El mal periodismo lleva a TVE a llenar de ondas de histeria los informativos y ‘España directo’

Víctor Vicuña, del Círculo Escéptico, me alertó la semana pasada de que la Defensora del Espectador de TVE, Elena Sánchez, iba a dedicar, parte de su espacio semanal, al trato dado en el Telediario de La Primera a los riesgos para la salud de las ondas electromagnéticas el 11 de diciembre. Hace dos meses, usando como principal fuente una fundación relacionada con un negocio de venta de supuestos protectores contra las emisiones de los electrodomésticos, los Servicios Informativos de la cadena pública contaron que las ondas electromagnéticas de teléfonos móviles, inalámbricos y routers causan fibromialgia y depresión. Una información sensacionalista y alarmista sin base científica alguna, que llevó a Víctor a escribir a la Defensora del Espectador. El sábado, Esteve Crespo, responsable de los telediarios del fin de semana, confirmó en su conversación con Elena Sánchez lo que ya sospechábamos algunos: el despropósito tuvo su origen en que en la redacción de los informativos de TVE no saben ni cómo funciona la ciencia ni lo que es la información científica. Crespo no lo dice así, claro; pero es lo que se deduce de sus palabras.

El editor de los informativos de fin de semana dice (transcripción literal): “Llegamos hasta esta información a través de un informe de la Fundación para la Salud Geoambiental (FSG) de Madrid, en el cual se incide sobre los aspectos de prevención para la salud provenientes de radiaciones electromagnéticas y los buenos usos que puede haber con los electrodomésticos o estos aparatos que los pueden generar. Nosotros lo contrastamos con diversas fuentes documentales, incluso con el Instituto Tecnológico de Lleida o la Agencia Europea del Medio Ambiente, que tiene informes que trabajan en esa misma línea de aumentar o de prevenir, en este caso, la seguridad por los campos electromagnéticos”.

Con la primera fuente se demuestra que la información carece de fundamento, porque, si los redactores de TVE no se hubieran deslumbrado por la palabra fundación, habrían descubierto que tras la FSG sólo hay un negocio de venta de servicios y productos basado en la extensión del pánico a las ondas electromagnéticas y que el presidente de la FSG es el zahorí -él dice geobiólogo por eso de venderse mejor- Fernando Pérez, vicepresidente de Geosanix, firma que vende alfombras, cortinas y mosquiteras para frenar las radiaciones malignas. Eso ya tenía que haber disparado todas las alarmas, pero no fue así y, en la tele pública, no sólo dieron por bueno el informe de FSG, sino que, además, pretenden ahora convencernos de que contrastaron la información. ¿En serio? Permítanme que lo dude. Lo que buscaron, como ha escrito Antonio Martínez Ron, no es alguien que separara el grano de la paja, sino alguien que confirmara lo que ellos querían contar. Es una vieja treta del mal periodismo, como advierte Martínez Ron, quien ha publicado su magnífica reflexión esta mañana cuando yo estaba empezando a escribir estas líneas.

Hace tiempo, ante una información sobre un asunto espinoso en el que la ciencia dice una cosa y mucha gente de la calle cree otra, un colega me pidió que le guiara, que le facilitara el contacto con científicos de primera línea que pudieran hablar del asunto con conocimiento de causa. Lo hice y el resultado final fue una pieza periodística en la que el dictamen de los científicos quedó reducido a la mínima expresión, aplastado entre testimonios de presuntos afectados y personajes como Pérez, y el lector concluía que la gente de la calle tiene razón y los científicos mienten porque participan en una conspiración global. ¿Por qué paso eso? Porque ése era el punto de partida de mi colega a la hora de abordar el asunto, no tenía ni idea de cómo funciona la ciencia y, además, no estaba dispuesto a que la realidad desmontase un entramado tan sensacional como falso. Así que minimizó el papel de los científicos y amplificó el de los alarmistas llamándoles investigadores, cuando no lo eran, y cosas por el estilo. Es lo mismo que hizo TVE con la pieza del Telediario. Algo que sabe hacer cualquier periodista.

