Reiki contra la sensibilidad química múltiple, un remedio mágico contra un mal imaginario, en La 2

Mujer que cree padecer SQM se somete a reiki en la Escuela del Bienestar. Foto: TVE:

Todavía no me había recuperado de la visión de Javier Arenas Power Balance en alto durante el mitín de cierre de campaña de las elecciones andaluzas, cuando he presenciado en La 2, a primera hora de la tarde, un quimiofóbico reportaje en El Escarabajo Verde. Este espacio se presenta como un programa de “documentales sobre medio ambiente, sostenibilidad, naturaleza”; pero, por lo que he visto, está en realidad dedicado a fomentar la ecolatría y el alarmismo anticientífico. Hoy, han hablado de cómo la exposición a sustancias químicas de síntesis provoca en algunas personas una amplia variedad de síntomas: dolores de cabeza y articulares, problemas respiratorios, náuseas, fatiga… Es lo que se llama el síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM).

“¿Conoce a alguien que se siente fatal al oler perfumes, gasolina, insecticidas o productos de limpieza? En España, 300.000 personas padecen sensibilidad química múltiple (SQM). Y ni la Sanidad pública la trata ni los médicos la conocen”, puede leerse en la presentación de esta entrega de El Escarabajo Verde. El programa, que pueden ver aquí, da por hecho que la SQM “la provocan el progreso tecnológico y la industrialización descontrolada en que vivimos”, y que poco menos que hay una conspiración para que la Sanidad pública no cubra su tratamiento. Los autores del reportaje sostienen, en contra de toda la evidencia científica, que es una enfermedad que “se contrae por exposiciones a insecticidas, herbicidas o productos de limpieza”, y que no es una patología mental. Sin embargo, los ensayos clínicos apuntan a que la SQM es una dolencia de origen psicosomático, al igual que la denominada hipersensibilidad electromagnética y las posesiones demoniacas.

Ecobola e imposición de manos

En El Escarabajo Verde, han dado hoy la espalda el veredicto de la ciencia para presentar al espectador sólo testimonios de afectadas, de médicos que las tratan en sus consultas privadas, y de centros donde las pacientes se someten a terapias energéticas como el reiki y les recomiendan el uso de la ecobola para lavar la ropa. Visiten ustedes la web de la denominada Escuela del Bienestar, alabada en el reportaje, y comprueben cómo ese centro ofrece una variedad de pseudoterapias para tratar a esta gente que incluyen la osteopatía energética celular; el reiki; el zen; la terapia reconectiva; la meditación; la terapia Homa… Los reporteros del programa, tan naturales ellos, dan por buenas todas esas chifladuras y la palabra de las enfermas. No dudo de que esas mujeres lo estén pasando mal; pero no hay ninguna prueba de que su calvario tenga un origen orgánico. Todo lo contrario.

Al igual que ocurre con la hipersensibilidad electromagnética, las pruebas científicas apuntan a que la SQM existe únicamente en la medida en que hay gente que cree que lo sufre. Y, obviamente, en cuanto hay quien cree que padece una patología, hay quien asegura paliarla. ¡Siempre habrá alguien dispuesto a ganarse la vida inventándose tratamientos para enfermedades inexistentes! Como en el caso del pánico electromagnético, también los expertos en la SQM optan por hacer negocio antes que por publicar investigaciones en revistas científicas. El momento más alucinante de este anticientífico y sensacionalista reportaje -titulado “SQM, la agresión invisible”- está al final, cuando las cámaras muestran a enfermas sometiéndose a reiki, imposición de manos, en la Escuela del Bienestar en Montcada i Reixac (Barcelona). Está claro: el mejor tratamiento para un mal imaginario es la magia.

Las pruebas de doble ciego han demostrado que los pacientes con sensibilidad química múltiple reaccionan igual ante placebo que ante los supuestos agentes químicos que les causarían el mal. O, lo que es lo mismo, que no hay una causa orgánica detrás del síndrome. Ronald Gots, un especialista que ha revisado los historiales de más de un centenar de enfermos, describe la SQM como la etiqueta puesta a gente que no se siente bien por una variedad de razones y que comparte la creencia de que la culpa es de su sensibilidad a los productos químicos, según recoge Stephen Barrett, experto en la crítica de las pseudomedicinas. Gots añade: “La SQM desafía cualquier clasificación como enfermedad. No tiene características consistentes ni una causa uniforme, ni características mensurables u objetivas. Existe porque el paciente cree en ella y hay un médico que confirma esa creencia”. Barrett, por su parte, recuerda que la minoría de médicos que cree en la SQM se corresponde con los llamados ecológicos o expertos en medicina ambiental, profesionales cuyas prácticas se sitúan en los límites de la medicina, cuando no son abiertamente pseudocientíficas.

Hace una semana, ETB hacía apología de la antivacunación; hoy, TVE la hace de una enfermedad inexistente y de quienes tratan a los no-enfermos. Para llorar.