El negocio del miedo, las mentiras de Geosanix y el periodismo gilipollas

El miedo a las ondas electromagnéticas ha dado en España origen a un negocio basado en la mentira e impulsado por el periodismo más irresponsable y científicamente analfabeto. El último ejemplo de este maridaje lo podemos ver en la web de la revista SModa, que se distribuye los sábados con el diario El País. Es un reportaje con un título alarmante, “¿Dormir con el móvil en la mesilla de noche? No, no, no”, y un largo subtítulo no menos inquietante: “La contaminación invisible de móviles y redes WiFi puede dejarte en vela. Numerosos estudios relacionan una prolongada exposición a radiaciones con el agotamiento de los sistemas de autorregulación de los seres vivos”.

Reportaje alarmista sobre el peligro de las ondas de radiofrecuencia publiocado en la web de 'SModa'.

Todo en esta pieza periodística -de la que me han alertado varias personas por Twitter, Facebook y el correo electrónico- es tan llamativo como falso. Estamos ante una muestra paradigmática de periodismo gilipollas, ése que da cualquier tontería por cierta -desde las capacidades adivinatorias del pulpo Paul hasta las posesiones demoniacas- y no hace ninguna comprobación porque la realidad nunca ha de estropear una buena historia. De ahí que lo que sostiene la autora, Natalia Martín Cantero, no se base en ninguna fuente fiable, sino en una sucesión de afirmaciones anticientíficas procedentes de Geosanix, empresa que se dedica a inventarse riesgos ambientales y vender soluciones en forma de asesoría y artilugios de protección. De hecho, la única voz que se escucha en todo el reportaje es la del zahorí Fernando Pérez -que se suele hacer llamar geobiólogo porque queda como más serio-, presidente de Geosanix.

“Numerosos estudios” que son sólo uno

“Numerosos estudios relacionan una prolongada exposición a radiaciones diversas con el agotamiento de los sistemas de autorregulación de los seres vivos. Entre los síntomas más comunes en una primera fase se encuentra la dificultad para conciliar el sueño o dolores de cabeza”, escribe mi colega. Y enlaza “numerosos estudios” con la web del Informe Bioinitiative, una de las citas recurrentes de las asociaciones antiantenas. Según las conclusiones ese estudio, habría pruebas de que la exposición a las ondas de radiofrecuencia favorece diversos tipos de cáncer y hasta el autismo, y, durante el embarazo, predispone a la hiperactividad de la futura criatura.

Si ya es engañoso hablar de “numerosos estudios” y citar sólo uno, más lo es que éste no se haya publicado en ninguna revista con revisión por pares, que sus autores lo colgaran en Internet y que, cuando ha sido sometido a análisis por otros expertos, se ha derrumbado como un castillo de naipes. El Consejo de Salud de Holanda, el Centro Australiano para la Investigación de los Bioefectos de la Radiofrecuencia (ACRBR), el grupo de análisis de los efectos de los campos electromagnéticos de la Comisión Europea, el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE), la Oficina Alemana de Protección contra la Radiación, y la Agencia Francesa para la Seguridad de la Salud Ambiental y Ocupacional coinciden en que el Informe Bionitiative no cumple los mínimos requisitos científicos y en que no hay pruebas que apoyen lo que dice.

La autora del reportaje de SModa podía haberse enterado de eso simplemente consultando la entrada correspondiente de la Wikipedia. Algo más habría tenido que profundizar, pero no mucho, para comprobar que el consenso científico es el contrario a lo que ella sostiene. “Los resultados de estas investigaciones epidemiológicas (se refieren a las de los últimos veinte años) son muy consistentes y tranquilizadores, y han llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos a decir que no hay evidencia concluyente o consistente de que la radiación no ionizante emitida por los teléfonos celulares esté asociada con un mayor riesgo de cáncer”, sentenciaban en julio de 2011 John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología de EE UU, en un editorial en el Journal of the National Cancer Institute, la revista de investigación contra el cáncer más importante del mundo. Resumiendo: no hay ningún estudio que haya demostrado nocividad alguna en las ondas de radiofrecuencia.

El Journal of the National Cancer Institute daba a conocer en ese mismo número los resultados del primer estudio epidemiológico sobre móviles y cáncer cerebral en niños, según los cuales los pequeños que usan el celular habitualmente no corren un mayor riesgo de sufrir un tumor que los que no lo hacen. Boice y Tarone añadían en su artículo que la inclusión por la OMS de los teléfonos móviles entre los posibles agentes cancerígenos -citada en el reportaje de SModa como prueba de su peligrosidad- se había basado en pruebas limitadas e inadecuadas. Y ésta tampoco es una opinión aislada, porque la decisión de los expertos de la Agencia Internacional de Investigaciones contra el Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el corrrespondiente informe en la revista The Lancet Oncology. En nuestro país, el entonces secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, no dieron crédito alguno a ese dictamen.

¿Recomendaciones? No, tonterías

“Si se trata de poner límites, hay que comenzar por el dormitorio, el espacio donde pasamos más tiempo. La precaución más básica es desenchufar el router y apagar el móvil que mucha gente tiene por costumbre dejar en la mesilla de noche. Otras recomendaciones menos conocidas pero igualmente importantes son evitar colocar en la pared contigua un electrodoméstico ya que, aún estando apagado, emite radiaciones que traspasan la pared. Tampoco es conveniente poner a cargar el móvil cerca de la cama, ni usar un radiodespertador”, escribe la periodista al dictado de Geosanix. Esas recomendaciones -como todas las demás que hace- son, simple y llanamente, tonterías copiadas por la autora de la web de Geosanix, como descubrió ayer la bióloga y escéptica Adela Torres.

Supongo que en Geosanix estarán encantados con esta publicidad gratuita. Ellos y otras firmas y fundaciones del entramado que explota el miedo electromagnético hacen negocio asesorando a los presuntos afectados, defendiéndoles legalmente y vendiéndoles todo tipo de inútiles cachivaches para protegerles de una amenaza que sólo existe en sus mentes. Y, si algo demuestra su web, es cómo hay medios que, por incultura o sensacionalismo, les siguen el juego. Es cierto, como dice Fernando Pérez, que “existe una gran desinformación al respecto” de las ondas electromagnéticas y la salud. Habla con conocimiento de causa: él y sus socios  son la fuente de esa desinformación.