El Colegio de Médicos de Vizcaya organiza un curso sobre homeopatía “porque, hoy por hoy, es una realidad social”

El Colegio de Médicos de Vizcaya y la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao han organizado, patrocinado y pagado por Laboratorios Boiron, un curso sobre el tratamiento de la ansiedad con homeopatía. El objetivo es dar una visión general de esta práctica y sus productos a los médicos de atención primaria y, en concreto, sobre “sus posibilidades de prescripción de la patología ansiosa”. Con tres horas de duración, se celebrará el 7 de marzo en la sede colegial y el ponente será José Ignacio Torres Giménez, médico y “especialista universitario en homeopatía“. ¿El precio? 35 euros para colegiados y 60 para no colegiados. No es una tomadura de pelo, aunque lo parezca. ¿Es que los responsables del Colegio de Médicos de Vizcaya y de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, entidades que integran la Fundación de Estudios Sanitarios,  encargada de este tipo de cursos de formación, ignoran lo que es la homeopatía? No; pero, antes de contarles lo que me han dicho cuando les he transmitido mi estupefacción porque den cancha a una  pseudociencia, voy a recordar cuál es el estado de la cuestión homeopática.

La homeopatía se basa actualmente en tres principios: que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad es la que los cura; que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos; y que el agua tiene memoria. Ese trío de falsedades se traduce en unos remedios tan diluidos que no queda en ellos ni una molécula de principio activo y una muy rentable industria de venta de agua y pastillas de azúcar como si fueran sustancias curativas. Los productos homeopáticos no son nada, pero se venden en farmacias a pesar de que ninguno de ellos tiene la autorización correspondiente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y gracias a que las autoridades sanitarias hacen la vista gorda. Además, hablar de medicamentos, en el caso de estos compuestos, suena a chiste cuando ninguno de ellos ha superado un ensayo clínico, algo que la Ley exige a los fármacos de verdad.

Unanimidad científica

“Las revisiones (de estudios científicos) realizadas concluyen que la homeopatía no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta, los resultados de los ensayos clínicos disponibles son muy contradictorios y resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo“, sentencia el reciente informe sobre las mal llamadas terapias alternativas del Ministerio de Sanidad. El texto subraya que “numerosos estudios concluyen que la eficacia de la homeopatía es similar a la de un placebo” y añade, en lo que a cualquiera que sepa de qué va esta pseudoterapia le parecerá una humorada, que “los medicamentos homeopáticos, en diluciones extremadamente altas, utilizados bajo la supervisión de profesionales se consideran seguros, la ocurrencia de eventos adversos severos es muy improbable y se han comunicado escasas complicaciones asociadas a su consumo”. Lo sabemos de buena tinta quienes nos hemos suicidado varias veces con Sedatif PC, unos somníferos homeopáticos de Boiron, y aquí seguimos. El dictamen de Sanidad sólo puede haber sorprendido a quien viva en otro mundo.

El Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes urgió en 2010, en un informe publicado tras varios meses de investigación, al Servicio Nacional de Salud (NHS) británico a que deje de financiar la homeopatía porque “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”, y pidió a Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) que impida que las etiquetas de sus productos incluyan afirmaciones sobre su uso médico sin que su eficacia haya sido demostrada porque. “Como no son medicinas, los productos homeopáticos no deberían tener licencia de la MHRA”, indicaba el dictamen. “La homeopatía es brujería. Es una desgracia que, situado entre el Hospital Nacional de Neurología y Great Ormond Street (en Londres), haya un Hospital Nacional de Homeopatía que financia el NHS”, dijo Tom Dolphin, vicepresidente del comité de médicos jóvenes de la prestigiosa Asociación Médica Británica (BMA), entidad que pidió al NHS  que deje de financiar los remedios homeopáticos y cuatro hospitales homeopáticos, lo que supone un desembolso anual de 4 millones de libras -4,9 millones de euros- a las arcas públicas.

“La capacidad terapéutica de la homeopatía ha sido científica y concluyentemente refutada”, dijo en 2010 el neurólogo Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón (SCJ). Para la máxima autoridad científica japonesa, no hay duda de que, en los remedios homeopáticos que usan agua como disolvente, “sólo hay agua”, y pretender que ésta tiene memoria es algo absurdo y sin base científica. Coincide con él Francico J. Ayala, para quien “la homeopatía no tiene ningún fundamento científico. Se basa en conceptos completamente erróneos: que queda algo de una sustancia cuando se diluye miles y miles de veces en agua o alcohol y que, cuanto menor cantidad de sustancia hay en la dilución, mayores efectos va a tener”. El biólogo español considera que abrir la Universidad a la homeopatía es abrirla a la anticiencia y que los científicos no deben callarse ante este tipo de atropellos, sino pronunciarse abiertamente para “evitar que en las universidades se presente como ciencia algo que no lo es”.

El médico Edzard Ernst, primer catedrático de Medicina Complementaria del mundo, sostiene que “la homeopatía no es medicina, no es plausible y no funciona”, que “es como una minipsicoterapia” y que, al venderla en despachos de farmacia, sus titulares “nos están timando”. Y la prestigiosa revista The Lancet animó en 2005 a los médicos a que fueran “valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”. ¿Seguirán este consejo en el Colegio de Médicos de Vizcaya? Auguro que no, dado lo que me han contado hace unos minutos por teléfono desde la Fundación de Estudios Sanitarios .

Acogen, pero dicen que no avalan

“Hoy por hoy, la homeopatía es una realidad social”, me ha dicho una portavoz de la entidad cuando le he comentado que todos los estudios científicos apuntan a que los efectos de la homeopatía no van más allá del placebo y que me parece increíble que el Colegio de Médicos de Vizcaya y la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao fomenten una superchería de tal calibre. Y me ha explicado que el curso se organiza porque Laboratorios Boiron se ha dirigido a ellos ya que un grupo de médicos homeópatas colegiados de Vizcaya les ha pedido formación. Es una práctica habitual por parte de los laboratorios farmacéuticos, que son los que pagan este tipo de iniciativas, me ha indicado.

La responsable de la Fundación de Estudios Sanitarios ha añadido que ésta y las organizaciones que la forman “ni avalan ni patrocinan” el curso de Boiron, ni ganan dinero con él. Y, cuando le he apuntado que hacen publicidad de él, lo incluyen entre su formación y se celebra en la sede colegial, me ha repetido que cubren “una solicitud de un grupo de colegiados”. Supongo que en un futuro y, por las mismas razones de “realidad social” -es decir, que hay gente que lo usa- y práctica por colegiados, el Colegio de Médicos de Vizcaya podría acoger cursos de reiki, flores de Bach y otras patrañas. Para mí, por mucho que quieran disfrazar la mona de seda, que un curso se celebre en el Colegio de Médicos implica que éste avala su calidad científica y que los órganos de gobierno de esa institución profesional o ignoran o desprecian dictámenes y estudios científicos como los citados en estas líneas.