineral milagrosa (MMS), un producto tóxico que algunos estafadores dicen que cura todo tipo de patologías, incluido el autismo.

Para García Blanca, el actual brote de ébola es obra de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la OMS, la Unicef, el Banco Mundial, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación Rockefeller y los laboratorios farmacéuticos. La estrategia, dice, se remonta a hace mucho tiempo. “Ya en los años 40 empezaron las primeras fabricaciones de epidemias de gripe falsas para mantener una agencia gubernamental que se dedica a la vigilancia de enfermedades”, los CDC. El colaborador de Discovery DSalud atribuye a los CDC la autoría de todo tipo de brotes de enfermedades, “incluida la epidemia falsa de sida de 1981”. Y yo pienso en los miles, centenares de miles de implicados en la conspiración, desde investigadores de primera línea hasta médicos especialistas, técnicos de laboratorio y demás. Todos callados, guardando el secreto de que el VIH no causa el sida, las diferentes gripes han sido creadas en laboratorio y el ébola es inofensivo como un gatito. Si tan seguros están de lo que dicen, ¿por qué no se inyectan García Blanca, Campoy, Forcades, Pamiés y compañía muestras de los inofensivos VIH y ébola?

Entiendo que los científicos no quieran prestarse al debate o a desmentir a personajes como éstos para no dar a sus disparates una relevancia inmerecida, pero, entonces, ¿qué van a creer, por ejemplo, los ciudadanos que hayan escuchado en la radio pública vasca que el virus del sida no existe, que las epidemias las montan los CDC y la OMS en beneficio de las farmacéuticas y demás disparates? Por otra parte, ¿es de recibo permanecer callados cuando una emisora pública difunde ideas anticientíficas y conspiranoicas sobre asuntos de salud pública? Piénsenlo, por favor.