Reiki: la imposición de manos guay que viene de Oriente

Si alguien va por ahí imponiendo las manos a enfermos, le tomarán por chiflado. Sin embargo, cuando ese alguien dice que practica el reiki, siempre hay cerca un periodista dispuesto a tragarse el cuento y hacerle publicidad, cuando el reiki no es sino una imposición de manos guay porque procede de Oriente, y está engalanada con palabras como energía y vibración. Por eso puede encontrarse uno, en un periódico que se dice serio, con reportajes como “Reiki: manos que curan”, publicado ayer en El Mundo y en el que, entre otros hechos no demostrados, se afirma que esta terapia alternativa alivia las molestias de la quimioterapia en los enfermos oncológicos, y puede “incluso curar dolores crónicos como la artritis, reuma o migrañas”.

El reiki es de origen japonés y se basa en la idea de que por nuestro cuerpo fluye una energía (ki) vital universal (rei). Según sus practicantes, cuando esa energía se bloquea, se producen enfermedades y trastornos de los cuales uno puede curarse si un experto elimina esos bloqueos energéticos mediante la imposición de manos. Naturalmente, esa energía vital sólo la detectan los creyentes. Hace unos meses, cuando me sometí a una rápida sesión de reiki para el episodio sobre medicinas alternativas de Escépticos, la terapeuta reconoció que la energía es indetectable para la ciencia actual. Es lo que siempre dicen quienes practican terapias mágicas, que las energías -todos hablan de energías- que ellos manipulan todavía no están al alcance de nuestra tecnología. La realidad es que tampoco están al alcance de ellos, aunque algunos de ellos lo crean.

Desmontado por una niña de 9 años

En 1996, una niña de 9 años, Emily Rosa, demostró con un sencillo experimento que los practicantes de una variante occidental del reiki que se ha colado en la Sanidad estadounidense son incapaces de detectar la energía vital que dicen manipular. Los sanitarios que practican el toque terapéutico aseguran que curan enfermedades limpiando un supuesto campo energético humano mediante pases de manos a pocos centímetros del cuerpo. Como en el reiki, hay una energía de por medio, así que la niña se planteó averiguar si los sanadores detectaban realmente algún tipo de energía o sólo creían hacerlo y esa energía en realidad no existe. Veintiún practicantes del toque terapéutico se sometieron a la prueba.

El experimento de Emily Rosa. Dibujo: Pat Linse.La escolar y el sanador se sentaban a una mesa, enfrentados y separados por el cartón a modo de biombo. Dos agujeros en la base de éste, permitían que las manos del terapeuta pasaran al otro lado, apoyadas sobre la mesa y con las palmas hacia arriba; pero el cartón impedía que viera nada. La niña echaba entonces una moneda al aire para decidir sobre qué mano del sujeto pondría una de las suyas, preguntaba al sanador cuál de sus manos percibía un campo energético humano y lo apuntaba todo en el cuaderno. Los terapeutas acertaron en 123 (44%) de 280 intentos, lo esperado por azar. La niña publicó dos años después los resultados de su investigación en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana, dejando claro que el toque terapéutico es una patraña.

Nada de esto se cuenta en el reportaje de El Mundo, de cuya existencia me he enterado a través de Twitter gracias a José María Aznar y César Sepúlveda, a quienes ha escandalizado la publicidad dada a esta pseudoterapia por el diario madrileño. Rocío Galván, la autora del texto, recoge acríticamente las afirmaciones de John Curtin, presidente de la Federación Española de Reiki, y escribe, entre otras cosas, que “el reiki trata a la persona como a un todo. Es decir, no distingue entre cuerpo y espíritu”. La distinción entre cuerpo y espíritu ya deja bien claro del pie místico del que cojea la periodista. Además, deja caer de pasada que “esta técnica parte de una tesis muy sencilla: que el ser humano es todo energía, afirmación que aunque parece muy esotérica comparte aspectos con la física cuántica”; destaca que “no sólo es compatible con cualquier tratamiento médico, sino que además actúa como complemento, ya que en ningún caso se recomienda suspender ninguna medicación para sustituirla con esta técnica”; y añade que está “reconocida como terapia alternativa por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

El origen emocional del cáncer

Por empezar por el final, el reconocimiento como terapia alternativa por parte de la OMS sólo implica que esa organización tiene constancia de que hay gente en el mundo que practica el reiki como método curativo, sin entrar a valorar su efectividad. En segundo lugar, el reiki es tan compatible y complementario de cualquier tratamiento médico como una bendición religiosa con la ingeniería o la arquitectura. Del mismo modo que la bendición de un clérigo no tiene ningún efecto añadido sobre la fiabilidad de un cohete, el reiki, más allá del placebo y del alivio en afecciones de origen psicosomático, carece de cualquier efectividad a la hora de luchar contra una enfermedad de origen físico. Llamar complementario a algo que no hace nada, es un timo y supone un riesgo sanitario porque puede llevar a gente a abandonar la medicina. Y la referencia a la física cuántica es la tontería de siempre para intentar dar gato por liebre al personal. Aún así, hay en España hospitales públicos, como el 12 de Octubre y el Ramón y Cajal de Madrid, en los que se usa el reiki para paliar los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia en los pacientes oncológicos. Los cursos de formación al personal sanitario los da John Curtin, el protagonista del reportaje de El Mundo, un tipo que tiene unas disparatadas ideas sobre el origen del cáncer, para él, emocional.

Esto es lo que dice Curtin en su web sobre la causa del cáncer: “Rabia que te consume, un deseo de autodestrucción. La energía vital no nutre el chakra base al ser bloqueada por sentimientos de remordimientos, miedo y rabia interna proveniente de temas arraigados relacionados con el ego que no han sido perdonados. Cuando el perdón sea total, ocurrirá la sanación”. Vamos, que la culpa la tiene el enfermo, lo mismo que me dijo la terapeuta de reiki que aparece en Escépticos. El resfriado y la gripe -Curtin no los distingue- se deben, en su opinión, a que “un conflicto crónico esta subiendo a la superficie. Es una manera que tiene tu cuerpo de purificarse, liberándose de productos químicos de la comida, bebida, aire… que ingieres. Toma la oportunidad para descansar y dejar que tu cuerpo se regenere”. Y la diabetes “indica un deseo de ser amado, combinado con una inhabilidad para dejarse amar”. Este individuo es la fuente principal de información de la autora del reportaje de El Mundo y el encargado de formar a sanitarios españoles en reiki. Alucinante, ¿verdad?