España en Semana Santa, más berlanguiana y meapilas que nunca

Los legionarios levantan el Cristo de la Buena Muerte. Foto: AFP.

Ayer vi por televisión cómo un grupo de legionarios sacaba en Málaga sobre los hombros al Cristo de la Buena Muerte de una iglesia para trasladarlo hasta su paso procesional, a los sones de El novio de la muerte. Huyo sistemáticamente de desfiles y ceremonias religiosas, pero me pudo el morbo de ver cómo es este país en realidad. Había en la plaza miles de personas, además de autoridades militares y civiles, de partidos de derechas y de izquierdas. Todos aplaudían a rabiar y los comentaristas, tanto de canales abiertamente católicos como de TVE, estaban entusiasmados. Me parecía haber retrocedido en el tiempo décadas, pero no es así. España saca de vez en cuando a pasear su trasfondo de reserva espiritual de Occidente con ministras en mantilla o que se encomiendan a la Virgen para solucionar graves problemas, presidentes que abrazan figuras de madera, Gobiernos que juran sus cargos ante la Cruz

Los legionarios alardeando de fuerza y fe son otro anacronismo más en un Estado supuestamente aconfesional. Digo supuestamente porque la España democrática nunca ha culminado su transición de dictadura católica a Estado moderno. No sólo ha entregado parte de la educación pública a la Iglesia católica a cambio de ingentes cantidades de dinero, sino que, además, hay un constante y permitido secuestro de las instituciones públicas por parte de ese credo, y más en Semana Santa. No me opongo a que los católicos hagan uso del espacio público como hacen otros colectivos -partidos políticos, sindicatos, clubes de fútbol…-, pero sí a que hagan católicas las instituciones de todos, sean los canales de radio y televisión públicos o el Ejército.

Lo de Málaga -escenas similares se han visto en Oviedo y Valladolid- fue digno de una película de Luis García Berlanga, incluidas estrellas de Hollywood como Antonio banderas y su esposa Melanie Griffith, pero no de la España de 2013. Si creen, recen y salgan de procesión con libertad, pero no se apropien de lo que es de todos. “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, establece el artículo 16.3 de la Constitución. Ayer lo violaron en Málaga.