La ‘conspiranoia’ del cáncer provocado de Hugo Chávez: ¿y si se lo causaron los extraterrestres?

Lo confieso: no me sorprendió que el vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dejara caer ayer que el cáncer que ha matado a Hugo Chávez fue provocado por Estados Unidos. Ya lo dijo el fallecido hace un año: “¿Sería extraño que hubieran desarrollado una tecnología para inducir el cáncer y nadie lo sepa hasta ahora, y se descubra esto dentro de cincuenta años o no sé cuánto? No lo sé. Sólo dejo la reflexión”. Y seguidamente citó a otros cuatro dirigentes latinoamericanos que habían padecido la enfermedad: Dilma Rousseff, Fernando Lugo, Lula da Silva y Cristina Fernández de Kirchner.

“Nosotros no tenemos ninguna duda. Llegará el momento indicado de la Historia en que se podrá conformar una comisión científica” que revelará “que el comandante Chávez fue atacado con esta enfermedad. Los enemigos históricos de esta patria buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante”, dijo ayer Maduro en la televisión, horas antes de anunciar la muerte del presidente venezolano. Nada mejor que desviar la atención hacia un enemigo exterior para tener al pueblo unido en el momento de la desaparición del líder. Es un clásico del populismo y del nacionalismo.

La acusación de Chávez y Maduro contra EE UU es conspiranoia en estado puro. Lo era en diciembre de 2011, cuando el fallecido la dejó caer por primera vez, y lo sigue siendo ahora. En nada se diferencia de estupideces como achacar a un pacto de los haitianos con el Diablo el terremoto que asoló el país caribeño en enero de 2010, tal como hizo el telepredicador Pat Robertson, o atribuir a ETA los atentados del 11M, como hizo recientemente Esteban González Pons, vicesecretario general de Estudios y Programas del PP. Hay tantas pruebas del origen capitalista del cáncer de Chávez como de que se lo hayan provocado los extraterrestres, los pitufos o practicantes de vudú.

Ya hace un año que, por si alguien tuviera alguna duda, el biólogo Andrés Rodríguez Seijo demostró que la teoría cancerígena de Chávez era un sinsentido. Los cánceres que habían padecido los líderes latinoamericanos invocados por el militar eran los propios de su edad y alguno tenía, además, antecedentes familiares. Rodríguez Seijo recordaba casos de políticos españoles aquejados de la enfermedad en los últimos años: Esperanza Aguirre, José Montilla, Iñaki Azkuna Josep Antoni Duran i Lleida, María San Gil, Uxue Barkos, Ana de Palacio y Loyola de Palacio. Y se preguntaba irónicamente: “¿Significa [esto] que la CIA está elaborando un complot en España para afectar con cáncer a diferentes dirigentes políticos o es simplemente una suma de factores de edad (mayores de 50), genética (caso de Palacio, similar al de Lula), factores ambientales y/o aumento probabilidades de padecer un cáncer?”.

“Es imposible”

El vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro. Foto: Efe.Hoy, los oncólogos consultados por los medios de comunicación han coincidido en señalar lo disparato de lo apuntado por Madero y Chávez. “Es imposible que se pueda inocular un cáncer, ya sea por la vía oral (mezclado en una bebida o comida) o por una inyección en la vena, en la grasa o el músculo. Inyectadas, el sistema de defensa del receptor mataría (rechazaría) inmediatamente a las células cancerosas trasplantadas de igual modo que se rechaza un órgano que es incompatible. Ingeridas por la boca, las células cancerosas serian digeridas inmediatamente por los jugos gástricos e intestinales”, ha escrito Elmer Huerta, presidente de la Sociedad del Cáncer de Estados Unidos, en su blog del diario peruano El Comercio.

“Es totalmente imposible. Existen algunos virus que pueden producirlo, pero el cáncer no se trasmite por ninguna vía. La persona que lo padece tiene una alteración en su genes que ha provocado una trasformación maligna de las células”, ha explicado Javier Espinosa, secretario científico de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en declaraciones a Europa Press. Respecto a la posiblidad de envenenar a alguien para que desarrolle la enfermedad, Huerta ha recordado que, “para que una sustancia química cause cáncer, se sabe que es necesario un larguísimo tiempo de exposición al elemento químico, y aquí estamos hablando de dosis constantes y prolongadas durante muchos años. La idea de que una sola dosis del veneno pueda causar cáncer no tiene entonces fundamento científico”. Además, en declaraciones a Radio Universidad Nacional del Litoral,  el oncólogo argentino Luis Romero Acuña, para quien la teoría de la conspiración “es un desvarío”, ha señalado que “tampoco se pueden comparar las enfermedades de Lugo, Lula, Dilma y Chávez. Recordemos que Chávez tuvo un tumor muy raro en la pelvis. Ningún oncólogo serio puede pensar en esto”.

La conspiranoia cancerígena chavista no es una anécdota menor, como no lo son las del 11-S y el 11-M. Chávez y Maduro no han culpado a los diabólicos Estados Unidos del cáncer del primero porque sí, sino como parte de su estrategia de manipulación de la opinión pública. En palabras de Huerta -que suscribo-, el vicepresidente venezolano “ha plantado en la mente de la gente una idea que, por descabellada que sea, se quedará para siempre en el pensamiento de millones de personas, quienes creerán, hasta el fin de sus días, que el imperio o quien quiera que sea, le causó el cáncer al señor Chávez. Cuando la gente es fanática, no hay nadie que le pueda sacar de la cabeza una idea, y el señor Maduro ya la plantó para siempre…”. Ha demostrado con su conspiranoia populista ser digno sucesor del fallecido Hugo Chávez.