¿Avala la revista ‘Anales de Pediatría’ que sea posible emborracharse con tampones de vodka? No

Algunos periodistas se han hecho eco de que cuatro médicos españoles escribieron en diciembre en la revista Anales de Pediatría un texto alertando de los peligros del tampodka, como si ese texto fuera una prueba de que es posible emborracharse metiéndose en la vagina, o el ano, tampones empapados en vodka. “Los peligros que pueden entrañar estas nuevas formas de ingesta etílica llevaron a [Benjamín] Climent [jefe de la Unidad de Toxicología Clínica del Hospital General de Valencia] y a otros colegas de los servicios de Urgencias de hospitales de Navarra, Canarias y Galicia a elaborar en diciembre de 2012 un escrito en la revista Anales de Pediatría dirigido a la comunidad médica”, dice un teletipo de Efe que da por hechas las borracheras por tampodka.

Carta al director publicada en ‘Anales de Pediatría’ en al que se habla del ‘tampodka’.

Lo que uno se encuentra cuando consulta el número de diciembre pasado (Vol. 77, Nº 6) de Anales de Pediatría no es un artículo científico, sino una carta al director cuyo contenido, por lo que al tampodka se refiere, se basa en evidencia anecdótica. El texto de G. Burillo-Putze, M.J. Hernández, B. Climent y M.A. Pinillos pretende llamar la atención sobre “nuevas formas de consumo de alcohol en las que se utilizan las cavidades y superficies mucosas del organismo diferentes a la vía digestiva”. Los autores admiten que no hay publicaciones científicas sobre esas prácticas, no ofrecen ninguna prueba que respalde la idea de que el tampodka sea más que un bulo y aluden en dos ocasiones a vídeos de YouTube como fuentes de información de prácticas alcohólicas raras entre adolescentes. Supone para mí un enigma cómo, a partir de esos mimbres,  son capaces de concluir que quienes realizan esas prácticas no convencionales son “generalmente jóvenes y de nivel sociocultural alto”.

Afirman que el tampodka “produce una absorción muy rápida [del alcohol] y evita, inicialmente, el fetor enólico, por lo que parece ser popular en adolescentes para sortear el control paterno” y, aunque no llegan a decir que ésta sea una vía rápida para emborracharse, tampoco descartan tal extremo, muy improbable si se tienen en cuenta los efectos inmediatos y nada placenteros de la práctica. La periodista Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post,  experimentó consigo misma y, al introducirse en la vagina un tampón empapado en vodka, sintió “como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí”. Minutos después, lo extrajo porque no podía aguantar más. Sobria y dolorida. ¿Se imagina alguien a una adolescente aguantando una tortura así repetidamente en vez de meterse varios tragos por la vía tradicional?

Ni un caso demostrado

Si sorprende que cuatro médicos ignoren el escozor “insoportable” que pueden sufrir vagina y ano al contacto con el vodka y cómo eso retraería a cualquier joven después de una primera prueba, no lo hace menos que crean que con el tampodka se evita que el consumo de alcohol se detecte en el aliento, lo que ellos llaman fetor enólico. “Dando por supuesto que el alcohol se absorbiera en cantidad suficiente en la vagina o en el recto, también se detectaría en el aliento y daría positivo en una prueba de alcoholemia. El alcohol, una molécula pequeña y, en consecuencia, volátil, pasa al aire espirado: al aliento, en definitiva”, sentencia José Carlos Pérez Cobo, miembro del Círculo Escéptico y profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco.

En conclusión, lo que dicen los autores sobre el tampodka en Anales de Pediatría se basa en rumores y vídeos de YouTube, pasa por alto hechos demostrados y da por buenos otros nunca probados. Pueden haberse dado casos de jóvenes con lesiones vaginales por jugar con tampones empapados en alcohol, pero hasta el momento no se ha registrado en ningún país un ingreso en un centro sanitario en estado de embriaguez  por la combinación de tampones y vodka. Y, por supuesto, no hay ninguna prueba de que esa presunta práctica sea una moda entre los jóvenes. Los cuatro casos de Gijón que han desatado la histeria en España han sido desmentidos por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) y me temo que no es accidental que quien los haya dado a conocer en los medios, el médico Eduardo Carreño, sea el dueño de una clínica especializada en el tratamiento de adicciones. Este experto ha  llegado a decir que “el uso prolongado del tampax on the rocks” ha hecho que una paciente suya se convirtiera en alcohólica. ¿Pruebas? Ninguna, claro.

Por cierto, si es usted periodista, cuando oiga hablar de cosas raras como las borracheras mediante tampones empapados en vodka o que mirar los pechos femeninos alarga la vida del hombre, consulte antes que nada en Snopes, la mejor web dedicada a la caza de leyendas urbanas. También puede ser una buena historia periodística contar cómo se ha generado un bulo.