La exposición del Antiquarium de Sevilla sobre la sábana santa es un cúmulo de falsedades

Los responsables de la exposición La sábana santa, abierta en el Antiquarium de Sevilla hasta el 28 de junio, han marcado un nuevo hito en la escandalosa historia de la sindonología, la pseudociencia que tiene como objeto de sus especulaciones la falsa reliquia de Turín: se han inventado una postura imposible del cuerpo que habría cubierto la tela para que encaje con la imagen de la pieza de lino. Obviamente, son tantas las incongruencias de la figura del sudario de Turín, los agujeros de su historia y de su supuesta validación científica que ni aún haciendo trampas logran su objetivo.

La sábana santa es una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,10 de anchura, en la que se ven la parte frontal y dorsal del cuerpo de un hombre barbado. El hombre de la sábana santa, que superaría los 1,80 metros de altura y los 80 kilos de peso, está en una postura imposible. Mientras que en la imagen frontal aparece relajado, con las piernas totalmente estiradas, en la vista dorsal está impresa la planta del pie derecho, lo que exigiría que hubiera doblado una rodilla. En el rostro no hay ninguna simetría y la larga melena no cae hacia la nuca, sino que se mantiene suspendida en el aire como por arte de magia. Pero aún hay más. La distancia entre la parte superior de la frente y la parte trasera del cráneo es ridícula y, además, cuando alguien se tumba de espaldas, las nalgas quedan aplastadas contra la superficie en la que el cuerpo reposa y eso no ocurre con la figura de la sábana, que, en el colmo del puritanismo, oculta los genitales con las manos, algo imposible. Si no me cree, pruebe a tumbarse en una superficie plana y taparse los genitales con las manos sin levantar los hombros del suelo.

El hombre de la sabana, según el escultor y sindonólogo Juan Manuel Miñarro.

Ante tanta incongruencia, los promotores de la muestra han puesto al hombre de la sábana en una postura semiencogida, con las piernas dobladas y la cabeza como si estuviera apoyada en una almohada invisible. Así, izan los hombros de la figura al aire y consiguen que nuestro protagonista se cubra los genitales. Y el escultor Juan Manuel Miñarro, miembro del pseudocientífico Centro Español de Sindonología (CES), ha hecho la correspondiente talla. ¡Milagro! Bueno, más bien, trampa descarada. Ellos aseguran que, gracias a esa postura que se han sacado de la manga, “el resultado es un perfecto amortajamiento judio” y que “cuerpo y sábana son compatibles” y coinciden las heridas, las proporciones… Sin embargo, el pelo sigue flotando mágicamente y no cayendo, las nalgas aplastadas continúan sin estarlo en la imagen y tampoco se explica cómo es posible que en la tela la distancia entre las partes anterior y posterior de la cabeza ronde los 12 centímetros.

Postura ad hoc

“Lo que no dicen es que esa historia del cadáver con posturita es una hipótesis ad hoc para tratar de explicar los defectos anatómicos que algunos llevábamos años señalando -apunta el historiador José Luis calvo-. Como se dieron cuenta de que la postura resultante es absurda si estuviéramos hablando de un cadáver real, los sindonólogos se inventaron una nueva hipótesis ad hoc: una piedra sepulcral semejante a una bañera y tallada de tal forma que obligase al cuerpo a adoptar esa postura. Por supuesto, cuando les preguntas dónde se ha encontrado una piedra sepulcral judía semejante a ese artefacto, lo único que obtenías era la callada por respuesta, algo obvio. Para los judíos de la época, el entierro tenía dos fases: en la primera, el cuerpo era depositado amortajado sobre la lápida sepulcral sólo hasta la putrefacción del cadáver. Entonces, los huesos eran depositados es una cista (una urna tallada en piedra caliza). Dado que esta primera fase era temporal, no tiene ningún sentido que alguien se gastase una cantidad importante de dinero tallando la lápida para que el cuerpo estuviera cómodo“.

