Cuando R2D2 sobrevoló la Torre del Diablo y otras curiosidades de ‘Encuentros en la tercera fase’

Anuncio del estreno de 'Encuentros en la tercera fase' publicado en 'El Correo' el 17 de marzo de 1978.Encuentros en la tercera fase es la gran película sobre el fenómeno de los platillos volantes. Se estrenó en 1977, cuando la creencia en las visitas extraterrestres era más popular que nunca y la ufología no había caído todavía en la espiral de locura y descrédito a la que la acabarían conduciendo el caso de Roswell, el conspiracionismo más extremo y la moda de las abducciones. Cuando la película de Steven Spielberg llegó a los cines, lo hizo a lo grande y respondió a las expectativas depositadas en el joven genio de Duel (1971) y Tiburón (1975). Han pasado casi cuatro décadas y su retrato del mito ovni sigue vigente.

Encuentros en la tercera fase está llena de ufología y, como buena hija, ha influido en la ufología posterior, en especial, en lo que se refiere al prototipo de extraterrestre. Veamos algunas curiosidades que nos ayudan a entender mejor esta cinta memorable, en la que todo encaja a la perfección. Una película que costó 20 millones de dólares y lleva recaudados 337.

1. Firelight. Spielberg vivió la adolescencia a finales de los años 50 y principios de los 60, en plena fiebre de los platillos volantes en Estados Unidos. Los primeros los había visto Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, sobre el monte Rainier el 24 de junio de 1947, seis meses después del nacimiento del primogénito de la pianista y restauradora Leah Adler y el ingeniero eléctrico Arnold Spielberg. Entonces, nadie pensaba que vinieran de otros mundos. Quien primero habló de visitantes alienígenas fue el mayor retirado Donald E. Keyhoe en un artículo para la revista True y en su libro The flying saucers are real (Los platillos volantes son reales), publicado en 1950 y en el cual también acusa al Gobierno estadounidense de ocultar la verdad sobre el fenómeno. Esos dos principios básicos de la ufología, el origen extraterrestre y el encubrimiento gubernamental, serán claves en Encuentros en la tercera fase.

Spielberg, con 17 años, prepara el rodaje de un despegue para 'Firelight'. Foto: Archivo de Steven Spielberg.

Ultimátum a la Tierra, la película de Robert Wise protagonizada por Michael Rennie, llega a los cines en 1951. En ella, un extraterrestre visita la Tierra para, en nombre de la Confederación Galáctica, exigir el fin de las pruebas nucleares, lo mismo que, un año después, transmite en el mundo real un venusiano a George Adamski, vendedor de hamburguesas que se convertirá en el primero de los contactados. Spielberg crece en un país donde hay gente que dice encontrarse cara a cara con alienígenas y se suceden los avistamientos de platillos volantes. Según sus biógrafos, su interés por los ovnis se dispara en 1957 cuando la familia vive en Phoenix (Arizona) y su padre se lo lleva una noche al desierto para ver un cometa. No hubo suerte, pero padre e hijo presenciaron una espectacular lluvia de estrellas fugaces. “Mi primera introducción al mundo que hay más allá de la Tierra…”, dijo años después el cineasta al recordar aquella experiencia.

Spielberg se adentra en el mundo de la ciencia ficción gracias a las revistas y libros de su padre, aficionado al género, y se entusiasma con películas como Ultimátum a la Tierra y Planeta prohibido (1956). Pero el detonante de su primera cinta sobre extraterrestres -que está en el germen de Encuentros en la tercera fase– fue que, durante una excursión de los Boy Scouts que se perdió, sus amigos vieron una luz extraña en el cielo. El adolescente Steven se sintió frustrado y se puso inmeditamente a escribir el guion de Firelight (Luz de fuego), un filme protagonizado por unos alienígenas, los altarianos, que visitan la Tierra para secuestrar humanos para un zoo.

Había ganado varios premios por una cinta bélica de 40 minutos titulada Escape to nowhere (Escapar a ninguna parte, 1961) y se asoció con su padre para reunir los 600 dólares que iba a costar la película. Tenía 16 años cuando,en junio de 1963, empezó el rodaje con un reparto compuesto de amigos, familiares y compañeros de clase. “La producción atrajo una gran atención y el Arizona Republic publicó dos artículos y una foto de la película”, indica Ray Morton en Close encounters of the third kind. The making of Steven Spielberg’s classic film (Encuentros en la tercera fase. El rodaje del clásico de Steven Spielberg, 2007). Y añade que el joven director empleó todo tipo de efectos para dar verosimilitud a la historia. La cinta duraba 135 minutos, se estrenó el 24 de marzo de 1964 en el Little Teathre de Phoenix y dio beneficios. “Cobramos la entrada a un dólar. Quinientas personas vinieron a ver la película y creo que alguna probablemente pagó 2 dólares, porque ganamos uno aquella noche”, recuerda Spielberg.

