Los móviles no están matando a las abejas, o cómo algunos periodistas se inventan titulares apocalípticos

Los teléfonos móviles están matando a las abejas, repiten desde hace días algunos medios de comunicación basándose en un artículo publicado recientemente en la revista Apidologie. Vamos directos al abejicidio planetario; al fin del mundo tal como lo conocemos. ¿O no? Pues, una vez más, parece que no. Porque deducir del artículo de Daniel Favre, del Instituto Federal Suizo de Tecnología, que las ondas de los móviles matan a las abejas es dar un salto mortal a una piscina vacía. Quien sostiene que ésa es la conclusión del estudio lo hace porque no lo ha leído, porque no lo ha entendido o porque, simplemente, le va el rollo apocalíptico.

Favre ha examinado el efecto de móviles colocados dentro de colmenas. Para ello, ha utilizado cinco colonias en las que, entre febrero y junio de 2009, grabó en audio las variaciones en el comportamiento de los insectos en presencia de terminales inactivas, en reposo y en funcionamiento. Según el investigador, en los dos primeros casos no pasaba nada, a diferencia de cuando los dos teléfonos colocados en cada colmena llamaban uno al otro. El primero enviaba al segundo la señal de un canal informativo de radio para que la comunicación no se cortara automáticamente, y la conexión se establecía después de que sonara el tono de llamada entre 5 y 10 segundos. Con los dos teléfonos ya conectados, las abejas obreras se excitaban hasta el punto de producir con sus alas el zumbido de alarma que puede llevarlas a abandonar masivamente la colonia. Cuando el experimento duraba 30 minutos, la colmena recuperaba el nivel normal de ruido 2 o 3 minutos después de haberse apagado los móviles; pero, cuando la comunicación telefónica se prolongaba más allá de 20 horas, las abejas necesitaban más de 12 horas para tranquilizarse.

“Los resultados de este estudio piloto muestran claramente que la presencia de teléfonos móviles en la proximidad de las abejas tiene efectos dramáticos, al inducir a las obreras a emitir la señal de alarma. En condiciones naturales la alerta de las obreras anuncia el abandono de la colmena o que hay algún problema grave en ella”, escribe Favre. El investigador añade, no obstante, que no se registró ningún abandono de colmena ni siquiera cuando los móviles estuvieron funcionando hasta 20 horas ininterrumpidamente, lo que le lleva a pensar que deben de darse otras causa para que el éxodo tenga lugar. Además, hay que destacar que las terminales estaban dentro de las colmenas y que eso no ocurre en el mundo real, ¿verdad?

Amarillos como las abejas

Imagen de 'Bee Movie'.Favre no habla en ningún momento de abejas muertas: son los medios de comunicación los que se han inventado tal extremo con titulares del estilo de “Su teléfono móvil podría estar matando abejas”, “Un estudio sugiere que los móviles matan a las abejas” y “Las emisiones de los teléfonos celulares están realmente matando a las abejas, según un estudio”. No, no y no. Sólo hay que leer el artículo de Apidologie para comprobar que lo más que llega a decir es que “los campos electromagnéticos podrían contribuir a la desaparición de colonias de abejas”, que es lo que él cree, pero que no está demostrado. Un experto en la materia de la Universidad de Sussex, Norman Carreck, ha calificado en The Daily Mail la investigación de Favre de interesante, pero ha añadido que “no prueba que los teléfonos móviles sean responsables del síndrome del colapso de las colmenas (CCD, por sus siglas en inglés). Si das golpes en una colmena o la abres para examinarla, obtienes los mismos resultados. Y en Estados Unidos muchos casos de CCD han tenido lugar en áreas remotas alejadas de las señales de los teléfonos móviles”.

El CCD empezó a darse a escala global a comienzos de la pasada década y consiste en la desaparición masiva de obreras de una colmena, con la consiguiente muerte posterior de la colonia. Genera grandes pérdidas no sólo entre los apicultores, sino también entre los agricultores en general, ya que hay muchos cultivos cuya polinización corre por cuenta de las abejas. Sus causas se desconocen, aunque se ha achacado a pesticidas, pérdida de hábitats de las abejas, ácaros y enfermedades de estos insectos, así como a posibles combinaciones de esos factores. No faltan, obviamente, quienes culpan del fenómeno a las plantas modificadas genéticamente y a los teléfonos móviles, aunque no haya pruebas en ninguna de esas direcciones. De momento, puede estar tranquilo, nadie ha demostrado que su móvil mate abejas; a no ser, claro, que le caiga a alguna encima.