La directora de la Agencia Española de Medicamentos no sabe lo que es un medicamento

Cabecera de la entrevista a Belén Crespo publicada en 'El País'.Belén Crespo, farmacéutica y directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), no sabe lo que es un medicamento. Es la conclusión a la que he llegado tras leer las dos lamentables -por lo que ella dice, no por lo que preguntan mis colegas- entrevistas publicadas en El Mundo y El País tras salir a la luz la orden que prepara el Ministerio de Sanidad parar regularizar por la puerta de atrás el mercado homeopático. El descontrol administrativo ha sido tal que, desde 1994, los productos de esa industria se han comercializado en nuestro país al margen de la Ley, sin que a sus fabricantes ni vendedores les haya pasado nada. Un ejemplo del desmadre, el Gobierno no sabe cuántos productos homeopáticos hay en el mercado: “Creemos que alrededor de 6.000, aunque depende de la forma de contarlos. Antes se hablaba de 19.000 porque se contaban todas las diluciones. Ahora se cuenta la cepa madre”. Creemos, dice Crespo

“Los homeopáticos son medicamentos como todos los demás”, asegura Crespo. Veamos lo que dice la legislación española. Un medicamento de uso humano es “toda sustancia o combinación de sustancias que se presente como poseedora de propiedades para el tratamiento o prevención de enfermedades en seres humanos o que pueda usarse en seres humanos o administrarse a seres humanos con el fin de restaurar, corregir o modificar las funciones fisiológicas ejerciendo una acción farmacológica, inmunológica o metabólica, o de establecer un diagnóstico médico”, dice el artículo 8 de la Ley 29/2006 de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. Y, en el artículo 13, se añade que “la eficacia de los medicamentos para cada una de sus indicaciones deberá establecerse con base en la realización previa de estudios preclínicos y ensayos clínicos que se ajustarán a las exigencias normativas y a las que se deriven de los avances en el conocimiento científico de la materia”.

A día de hoy, ningún producto homeopático que haya demostrado ni experimental ni clínicamente ser efectivo contra ninguna enfermedad. Ni en España ni en ningún otro país. Lo que pasa es que la legislación europea considera medicamento homeopático cualquiera, fabricado según las directrices de la homeopatía, con “ausencia de indicación terapéutica particular en la etiqueta o en cualquier información relativa al medicamento” y en el que el “grado de dilución que garantice la inocuidad del medicamento; en particular, el preparado no deberá contener más de una parte por 10.000 de tintura madre ni más de la centésima parte de la dosis más baja que eventualmente se emplee en medicina alopática de aquellos principios activos cuya presencia en un medicamento alopático implique la obligatoriedad de presentar receta médica”. En román paladino, si un homeópata diluye algo mucho, es un medicamento homeopático y no hace falta que demuestre su efectividad. Sobra decir que esto es un chollo para la industria del sector, ya que permite vender agua y azúcar como si fueran medicamentos, y un timo para el consumidor.

Que Belén Crespo nos intente vender que “los homeopáticos son medicamentos como todos los demás” es más que una humorada. Es una falta de respeto a los ciudadanos. Nos llama tontos a la cara. Algo que no ha demostrado efectividad contra ninguna enfermedad en ensayos clínicos no es un medicamento. Es otra cosa. Como farmacéutica, la directora de la AEMPS debía saber, además, que las bases de la homeopatía carecen de base científica y que esa pseudoterapia nunca ha demostrado funcionar más allá del placebo, tal como se admitía en diciembre de 2011 en un informe encargado por el Ministerio de Sanidad. Claro que, como dice el médico y divulgador  Edzard Ernst, “con la homeopatía, los farmacéuticos nos están timando”. Y es que, como bien puntualiza este experto, que puso en marcha en 1993 la cátedra de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter y se convirtió en el primer catedrático de esa disciplina en el mundo, los farmacéuticos actúan, en el caso de la homeopatía, “como meros vendedores y no como profesionales sanitarios con ética. Como vivimos en una economía de libre mercado, pueden vender lo que quieran, pero deberían advertir a la gente de que los productos homeopáticos no tienen nada y no hacen nada”.

La nueva norma legal “abre la puerta a que placebos sin ninguna efectividad terapéutica se vendan como fármacos con todas las de la ley. Algo que, es cierto, depende de la normativa europea y no de la española. Pero que no tiene por qué recibir todas las facilidades del mundo por parte de la AMPS, incluyendo unas inusitadas rebajas en el pago de las tasas”, destaca el abogado Fernando L. Frías, miembro del Círculo Escéptico, en su detallado análisis de las declaraciones de Belén Crespo. El Gobierno de Mariano Rajoy ha optado -¡vaya usted a saber por qué!- no sólo por defender una forma de curanderismo, sino también por ser generoso, con nuestro dinero, con quienes la explotan.