Firelight presenta los temas de intrusos sobrenaturales, la alienación suburbana y la huida, las familias rotas y los niños secuestrados, la aventura científica y la renovación espiritual que son familiares en la obra madura de Spielberg”, escribe Joseph McBride en Steven Spielberg: A Biography (Steven Spielberg: una biografía, 1999). Curiosamente, el creador del extraterrestre más entrañable de la historia debuta en la ciencia ficción con unos visitantes malvados. No pudo sustraerse del ambiente paranoico en el que se había criado y que caracteriza buena parte de la ciencia ficción cinematográfica estadounidense de los años 50. Por desgracia, de Firelight sólo han llegado fragmentos hasta nuestros días. Cuando empezaba en Hollywood, Spielberg la utilizaba como carta de presentación y, en una ocasión, dejó los rollos a una productora que quebró poco después y desapareció sin habérselos devuelto. En mayo de 1977, Spielberg reveló al ufólogo francés Jacques Vallé el origen de Encuentros en la tercera fase: “Ya hice esta película una vez. Nadie la vio. La hice en 8 milímetros cuando era adolescente”,  le dijo en clara referencia a Firelight.

'The ufo experience', de Joseph Allen Hynek.2. El por qué del nombre. Encuentros en la tercera fase es una traducción errónea de Close encounters of the third kind (Encuentros cercanos del tercer tipo). La película es un recorrido por la llamada clasificación de Joseph Allen Hynek (1910-1986), un astrónomo que, durante más de dos décadas, colaboró con la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la investigación de casos de ovnis. Hynek se quitó la careta escéptica -en realidad, siempre había sido un creyente- a finales de los años 60 para convertirse en el padre de la denominada ufología científica y, en 1972, publicó The ufo experience (La experiencia ovni). En ese libro, divide los avistamientos de platillos volantes en observaciones lejanas y cercanas, siendo estas últimas las que tienen lugar a menos de 150 metros. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, y entre las segundas están los encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, los del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y los del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la película.

La acción arranca con el descubrimiento en el desierto de Sonora de los aviones del Vuelo 19, cinco torpederos TBM Avenger que, con sus catorce tripulantes, se esfumaron en el Atlántico, frente a Florida, el 5 de diciembre de 1945, cuando participaban en un vuelo de adiestramiento en orientación sin instrumental ni puntos de referencia. Este caso se hizo famoso en los años 70 de la mano de Charles Berlitz, quien lo atribuyó al misterioso triángulo de las Bermudas. La desaparición del Vuelo 19 se debió, en realidad, a una sucesión de errores de los jóvenes pilotos -todos, menos uno, novatos- en un día de “fuertes vientos y con el mar muy alborotado”. Desorientados, los aparatos cayeron al agua cuando se les acabó el combustible, y los aviadores murieron por el choque o ahogados. A fecha de hoy, no se han encontrado los aviones.

En Encuentros en la tercera fase, a los integrantes del Vuelo 19 les secuestraron visitantes de otros mundos, que los devuelven a la Tierra al final de la película. Entre el hallazgo de los aviones y el regreso de sus tripulantes, Spielberg recorre la clasificación de Hynek: vemos luces nocturnas, no discos diurnos -hubiera minado la apoteosis final-, sufrimos el efecto electromagnético cuando el automóvil del protagonista se topa con un ovni en una carretera de noche y asistimos a un espectacular primer contacto.

Joseph Allen Hynek, en 'Encuentros en la tercera fase'.

Entre los asistentes al apoteósico desenlace -que no sería tal sin la música de John Williams-, está Hynek. Protagoniza 8 segundos en los que se abre paso entre el gentío, con su barba de chivo, bata blanca y chupando una pipa. No aparece en los créditos, pero Columbia mencionó su Centro para el Estudio de los Ovnis (CUFOS) en el dossier de prensa y, además, pagó 2.000 suscripciones a su boletín por un total de 20.000 dólares. Pero la editorial de The Ufo experience demandó a la productora por violación de derechos de autor por el título de la película y eso acabó con las buenas relaciones entre Columbia y Hynek, según Jacques Vallée, el estudioso de los platillos volantes con mayor protagonismo en la cinta.

Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, en los años 70.3. Un ufólogo francés en la trastienda. Claude Lacombe, a quien da vida François Truffaut, es el científico que dirige la investigación ovni para el Gobierno estadounidense y está inspirado en un ufólogo de carne y hueso, Jacques Vallée, un francés que se trasladó a vivir a Estados Unidos hace 50 años. Informático y astrofísico de formación, y apasionado por los ovnis, conoció a Hynek en 1962 en la Universidad del Noroeste (Illinois) y, un año más tarde, se convirtió en su secretario. Ambos habían sido rosacruces en su juventud. Vallée acabó siendo la mano derecha de Hynek y es autor de Pasaporte a Magonia (1969), libro en el que propone que “los seres de los ovnis actuales pertenecen al mismo tipo de manifestaciones que se describían en siglos pasados secuestrando humanos y volando a través de los cielos”. Huye de la hipótesis extraterrestre y tiende un puente entre las visiones de la ufología y las de ángeles, demonios, hadas y elfos. Todas son, para él, manifestaciones de un fenómeno originado en una realidad alternativa.

Que Truffaut era el alter ego cinematográfico de Vallée es algo de lo que nos dimos cuenta todos los interesados en el tema ovni que vimos Encuentros en la tercera fase cuando se estrenó. “Por supuesto, [Lacombe] está basado en Jacques [Vallée]. He leído sus libros. Me parecía interesante la idea de un francés investigando sobre ovnis en Estados Unidos”,  le contó Spielberg en mayo de 1977 a la periodista Marcia Seligson, cuando preparaba un perfil del cineasta para la revista New West. Durante esa entrevista, Spielberg admitió, además, haber eliminado una escena en la cual Lacombe intenta aprender inglés tumbado en la cama de un hotel escuchando una cinta que ha comprado en Francia y en la que, por eso, la voz grabada habla inglés con acento francés. Algo divertidamente ridículo.

Vallée, el segundo por la izquierda, y Hynek, el cuarto, en una reunión con Kurt Waldheim en la ONU.

En el segundo volumen de sus memorias, Forbidden science. Journals: volume two 1970-1979 (Ciencia prohibida. Diarios: volumen dos 1970-1979, 2009), Vallée asegura, entre otras cosas, que Spielberg se rompió la cabeza hasta dar con el modo en que los extraterrestres transmitirían a los humanos el lugar elegido para el primer contacto. El cineasta le contó un día que había pasado horas reunido para nada con técnicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. “He oído todas las explicaciones de esos tíos de pelo largo con máquinas de millones de dólares y muchas luces parpadeantes, pero no he podido encontrar ningún sentido a su jerga. La escena tiene que ser gráfica, visual”, le decía al ufólogo francés. Según Vallée, él propuso a Spielberg que los alienígenas transmitieran una serie de números, éstos fueran las coordenadas del lugar del aterrizaje de la nave nodriza y el descubrimiento lo hiciera un técnico con un globo terrestre. Al final, será el intérprete de Lacombe, geógrafo de profesión, quien dé con la respuesta en medio del caos.

Hynek y Vallée son las dos grandes figuras ufológicas de los años 70. En noviembre de 1978, el primero habla ante la Asamblea General de la ONU y pide -en un discurso consensuado con Vallée y otro ufólogo frandés, Claude Poher- que se cree una agencia multinacional que estudie el fenómeno. Hynek está convencido de que detrás de los ovnis hay “alguna forma de inteligencia”, pero no tiene claro si se trata de extraterrestre, de “una realidad superior” o de la mente humana. Y aboga por “la creación de un mecanismo dentro de las Naciones Unidas para facilitar el intercambio y la traducción de los informes y estudios realizados en distintos países miembros”. La iniciativa, apadrinada por Eric Gairy, primer ministro de la isla de Grenada, no llegará a buen puerto, aunque dejará para la posteridad las fotos de los ufólogos reunidos con Kurt Waldheim, entonces secretario general de la ONU.