El consenso científico

Crespo se confunde cuando dice que “no hay una coincidencia científica, hay una cierta controversia, respecto al efecto sobre la salud que pueden tener estas ondas”. ¿Sabe de qué habla?, ¿sabe cómo funciona la ciencia?, ¿sabe que no hay un solo estudio publicado en una revista con revisión por pares que apoye la idea de que la radiación de los móviles tiene efectos nocivos para la salud? Me temo que no y que cree que al consenso científico se llega del mismo modo que al político, mediante un toma y daca en una mesa de negociaciones. Pues no es así. Aunque todos los científicos del mundo consensuaran, en medio de una intoxicación etílica masiva, que la fuerza de la gravedad no existe, quien se tirara desde un lugar lo suficientemente alto seguiría matándose. El consenso científico se basa en las pruebas y, en el caso que nos ocupa, no hay ninguna prueba a favor del alarmista mensaje de la FSG y sus seguidores del que se hace eco TVE. Quienes afirman que las emisiones de los electrodomésticos son peligrosas para la salud tienen tantas pruebas de ello como quienes dicen que el VIH no causa del sida: ¿diría Crespo que hay una controversia sobre la causa del sida porque hay médicos, y hasta un premio Nobel, que niega que en el origen de la enfermedad está el VIH?

Dentro del ridículo más vergonzoso entra la afirmación del responsable de los telediarios del fin de semana de que en el reportaje “se intenta disuadir de cualquier elemento de alarma (respecto al peligro de las radiaciones de los electrodomésticos mientras dormimos) con el argumento de que simplemente apagando los aparatos o alejándolos se elimina este efecto”. Repito lo que escribí ya aquí hace dos meses: ¿es que cuando estamos despiertos esa malignas radiaciones no hacen nada?, ¿cree la autora del reportaje, y por extensión Crespo, que hay radiaciones malas si nos pillan dormidos, pero inocuas si nos bañan despiertos?, ¿puedo estar tranquilo si mañana me pilla una explosión nuclear despierto? Y la guinda ya es que recurrieran como experto al desacreditado José Luis Bardasano, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), y lo justifiquen ahora diciendo que “es una de las personas que encontramos que se utilizaba o a la cual recurren diferentes medios para tratar esta información”. Podían haber preguntado a cualquier biofísico o físico de cualquier universidad española que habría dicho lo contrario que Bardasano, pero no lo hicieron por una razón muy simple, porque el profesor de la UAH, un habitual de las revistas pseudocientíficas, iba a apoyar su punto de vista. Como apunta Martínez Ron, Bardasano “les venía de perlas para culminar la tesis del reportaje”. “Por cierto -añade el autor de Fogonazos-, Bardasano es muy crítico con las radiaciones pero de cuando en cuando certifica alguna pulsera mágica y habla por ahí del tercer ojo“.

Está claro que, en lo que a la histeria electromagnética respecta, el de TVE parece un caso perdido. El mal llamado y peor hecho periodismo de denuncia de España Directo se ha hecho eco repetidamente del peligro de las antenas de telefonía y las redes inalámbricas para la salud, en la misma línea que el Telediario del 11 de diciembre. La última vez fue el viernes, cuando contaron el caso de un hombre y una mujer que “no soportan las ondas electromagnéticas que, desde hace un tiempo, invaden todos los rincones de nuestra vida. Los médicos hablan de intolerancia y aconsejan sustituir en la medida de lo posible nuestra exposición a las mismas por sus efectos nocivos, fundamentalmente a largo plazo”. Lo vio en directo Sergio José Martínez, pero TVE ha colgado en su web el vídeo erróneo. De todos modos, les dejo otra pieza emitida en el mismo programa el 21 de enero del año pasado, en la cual, a pesar de que se reconoce que no hay pruebas científicas que respalden el miedo a que las ondas de telefonía provoquen cáncer, se alimenta esa misma idea. Periodismo de denuncia puro y duro con gente de la calle sentenciando que la mayoría de los científicos miente y que hay investigadores “que dicen que antenas igual a cáncer”, y la tele pública sirviendo de altavoz al disparate. Periodismo de servicio público, el del fondo a la derecha.