El primer ‘mensaje en una botella’ para extraterrestres lo lanzamos al Cosmos hace 40 años en la ‘Pioneer 10′

El mensaje de la 'Pioneer 10', tal como lo presentaron Sagan, Drake y Salzman en la revista 'Science' en 1972.

El primer mensaje deliberado a extraterrestres partió de la Tierra hace 40 años a bordo de la Pioneer 10, que en 1983 se convirtió en el primer ingenio humano en abandonar el Sistema Solar. La nave, que despegó de Cabo Cañaveral (Florida) en lo alto de un cohete Atlas-Centaur el 2 de marzo de 1972, lleva una placa de oro anodizado con las figuras de un hombre y una mujer, y símbolos que permitirían, si un ser inteligente la encuentre, deducir el origen geográfico y temporal de la sonda. Su gemela, la Pioneer 11, inició su viaje el 6 de abril de 1973 y lleva otra placa idéntica.

La Pioneer 10 y su hermana son botellas lanzadas por el ser humano a la inmensidad de Cosmos con sendos mensajes. La probabilidad de que algún día un alienígena tope con ellas es prácticamente nula, como pasa con los discos de oro con imágenes, sonidos y saludos de la Tierra de las dos Voyager. Pero son todo un símbolo del progreso humano y de la búsqueda de otras inteligencias en el Universo, aventura que empezó de forma pasiva en abril de 1960, cuando Frank Drake usó la antena del observatorio de Green Bank durante 200 horas para captar posibles señales de Epsilon Eridani y Tau Ceti. Dos años después del despegue de la primera de las Pioneer, llamamos por primera vez a otros mundos desde el radiotelescopio de Arecibo con un mensaje de radio dirigido a M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz.

La idea de que las Pioneer llevaran un saludo interestelar fue de los escritores Eric Burgess  y Richard C. Hoagland, según explicaron el astrofísico Carl Sagan y sus colaboradores en la revista Science en 1972, en un artículo titulado “A message from Earth” (Un mensaje de la Tierra). Con los años, Hoagland se convirtió en un conspiranoico, un defensor de la idea de que la NASA oculta las pruebas de la existencia extraterrestres, y ganó un Ig Nobel en 1997 “por identificar estructuras arficiales en la Luna y Marte, incluyendo un rostro humano en Marte y edificios 10 millas de altura en la cara oculta de la Luna”. El autor de Cosmos abrazó con entusiasmo la idea del mensaje en la botella  de Burgess y Hoagland, y se la propuso a la NASA, que le dio tres semanas para diseñar la placa, tarea en la que le ayudaron Drake y Linda Salzman, artista y segunda esposa de Sagan.

Polémica

La 'Pioneer 10', poco antes del lanzamiento. Foto: NASA.La placa -de 22,9 centímetros de anchura y 15,2 de altura- incluía, entre otras información, nuestra dirección cósmica y las siluetas de un hombre, de una mujer y de la nave a la misma escala para que los alienígenas se hicieran una idea de nuestras proporciones. “Carl sugirió la posibilidad de presentar un mapa con la Osa Mayor y unas cuantas constelaciones más. Esto determinaría la época del lanzamiento con una precisión de unos 10.000 años y el lugar del lanzamiento con una precisión de unos 20 o 30 años”, explica Drake en el libro Murmullos de la Tierra (1978). Al final, dibujaron un mapa de catorce púlsares que, unido al esquema del Sistema Solar, hace que el mensaje especifique “una estrella en aproximadamente 250.000 millones y un año (1970) en aproximadamente 10.000 millones de años”, indica Sagan en La conexión cósmica (1973).

En un principio, el astrofísico pensó en poner a los dos seres humanos de la mano, pero al final optó por separarlos para que quedara claro que eran dos individuos y no uno. El mensaje de la Pioneer 10 molestó a las mentes bienpensantes. Así, aunque el diseño original incluía una pequeña línea para simbolizar la vulva femenina, al final la rayita fue eliminada porque, si no, la NASA no daría el visto bueno a la placa. Además, los grupos conservadores vieron con malos ojos a los dos humanos desnudos; las feministas, que la mujer pareciera estar un paso por detrás del hombre, que, además, era el que saludaba; y la pareja les parecía a unos blanca, a otros negra…

“Algunos expresaron sorpresa y alarma porque intuían que la figuras humanas se parecían demasiado a su propia raza, sea cual fuere. Aunque parezca mentira, esta objeción la formularon miembros de todas las razas; debajo de esto debe haber oculta alguna profunda verdad psicológica”, escribía Drake hace 35 años. La realidad es que los autores habían intentado componer las dos figuras a partir de rasgos de varias razas para que simbolizaran mejor a nuestra especie. Lo que preocupaba a los humanos era, paradójicamente, lo que probablemente fuera a resultar más enigmático para una civilización alienígena: las figuras humanas. El mensaje de las Pioneer se convirtió, como dice Sagan, en “una especie de prueba cósmica de Rorschach”, en la que cada uno proyectaba sus miedos, anhelos, esperanzas…

La Pioneer 10 fue la primera nave humana en atravesar el Cinturón de Asteroides, sobrevolar Júpiter y salir del Sistema Solar. Se aleja de nosotros a 12,24 kilómetros por segundo y, dentro de 2 millones de años, pasará cerca de Aldebarán, la estrella más próxima a su trayectoria. Sujeto a los puntales de su antena y gracias al vacío del espacio interestelar, nuestro mensaje lanzado al Cosmos hace 40 años “puede permanecer intacto durante centenares de millones de años y, probablemente, por un periodo de tiempo mucho mayor. De ahí que éste sea el artefacto construido por la Humanidad con una más larga esperanza de vida”, según Sagan. La Pioneer 10 envió su último mensaje el 23 de enero de 2003, antes de quedarse sin energía para seguir comunicándose con la Tierra. Estaba a 12.000 millones de kilómetros de casa.