El extraterrestre que dibujó Barney Hill en la consulta del psiquiatra Benjamin Simon.4. La película que encumbró a los grises. ¿De dónde sale el extraterrestre menudo, gris, cabezón y de ojos almendrados? El prototipo actual de tripulante de un platillo volante es una evolución del retrato robot que hizo Barney Hill de los alienígenas que, según él, le secuestraron junto a su esposa, Betty, en septiembre 1961 en una carretera secundaria de New Hampshire. “Los hombres tenían la cabeza de forma rara, con el cráneo grande que se empequeñecía hacia la barbilla. Y sus ojos se alargaban, llegando casi hasta las sienes. […] La piel era grisácea, de aspecto casi metálico”, contó Barney, bajo hipnosis, al psiquiatra Benjamin Simon. Betty, que era asistente social, describió a los visitantes como de aspecto “mongoloide: ese tipo de cara redonda y frente ancha, algo basto. Su piel parecía de un gris azulado, pero probablemente era algo mas blanca”, según recoge el periodista John G. Fuller en su libro El viaje interrumpido (1966), que narra el secuestro de los Hill.

Ese visitante de grandes ojos almendrados y piel gris se hace popular gracias, sobre todo, a The ufo incident (El incidente ovni), el telefilme de 1975 en el cual James Earl Jones da vida a Barney y Estelle Parsons, a Betty. Los secuestros por extraterrestres se multiplican tras la emisión de The ufo incident por la NBC en prime time. Hasta 1975 se habían registrado unas cincuenta abducciones, todas denunciadas después que la del matrimonio de New Hampshire, mientras que de 1975 a 1977 salieron a la luz cien nuevas.

Extraterrestre de 'El escudo Bellero'.Un leñador, Travis Walton, aseguró en noviembre de 1975 que había sido secuestrado por alienígenas como los de los Hill y, dos años más tarde, Steven Spielberg puso a los cabezones de ojos rasgados a los mandos de las luminosas naves de Encuentros en la tercera fase. Muchos después, el estudioso del mito ovni Martin Kottmeyer descubrió que, doce días antes de que Barney dibujara el retrato del alienígena ante su psiquiatra, extraterrestres con esos ojos protagonizaron El escudo Bellero, un episodio de la serie The outer limits (Más allá del límite). Ése fue el detonante. Luego, su presencia en los medios y en obras de ficción de gran impacto popular, como la película de Spielberg y la serie Expediente X, hizo que el gris se impusiera sobre todos los demás alienígenas que habían protagonizado relatos de ovnis desde mediados de los años 50.

Por cierto, el doctor Simon nunca creyó que los Hill hubieran sido secuestrados por extraterrestres. Para él, la historia se había cocinado en la mente de una Betty interesada por los ovnis y obsesionada por unas pesadillas que creía basadas en hechos reales y con las que bombardeó a Barney durante meses, hasta que las incorporó a su memoria como falsos recuerdos. En la época que se rueda Encuentros en la tercera fase, gran parte de la comunidad ufológica considera los secuestros por extraterrrestres algo increíble. Spielberg, sin embargo, incorpora las abducciones a la trama como hilo conductor, aunque parecen tener más un fin espiritual que físico, alejadas de la supuesta experimentación con humanos que con el tiempo ganará terreno en la ufología más popular.

La nave nodriza de 'Encuentros en al tercera fase'. A la derecha, en el borde del 'cuenco', está R2D2. Foto: Museo Nacional del Aire y del Espacio de la Institución Smithsoniana.5. R2D2 sobrevuela la Torre del Diablo. La gran nave extraterrestre contiene algunas miniaturas incluidas por su diseñador a modo de broma: un autobús, un avión, un submarino, un buzón de correos, una tumba… y a R2D2. La silueta del droide astromecánico de La guerra de las galaxias es visible cuando el gigantesco ovni se eleva sobre la Torre del Diablo ante el asombro de Jillian Guiler, la madre del niño secuestrado por los visitantes. Si R2D2 está en Encuentros en la tercera fase, que se rodó prácticamente a la vez que La guerra de las galaxias, es porque la nave nodriza la diseñó Ralph McQuarrie. Este artista creó buena parte del universo visual de la trilogía original de Lucas -incluidos Darth Vader, R2D2, C3PO, Han Solo, Boba Fett, Obi-Wan Kenobi, Yoda…-, y también la estética de series como Battlestar Galactica (1978) y filmes como En busca del arca perdida (1981), ET (1982), Cocoon (1985) y Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra (1986).

R2D2, en la gran nave nodriza en la Torre del Diablo.

6. Spielberg y Lucas intercambian beneficios. “Te daré el 2,5% de mis beneficios de La guerra de las galaxias si me das el 2,5% de los tuyos de Encuentros en la tercera fase“, propuso George Lucas a Steven Spielberg en agosto de 1976 durante una visita al hangar de Mobile (Alabama) donde se rodaba la escena final de la Torre del Diablo. Lucas estaba convencido de que la película de su amigo iba a ser un éxito de taquilla, mientras que la suya no la iba a ver nadie de más de 12 años. Spielberg aceptó y Lucas se confundió… en parte. Encuentros en la tercera fase fue un taquillazo que sacó a Columbia de la bancarrota, pero La guerra de las galaxias fue un fenómeno cultural que aún persiste. En el documental que acompaña la edición en DVD del trigésimo aniversario, Spielberg reconoce que hizo bastante mejor negocio que su amigo.

