“Si reeducas tu letra, ¡reeducas tu inconsciente!”, dice un grafólogo en “La Contra” de ‘La Vanguardia’

“Si reeducas tu letra, ¡reeducas tu inconsciente!”, sentenciaba Joaquim Valls ayer en “La Contra” de La Vanguardia. Grafólogo, economista y profesor en una escuela de negocios privada, dice que “tu firma y tu letra delatan complejos, inseguridades, miedos, creencias limitadoras”, y que modificar la caligrafía cambia la personalidad. Así, cuando durante la entrevista el periodista Víctor-M. Amela le pide un consejo sobre una letra, responde: “La letra t: que el trazo horizontal cruce el vertical en su justa mitad, con idénticas longitudes. Así igualas tus quiero (vertical) a tus puedo (horizontal)”. Afirmaciones como ésas deslumbraron, por lo visto, al entrevistador. “Valls es sabio: no cree, comprueba”, sentencia amela. Y añade: “Escrutó qué tenían en común las personas felices y aisló siete rasgos: buen autoconcepto, optimismo, extraversión, empatía, autodominio, proactividad y perseverancia. Y descubrió que podía fortalecerlos, reeducando el inconsciente, mediante instrucciones nocurnas al cerebro y grafotransformación”.

Supe de la existencia de Valls en mayo cuando le vi en Para Todos La 2, programa de TVE en el que tenía una sección semanal. Aquel día, promocionaba en la televisión pública el método Kimmon ®, un revolucionario sistema de su invención “para el desarrollo de la inteligencia emocional y la construcción de una psicología positiva, en aras de alcanzar el bienestar y la vida plena”. El método se sustenta en cuatro pilares, que Valls denomina “los cuatro fragmentos del mapa del tesoro”: la psicología positiva, la autosugestión, la concentración y la grafotransformación. “Mediante la reeducación escritural de una persona enferma, puede minimizarse o eliminarse la causa de su mal”, aseguran en la web del Instituto Grafológico Kimmon.

Valls, que carece de titulación alguna en el campo de la psicología -en La Vanguardia se presenta como doctor en reeducación del inconsciente, sea eso lo que sea-, es el presidente de la entidad, donde se imparte un máster en inteligencia emocional, a 900 euros la matrícula, además de seminarios para tener una mejor vida gracias a un simple cambio caligráfico y para “reeducar tu cerebro para mejorar tu actitud, sugestionarlo para ser más feliz”, a 95 euros cada uno. “¿Sabías que modificando tu letra y tu firma puedes incrementar tu inteligencia emocional hasta en un 300%?”, dice en su web como gancho para vender sus cursillos, lo que parece que hace con éxito porque las plazas se agotan.

La grafología, una arte adivinatoria

Entrevista al grafólogo Joaquim Valls, en 'La Vanguardia'.Lo que dice Valls tiene el mismo fundamento científico que la quiromancia o cualquier otro método adivinatorio, porque la grafología es un timo. No, nuestra personalidad no se refleja en la caligrafía. No, en contra de lo que dice el entrevistado, que alguien use iniciales en la firma o tache su nombre no significa “que la timidez, los complejos y los miedos le atenacen”. No, eso no tiene ningún significado, como no lo tiene que la llamada línea de la vida de la palma de la mano sea más o menos larga, que seamos capricornio o que tengamos la nariz ganchuda. Los grafólogos aciertan como usted o yo si les presentan un manuscrito y les dicen: “Es un texto de Adolf Hitler -o Belén Esteban, o Luis Bárcenas, o Barack Obama…-, ¿qué ve en él?”. Entonces, dicen lo que diría cualquiera del famoso de turno. Cuando se enfrentan a una letra sin pistas sobre su autoría, las cosas cambian y no dan una, como otros brujos en circunstancia similares.

El peritaje caligráfico es una técnica; la grafología es brujería. Y, lógicamente, también lo es su hija la grafoterapia. ¿Se imaginan lo fácil que sería curar a criminales de sus malos hábitos mediante unas simples clases de caligrafía? Cambiar la letra para modificar la personalidad exige, según este experto, nueve meses de rehabilitación caligráfica. Pero ahí no termina la cosa. Después, “cada noche, antes de dormite, en el duermevela, escucha unas frases grabadas en tu móvil. mejor si te las graba tu madre. Fue ella la que labró tus patrones inconscientes con su voz. ¡que su voz los reeduque!”. Las frases son típicas de la autoayuda -“Consigues lo que te propones” y “Tienes aplomo”, entre otras- y, para que sean efectivas, tienes que escribirlas cinco veces al depertarte “¡fijándote bien en la letra que toque!”.

“La psicología está en el mejor momento de su historia, se están haciendo investigaciones preciosas y se están publicando artículos científicos maravillosos, y, en vez de escribir sobre ello, en La Vanguardia se dedican a dar cancha a lo más delirante que encuentra: un señor que dice ser doctor en reeducación del inconsciente -me gustaría saber qué universidad y facultad le ha otorgado tal título- y cuenta la historia más increíble del mundo sin aportar ni una sola prueba”, lamenta Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto y directora de un equipo que investiga los mecanismos mentales del pensamiento mágico. “Si alguien piensa que, por cambiar nuestra forma de escribir va a cambiar nuestra vida, lo que no podemos hacer nunca es darle publicidad en los medios, pues hay una responsabilidad y sabemos que el artículo va a enganchar precisamente a las personas más desesperadas y necesitadas de ayuda. Es un auténtico timo. Una lee el artículo y ya no sabe si el periodista está de broma y burlándose del grafólogo que dice poder cambiar nuestras vidas cambiando nuestra forma de escribir, o si se trata de un anuncio muy bien pagado. Los problemas psicológicos que sufre la gente pueden ser graves y no es ético jugar así con personas que podrían necesitar ayuda para lograr un cambio en sus vidas”, advierte Matute.

Lo inquietante es que Amela no está de broma. Cree a sus entrevistados -como su compañera Ima Sanchís- y, por eso, la última página del diario barcelonés se pone frecuentemente al servicio de supercherías como la inútil y peligrosa quiropráctica; que hay dietas que curan el cáncer; que “todas las enfermedades de tu cuerpo tienen raíz anímica, espiritual”; que “el corazón tiene cerebro”; que “las plantas son organismos inteligentes, pero se mueven y toman decisiones en un tiempo más largo que el del hombre”; que “todas las enfermedades de tu cuerpo tienen raíz anímica, espiritual”; que “todos los aparatos electrónicos están programados para morir”; que “hay un campo de información como sustancia del cosmos del que participamos todos”; que “el ser humano es luz condensada”; que “hay que utilizar el móvil con cautela, con el altavoz o con aparatitos que evitan las radiaciones, porque si te lo pones en el cerebro eres tú la antena”