«No hay productos agrícolas naturales», dice la bioquímica Mertxe de Renobales

Mertxe de Renobales, con una mazorca de maíz transgénico. Foto: Blanca Castillo.

La bioquímica vasca Mertxe de Renobales ganó en 2009 el premio Junta General del Principado de Asturias – Sociedad Internacional de Bioética por un trabajo en el que defiende el uso de transgénicos en la denominada agricultura ecológica. En esta entrevista, la profesora de la Facultad de Farmacia de la Universidad del País Vasco habla de los organismos genéticamente modificados, sus beneficios y riesgos.

-Usted sostiene que los transgénicos no son incompatibles con la llamada agricultura ecológica.

-La agricultura ecológica trata de usar prácticas de cultivo menos agresivas con el medio ambiente que las convencionales. La certificación ecológica prohíbe el uso de herbicidas, plaguicidas y fertilizantes de síntesis. Y hay transgénicos que no requieren de insecticidas porque ya están protegidos contra ese tipo de ataque, con lo que no hace falta usar insecticidas.

-Y hay menos daños al medio ambiente.

-Sí. Durante los últimos 15 años, en Estados Unidos y China se ha visto que el cultivo comercial de transgénicos modificados contra insectos logra reducir las plagas no sólo en esos campos, sino también en los adyacentes de cultivos convencionales. Los campos de transgénicos se convierten en sumideros para las plagas. La agricultura ecológica debería usar transgénicos porque su cultivo es menos agresivo para el medio ambiente, pero los prohíbe tajantemente.

-¿Por qué?

-Habría que preguntárselo a ellos. Un transgénico es un organismo al que en el laboratorio hemos insertado un gen de otro organismo o hemos modificado alguno de los suyos mediante ingeniería genética. Pues, bien, lo que la agricultura ecológica prohíbe son esas técnicas.

Plantas irradiadas

-Todo lo que cultivamos ha sido modificado genéticamente, es transgénico stricto sensu, ¿no?

-Sí; pero no se le llama transgénico.

-Hoy he comido pasta. ¿He comido transgénicos?

-Depende de que la definición sea legal o científica.

-Científica.

-Científicamente hablando, sí. El trigo duro, la variedad que se utiliza para la pasta, tiene cuatro genomas diferentes. Nosotros tenemos dos, el del padre y el de la madre. El trigo duro tiene cuatro genomas que le han llegado de cruces espontáneos de dos variedades diferentes, cada una con sus dos genomas. Para crear una de las variedades de trigo duro muy popular, los parentales se han irradiado con neutrones. El trigo con el que se hace el pan de todos los días tiene seis genomas de tres especies diferentes. Esto sería equivalente a cruzar un ser humano, un gorila y un chimpancé, cada uno con dos genomas.

-Estamos hablando de un producto anterior a la manipulación genética.

-Bueno, esto también es manipulación genética, aunque no estrictamente ingeniería genética. Sí, el trigo duro es bastante reciente y, sí, está hecho por hibridación e irradiación.

-¿Una planta creada en el laboratorio por hibridación sería admitida por la agricultura ecológica?

-Claro. Las utilizan.

-¿Y por qué no los transgénicos?

-Para mí, es una contradicción. Desde los años 50 del siglo pasado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la agricultura (FAO) tiene un programa, en colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica, para el desarrollo y mejora de cultivos por irradiación. Coges semillas, las sometes a radiaciones ionizantes que provocan un montón de mutaciones, las siembras y te quedas con aquella con las características que estás buscando. A partir de ahí, desarrollas la planta y pasa a ser parte de las variedades cultivables. La agricultura ecológica usa ese tipo de plantas.

-¿Plantas a las que se han provocado mutaciones por irradiación?

-Sí, por radiaciones ionizantes artificiales.

-¿Cómo se explica entonces su oposición a los transgénicos?

-No lo sé. Leyendo la directiva europea de agricultura ecológica, da la impresión de que se basa en la idea que no son naturales.

La mística de lo natural

Mertxe de Renobales, en su laboratorio de la Facultad de Farmacia de la Universidad del País Vasco, en Vitoria. Blanca Castillo.-Vamos, que parte del supuesto de que lo natural es bueno y lo artificial, malo.

-Es lo que mucha gente cree. Para mí, el rechazo frontal a los transgénicos por los partidarios de la agricultura ecológica se debe, en parte, a esa razón. En la directiva, se habla de lo que determinados consumidores quieren.

-¿Qué consumidores?

-No lo precisa; lo deja en el aire. No sabemos de cuántos consumidores está hablando. Según la directiva, parece que, además del consumidor medio, hay otro que está mejor considerado o que se considera más puro, que es el que rechaza los transgénicos.

-Eso casa con la idea de que quien consume productos llamados naturales es mejor persona que quien no lo hace.

-También tienen esa mística. Desde luego, la agricultura ecológica está en general apoyada por los partidos de izquierdas, las asociaciones ambientalistas, las ONG de derechos humanos… A mí también me preocupa el medio ambiente y ahora resulta que me encuentro con un tipo de cultivo que utiliza menos insecticidas y menos herbicidas, y aumenta la productividad sin dedicar más terreno, pero que los grupos ecologistas no lo consideran adecuado .

-¿Pasarnos en bloque a la agricultura ecológica supondría aumentar considerablemente la superficie cultivable?

-A corto plazo, salen rendimientos muy parecidos entre agricultura ecológica y convencional. Pero, cuando coges un ciclo de diez años, los rendimientos son entre un 10% y un 30% menores en la ecológica. Eso significa que vas a necesitar entre un 10% y un 30% más de tierra para mantener la producción.

-¿Sería viable alimentar a la Humanidad con agricultura ecológica?

-Todos los estudios indican que no, debido a la reducción de productividad.

-Volviendo a los transgénicos, una de las críticas que se les hacen es que ponen a los agricultores en manos de las multinacionales.

-Sospecho que el rechazo fundamental va por ahí. A eso hay que sumar el intento de convencernos de que hay productos agrícolas naturales. No los hay. Es verdad que hay transgénicos, como el maíz Bt, protegido contra el taladro, cuya semilla es de un 20% a un 30% más cara que la del convencional, pero al agricultor le compensa ante el riesgo de que haya una plaga de taladro porque garantiza la producción.

-La agricultura convencional también está en manos de las multinaciones, así que no es algo nuevo.

-Así es. Los agricultores industriales compran las semillas a multinacionales. Otra cosa es los que tienen una pequeña huerta, que pueden desarrollar sus semillas en ocasiones. En general, éstas son mucho menos productivas que las de los industriales, que están mejoradas sistemáticamente, aplicando los conocimientos de la agricultura científica.

-No hay nada natural en la agricultura, ¿verdad?

-No. La agricultura no tiene nada de natural. De hecho, no comemos casi nada natural, en el sentido de que el ser humano no lo haya modificado. ¿Qué comemos natural? La caza, la pesca extractiva y algunos productos silvestres. Hay algunas setas que las comes una vez en la vida porque son tan naturales que tienen todos los productos tóxicos a tope. Gracias a la agricultura, le hemos quitado todo lo tóxico a la patata, el tomate…

Los riesgos

-¿Así que, si puedo comerlos, es gracias a miles de años de manipulación genética?

-Sí. Nuestros antepasados eliminaron esas toxinas sin saber exactamente lo que estaban haciendo. Se daban cuenta de que las personas que comían algunas plantas morían y las que comían otras no…

-¡Vaya precio!

-Tuvo que ser así. Las plantas no pueden salir corriendo cuando les ataca un herbívoro para comérselas. Por eso, sintetizan sustancias tóxicas contra los que las atacan. Me imagino que nuestros antepasados murieron a montones cuando iban probando patatas, tomates, pimientos… El genoma de las plantas y animales domesticados ha sido alterado por el ser humano durante milenios, pero nos parecen lo más natural. ¿Quieres un ejemplo?

-Sí.

-Nosotros comemos la semilla del maíz, que no la fabrica para que la comamos, sino para reproducirse. Si dejamos al maíz que se reproduzca en el campo él solo, la mazorca caerá al suelo, se pudrirá y, con mucha suerte, germinarán uno o dos granos. ¿Por qué? Porque los granos están perfectamente protegidos por las hojas. En la naturaleza, el antepasado del maíz tenía una espiga pequeñita y flexible de modo que, cuando las semillas estaban maduras, salían disparadas por el aire. El maíz ya no puede reproducirse en la naturaleza por sí solo.

-Y, si es transgénico, ¿no se extenderá como una plaga?

-Se han hecho muchos estudios al respecto. Hace años, se plantaron en hábitats naturales, en Inglaterra, cultivos convencionales y transgénicos, unos junto a otros. Querían ver cómo evolucionaban durante diez años. Al cabo de cuatro, habían desaparecido prácticamente todos. Las plantas cultivadas no pueden vivir solas en la naturaleza porque, en el proceso de domesticación, hemos alterado su ciclo reproductor. Y las transgénicas son exactamente iguales que las otras y viven exactamente igual de mal que las otras si las dejas solas.

-Vale, pero ¿son seguros los transgénicos?

-Sí. Puedes comerlos tranquilo. No te pasará nada. Para llegar al mercado, han tenido que pasar un montón de pruebas. Una vez comercializado, un transgénico es tan seguro o más que un cultivo convencional o ecológico. Los transgénicos están más controlados que los productos agrícolas que compramos normalmente en el supermercado -procedentes de explotaciones convencionales o ecológicas- porque, en estos casos, la legislación es muy poco exigente, muy light. Ahora bien, en España no se cultiva ningún transgénico para consumo humano, debido a la mala prensa que tienen.