¿Por qué narices es inapropiada una lápida de Bob Esponja para una tumba?

Las dos lápidas de Bob esponja de las hermanas Kimberley y Kara Walker. Foto: WLWT.La dirección del cementerio de Spring Grove, en Cincinnati (Ohio, Estados Unidos), ha retirado una lápida con la silueta de Bob Esponja de la tumba de Kimberly Walker, una militar de 28 años que fue asesinada en febrero en Colorado Springs. “Hemos decidido que no es apropiada para nuestro cementerio histórico y que no puede estar aquí”, ha declarado Gary Freytag, presidente de la institución, a la agencia AP. Según él, todo se ha debido a un error de juicio del empleado que da el visto bueno a las tumbas. Por eso, van a retirar la lápida, de 2 metros de altura, y otra réplica exacta erigida cerca para la hermana gemela viva de la fallecida.

Más allá de la anécdota, este caso demuestra lo caprichoso de la simbología que rodea ciertos momentos de nuestras vidas. ¿Por qué es apropiado para el recuerdo de un muerto un Cristo yacente, un ángel o un retrato del difunto y no un Bob Esponja? Por tradición, argumentan los responsables del cementerio multiconfesional de Spring Grove. No soy amigo de las tradiciones. Me dan tanto miedo y tengo tan poco apego a ellas como a las patrias. Soy de los que piensan que, mientras no viole la ley, cada uno debería tener derecho a vivir y ser recordado como quiera. Por eso, estoy a favor, por ejemplo, de todo tipo de matrimonios -incluso poligámicos y poliándricos- mientras los contrayentes lo hagan con libertad. Por eso, me parece que uno ha de tener derecho a la lápida que le dé la gana, o a no tenerla, si decide que sus restos se depositen en un cementerio multiconfesional.

Kimberly Walker sirvió a su país durante cuatro años en Irak. Fue estrangulada y golpeada hasta la muerte por su novio, un compañero del Ejército, en una habitación de hotel de Colorado Springs el 14 de febrero. A la hora de recordarla y después de pensarlo mucho, su familia decidió que su lápida fuera un Bob Esponja vestido de uniforme y con su nombre en la pechera. Ella adoraba al personaje y tenía su cuarto empapelado con su imagen. Consiguieron el permiso de Nickelodeon, propietaria de los derechos, y la autorización del cementerio. Se gastaron 26.000 dólares en la lápida y en la réplica para su gemela. Las colocaron el 10 de octubre y, días después, las mentes bienpensantes las han quitado porque no les gustan. Es muy posible que, si los familiares de Kimberly Walker hubieran argumentado que su hija adoraba a Bob Esponja en el sentido religioso, las lápidas se hubieran quedado donde ya no están. Pero, como no hay religión de por medio, sus derechos son menos.

Si uno no es religioso, ¿por qué no va a poder poner en su tumba lo que quiera? Eso es lo que, en el fondo, está aquí en juego. He de admitir que no he pensado hasta ahora nunca en este tema; pero una tumba con una imagen como la de Bob Esponja parece una celebración de la vida, a diferencia de las habituales composiciones fúnebres. Y sobre eso sí he pensado. Hace muchos años que tengo claro que me gustaría que mis amigos y familiares celebraran mi despedida con una fiesta y con alegría, recordando los buenos momentos que pasamos juntos. Y no, no quiero a un Bob Esponja en mi tumba. Es más, no quiero una tumba.