Osarios judios de tiempos de Jesús de Nazaret en el Museo Hecht, de la Universidad de Haifa.Otro problema de la nueva postura es que, además, invalida las conclusiones -nunca avaladas por la ciencia- del creyente Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP). En 1978, tras someter una fotografía de la reliquia a un analizador de imágenes VP-8, John Jackson y Eric Jumper concluyeron que la imagen de la sábana santa era tridimensional. Sólo había un problema: habían adaptado los datos a lo que buscaban después de que “el primer resultado obtenido fue el de una imagen humana en tres dimensiones distorsionada en varios lugares”, tal como explicaba el periodista científico Michel Rouzé en 1983. Jackson y Jumper modificaron, entonces, los datos para evitar que el resultado fuera una imagen grotesca y obtener la representación tridimensional ideal que tenían en mente desde el principio para Jesús de Nazaret. ¿Y qué tiene que ver esto con la postura de la escultura sevillana? Pues que Jackson y Jumper usaron en su experimento un modelo humano tumbado sobre una superficie plana y con las piernas estiradas. “Los autores de la exposición se cargan también la historieta sindonológica de que la impresión sólo tuvo lugar hasta una distancia máxima -otro invento ad hoc para justificar que no aparezca en la imagen parte del cráneo- porque, si las rodillas hubieran estado flexionadas, la sábana hubiera quedado mucho más alejada de las piernas que de la cabeza”, indica Calvo.

Y además, “si ya era raro un judío de la época de 1,8 metros, si tuviera las rodillas flexionadas y la cabeza alzada, la altura real rondaría los 1,95 o 2 metros”, apunta el historiador. Jesús sería un gigante, físicamente hablando, lo que podría caber dentro de lo posible, pero genera otro grave problema. “La piedra sepulcral tendría que haber sido tallada  más o menos a medida -la postura sería completamente distinta en otro caso-, pero, en el caso de Jesús, según los Evangelios, éste fue enterrado en un sepulcro que no era suyo, sino de José de Arimatea. Ya es coincidencia que José tuviera una talla semejante a la de Jesús y que ambas fueran excepcionales, tanto que no sé que haya ningún resto de judío de la época con tal estatura”, destaca Calvo. Además, que el cuerpo fuera depositado en el sepulcro tal cual tampoco casa con la tradición. “Un cadáver sin afeitar y sin lavar no puede ser un entierro judío normal porque el rito del lavado purificador es obligatorio tanto entonces como hoy”.

Mentiras y más mentiras

Los promotores de la muestra sevillana -”estos tipos se hacen trampas jugando al solitario”, ironiza Calvo- no sólo falsean las pruebas, sino que también mienten descaradamente cuando dicen cosas como que “la ciencia forense ha demostrado que esta tela en algún momento de su historia cubrió a un hombre que sufrió una tortura que se corresponde con los datos que mantiene el cristianismo”, que “la imagen es anatómicamente correcta”, que “posee nueve características a las que la ciencia no puede dar explicación”, que “hay elementos que certtifican que la sábana ya existía antes de la datación del carbono 14″, que “los datos son atroces y la ciencia forense no deja duda, la sábana santa envolvió el cuerpo de un hombre que sufrió una tortura extrema”.

Para empezar, lo que la ciencia ha demostrado, y está publicado en la revista Nature desde 1989, es que el lino de la tela data de “entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”, según el carbono 14. Con ese dato objetivo debería bastar, pero es que tampoco hay ninguna prueba de la existencia de la reliquia antes de esa época, la presunta sangre ha resultado ser pintura y la iconografía, los materiales y las técnicas empleadas sitúan la confección de la reliquia en Francia a mediados del siglo XIV. Es decir, es un invento medieval realizado, muy posiblemente, a partir de un bajorrelieve. En más de un siglo de presuntos estudios, los sindonólogos no han publicado en una revista con revisión por pares ni un artículo que respalde que el sudario de Turín sea de la época de Jesús de Nazaret y, desde 1989, ni un estudio ha refutado los datos del carbono 14, que son sólo la puntilla a la disparatada historia de la pieza.

Nada de esto se cuenta en la muestra del museo arqueológico sevillano, patrocinada por el Ayuntamiento de la ciudad y la Archidiócesis de Sevilla, como el año pasado lo estuvo en Málaga por las correspondientes instituciones locales. La verdad les es ajena a los sindonólogos en general y a los promotores de la exposición sevillana en particular, que venden un montón de mentiras a quienes pagan 6 (precio reducido) u 8 euros por entrar a la muestra. Y que el Antiquarium acoja una exposición de estas características no sólo desprestigia a ese museo, sino que, además, es un insulto a la arqueología y la historia.