La sensibilidad química múltiple no está reconocida como enfermedad en España ni en ningún otro país

La falsa noticia del reconocimiento oficial de la SQM en España, tal como la dio en su web el diario 'Deia'.“España reconoce oficialmente la sensibilidad química múltiple, la enfermedad de las personas burbuja“, decía el 24 de septiembre una nota de prensa del Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental (Fodesam). Añadía que se había incluido en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) porque “ésta es la fórmula autorizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que un Gobierno -bajo ciertas pautas- pueda oficializar las dolencias de sus ciudadanos que ella aún no ha catalogado a nivel internacional. De esta forma, España se suma a la lista de países que reconocen la SQM, como Alemania (2000), Austria (2001), Japón (2009), Suiza (2010) y Dinamarca (2012)”. Al día siguiente, recibí varios mensajes de correo en los que parientes de presuntos afectados por SQM me informaban de la noticia y comprobé que algunos medios reproducían tal cual el comunicado de Fodesam, transmitiendo la idea de que la SQM es ya en España, oficialmente, una enfermedad más. ¿Es así? No.

La SQM fue identificada en los años 50 por el alergólogo estadounidense Theron G. Randolph. Según él, hay personas a quienes las sustancias químicas sintéticas les ponen enfermas. No las tóxicas, sino cualquier sustancia a un nivel muy por debajo del considerado seguro. Sufren tanto que llegan a tener que aislarse del plástico, de los colorantes, de las fibras sintéticas… Del mundo artificial. Las ideas y métodos de Randolph carecían de base científica cuando las formuló y, como se destacaba en 1995 en su obituario de The New York Times, con el paso el tiempo tampoco han conseguido el reconocimiento de sus colegas.

“Muchas personas con diagnóstico de SQM sufren mucho y son muy difíciles de tratar. Las investigaciones bien diseñadas sugieren que la mayoría de ellos tienen un desorden psicosomático por el que desarrollan múltiples síntomas en respuesta al estrés. Si esto es cierto -y creo que lo es- los pacientes de la ecología clínica corren el riesgo de diagnósticos erróneos, malos tratamientos, explotación financiera y retrasos de la atención médica y psiquiátrica. Además, las compañías de seguros, los empleadores, otros contribuyentes y, en definitiva, todos los ciudadanos se ven asediados por dudosas afirmaciones de invalidez y daños. Para proteger al público, las juntas estatales de licencias [médicas] deberían analizar las actividades de los ecólogos clínicos y decidir si la calidad general de su cuidado es suficiente para que se mantengan en la práctica médica”, resume Stephen Barrett, experto en pseudomedicinas y pseudoterapias. Es la opinión mayoritaria en la comunidad científica.

Ni ha sido reconocida ni se espera que lo vaya ser

Dos cosas me llamaron la atención del presunto reconocimiento de la SQM por el Gobierno español: que todo lo que había era un comunicado de parte interesada -el colectivo de supuestos afectados y quienes les respaldan- y que, hasta donde yo sabía, no se había publicado recientemente nada que demostrara que la enfemedad existe fuera de las mentes de los pacientes. Así que hice una cosa muy simple, el 25 de septiembre pregunté al Ministerio de Sanidad si era cierto que había reconocido la SQM como enfermedad. Después de recibir el viernes pasado una primera respuesta en la que se negaba tal extremo, pedí a los técnicos de la Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación que, por favor, me aclararan algunas dudas, lo que hicieron ayer.

“La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) es la herramienta de diagnóstico estándar para la epidemiología, la gestión de la salud y fines clínicos. Esto incluye el análisis de la situación sanitaria general de grupos de población. Se utiliza para controlar la incidencia y prevalencia de las enfermedades y otros problemas de salud, y proporciona un cuadro de la situación de salud general de los países y poblaciones”, dice en su web la OMS. “El propósito  es permitir el registro, el análisis y la comparación de los datos de mortalidad y morbilidad entre diferentes países, convirtiendo los literales diagnósticos en códigos que faciliten su posterior recuperación para el análisis de la información”, explica el Ministerio de Sanidad, y puntualiza que la CIE la elabora la OMS, “la estructura de la clasificación no puede ser modificada por ningún país ni organización” y que, aunque “algunos países incorporan nuevos términos diagnósticos y localismos en los índices alfabéticos” -algo que está permitido-, “esta inserción de términos no supone ninguna inclusión ni creación de nuevos códigos, ni por tanto el reconocimiento de nuevas enfermedades, sólo simplifica la búsqueda del código apropiado”.

“No existe en ninguna de las clasificaciones internacionales de enfermedades un código específico para la SQM”, advierte el departamento que dirige Ana Mato. “En principio, parece que las próximas clasificaciones internacionales tampoco van a contar con un código específico para la SQM. En el borrador de lo que será CIE10 MC [acrónimo de Clasificación Internacional de Enfermedades, Décima Revisión, Modificación Clínica], no cuenta con un código propio. Por lo tanto, la sensibilidad química múltiple (SQM) no está reconocida ni clasificada en la CIE”, añaden. Puntualizan que la entrada del índice alfabético no adjudica nada de forma extraoficial ni reconoce una determinada patología o deja de hacerlo, “sólo facilita la búsqueda del código, el código que siempre le ha correspondido: 995.3 Alergia, no especificada“. Y aclaran que “la inclusión de la SQM en el índice alfabético del CIE9 MC lo que persigue es darle un número extraoficial  (extra CIE) a fin de registrar los casos de esa posible dolencia. No significa reconocimiento -eso depende la OMS-, sino que es un paso para facilitar el que se conozca su posible incidencia en España, aun cuando no sea una enfermedad reconocida. Otros países -como Alemania- hacen lo mismo”.

¿Conclusión? La SQM no está reconocida como enfermedad ni en España ni en ningún otro país, ni está previsto que la OMS vaya a reconocerla como tal. Lo más que hacen algunos países, como España, es atribuirle un código a la “posible dolencia” para conocer “su posible incidencia” entre la población, “aun cuando no sea una enfermedad reconocida”. Lamentablemente, nada de esto acabará con el sufrimiento, muy real, de los enfermos, víctimas muchas veces de profesionales de la salud sin escrúpulos que se lucran con la venta de tratamientos y remedios para enfermedades inexistentes como ésta y la hipersensibilidad electromagnética.