7. La fallida continuación de Encuentros en la tercera fase. Tras el éxito de taquilla, Columbia presionó a Spielberg para que rodara una secuela. Él no quería hacerlo, pero tampoco que pasara como con Tiburón, cuya segunda parte rechazó dirigir para Universal y acabó siendo un bodrio. Así que ofreció a Columbia una especie de continuación de Encuentros en la tercera fase. En realidad, no era tal: se iba a titular Night skies (Cielos nocturnos) e iba a contar la historia de un grupo de personas asedidadas por unos violentos extraterrestres en un rancho de la América profunda.

Boceto de la apariencia de los intrusos hecho por Gary F. Hodson, de la 101ª División Aerotransportada, con base en Fuerte Campbell.La trama se basaba en un suceso ovni, el caso de Kelly-Hopkinsville, ocurrido el 21 de agosto de 1955 en la granja Sutton, en Kentucky, cuando, después de ver a las 19 horas una luz en el cielo, un grupo de lugareños sufrió el supuesto asedio de alienígenas durante horas. Ya de noche, los aterrorizados granjeros, que dispararon a sus presuntos atacantes, salieron huyendo en sus coches hasta la comisaría de Hopkinsville, cuyos agentes no encontraron en el rancho prueba alguna ni del aterrizaje de una nave ni de la presencia de intrusos. “En esa parte del país, la gente de la extracción social y económica de los testigos «dispara primero y pregunta después»”, escribió Hynek en The ufo experience. Para él, fue desde un principio un caso “claramente absurdo, hasta el extremo de ofender al sentido común”.

Spielberg renunció al final a trasladar el caso de Kelly-Hopkinsville a la pantalla grande porque, después el rodaje de En busca del arca perdida, quería trabajar en algo más tranquilo. Y así nació ET.  Las descripciones de los alienígenas de Kentucky -criaturas flotantes, sin cuello, de ojos saltones, grandes orejas puntiagudas y largos brazos- sirvieron como modelo para los gremlins de la película de Joe Dante. Por cierto, los visitantes aterradores del caso de Kelly-Hopkinsville fueron seguramente una pareja de gran búho cornudo (Bubo virginianus), según el ufólogo francés Renaud Leclet y el escéptico estadounidense Joe Nickell.

8. Spielberg, el escéptico. “Ya no estoy tan seguro de la presencia de vida extraterrestre entre nosotros como veinte años atrás -admite el cineasta en una entrevista del ufólogo Álex Chionetti publicada en agosto de 2005 en la revista Año Cero-. En los 70 yo estaba absolutamente convencido de que estábamos siendo visitados. Es lo que reflejé durante el rodaje de Encuentros en la tercera fase, y después con ET. Pero no me han convencido mucho las evidencias que se han aportado desde entonces. A diferencia de los años 60 y 70, ahora poseemos millones de videocámaras y, no obstante, no hemos conseguido mejores evidencias. Las imágenes de los ovnis de hace treinta años no han cambiado y siguen siendo de objetos que no requieren necesariamente una tecnología extraterrestre. En Encuentros en la tercera fase había diversos tipos de no identificados, muchos imaginados por mí, pero otros basados en hechos reales. Sin embargo, en todo el material de estos años no he llegado a ver un caso que se acercara a alguna de mis interpretaciones del fenómeno”.

El entrevistador discrepó. “No estoy de acuerdo”, replicó, y añadió que en los últimos años las pruebas habían seguido acumulándose. “Bueno, me gustaría ver esos vídeos, ya que nadie me ha demostrado todavía que existan evidencias más fuertes… Naturalmente, no lo niego… Por favor, hágamelos llegar a través de su contacto con mi publicista”, respondió Spielberg al colaborador de Año Cero. Pruebas es lo que pedimos los escépticos a quienes hacen proposiciones extraordinarias como que nos visitan seres de otros mundos.

Nota

Este texto está basado en parte de la charla ‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito ovni, que di el 4 de mayo en Bilbao en una jornada organizada por la Tertulia de Ciencia-Ficción de Bilbao (TerBi), de la cual soy miembro.