¿Tiene Mariló Montero pruebas de que el alma exista y se trasplante? ¿No? Pues, que se calle

Mariló Montero ha matizado hoy sus palabras de ayer en TVE, en las que sembró dudas sobre la conveniencia de que órganos de criminales entren en el sistema nacional de trasplantes. “¿Está bien donar órganos de alguien que ha matado a otras personas, aunque antes de convertirse en un asesino se dijera de él que era un buen hombre? ¿Alguien querría recibir el pulmón, el hígado, el corazón… de otro que ha quitado vidas? ¿Pasa algo por llevar el órgano, dentro de ti, de una persona que ha matado a otros?”, se preguntaba. Y concluía alegrándose de que la Organización Nacional de Trasplantes hubiera decidido no hacer uso de los del asesino de El Salobral: “No puedo negar que he sentido tranquilidad al saber que los órganos de este hombre no van a dar vida a nadie”.

En el editorial de cierre de La Mañana de La 1, la periodista ha pedido hoy disculpas a quienes pudieron sentirse ofendidos por esas palabras y ha añadido que es donante de órganos, pero se ha reafirmado en las dudas sobre la transmisión del alma a través de trasplantes. Y ha citado en apoyo de su postura el caso de la actriz francesa Charlotte Valandrey. “Hice una pregunta de si el órgano tiene alma porque, precisamente en La Vanguardia, una trasplantada de corazón contaba que sentía el espíritu del hombre que le cedió su corazón”. Si Montero basa sus opiniones en lo que se dicen los entrevistados en la última página del diario barcelonés, una sección en la que la superchería campa a sus anchas, ¡apaga y vámonos! Pero vayamos por partes.

¿Qué es eso del alma? Montero ha vuelto a mezclar hoy una entelequia religiosa con el mundo real. Para que el alma se transmita, se ha de dar un presupuesto anterior: que exista. Por las mismas, la periodista podía haber dicho que teme que los órganos procedentes de alguien no particularmente inteligente puedan transmitir la energía estúpida, que atonta al personal hasta límites increíbles, ya que hay tantas pruebas de la existencia del alma como de la de la energía estúpida. Si ella cree en el alma, es sólo su creencia; nada más. Lo mismo que si creyera en la energía estúpida, vamos. Argumentar que “no está científicamente demostrado” que el alma no se transmita en un trasplante es una imbecilidad y, además, traslada la carga de la prueba de quien hace la afirmación, ella, a quien pedimos que eso se demuestre. Quien debe demostrar que existe el alma y se transmite a través de órganos trasplantados es quien sostiene que pasa eso; nadie debe probar lo contrario.

Bulos en la televisión pública

A raíz de los disparates de Montero, la Organización Nacional de Trasplantes ha puntualizado que, ante una donación, “sólo se valora la situación clínica del donante” y no se tiene en cuenta su posible conducta delictiva o conflictiva. El director de la entidad, Rafael Matesanz, ha explicado a Europa Press que “no tiene sentido” sostener que la personalidad de alguien pueda transmitirse a través de la donación, ya que el corazón, el riñón, los pulmones y el hígado son órganos sin memoria. Y ha añadido que el concepto religioso de alma “debería quedar al margen” de cualquier debate sobre el trasplante de órganos. Los recuerdos, la personalidad, el yo, residen en el cerebro y, de eso, no hay ninguna duda. La memoria celular, tan querida para Montero, es un invento para vender libros, y el caso de Valandrey es tan frágil que la actriz reconocía recientemente en XL Semanal que su experiencia no es concluyente: “Yo encontré la explicación a los recuerdos que no eran míos en la teoría de memoria celular, pero tampoco rechazo la idea de que, cuando uno vive una cirugía tan importante, sea normal que cambie, que se convierta en alguien diferente”.

Sin tapujos ni falsas diplomacias: lo que sostiene la presentadora de La Mañana de La 1 es una estupidez. De principio a fin. Y, por mucho que hoy haya dicho que sólo se ha planteado preguntas, la realidad es que ha hecho afirmaciones muy graves. Si ella cree esas supercherías, es su problema; pero usar la televisión pública para difundir bulos sobre un asunto tan delicado como el trasplante de órganos es inadmisible. Mariló Montero ha intentado saltar del periodismo del corazón al periodismo con cerebro y se ha precipitado desde lo alto de su ignorancia. Una ignorancia que nos sale a unos nada despreciables cerca de 600 euros por programa, después de que hace poco le rebajaran el sueldo un 40% debido a los recortes presupuestarios de TVE.