El primer estudio epidemiológico sobre móviles y cáncer cerebral en niños no encuentra ninguna relación

Un niño, con un teléfono móvil infantil. Foto: AP.Los niños y adolescentes que usan el teléfono móvil habitualmente no corren un mayor riesgo de sufrir un cáncer cerebral que los que no lo hacen, aseguran los autores de un estudio cuyas conclusiones se publican en el último número del Journal of the National Cancer Institute, la revista de investigación contra el cáncer más importante del mundo. A pesar de la inquietud social por los riesgos del móvil en los más jóvenes, no había hasta ahora ninguna investigación sobre la posible relación entre el uso de este dispositivo y los tumores cerebrales en ese grupo de población. Ésta es la primera y no deja lugar a la duda: “De acuerdo con prácticamente todos los estudios realizados en adultos expuestos a las ondas de radiofrecuencia, no existen pruebas convincentes de que los niños que usan teléfonos celulares tengan un mayor riesgo de desarrollar un tumor cerebral que los niños que no los utilizan”, indican en un editorial adjunto John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología, una organización integrada por investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

El trabajo ha sido dirigido por Martin Röösli, epidemiólogo del Instituto Suizo de Salud Pública y Tropical, y se llevó a cabo entre 2004 y 2008. Participaron en él centros de investigación de Dinamarca, Noruega, Suecia y Suiza, cuyos expertos entrevistaron a todos los niños y adolescentes de entre 7 y 19 años con cáncer cerebral (352), así como a otros 646 sujetos como grupo de control. 194 pacientes (55%) y 329 individuos del grupo de control (51%) dijeron usar habitualmente el móvil. Los investigadores no encontraron ninguna prueba de que un mayor uso del móvil se corresponda con una mayor incidencia del mal ni de que hayan aumentado los tumores localizados en las áreas del cerebro más expuestas a la radiación de estos aparatos. “La ausencia de una relación exposición-respuesta, ya sea en términos de cantidad de uso del teléfono móvil o por la localización del tumor en el cerebro, argumenta en contra de una asociación causal (entre celulares y cáncer cerebral)”, concluyen.

“No obstante, si alguien sigue preocupado por la remotas posibilidades (de que las radiaciones de los móviles causen cáncer), podría considerar hacer llamadas cortas y usar un auricular o altavoz en el teléfono celular. Y, atendiendo a lo que se conoce acerca de los riesgos reales, debería evitar el uso del móvil mientras conduce porque está demostrado que esa distracción aumenta el riesgo de accidentes y lesiones graves”, indican Boice y Tarone en el editorial adjunto. Estos dos expertos llaman en su escrito la atención sobre el hecho de que, después de más de 20 años de estudios, no haya ninguna prueba de que los móviles supongan un riesgo para la salud. “Los resultados de estas investigaciones epidemiológicas son muy consistentes y tranquilizadores, y han llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Instituto Nacional del Cáncer de EE UU a decir que no hay evidencia concluyente o consistente de que la radiación no ionizante emitida por los teléfonos celulares esté asociada con un mayor riesgo de cáncer”.

Crítica al dictamen de la IARC

Boice y Tarone aprovechan la ocasión para puntualizar que la reciente decisión de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), un organismo dependiente de la OMS, de incluir las radiaciones del teléfono móvil “como posiblemente cancerígenas para humanos” está basada en pruebas limitadas e inadecuadas, según reconocieron los propios autores del informe. Destacan que varios miembros del grupo de trabajo de la IARC consideraban la evidencia insuficiente para incluir la radiación de los móviles en el grupo de carcinogenicidad 2B, el mismo en el que está el café. “Visto en este contexto, «posiblemente cancerígenos» no es una señal para abandonar los teléfonos móviles y volver a los fijos. Más bien, es una señal de que hay muy poca evidencia científica en cuanto a la carcinogenicidad del uso del celular. Esto se refleja en un documento reciente de la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante, que concluyó: «Aunque aún persiste cierta incertidumbre, la tendencia en la evidencia acumulada es cada vez más en contra de la hipótesis de que el uso de los móviles pueden causar tumores cerebrales en adultos»”.

Y en los niños tampoco, según el estudio publicado en Journal of the National Cancer Institute. Es lo lógico porque, como recuerdan Boice y Tarone, “el efecto fotoeléctrico no es una cuestión de opinión, la absorción de energía de radiofrecuencia no puede romper las moléculas de ADN, y los estudios de carcinogenicidad en animales son bastante consistentes en mostrar que no hay aumentos de cáncer como consecuencia de la absorción de energía de radiofrecuencia”.