La Muestra de Cine de Medio Ambiente de Vitoria fomenta la histeria electromagnética y la anticiencia

El Centro de Estudios Ambientales (CEA), un organismo dependiente del Ayuntamiento de Vitoria, ha programado dentro de la Muestra de Cine de Medio Ambiente de la capital alavesa la proyección el 28 de noviembre de un documental realizado por los promotores del pánico electromagnético en España. La cinta La red nociva, dirigida por Ariel Achútegui Suárez, es una producción de Vealia TV, empresa que forma parte de un entramado de entidades con sede social en el 6º derecha del número 36 de la calle Príncipe de Vergara, en Madrid. Ese grupo de sociedades y fundaciones se dedica, entre otras cosas, a fomentar la histeria electromagnética, vender servicios de asesoría legal a presuntos afectados por las ondas de radiofrecuencia y comercializar todo tipo de artilugios de protección ante una amenaza, en realidad, inexistente.

El documental es un producto contra el programa Escuela 2.0, iniciativa puesta en marcha por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que persigue la implantación de las tecnologías de la información en las aulas mediante redes Wi-Fi, y cuya variante vasca es el programa Eskola 2.0. Todas las pruebas se reducen a testimonios de presuntos expertos, sindicalistas, políticos, supuestos afectados y dos médicos que los tratan. Así, entre los primeros, destacan José Miguel Rodríguez, de la Fundación para la Salud Geoambiental -una de las firmas del entramado del que forma parte Vealia TV-, Agustín Bocos, que se presenta como abogado ambientalista, y Miguel Solans, un médico de atención primaria al que graban delante de una cristalera con especialidades como acupuntura y homeopatía. Los sindicalistas hablan sin conocimiento de causa, e Izquierda Unida hace una demostración de populismo y analfabetismo anticientífico. Únicamente, un representante del PSOE da una visión realista del estado de la cuestión.

José Miguel Rodríguez, de la Fundación para la Salud Geoambiental, en 'La red nociva'.“Es como si todos nuestros niños estuvieran dentro de un gran horno microondas, con una intensidad, lógicamente, inferior. Pero, considerando también que están en un proceso de desarrollo neurológico, la afectación es mayor que en las personas mayores”, dice el médico de atención primaria, quien sostiene que ha habido un aumento de patologías infantiles directamente relacionadas con la exposición a las fondas de radiofrecuencia. Algo falso, porque nadie ha demostrado que las emisiones Wi-Fi tengan efecto orgánico alguno. Pero eso no importa cuando de lo que se trata es de sembrar el pánico, como hace Joaquim Fernández-Sola, médico del hospital Clínico de Barcelona que trata a pacientes de las inexistentes hipersensibilidad electromagnética y química, enfermedades tan reales como las posesiones demoniacas.

En La red nociva no habla ni un científico. Ni uno. Y, por supuesto, los participantes no presentan ni una prueba de lo que afirman. ¿Por qué? Porque, sencillamente, no pueden. Y es que, después de miles de estudios y varias décadas, no hay ninguna prueba de que el miedo a las ondas de radiofrecuencia tenga más base real que el anterior a que los hornos microondas provocaran cáncer. Todo lo que dicen en este documental los supuestos expertos, médicos y afectados son mentiras, medias verdades y creencias en beneficio del negocio del miedo. Hay gente que cree estar físicamente enferma por la exposición a emisiones Wi-Fi y ondas de telefonía, pero todas las pruebas apuntan a que sus males tienen un origen mental y como tal tienen que tratarse. ¿Que hay médicos que los atienden como si sus mal tuviera un origen orgánico? Lógico. Puede que también estén confundidos. O que no. Como apuntaba en 2007 años Pepe Cervera, “las enfermedades se pueden inventar, y una vez inventadas siempre hay quien acaba por sugestionarse hasta enfermar y quien se beneficia de curarlas”.

Flaco favor hace el CEA al programar este despropósito dentro de la Muestra de Cine y medio Ambiente de Vitoria. La red nociva es un producto equiparable a esos documentales en los que se sostiene que el VIH no es la causa del sida, que las plantas piensan o que los atentados del 11-S se planificaron dentro del Gobierno de Estados Unidos. Como alternativa a este disparate conspiranoico y anticientífico, les dejo aquí el capítulo de Escépticos titulado “¿Las ondas del mal?”, en el que, por cierto, hablan científicos: