Los antiantenas de la ikastola Ibaiondo de Vitoria llevan gorros protectores de papel de aluminio

Cuatro fotogramas de un vídeo de ETB en los que se ve a antiantenas vitorianos con cascos de papel de aluminio.

Los antiantenas de la ikastola Ibaiondo de Vitoria llevan en sus protestas gorros de papel de aluminio, como puede verse entre los minutos 9 y 10 del vídeo del debate que mantuve ayer en ETB 2 con José Miguel Lozano, de la Plataforma de Euskal Herria contra la Contaminación Electromagnética. Durante la conexión no me dí cuenta porque estaba hablando yo -en las pone “Bilbao directo” porque estábamos con pantalla partida y yo aparecía en el lado izquierdo- y, después, porque me da vergüenza ver mis intervenciones televisivas. Así que me he enterado hace un rato gracias a un comentario de un usuario de Menéame.

Los padres de la ikastola Ibaiondo y del instituto de Solokoetxe, en Bilbao, han conseguido que el Gobierno vasco se comprometa a blindar los dos centros frente a las emisiones de antenas próximas, aunque no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia. Ay, cuando se enteren los antiantenas vitorianos de que investigadores del prestigioso Instituto Tecnológico de Masachussetts (MIT) demostraron, ya hace ocho años, que los cascos de papel de aluminio no sólo no protegen de las ondas de telefonía, sino que las amplifican.

Cuatro ingenieros del MIT -tres de ellos, del famoso Media Lab- sometieron en 2005 a prueba tres diseños de cascos de papel de aluminio: el clásico, el fez y el centurión; llamados así por limitarse el primero a ser el material adaptado al cráneo y el segundo y el tercero parecer un fez y un casco de centurión, respectivamente. Usaron una doble capa de papel de aluminio Reynolds para cada casco. “Investigamos la eficacia de tres diseños de yelmos de aluminio en un grupo de cuatro personas. Utilizando un analizador de 250.000 dólares, descubrimos que, aunque todos los yelmos atenúan las ondas de radio invasivas -procedan de una fuente exterior o del cráneo del sujeto-, ciertas frecuencias resultan amplificadas”. Estas últimas frecuencias coinciden con las reservadas para radiolocalización y comunicación por satélite por parte del Gobierno de EE UU, además de con las de la telefonía móvil.

Los autores alertaban, irónicamente, de que “la evidencia estadística sugiere que el uso de estos yelmos podría de hecho amplificar las habilidades invasivas del Gobierno” y advertían de que desde la Casa Blanca “podría haberse impulsado la locura de los yelmos por esta razón”, y de que las frecuencias de telefonía móvil están en manos de las multinacionales. “Esperamos que este informe anime a la comunidad paranoica a desarrollar mejores diseños de cascos para evitar caer en estos defectos”, decían en las conclusiones. “Los experimentos son reales. Los realizamos tal como se explica en el informe”, me confirmó Ali Rahimi, uno de los autores, cuando le pregunte si no era un estudio ficticio para tomar el pelo a los chiflados.